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Desde luego, la fácil derrota de España por parte de Estados Unidos y sus nuevas conquistas territoriales llamaron la atención de los Otros Más Aptos, y sobre todo a los menos aptos de entre ellos. En 1899 el zar convoca a una reunión en La Haya para crear una Conferencia de la Paz, que reunió a veintiséis países: las potencias coloniales europeas, las potencias emergentes —Estados Unidos, Japón y el Imperio Otomano—, y también China, México, Persia, y Siam. Es ya una primera conferencia planetaria, no las reuniones anteriores de las potencias europeas para repartirse el mundo.

La conferencia se proponía asegurar el mantenimiento de la paz evitando el uso de la fuerza siempre que fuera posible, resolviendo las disputas mediante la gestión de terceros. Se establecieron mecanismos para esclarecer los hechos en conflictos internacionales —el asunto del Maine debió estar en la mente de la mayoría—, y se creó la Corte Permanente de Arbitraje con sede en La Haya, accesible a todos los Estados firmantes —y que todavía existe—. Habrá una segunda conferencia en 1907, y a partir de entonces comienza el proceso de intentar un Derecho Internacional colectivo y efectivo, que generará luego la Sociedad de Naciones y, después del fracaso de esta, la ONU. En 1899 los estados firmaron la Convención para la Solución Pacífica de Conflictos Internacionales.

Estas previsiones eran racionales y sabias, así como la preocupación por limitar los armamentos más destructivos en las guerras consideradas inevitables. Pero el colonialismo nunca fue ni sabio ni racional, y ni siquiera sincero. Siete años después de la segunda conferencia estalla la Guerra Mundial, en la que se emplea el arma química, una barbarie que horrorizó al planeta. El zar insistía en esos límites porque Rusia estaba entre los menos aptos de los aptos, su economía y su sociedad no podían sostener el empeño militar de los más aptos guerreros. Rusia no era una potencia pacífica: su expansión hacia el Oriente y el Asia Central significó la conquista y sometimiento de muchas naciones y pueblos, que integrarían en pocos años el Imperio Soviético. Su participación en la Primera Guerra fue desastrosa, pero el club moscovita de generales había aspirado a volver a poner la Cruz en Santa Sofía de Constantinopla, o dicho en términos menos ideológicos, a quedarse con Turquía y sus colonias y protectorados. Y no sólo perdieron la guerra, sino también el poder en su propio país. La irracionalidad de la soberbia imperialista, verificada en contra de sus propias previsiones, generó dos guerras mundiales y el surgimiento de los dos totalitarismos, el comunista y el fascista. La segunda guerra destruyó al segundo pero robusteció y amplió al primero.

Imaginemos un siglo XX en que las potencias deciden moderar su soberbia y atenerse por pura conveniencia a esas primeras dos conferencias planetarias, de manera que las guerras mundiales no ocurren y no surge ningún totalitarismo.

Lo que tenemos en este momento en que escribo, es la reciente declaración, supongo que sarcástica, del Primer Ministro de Canadá: el Derecho Internacional ha desaparecido.

El principio de que el mal ha triunfado y hay que aceptar esa irrealidad, es muy, muy malo.

En diciembre de 1898 el presidente McKinley celebra la iniciativa de la conferencia:

La propuesta del zar para una reducción general de los vastos establecimientos militares que pesan tanto sobre muchos pueblos en tiempos de paz fue comunicada a este Gobierno con una sincera invitación a ser representado en la conferencia que se contempla reunir con el fin de discutir los medios para lograr un resultado tan deseable. Su Majestad fue informado de inmediato de la cordial simpatía de este Gobierno con el principio implicado en su exaltada propuesta y de la disposición de los Estados Unidos a participar en la conferencia. La fuerza militar activa de los Estados Unidos, medida por nuestra población, área territorial y riqueza sujeta a impuestos, es, y bajo cualquier condición prospectiva concebible, debe seguir siendo, en tiempos de paz tan notablemente menor que la de las potencias armadas a las que se dirige especialmente el zar, que la cuestión no puede tener para nosotros importancia práctica salvo como un paso auspicioso hacia la mejora de la condición del moderno pueblos y el cultivo de la paz y la buena voluntad entre ellos; pero desde esta perspectiva, nos conviene como nación apoyar y ayudar al proyecto benéfico.

