El historiador Leví Marrero y Artiles. Imagen restaurada con Grok.

Ni los pueblos ni las personas pueden obliterar su pasado,

ni segmentarlo en zonas

gratas y zonas menos apacibles.

Américo Castro

Leví levita en el alma de la nación cubana. Su monumental obra apenas comienza a dibujarse en el horizonte de una accidentada historiografía cubana. Y es que Leví Marrero pertenece a esos grandes intelectuales que sufrieron aquella oprobiosa nebulización de la que no ha podido desprenderse aún la política cultural cubana. Para las nuevas generaciones de cubanos el historiador, geógrafo y periodista Leví Marrero y Artiles resulta un perfecto desconocido y estas páginas intentan contribuir a rescatarlo de ese lamentable olvido.

Nacido en la ciudad de Santa Clara en 1911 y licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de la Habana, Marrero ejerció como profesor de geografía en el Instituto de Segunda Enseñanza de la Víbora desde 1941 hasta llegar a convertirse en director de este centro en el período de 1946 a 1948. Muy pocos conocen que Leví Marrero hizo carrera como periodista, tanto en la capital como en Santiago de Cuba, durante 15 años, y que durante su etapa juvenil participó en la lucha contra el tirano Gerardo Machado. De ese tiempo nos legó como testimonio personal, con apenas 23 años, la primera novela sobre la revolución del 30: La generación asesinada (1934), escrita en los meses de marzo y abril de 1933 y publicada por capítulos en el diario El País, cuando aún el olor a pólvora y sangre recorría las calles habaneras.

Acerca de esta obra dijo su prologuista: “Tipos, hombres, paisajes, caracteres y, sobre todo, un estado de alma colectivo y una definitiva conciencia de clase, desfilan, palpitan y vibran como en una caja sonora, en estas páginas viriles y hermosas de Leví Marrero, (…) El libro es, en suma, como un espejo colocado al borde de los caminos que siguió la revolución. Sólo que sin poderse borrar las imágenes, ahí han quedado apresadas, duraderas, refractadas por un milagro de captación, calando hasta lo profundo en el recuerdo de todos los que hemos vivido y padecido los días trágicos y sin perspectiva de aurora de lo que pareció el fin de nuestra esperanza”.

Su currículum durante la etapa republicana es impresionante. Fue miembro de la Comisión de Geografía del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, miembro del Patronato de la Escuela Profesional de Periodismo y de la Sociedad de Estudios Históricos e Internacionales de La Habana, además de pertenecer a la comisión cubana de la UNESCO.

Durante las décadas del 40 y 50 salieron de su pluma varias ediciones del libro de texto de Geografía de Cuba, la más completa de ellas hacia finales de la década del 50, escrita junto con dos de los más reconocidos geógrafos de la historia republicana: Carlos de la Torre y Alfredo M. Aguayo. También publicó Historia antigua y medieval como libro de texto para los estudiantes de la segunda enseñanza.

Bajo su tutela se fundó en 1955 el Instituto Superior de Estudios e Investigaciones Económicas en la Universidad de La Habana, donde ejerció como profesor de Historia Económica hasta que fue cerrado el recinto universitario en 1957 por la convulsa situación política del país. En ese año ya tiene listo el libro Historia económica de Cuba (Guía de Estudio y Documentación), útil herramienta de consulta para los estudiantes universitarios de la época.

De su etapa vivida en Cuba luego del triunfo de la Revolución se conoce muy poco. Trabajó como director del periódico El Mundo y fue embajador jefe del Departamento de Organismos Internacionales del MINREX. Se ha podido encontrar la conferencia que dictó ante el sindicato de trabajadores de la emisora CMQ el día 2 de julio en 1960, titulada “La Revolución Cubana ante la opinión mundial”. Marrero hace aquí una apasionada defensa del gobierno revolucionario y de todas las medidas tomadas en la nueva coyuntura, cree firmemente que Cuba tiene condiciones para salir del subdesarrollo y que las autoridades dan pasos concretos hacia ello. Pero ya en desacuerdo con el rumbo socialista del proceso revolucionario parte de Cuba en 1961.

Con casi 50 años de edad, se radica primeramente en Venezuela. Como muestra de su talento y profundo conocimiento de la geografía americana escribe en ese país el libro Venezuela y sus recursos (1964), el cual le hace merecedor de la Orden Andrés Bello, que recibe de manos del presidente venezolano Rómulo Betancourt. En sus palabras de elogio declaró: “Venezuela y sus recursos es el primer estudio geográfico de nuestro país desde todos los ángulos. Leví Marrero ha realizado este trabajo sin apoyo financiero alguno del gobierno nacional. Por eso el gobierno ha decidido otorgarle este reconocimiento a quien ha realizado esta magnífica empresa de cultura”.

