Fachada de la antigua Logia de la Perseverancia, en Camagüey (José Luis de Cárdenas).

Hace unos cuantos años escribía Raúl Rivero en uno de sus cáusticos artículos: en Cuba es más fácil encontrar un marciano que un martiano.

La verdad es que Raúl ni se enteró de la existencia de la Peña del Júcaro.

Y había militado en la UNEAC.

La frase me irritó porque no quedaba claro si Raúl había decidido irse a vivir en Marte, ya que en su propio país, como me consta, no lo dejaban en paz.

Pero últimamente lo recuerdo porque he decido recomendar a todos que se conviertan en marcianos.

Los rovers de la NASA en ese planeta son titulados por los niños. Para el último, uno de ellos facilitó el nombre con que rueda ahí buscando huellas de vida en ese cráter polvoriento: Perseverance.

¿Algún niño cubano hubiera enviado ese nombre al concurso?

¿Algún doctor en ciencias ocultas o reales?

¿Algún camagüeyano?

¿Qué rayos es perseverancia?

Al menos los camagüeyanos debieran saber qué significa esa palabra, puesto que hace cien años existía aquí la Logia de la Perseverancia.

Parece que perseverar, insistir en la conquista de algo, va contra la rapidez cubana. Y hemos dicho que Martí es un ejemplo máximo de esa rapidez.

A fuerza de rápido, el cubano se cansa pronto. Según la naturaleza de la rapidez: enseguida.

No continúa.

No es que se rinda, porque eso lo disminuye. Se desinteresa.

Deja de ocuparse de una rapidez, por ejemplo, el Cordón de La Habana, y la sustituye por una más rápida, verbigracia los Diez Millones con los que se acabarían todos los problemas.

Con esta velocidad en la cabeza, muchos cubanos creen que Martí nos invitaba a una república perfecta después de una guerra breve.

En el conocido artículo “Los pobres de la tierra”, publicado en Patria el 4 de octubre de 1894, leemos:

En un día no se hacen repúblicas; ni ha de lograr Cuba, con las simples batallas de la independencia, la victoria a que, en sus continuas renovaciones, y lucha perpetua entre el desinterés y la codicia y entre la libertad y la soberbia, no ha llegado aún, en la faz toda del mundo, el género humano.

Este hombre rápido y genial estaba entregando su vida por una simple batalla. Y la batalla no sólo no se acababa aquí, sino que no se terminaría nunca en ninguna parte.

Y veamos cuál era, aquí, la próxima batalla después de la independencia:

Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo, que acapara, y de In justicia, que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo. y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos: y cl gobierno de un pueblo es el arte de ir encaminando sus realidades, bien sean rebeldías o preocupaciones, por la vía más breve posible, a la condición única de paz, que es aquella en que no haya un solo derecho mermado.

Véase: ir encaminando. Perseverando.

Por la vía más breve posible. Pero no mágicamente, sino conociendo sus realidades y gobernándolas, dentro de la paz del derecho.

¿Hemos perseverado así, rapidísimos?

¿Tenía razón aquel mambí camagüeyano, Liborio Vega Beltrán, que para intentar hacernos exitosos en la tarea de la república fundó la Logia de la Perseverancia, porque nos conocía el lado flaco?

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