The proposal of the Czar for a general reduction of the vast military establishments that weigh so heavily upon many peoples in time of peace was communicated to this Government with an earnest invitation to be represented in the conference which it is contemplated to assemble with a view to discussing the means of accomplishing so desirable a result. His Majesty was at once informed of the cordial sympathy of this Government with the principle involved in his exalted proposal and of the readiness of the United States to take part in the conference. The active military force of the United States, as measured by our population, territorial area, and taxable wealth, is, and under any conceivable prospective conditions must continue to be, in time of peace so conspicuously less than that of the armed powers to whom the Czar’s appeal is especially addressed that the question can have for us no practical importance save as marking an auspicious step toward the betterment of the condition of the modern peoples and the cultivation of peace and good will among them; but in this view it behooves us as a nation to lend countenance and aid to the beneficent project.

La nueva potencia que acaba de zanjar por la fuerza un conflicto con una potencia europea, se manifiesta a favor de la racionalidad y el progreso. Ya sabemos que McKinley se siente identificado con la raza (race) alemana, que Estados Unidos se reparte Samoa con Alemania y Gran Bretaña, y actúa para asegurar la posición de Japón como potencia soberana plenamente independiente. En cuanto al armamentismo, impulsa el crecimiento de una armada moderna aún mayor, que en pocos años igualará a la de las potencias europeas. Y finalmente Estados Unidos se sumará a la Guerra Mundial, de la que saldrá como potencia consolidada, insuperable.

Por el momento McKinley firma en 1899 los acuerdos de la conferencia, pero dejando claro que:

Nada contenido en esta convención deberá interpretarse de tal manera que obligue a los Estados Unidos de América a apartarse de su política tradicional de no entrometerse, interferir ni enredarse en las cuestiones políticas, la política o la administración interna de ningún estado extranjero, ni nada contenido en dicha convención debe interpretarse como una renuncia por parte de Estados Unidos de América de su actitud tradicional hacia cuestiones puramente estadounidenses.

Nothing contained in this convention shall be so construed as to require the United States of America to depart from its traditional policy of not intruding upon, interfering with, or entangling itself in the political questions or policy or internal administration of any foreign state; nor shall anything contained in the said convention be construed to imply a relinquishment by the United. States of America of its traditional attitude toward purely American questions.

Estados Unidos acaba de entrometerse brutalmente en los asuntos de España, un estado presente en la conferencia, defendiendo sus ambiciones nacionales en contra de sus propias tradiciones libertarias.

En esa conferencia luchaban la realidad de lo inconveniente que eran las guerras entre las potencias para los objetivos de progreso material que les facilitaba la ciencia y la tecnología contemporáneas, y el deseo de arrebatarle al otro sus posesiones.

Y lamentablemente, triunfa ese deseo.

Su Majestad el zar, que ha convocado la conferencia después de largos años de esfuerzos diplomáticos, entra en guerra con Japón apenas cinco años después, en 1904.

Disputaban el dominio de Manchuria y Corea.

La guerra termina con la vergonzosa derrota del Imperio Ruso, que había conquistado y humillado a tantos pueblos en el Oriente, frente a los nuevos líderes de ese lado del mundo, el Imperio del Japón.

La élite moscovita había creado en siglos un imperio tan grande como inútil, repleto de atraso.

Y al día de hoy, sigue queriendo más.

Los japoneses le hicieron un favor: después de perder la guerra, la monarquía absoluta rusa se convierte en monarquía más o menos constitucional. Pero no renunciarán a nuevas conquistas., y acabarán participando como protagonistas en la Primera Guerra Mundial, sin la menor capacidad ni económica ni militar para semejante desafío. Y la crisis interna le abre paso a los bolcheviques.

La victoria japonesa pondrá a sus militares como semidioses —el Emperador, un tipo invisible, ya era un dios—, y queda así preparado el ascenso del fascismo.

Estados Unidos, en cambio, se presenta ante el mundo con mejores ideas.

Incluso con mejores ideas imperiales.

No me refiero al sentido de la realidad y la oportunidad, al paso a paso, a la selección de modos, a la captura de recursos y mercados indispensables, al inevitable y gozoso armamentismo.

Ya en el Segundo Mensaje en 1898 McKinley se refiere a la verdadera condición necesaria para imperar en el mundo:

Ahora existe toda la posibilidad de que la participación de Estados Unidos en la Exposición Universal que se celebrará en París en 1900 sea a una escala acorde con la posición avanzada que ocupan nuestros productos e industrias en los principales mercados del mundo.

There is now every prospect that the participation of the United States in the Universal Exposition to be held in Paris in 1900 will be on a scale commensurate with the advanced position held by our products and industries in the world’s chief marts.

Todo cubano culto recuerda “La Exposición de París”, el artículo martiano de 1889, que abre un período de exhibiciones estatales e internacionales. La revolución eléctrica desata un período de inmenso crecimiento de la riqueza social; y que el capitalismo acierta, cuando no hace guerras, a administrar muy bien.

