Fotografía de Juan Pablo Estrada.

Leemos en el periódico:

…usted mencionó las filas de cubanos que hay frente a la Embajada Americana (…) Demuestra nada más que queremos vivir de la papa suave, que queremos vivir con lujo.

¡Pero si ahora hay que ir a Guyana a pedir la visa!, pensará el lector.

Claro, porque no estoy citando el Granma, sino El Mundo del día 22 de noviembre de 1956. Y la frase procede del comentario de un lector de entonces.

Ese diario era la estrella de nuestro periodismo. Fundado poco antes que la República, en él publicaban las grandes firmas del país. El pueblo estaba tan acostumbrado a él que sobrevivió hasta el año 1968, cuando un incendio destruyó sus oficinas. Desde luego, ya daba igual.

Tú lo que quieres es la papa suave, oía yo que los mayores les decían a los muchachos, todavía en la década del sesenta. Luego la frase se extinguió.

Aquel lector de El Mundo criticaba a sus conciudadanos que querían vivir a un nivel más alto del que era posible en el país, y por lo tanto huían al Norte, donde esperaban disfrutar de la papa suave.

Camilo Cienfuegos fue y regresó.

En Cuba no hay animales venenosos, ni tsunamis. Cielo azul, playas paradisíacas, montañas no demasiado altas, una vegetación exuberante.

Un poeta mexicano, Ramón López Velarde, proponía una Suave Patria. Desgraciadamente, en la última campaña electoral han matado a no sé cuántos candidatos. Ser periodista en México equivale a la ruleta rusa.

El anhelo de que Cuba sea una patria suave, incluso sin más lujos que el de nuestra naturaleza y nuestra idiosincrasia amorosa, es perfectamente legítimo.

Yo diría que estamos programados para esa suavidad. Y la defiendo.

El error está, evidentemente, en aspirar a la papa, es decir, al bienestar, de forma fácil, huyendo.

Notemos que asimilar el bienestar a una forma de comida denuncia que no se sabe qué es bienestar, que se tiene una idea inferior, propia de gente sin ningún bienestar, del bienestar.

Verdad, no estamos en 1956.

Decía el lector:

Yo vivo decente y honradamente (…) cuando no se puede ir a cines, a teatros, a cabarets, a playas y paseos costosos, se queda uno en casa. Cuando no se puede quemar gasolina y gastar gomas se va a pie o se va en guagua.

Casi setenta años después pocos cubanos suscribirían esas palabras. Aquel lector sin embargo invitaba a una vida modesta pero verdadera, por afincada en nuestra realidad, rechazando las ilusiones de una vida fácil que no puede existir, ni tiene por qué existir, ni debe existir, en ninguna parte.

Comprendo que la vida es hoy entre nosotros de una dificultad intolerable y desesperanzadora, y que tantos jóvenes ni siquiera puedan imaginar un futuro que no pase por la blandura, completamente ilusoria, de la papa ajena. No sólo porque no existe, sino porque nada puede ni merece ser obtenido mediante la negativa al compromiso y al empeño.

Ahora que soy mayorcito me toca decirles: Tú lo que quieres es la papa boba. Muerde el cordobán, para que Cuba sea tu patria suave.

En cuanto a la papa actual, creo que sigue a 250 pesos la libra. Si la encuentras.

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