
El diario El Villareño nació el 16 de abril de 1949 y sería el principal periódico de la ciudad y región de Santa Clara por casi 12 años. En el editorial de su primer número, este diario local se autocalifica como “honrado, veraz y alejado de todas las causas afrentosas y obscuras”.
No era la primera vez que nacía un periódico con ese nombre en los predios de la antigua provincia de Las Villas. En el lejano año de 1900 había surgido una publicación con igual nombre, pero tuvo una vida muy efímera y dejó de publicarse en 1902.
El nuevo diario sería dirigido por Armando A. Machado Pérez, quien había sido corresponsal en esa región del Diario de la Marina y de la emisora CMQ. Machado tenía lazos familiares con el antiguo presidente, devenido luego en dictador, Gerardo Machado, pero supo consolidar este diario y convertirlo en el principal de esa ciudad. Un periodista norteamericano aseguró años después que Machado Pérez pudo empezar esta aventura gracias a la ayuda monetaria de dos amigos.
Algunos de los últimos colaboradores de ese periódico, como Roberto Pérez Machado, expresaron décadas después que este diario gozaba de gran aceptación entre el pueblo santaclareño pues “ a la hora de su salida había montones de gente afuera para obtener un ejemplar”.
En 1955 el diario logra modernizarse y aumentar su número de páginas gracias al patrocinio del magnate cubano Eutimio Falla Bonet, quien financia la compra de una moderna rotativa. El Villareño fue un medio independiente y crítico del régimen de Fulgencio Batista, por lo cual fue víctima de la censura, casi permanente en los dos últimos años del batistato.
Como hicieron muchos diarios locales durante aquellos años, El Villareño priorizó publicar notas informativas y editorializar bastante poco, para así evadir la labor de los censores de Batista hasta donde les fue posible. No obstante, al recorrer algunos de sus pocos ejemplares disponibles en la web, se aprecia la pluralidad de voces y opiniones que existían en la Cuba de entonces.
A pesar de la censura, la tesis de licenciatura “La lucha en la Sierra Maestra desde las páginas de El Villareño”, del periodista oficialista Luis Orlando Hernández, refleja que este diario publicó más de 80 notas informativas relacionadas con la guerra civil iniciada por los Castro en las montañas orientales a partir de finales de 1956. El diario del centro del país expuso los puntos de vista de la mayoría de los opositores a Batista y como la inmensa mayoría de los medios de prensa, celebró la huida de dictador.
Hernández señala que durante el bienio 1957-58 “el periódico también da cobertura a sucesos no vinculados con los enfrentamientos entre los rebeldes y el ejército, por la diversidad de acciones significativas que ocurren en la Sierra, más allá del combate, como la entrevista de Matthews con Fidel y la evacuación de familias campesinas ante los bombardeos aéreos, o acontecimientos nacionales e internacionales en relación indirecta con la guerra, como el inicio del juicio a revolucionarios y el apoyo desde el exterior a la causa rebelde.
Lo que ocultó este periodista fue que los dos hijos de Machado Pérez, siendo adolescentes, se habían unido a las fuerzas de Castro y que personalmente el propio director de El Villareño nunca simpatizó con Batista, de ahí el tratamiento informativo continuo que las páginas de ese diario siempre tuvieron hacia los rebeldes castristas.
Sobre aquel régimen autoritario, Machado Pérez declaró luego que “era insoportable, intolerable, y sabíamos que Batista tenía que irse. Pensábamos que sería en marzo [de 1959], pero la caída de Santa Clara lo hizo huir antes. Y estábamos muy felices. Teníamos tantas esperanzas en el nuevo Gobierno…”.
Pero todo sucedió contrario a lo que pensaba Machado Pérez. Sobre la historia de El Villareño a partir de 1959 y su desaparición sólo he hallado la versión dada por el periodista estadounidense Carlos Todd, un columnista del periódico Times of Havana, uno de los dos diarios en inglés que circulaban en Cuba hasta 1959. Todd también tuvo que abandonar el país y luego en el trabajo “El final de la prensa libre en Santa Clara”, publicado en Miami, aborda los ultimos días de El Villareño.
La primera decepción vino tan rápido como apenas dos meses después de la toma de los barbudos, cuando al periódico llegó la información de que la casa de un antiguo partidario de Fulgencio Batista había sido confiscada y entregada para ser sede de la sección provincial del Partido Socialista Popular (comunista).
Machado decide abordar el tema en su periódico y cuestionó el procedimiento utilizado para favorecer a un partido político con que el no simpatizaba ideológicamente, ya que se consideraba católico y defensor de la libre empresa. Sin embargo, “la respuesta fue un ataque personal contra Machado por parte de locutores de radio locales, todos revolucionarios, quienes lo acusaron de trabajar para el FBI, de estar al servicio de ‘intereses estadounidenses’ (él era corresponsal de Associated Press), y de ser un contrarrevolucionario”, dice Todd en su artículo.
Esos ataques advirtieron a Machado que debía contener la crítica hacia el nuevo régimen y esperar qué curso tomaban los acontecimientos. Tuvo que adoptar lo que se conoce como la autocensura para intentar sobrevivir, a la espera de tiempos mejores, pero estaba lejos de saber que su anhelo, en el cual la plena libertad debía florecer, no llegaría.
Así el periódico no atacó más al comunismo como ideología, publicaba las notas emitidas por el Gobierno y se abstenía de sacar artículos de opinión con alguna crítica que pudiera ser interpelada por la atenta prensa oficialista.
Todd no da detalles ni fechas precisas, pero da a entender que el proceso de estatización paulatina de la economía cubana, a partir de 1960, conllevaría a que El Villareño se convierta en un medio irrentable e insostenible.
“Machado consideraba a El Villareño un periódico condenado, incluso si lograba mantener seguras y neutrales sus columnas de noticias y editoriales. Los costos de producción habían aumentado, ya que las regulaciones gubernamentales lo obligaban a comprar papel periódico cubano, un papel inferior al canadiense que anteriormente había utilizado. Mientras tanto, los anuncios de distribuidores nacionales e internacionales, fuente principal de ingresos para todos los periódicos provinciales, habían disminuido drásticamente”, asegura Todd.
La hora final llegaría el 13 de marzo de 1961, cuando finalmente el periódico es intervenido y probablemente cerrado. De la vida posterior de Machado y su familia este investigador no tiene más información, es de suponer que abandonaron el país, pero nada de eso aclara Todd.
Apenas un mes y unos días después de la intervención de El Villareño, Castro proclamaba en La Habana el carácter comunista del nuevo régimen y con ello las esperanzas de Machado Pérez de recuperar su periódico sufrían un revés definitivo, aunque me temo que en ese instante el pariente de Gerardo Machado no podría llegar a imaginarlo.