Donde nuestros artesanos tienen la capacidad reconocida de sobresalir, donde nuestro genio inventivo ha iniciado muchos de los descubrimientos más grandiosos de estos últimos días del siglo, y donde los recursos nativos de nuestra tierra son tan ilimitados como valiosos para abastecer las necesidades del mundo, es nuestra competencia, como debe ser nuestro cuidado sincero, liderar el avance del progreso humano y no conformarse con ningún lugar secundario.

Where our artisans have the admitted capacity to excel, where our inventive genius has initiated many of the grandest discoveries of these later days of the century, and where the native resources of our land are as limitless as they are valuable to supply the world’s needs, it is our province, as it should be our earnest care, to lead in the march of human progress, and not rest content with any secondary place.

Genio científico, tecnológico y empresarial, recursos propios abundantes, un sistema político estable durante un siglo: los Estados Unidos con derecho a liderar el mundo, por méritos propios. Era el país de la Sociedad Antimperialista de Boston, con el mayor de los multimillonarios al frente. Era el país de la libertad y el progreso.

Pero no el país de McKinley y sus jingoístas.

Subrayo la frase para que se entienda cuán precisa era su conciencia de no necesitar territorios; pero la tentación de conquistarlos y explotarlos duró hasta la adquisición oportuna del canal de Panamá. Martí ya había advertido que el dominio norteamericano era fundamentalmente económico. Filipinas, Guam y Puerto Rico quedan como colonias; Cuba y Panamá como protectorados. Y la desamparada Liberia, país africano, creado por negros libres norteamericanos y caribeños, que nunca les interesó excepto durante la Segunda Guerra Mundial.

El progreso material es bueno. Comienza como una victoria del hombre sobre la naturaleza, lo que garantiza el éxito de la especie. Pero enseguida supone la imposición del hombre sobre el hombre, en el plano individual y en el de las colectividades humanas. Actualmente estamos llegando a la época del límite del progreso tecnológico y material, cuando esa aspiración es agresión contra la naturaleza que nos sustenta y contra la identidad misma del hombre —y la sobrevivencia de la humanidad es sólo una posibilidad con escasas posibilidades de triunfo—.

Pero a fines del siglo XIX la revolución de la electricidad abría unas posibilidades que parecían infinitas para el avance del progreso humano, entendido como progreso material.

McKinley expone esas bendiciones:

Nuestro Comisionado General me informa que tendremos en las secciones americanas de París más de 7.000 expositores, de todos los estados enfermos de nuestro país, un número diez veces mayor que los representados en Viena en 1873, seis veces más que los de París en 1878 y cuatro veces más que los que expusieron en París en 1889. Esta declaración no incluye las piezas de Cuba, Puerto Rico o Hawái, para las que se han hecho arreglos.

I am informed by our Commissioner-General that we shall have in the American sections at Paris over 7,000 exhibitors, from every State ill our country, a number ten times as great as those which were represented at Vienna in 1873, six times as many as those in Paris in 1878, and four times as many as those who exhibited in Paris in 1889. This statement does not include the exhibits from either Cuba, Puerto Rico, or Hawaii, for which arrangements have been made.

Interesante que Cuba encabece la lista de las colonias en ese 1899. Cuba participa por primera vez en una muestra de este tipo en la Exposición Panamericana de Búfalo en 1901, cuando aún no es república. El año anterior, en el Segundo Mensaje, se refiere al status que prevé para la colonia difícil o el protectorado:

Tan pronto cuando estemos en posesión de Cuba y hayamos pacificado la isla, será necesario dar ayuda y dirección a su pueblo para formar un gobierno propio. Esto debe hacerse lo antes posible, de acuerdo con la seguridad y el éxito asegurado. Es importante que nuestras relaciones con este pueblo sean de carácter muy amistoso y que nuestras relaciones comerciales sean estrechas y recíprocas. Debe ser nuestro deber ayudar de todas las formas adecuadas a construir los lugares baldíos de la isla, fomentar la industria del pueblo y ayudarles a formar un gobierno libre e independiente, realizando así las mejores aspiraciones del pueblo cubano.

As soon as we are in possession of Cuba and have pacified the island it will be necessary to give aid and direction to its people to form a government for themselves. This should be undertaken at the earliest moment consistent with safety and assured success. It is important that our relations with this people shall be of the most friendly character and our commercial relations close and reciprocal. It should be our duty to assist in every proper way to build up the waste places of the island, encourage the industry of the people, and assist them to form a government which shall be free and independent, thus realizing the best aspirations of the Cuban people.

A finales de 1898, firmado ya el Tratado de París por el cual España le entrega Cuba, y con la Isla bajo ocupación militar, McKinley afirma que no está en posesión de ella. Y que hay que pacificarla. Para esa fecha no hay combates en el territorio cubano.

