
Hace veinte o más años se hablaba muchísimo del Síndrome.
Entre los inteligentes, y responsables, y amargados.
Sí, del SIA.
Síndrome de Indefensión Adquirida.
Al parecer una enfermedad incurable del pueblo cubano actual.
No defenderse, pase lo que pase.
—¿Para qué? Nada va a cambiar aquí, ni siquiera mejorar, y a mí y a mi familia nos costaría caro. Se puede huir, pero nosotros no tenemos cómo. En cuanto podamos, nos vamos.
Cuando hablamos de pueblo, debemos recordar que el actual tuvo unos antecesores.
Pero me diréis que no, que en 1895 se alzaron treinta mil hombres convocados por José Martí.
La idealización del pasado es una de las debilidades humanas universales. Impide ver la realidad en toda su verdad, y obtener de ella sabiduría y consejo.
¿Martí disponía de un pueblo unánimemente virtuoso y heroico?
Veamos algo del extraordinario poema “Pollice verso”, que integra sus Versos libres. Hay un subtítulo: Memoria de presidio:
Sí! ¡yo también, desnuda la cabeza
De tocado y cabellos, y al tobillo
Una cadena lurda, heme arrastrado
Entre un montón de sierpes, que revueltas
Sobre sus vicios negros, parecían
Esos gusanos de pesado vientre
Y ojos viscosos, que en hedionda cuba
De pardo lodo lentos se revuelcan!
Es el mismo autor de El presidio político en Cuba. Pero aquí el poeta nos describe la realidad total del presidio, puesto que para el despotismo español no había, entienden, presos políticos, sino sólo peligrosos delincuentes como otros cualquiera. ¿Les recuerda algo? El adolescente ha ido a parar al fondo de la sociedad cubana:
Y aún me aterro
De ver con el recuerdo lo que he visto
Una vez con mis ojos. Y espantado,
¡Póngome en pie, cual a emprender la fuga!
Pero del espanto sale también sabiduría y consejo:
¡Zarzal es la memoria; mas la mía
Es un cesto de llamas! A su lumbre
El porvenir de mi nación preveo.
Y lloro.
Efectivamente, prevé hasta un horizonte que no acabamos de ver nosotros hoy:
La culpa
Es madre del castigo. No es la vida
Copa de mago que el capricho torna
En hiel para los míseros, y en férvido
Tokay para el feliz. La vida es grave.
El pueblo cubano actual sigue creyendo que la vida es ligerita. Superficial, me decía hace poco el padre Castor Álvarez, que nos conoce bien. En cuanto al vino tokay, demasiado para los bebedores de chispaetren.
Esa es la sabiduría. Y ahora el consejo:
¡Alza, oh pueblo, el escudo, porque es grave
Cosa esta vida…!
Martí nos llama simplemente a alzar el escudo. A defenderse, ni siquiera al combate.
Pero deja claro que Circo la tierra es, como el romano (…) la vida es la ancha arena, /
Y los hombres esclavos gladiadores. Defenderse al menos.
Y a aquel que en la contienda
Bajó el escudo, o lo dejó de lado,
O suplicó cobarde, o abrió el pecho
Laxo y servil a la enconosa daga
Del enemigo, las vestales rudas,
Desde el sitial de la implacable piedra,
Condenan a morir, pollice verso.
Pues pollice verso es eso que usted ha visto en las películas: el pulgar hacia abajo que te condena a ser asesinado sin rebelión posible.
La vida es grave, hermanos. No hagamos llorar más al profeta. Aceptemos su consejo.
