
Nuestra Revolución es la que ha avanzado más rápido, nos decía el profesor de inglés de séptimo grado. Y vamos a construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo.
Era 1968 y en diciembre el Apolo 8 sacaba al hombre por primera vez de la órbita terrestre, hacia la Luna. Siete meses después el módulo del Apolo 11 descendía en la Luna.
La humanidad parecía vivir una aceleración gigantesca. En menos de setenta años se había pasado del primer avioncito al módulo de descenso lunar.
Así que a unos niños de once años les impresionaba esa rapidez de lograr la Sociedad Perfecta aquí mismo y enseguida… Por el momento estábamos secuestrados bajo disciplina militar en la Escuela al Campo. Pero si vivíamos setenta años… quizás.
Nuestro ídolo era Enrique Figuerola. El velocista capaz de medirse con los yanquis, con ese 10,2 en los cien metros. Como también Pablo Montes, Hermes Ramírez y Juan Morales. Subcampeones olímpicos del relevo en 1968, detrás de los yanquis que batieron el récord mundial.
No habría que esperar setenta años, ni la sociedad perfecta tal vez, para que nuestro relevo fuera el recordista…
Sí, hubo algunos velocistas más, incluyendo al recordista Juantorena pero en los ochocientos. Al final se decía que iba a correr los mil quinientos… porque estaba perdiendo condiciones.
Pero ya eso es casi resistencia, o resistencia a la velocidad, que es la más recia de las resistencias…
Nunca hubo campeones ni recordistas cubanos de la marcha olímpica o la maratón.
Aunque nuestra historia va semejando los tres mil metros con obstáculos, pero sin medalla, y en cada vuelta cayendo en el charco.
Ya sé que estamos lejos del impulso heroico de la década del sesenta, y que cuatro naves exitosas en siete meses está más allá de la imaginación de la NASA…
Pero SpaceX se burla de esa lentitud.
El cubano parecía estar hecho para victorias rápidas.
Brillantes.
Fálicas.
Como la del 59.
No para aguantar su propia desesperada velocidad.
Finalmente ya no estábamos construyendo el socialismo y el comunismo al mismo tiempo, sino sólo la base técnica y material del socialismo, y cuando la construyéramos, llegaríamos al socialismo, y empezaríamos a construir el comunismo.
Tremendo maratón.
Ahora mismo sería bueno que construyéramos una termoeléctrica, por lo menos.
¿Cuánto cuesta?
¿Nos ayudarán la Unión Soviética y los países socialistas, que eran lentísimos?
¿Cuánto demoraría esa construcción?
¿Hay algo aquí que avance rápido, excepto el precio de la moneda enemiga?
¿Ya no somos velocistas?
¿O será que hemos decidido detenernos en seco?
¿Que la única velocidad posible para los cubanos está en Extranjia?
En el supermercado podrán comprar enseguida. Lograrán pagar la hipoteca de la casa a los sesenta años, si les va bien. Aquí no tendrán casa nunca.
En un día no se hacen repúblicas, dijo el más veloz de los cubanos. Volveremos sobre esa profecía.
Pero como soy camagüeyano permítanme recordar ahora a nuestro Rafael Fortún, gran velocista antes de la aceleración de los sesenta.
Somos casi jamaicanos, tenemos la velocidad en la sangre y vamos a llegar a la meta con honor…
Y con rabia.