De Venezuela pasa a Puerto Rico, donde reside hasta su muerte, en 1995. Es en este país donde emprende su obra más ambiciosa, que lo hace merecedor de un lugar destacado en el panteón de la cultura insular: Cuba: Economía y Sociedad, una enjundiosa investigación concebida originalmente en ocho tomos y finalmente terminada en 15 volúmenes que abarcan toda la historia de la economía y la sociedad cubana desde el inicio de la colonización española hasta 1868. Marrero tenía concebido inicialmente llegar hasta 1958, pero debido a su avanzada edad y a los muchos años dedicados a completar esta monumental historia decidió parar justo en el año del comienzo de la primera de nuestras guerras de independencia. Esta investigación, fruto de una exhaustiva “excavación” en el gigantesco Archivo de Indias, de Sevilla la Biblioteca del Congreso en Washington, el Archivo Histórico de Madrid, el Archivo Nacional de Puerto Rico y los archivos nacionales cubanos le llevó casi una década terminarla (1969-1977) y logró publicar en algunas ocasiones más de un tomo por año.

Esta obra es, a no dudarlo, nuestro empeño historiográfico más ambicioso producido fuera de la isla. Sobre ella se han pronunciado algunos de los más reconocidos intelectuales cubanos en la emigración y también prestigiosos académicos norteamericanos: “La obra de Leví Marrero sobre el ser y la existencia de Cuba no puede ser comparada con ningún otro libro de historia cubana, sencillamente porque no existe otro libro con esta estructura, con esta riqueza de datos, con esa ensambladura de sucesos, fechas, medio, cosas y personas. Cuba: Economía y Sociedad es otra cosa, algo que no existió hasta que un hombre llamado Leví Marrero tuvo la paciencia de sentarse, con el ánimo tenaz de los grandes investigadores, para examinar minuciosamente el cómo y el porqué de eso que llamamos Cuba”, expresaría el poeta Gastón Baquero, amigo personal de Marrero. “La obra de Leví Marrero es la más ambiciosa y seria que ha producido la historiografía cubana en los últimos 50 años”, lapidaria y tajante frase del intelectual Luis Aguilar León. Por su parte, el reconocido sociólogo cubanoamericano de la Universidad Internacional de la Florida, Lisandro Pérez, tuvo elogiosas palabras para la obra de este insigne historiador: “Marrero, solo, ha dado a Cuba una parte considerable de su legado nacional. Ha levantado el velo de la ignorancia que durante mucho tiempo cubrió gran parte de la historia de Cuba colonial”.

Del pensamiento de este intelectual podemos extraer grandes enseñanzas para la Cuba actual, plasmadas en la Introducción de esta magnífica obra: “La satisfacción de las necesidades materiales, jamás lograda cabalmente en Cuba o en parte alguna para todos los miembros de una sociedad, es una aspiración primaria y legítima, pero se convierte en elemento desdeñable cuando se pretende aislarla y exaltarla como sustituta válida del decoro integral que la sociedad debe al ser humano. La dignificación nacional solo puede asentarse firmemente en el reconocimiento del derecho de cada hombre a enfrentar su propio destino intransferible; en la posibilidad de aplicar su inteligencia y esfuerzo a los fines que, dentro de un marco social de libertad, hagan coincidentes sus propósitos legítimos con los de una sociedad abierta y justa. Este es el ideal inalcanzado en Cuba”.

Se pudiera pensar que Marrero ya no tenía nada más que decir después de culminar, casi a los 70 años, tan voluminosa investigación como Cuba: Economía y Sociedad. Pero el legado del autor de La generación asesinada no terminó ahí. De su enciclopédico saber salieron otras obras imprescindibles de la historiografía cubana dedicada al estudio de la etapa colonial, entre las que sobresalen: Los esclavos y la Virgen del Cobre: Dos siglos de lucha por la libertad de Cuba. Raíces del milagro cubano (1984) y Cuba: isla abierta (Siglos XVI-XIX) (1995), esta última publicada póstumamente y una de sus investigaciones más acabadas, pues recoge cerca de 25 mil apellidos de las familias que se asentaron en la isla durante esos siglos.

La mayoría de sus archivos descansan hoy en la Universidad Internacional de la Florida, institución a la que donó casi toda su documentación personal. Los que lo conocieron dicen que era un hombre muy sencillo y austero, que dominaba los datos más sorprendentes sobre la Cuba colonial y que si pudo dedicar tanto tiempo a la investigación y la escritura fue gracias al apoyo inmenso que recibió de su esposa, Enriqueta Comas.

Puerto Rico, la misma tierra que viera morir a uno de los más grandes intelectuales de la Cuba republicana, Jorge Mañach, presenciaba 34 años después el deceso de ese grande también que ha sido Leví Marrero. El año de su partida de Cuba fue el de la muerte de Mañach. Ambos anhelaron siempre morir en su tierra. Leví Marrero llamó a este pedazo del Caribe “el suelo eterno de Cuba” porque de él no pudo desprenderse jamás. Ya es hora entonces de levantar también el suelo eterno de este cubano entero para cumplir el apotegma martiano de honor a quien honor merece.

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