En 1899 el presidente es más explícito:

La nueva Cuba, que aún no ha surgido de las cenizas del pasado, debe estar unida a nosotros por lazos de intimidad y fuerza singulares si queremos asegurar su bienestar duradero. Sea que esos lazos sean orgánicos o convencionales, los destinos de Cuba están, de alguna forma y manera legítimas, irrevocablemente ligados al nuestro, pero cómo y hasta qué punto el futuro lo determinarán en la madurez de los acontecimientos. Sea cual sea el resultado, debemos asegurarnos de que Cuba libre sea una realidad, no un nombre, una entidad perfecta, no un experimento apresurado que lleve en sí los elementos del fracaso. Nuestra misión, para la cual asumimos la apuesta de la batalla, no debe cumplirse desviando a cualquier commonwealth de forma vaga para enfrentarse a las vicisitudes que con demasiada frecuencia acompañan a los Estados más débiles, cuya riqueza natural y abundantes recursos se ven compensados por las incongruencias de su organización política y las ocasiones recurrentes en que las rivalidades internas minan su fuerza y disipan sus energías. La mayor bendición que puede llegar a Cuba es la restauración de su prosperidad agrícola e industrial, que dará empleo a los hombres ociosos y restablecerá la búsqueda de la paz. Esta es su principal y inmediata necesidad.

The new Cuba yet to arise from the ashes of the past must needs be bound to us by ties of singular intimacy and strength if its enduring welfare is to be assured. Whether those ties shall be organic or conventional, the destinies of Cuba are in some rightful form and manner irrevocably linked with our own, but how and how far is for the future to determine in the ripeness of events. Whatever be the outcome, we must see to it that free Cuba be a reality, not a name, a perfect entity, not a hasty experiment bearing within itself the elements of failure. Our mission, to accomplish which we took up the wager of battle, is not to be fulfilled by turning adrift any loosely framed commonwealth to face the vicissitudes which too often attend weaker States whose natural wealth and abundant resources are offset by the incongruities of their political organization and the recurring occasions for internal rivalries to sap their strength and dissipate their energies. The greatest blessing which can come to Cuba is the restoration of her agricultural and industrial prosperity, which will give employment to idle men and re-establish the pursuits of peace. This is her chief and immediate need.

Palabras suficientes. McKinley se atribuye la representación y la orientación del futuro del pueblo cubano, y le impone unos vínculos que no sabe si serán orgánicos (anexión) o convencionales (protectorado). El ataque contra la República en Armas es preciso: not a name, a perfect entity, not a hasty experiment bearing within itself the elements of failure. Sí, el sagrado nombre es República de Cuba, y es una entidad perfecta creada por treinta años de lucha heroica por la libertad y la democracia, según las Constituciones, las leyes, la Asamblea electa por el Pueblo en Armas. Lo que será un experimento apresurado y fallido que durará más de treinta años será justamente el protectorado inventado por el gobierno de los Estados Unidos, que ninguna fuerza política cubana deseó o promovió o reclamó nunca, ni entonces bajo la ocupación militar ni durante esos treinta años. Veremos en un próximo artículo cómo se instaló ese experimento oportunista. Ya para la fecha McKinley ha logrado imponer la pacificación, esto es, la eliminación del Ejército Libertador, que era el garante de la República de Cuba libre e independiente:

Para promover el desarme del ejército voluntario cubano, y en interés de la paz pública y el bienestar del pueblo, se pagó la suma de 75 dólares a cada soldado cubano que figuraba en los registros autenticados, con la condición de que depositara sus armas en las autoridades designadas por Estados Unidos. La suma así desembolsada sumó 2.547.750 dólares, que se pagó con el fondo de emergencia proporcionado por la ley del 5 de enero de 1899 para ese fin.

To promote the disarmament of the Cuban volunteer army, and in the interest of public peace and the welfare of the people, the sum of $75 was paid to each Cuban soldier borne upon the authenticated rolls, on condition that he should deposit his arms with the authorities designated by the United States. The sum thus disbursed aggregated $2,547,750, which was paid from the emergency fund provided by the act of January 5, 1899, for that purpose.

Puedo declarar con orgullo que mi bisabuelo Miguel Escobar, camagüeyano de buena posición, práctico del general Gómez en la primera guerra en Sierra de Cubitas, y refugiado con su extensa familia en una cueva de la Sierra durante la segunda, que había perdido ahí de un disparo perdido a su único hijo varón, Luis Manuel, enfrentó al individuo que vino a traerle esos pesos.

Yo no he peleado por dinero —dijo—, sino por la independencia de Cuba.

A eso me atengo, amén.

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