
A finales de 1958, la Oficina de Expansión Comercial de Suiza realizó un estudio integral sobre la economía cubana. La intención de los suizos era ampliar la presencia de sus productos e inversiones en Cuba. Veían al país caribeño con un gran potencial y deseaban tener mayor participación en la economía de la isla, en la que las compañías estadounidenses tenían la hegemonía indiscutible.
El documento, leído tantos años después, adquiere características muy relevantes para desmontar la propaganda del régimen castrista, ya que es la visión de unos estudiosos europeos ajenos a las luchas políticas, de la cual no emiten criterio alguno y juzgan con exquisita imparcialidad el estado de la economía y la sociedad cubana del momento.
El estudio aborda el estado de las comunicaciones, las carreteras, la composición de la población, los principales productos de exportación e importación, el régimen fiscal, la flota mercante, la aviación comercial y otros aspectos de la Cuba avocada a un cambio radical, aunque los suizos ni podían imaginarlo.
Varias de las cifras de este informe reflejan el buen estado de la producción agrícola:
El cultivo del arroz (el alimento básico) cubrió por primera vez (1957) el 63% del consumo contra el 36% del año anterior. Mas carnes, productos de la leche, huevos, legumbres, grasas y hortalizas están a disposición del mercado y serán parcialmente exportados. 20 millones de huevos prácticamente han eliminado la importación de este artículo. La cría de pollos fue aumentada en un 30% comparado con el año 1956 y alcanzó 12 millones de unidades. La importación de Estados Unidos retrocedió correspondientemente.
Es conocido, aunque no aparece en ese estudio, que Cuba llegó a exportar leche condensada al Canadá y tenía una masa ganadera similar a la de su población, que rondaba los 6, 3 millones de habitantes.
Los suizos destacan cómo los principales rubros exportables de Cuba como el azúcar, el café, y minerales como el níquel y el cobalto, habían tenido un crecimiento sostenido en su producción en los últimos cuatro años, lo que había permitido que Cuba apenas necesitara de créditos internacionales y tuviera una deuda externa muy baja.
Sobre la aviación comercial, el informe es casi elogioso:
La Compañía Cubana de Aviación presta servicios diarios directos a New York, varias veces al día a Miami, dos veces por semana a Europa, utilizando los más modernos aviones. La seguridad, el servicio técnico, así como el servicio de a bordo son de general reconocimiento.
El estudio destaca cómo el Gobierno cubano estimulaba con exenciones de impuestos, para los primeros cinco años, la instalación de industrias en el país, con el objetivo y la exigencia de que lo fabricado en el país pueda competir con los productos de importación. El resultado de esa política se valora de este modo:
La producción en el país de bienes de consumo sencillos, para cubrir la necesidad nacional, deja por sí mismo más medios libres para la introducción de bienes de capital.
Y realiza una observación negativa sobre las políticas laborales:
…un serio obstáculo lo constituye la existente legislación social y laboral para la protección del trabajador, de extremo alcance, aun para el criterio suizo, mediante la cual los derechos patronales se ven notablemente restringidos.
Este fragmento demuestra lo organizado y avanzado en sus conquistas que era el movimiento obrero cubano, y también que la política económica de Batista estaba lejos de ser estrictamente liberal. De hecho, el general desarrolló un ambicioso plan de Obras Públicas que terminó de perfilar el entorno urbanístico, tanto de la capital como de otras muchas ciudades tal y como hoy las conocemos. El plan estatal incluía seguir construyendo tanto viviendas como edificios en la parte este de la capital cubana, pero esos planes no llegaron a ejecutarse con el cambio político de 1959.
Los suizos afirman que el ingreso promedio per cápita promedio en Cuba era de 370 pesos mensuales para 1957, cuando el año anterior se situaba en 336. Pero acotan que el 60% de los asalariados cobraba menos de 75 pesos mensuales, lo que refleja que todavía había mucha disparidad en los ingresos de la población empleada.
La venta de automóviles sí refleja lo boyante que era la clase media cubana de la época, pues si en 1954 estaban registrados 162 300 vehículos, para principios de 1958 la cifra ascendía a 228 000, de los cuales el 65% eran de uso privado.
Lo más relevante del análisis está en sus Observaciones Finales, cuando expone estas cifras:
Las perturbaciones políticas de los últimos dos años apenas han afectado la situación económica. El ingreso nacional ha aumentado durante el año 1957 a 2.300 millones; 13% más que el año anterior; los ingresos fiscales alcanzaron la cifra de 380 millones contra 337 millones en 1956. La industria privada pagó 725 millones en jornales, 9% más que en el año anterior. La balanza comercial arrojó un saldo favorable de 60 millones contra 17 millones en 1956.
Imposible de abstraerse del clima político y los reportes de la prensa extranjera sobre Cuba, señala:
…contemplada con una visión más amplia, se exagera en el extranjero la significación de las luchas políticas internas sobre el desarrollo económico. Cuba necesita de un gobierno fuerte y decidido para mantener firme el orden interno (…) Durante los últimos años se han logrado progresos, en especial hacia la estabilización y balanceamiento de la economía y el levantamiento del nivel de vida de todo el pueblo.
La Oficina Suiza de Expansión Comercial concluye con unas palabras que muchos cubanos hemos repetido después, de una manera u otra:
Cuba es un país rico, su desarrollo no se puede demorar. No es un país atrasado, pero tiene un futuro que ofrece aún grandes posibilidades de mayor desarrollo.
Hubiera sido así de no ocurrir el vuelco total que significó la Revolución de 1959.
Como síntoma evidente de lo que habían significado décadas de políticas económicas desastrosas a partir de los 60, en las primeras décadas de este siglo tanto en determinados círculos intelectuales ubicados en la periferia de las instituciones académicas controladas por el Partido Comunista, como en variadas publicaciones del exilio, comenzó a exponerse con más nitidez el éxito económico de Cuba en la década del 50.
Ello conllevó a que en el 2013 se celebrara en la Universidad de La Habana un coloquio para tratar de contrarrestar ese pensamiento y también se publicaron algunos artículos sobre este tópico en sitios digitales del castrismo como Cubadebate.
Pero he aquí que los suizos, haciendo honor a la frase de que “dato, mata relato” confirman lo que varios expertos han dicho: el desarrollo económico de Cuba hoy fuera hasta envidiable por muchas naciones del mundo, de haber continuado las políticas económicas de aquella década.
