
Pastores por el Cambio
En la Revolución de los Campesinos de la Europa del siglo XVI, el teólogo Thomas Müntzer maldijo el feudo y el expolio de “tiranos y energúmenos” que robaban impuestos y dilapidaban lo que debía servir al bien común. Siglos después, al otro lado del Atlántico, la bloguera independiente Noraida Romero, comparó con Müntzer a varios pastores por su disenso del castrismo; sobre todo al grupo de Antonio Rodríguez Estrada, César Serrano Palacios, Marilis Acosta y otros, que fundó el 10 de abril del 2012 la entidad cívico-religiosa Movimiento Apostólico Profético Pastores por el Cambio. La palabra final deslizó un propósito ¿renovador, provocador? La organización se replanteó el pastorado, apuntando al sacerdocio como compromiso social, a la obligación de la opinión.
Pastores por el Cambio nació en la ciudad de Bayamo al calor del, en alza, Movimiento o Reforma Apostólico. En la Avenida Frank País, frente a la tienda Las Novedades, la más importante de la urbe, tenía su casa-templo Antonio Rodríguez Estrada, presidente de la organización. El modesto lugar era frecuentemente visitado por su vicepresidente, César Serrano Palacios.
Su labor comunitaria alcanzó a los desahuciados que creó el socialismo en su voluntad por hacer igual de miserables a todo individuo. En zonas marginales presentaba una alternativa de vida, un cambio con Cristo, a discapacitados, narcómanos, individuos violentos, alcohólicos, ancianos sin protección social o familiar, menesterosos, personas con infecciones de transmisión sexual. Capacitados como capellanes, miembros de Pastores por el Cambio expandían el ministerio a hospitales y prisiones, llevando aliento y acompañando a enfermos, reclusos y familias.
La organización resistió al totalitarismo con sus demandas y el mero hecho de ejercer la libre reunión, expresión y culto en un país-cárcel. Mostraba, según el blog Religión en Revolución, “el desplazamiento político a lo interno del país, de cara a la transición democrática”.
Evidenciaban que no todos los pastores, ministros, teólogos y cristianos, estaban de acuerdo con el control que ejercía la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos del Comité Central del PCC. Predicaban en las calles, mercados, paradas, terminales e, incluso, en los sacrosantos actos políticos del Estado, desviando la atención de los presentes, del mensaje socialista al cristiano.
Esto no solo ocurría en Bayamo, sino en otras subsedes de la entidad en el Oriente cubano, como Santiago de Cuba, liderada por el Apóstol Jorge Pérez, en el poblado holguinero de El Cristo, con el pastor Reutilio Columbié, en la provincia de Camagüey liderada por el pastor Camacho —yerno del muy conocido líder del Movimiento Apostólico Bernardo de Quesada—, y en Las Tunas. También se había extendido a Sancti Spíritus y Cienfuegos, con el liderazgo de la pastora Elisabeth Serrano, hermana de Serrano Palacios, y en la capital, bajo el Apóstol Luis Maldonado.
Pastores por el Cambio crecía clandestinamente, en casas de creyentes, formando sus propios líderes; y asumía un discurso contra las cadenas del Estado sobre la fe, más frontal que la mayoría de las iglesias evangélicas entonces. El totalitarismo temía un desborde de un grupo como ese.
Serrano Palacios vio la entidad, primero, espiritualmente: “una de las alternativas para la unidad de las distintas generaciones de cristianos, que buscan la libertad prometida por Cristo en Su Palabra: si el hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Pero no la desligó de “promover un cambio en el país a favor del Evangelio”, por una Ley de Culto, y que pudieran registrarse “las distintas iglesias y organizaciones cristianas que día a día pagan el precio del acoso, la amenaza y en ocasiones la destrucción de sus propiedades”. Pidió libertad para edificar templos y casas pastorales. Apuntó a instituciones dadoras de sentido tomadas por el Estado: en la educación, instituir seminarios teológicos y que los hijos de los cristianos pudieran disfrutar de una educación conforme a su fe; en los medios, libertad para expresarse en la televisión, radio y prensa nacional y local, todos envueltos en la férrea política de rechazar cosmovisiones distintas al Socialismo; y el acceso libre al ciberespacio “como herramienta en la comunicación y la información” —estaban entre los pioneros de la sociedad civil exigiendo el fin del bloqueo estatal a Internet. Además, en 2012 Pastores por el Cambio facilitaba cursos y entrenamientos sobre temas sociales, un fondo bibliográfico científico-técnico, cultural y teológico a las comunidades donde estaban.
La organización se convirtió en “una de las manifestaciones de la sociedad civil más reprimidas por la policía política, tanto en la provincia de Granma como en el país”. Su activismo cívico y el hecho de predicar masivamente la Palabra de Dios en las calles, mantenía nervioso al Estado. La policía, con apoyo de las Brigadas de Respuesta Rápida, arremetía violentamente contra sus miembros. Ministros como Yohandri Gutiérrez, Wilber Anach y Julio Magaña podían mostrar señales de golpizas en sus cuerpos.
En mayo de 2012, un mes después de nacido Pastores por el Cambio, Serrano Palacios, su esposa, María Elisa Acosta Piña, y los pastores Roberto Benítez González y Antonio Rodríguez Estrada, fueron arrestados y amenazados con procesarlos penalmente si seguían predicando en las calles.
En noviembre de 2012, Mientras Barack Obama y Raúl Castro conversaban secretamente por un deshielo de relaciones, agentes de la PNR y la policía política secuestraron a doce líderes de la organización evangélica en la Terminal de Ómnibus de Bayamo. ¿Delito? Llevar en un camión arroz, frijoles, espaguetis y otros alimentos y bienes de primera necesidad colectados por cristianos para víctimas del mortífero Huracán Sandy. Doce, como los discípulos de Jesús.
Rodríguez Estrada, una vez libre, detalló que antes habían recibido presiones para no distribuir independientemente la ayuda humanitaria, sino a los CDR o a la OAR, “pero nosotros reiteramos que no confiamos en ninguna organización que responde al Estado”. Finalmente, mediante un aparatoso despliegue policial el régimen les arrebató la donación.
Los ataques llegaban también subrepticiamente. En enero de 2013 Serrano Palacios denunció que los obispos Samuel y Josué Ramos Sanfiel, de la Iglesia de Dios Ortodoxa en Cuba, en Holguín, difundían odio al compás del régimen, acusando a líderes y miembros de Pastores por el Cambio de ser “mercenarios pagados por la Agencia Central de Inteligencia”. Lejos de amilanarse, la organización ofreció su solidaridad a otros grupos atacados por el Estado.
A las seis de la madrugada del 2 de julio de 2014 una turba destruyó la casa-templo del Ministerio Apostólico Estableciendo el Reino de Dios, en Santiago de Cuba, donde ministraba y vivían Esmir Torreblanca junto a su esposa, Marieta Bravo, y sus dos hijos, de 7 y 11 años. Sin previo aviso, seguidores locales del socialismo, policías, funcionarios de las oficinas de Vivienda, Planificación Física, ETECSA, Salud Pública, la Unión Eléctrica, el PCC y la OAR, derribaron la puerta. Los militares entraron con bastones y machetes, y destruyeron y tomaron las propiedades del pastor.
Mientras sucedía esto, la manzana estaba cercada con efectivos uniformados y otros de civil, autos patrulleros, ambulancias, camiones para cargar lo sustraído y maquinaria pesada para reducir el local a escombros. Fuerzas represivas impidieron que curiosos y líderes religiosos documentaran en videos o fotos el ataque; retiraron celulares, carnés, esposaron y detuvieron a algunos curiosos. Los llamaban contrarrevolucionarios, aliados de la CIA y “la mafia cubanoamericana”.
Julia Rosa Piña Sánchez, en aquel momento líder interina nacional de Pastores por el Cambio, llegó al lugar del desastre para solidarizarse con la familia pastoral, que quedó en la calle. A su regreso a Bayamo, recibió una citación policial.
Serrano Palacios, a la larga, salió al exilio por la presión policial. El acoso provocó que su hija menor debiera atenderse con un psicólogo. Se estableció en la ciudad de Indianápolis, Estados Unidos. Allí fungió como representante en el exterior de la organización. Otros líderes vivieron escenarios similares. Para los 2020, Pastores por el Cambio era historia.
ComCuba
Otro ejemplo de integración fuera del Estado, enfocado profesionalmente, se dio en junio de 2016. El Seminario Nazareno de La Habana acogió un campamento con charlas sobre storytelling y audiovisuales, en la que participaron cerca de 100 comunicadores no estatales de la isla. En su mayoría eran jóvenes, venían de la comunicación institucional en asociaciones religiosas, pocos con titulación afín al mundo de la comunicación. Algunos editaban boletines ministeriales o departamentales de sus iglesias, a otros le interesaban la edición de videos, la fotografía o fundar revistas, como el equipo del magacín digital Maranatha, etc.
En su directiva, electa a mano alzada en el templo del Seminario, contaron el productor Sandy Cancino, el líder pentecostal Israel Matos y el periodista Oscander Frómeta, que había colaborado con el diario independiente 14yMedio. Del evento eclosionó ComCuba, red interdenominacional de comunicadores cristianos y comprometida en promover valores bíblicos —esto chocaba con la imposición cultural de una sociedad que desde 1959 oficializó una nueva moral: la socialista.
El encuentro sentó las bases para una plataforma que organizaría talleres sobre comunicación y trabajo mancomunado, alianzas, cooperación y confraternidad. Denominaciones como Asambleas de Dios prestaron templos en La Habana para celebrar algunos de esos eventos.
Aunque activa aún, sobre 2018 ComCuba perdió empuje, concentrados muchos de sus miembros en la venidera arremetida del Estado en favor de la IG y su impulso en el cuerpo legal de la nación.
