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Discreto, como familiar del dolor.

He ahí el retrato que hace José Martí del adolescente Francisco Gómez Toro, su discípulo.

Panchito estuvo al lado de Martí todo el tiempo que pudo, con la venia de su padre.

Por su propia voluntad desembarcó en Cuba y se incorporó a las fuerzas del general Antonio.

Muere con las armas en la mano, estando con un brazo en cabestrillo, tratando de recuperar el cadáver del general, mientras otros dudaban o huían.

Nunca seremos suficientemente indiscretos con el dolor de la pérdida de este teniente de veinte años, héroe y mártir de la patria.

Nunca lo lloraremos bastante.

Es comprensible entonces ese estado de agonía del padre, manifiesto en la carta a Cleveland.

Ese 7 de diciembre de 1896 mueren ambos héroes y Cleveland lanza su desgraciado último mensaje al Congreso.

En el mes de octubre ha comenzado a extenderse la Reconcentración de Weyler, intento desesperado y brutalísimo del gobierno español para estirar su decadente soberanía sobre Cuba.

Se comprende el estado de ánimo del general Gómez. Pero la historia de un país no puede regirse con personalismos. Una de las funciones de la democracia es establecer el control sobre las personas, incluso de las mejores personas, como agentes de la dirección social. Es difícil incluso en tiempos de paz y con una democracia madura. Ni hablar del enfrentamiento a un enemigo brutal en condiciones de inferioridad numérica y logística. Y de un país poco poblado, desestructurado por la explotación extranjera, repleto de analfabetos y de ex esclavos, carente de consenso y de unidad de propósitos. Ahora bien, había un Gobierno que representaba al Pueblo en Armas. El Gobierno atendió a la petición de Gómez de represalia contra Weyler, pero sólo contra las propiedades del enemigo, no contra las personas ajenas al conflicto: confirmaba una política ya establecida. El Gobierno no atacó a Gómez. Es Gómez quien se lanza a una descontrolada desobediencia.

El chiste macabro del señor Cleveland de que en Cuba no había un gobierno independentista y democrático sino unos generales haciendo abusos por su cuenta, fue contestado por el Gobierno con equilibrio, tratando de no ofender a los yanquis. En fin de cuentas, Cleveland se iba ya.

Gómez le concede la razón al presidente norteamericano, y le da la espalda a los suyos. Comienza su entendimiento personal con los políticos norteamericanos, a costa de la democracia cubana.

Pero, ¿y qué pensaban ellos?

Sigamos viendo cuál fue la reacción, a través del documento oficial de la administración McKinley que hemos referido.

El Senado había solicitado a McKinley información sobre las cartas de Gómez. McKinley las aporta. Subrayados míos:

Y el Presidente ha sido, de igual manera, requerido además para que informe al Senado si existe alguna evidencia en los Departamentos Ejecutivos que demuestre que las personas o los bienes de ciudadanos de los Estados Unidos han sufrido los abusos que se indican en las cartas anteriores, que se alega en la prensa que fueron escritas por Máximo Gómez, o cualquier otro agravio o abuso infligido contra ellos por cualquiera de las partes beligerantes en Cuba, que pudieran haberse evitado mediante la debida consideración a nuestros derechos establecidos en los tratados, o bajo las leyes de gentes o el respeto debido a la humanidad.

(And the President is, in like manner, further requested to inform the Senate whether there is any and what evidence in the Executive Departments which shows that the persons or property of citizens of the United States have suffered such abuses as are stated in the foregoing letters, which are alleged in the public prints to have been written by Maximo Gomez, or any other wrongs and abuses inflicted upon them by either of the belligerent parties in Cuba that could have been avoided by a due consideration for our treaty rights or our rights under the laws of nations, or the respect due to humanity).

Eso es lo que demanda a McKinley el Senado. Y no es cualquier acción. Porque apunta a una interpretación de las palabras de Gómez. En realidad, el general parece usar en forma equívoca, como sigue haciéndose aún hoy, y digo parece porque carecemos del original, el término american. La traducción de la carta de Gómez dice que habla in the name of some unarmed Americans, victims of the most frightful cruelty, pero el resto de la carta refiere solo la brutalidad española contra los cubanos. El Senado parece entender que en esta frase Gómez se refiere a ciudadanos norteamericanos.

En cuanto al deseo del Senado de saber si existe alguna evidencia en los Departamentos Ejecutivos que demuestre que la persona o los bienes de ciudadanos de los Estados Unidos han sufrido los abusos que se indican en las cartas anteriores, sólo puedo decir que, en la medida en que este Departamento pueda considerar los volúmenes de Relaciones Exteriores de 1895 y 1896 y varios mensajes enviados al Congreso, ellos contienen todo lo que el Departamento ha considerado oportuno o necesario hacer público sobre el tema en lo que respecta a los intereses y derechos de los ciudadanos estadounidenses en ese ámbito. Para facilitar la consulta, estos documentos pueden enumerarse de la siguiente manera:

Documento de la Cámara n.° 224, Quincuagésimo cuarto Congreso, primera sesión, “Asuntos en Cuba”.

Documento del Senado n.° 39, Quincuagésimo cuarto Congreso, segunda sesión, “Correspondencia sobre la muerte de Charles Govin”.

Documento del Senado n.° 79, Quincuagésimo cuarto Congreso, segunda sesión, “Reclamaciones de ciudadanos de los Estados Unidos contra España”.

Documento del Senado n.° 84, Quincuagésimo cuarto Congreso, segunda sesión, “Lista de ciudadanos de los Estados Unidos arrestados en Cuba”.

Documento del Senado n.° 104, Quincuagésimo cuarto Congreso, segunda sesión, “Arresto, encarcelamiento, etc., de Julio Sanguily”.

Documento del Senado n.° 146, Quincuagésimo cuarto Congreso, segunda sesión, “Personas que reclaman ciudadanía estadounidense capturadas en Competitor”.

Documento Senatorial n.° 168, 54.º Congreso, segunda sesión, “Sobre el arresto en La Habana de Marcos E. Rodríguez, Luis Someillán y Azpeita, y Luis Someillán y Vidal, ciudadanos de los Estados Unidos”.

Documento Senatorial n.° 172, 54.º Congreso, segunda sesión, “Ciudadanos estadounidenses en prisión en Cuba”.

Documento Senatorial n.° 179, 54.º Congreso, segunda sesión, “Caso del Dr. Ricardo Ruiz”.

(Concerning the wish of the Senate to know whether there is any evidence in the Executive Departments tending to show that the person or property of citizens of the United States have suffered such abuses as are stated in the foregoing letters, I can only say that so far as this Department may be considered the volumes of Foreign Relations for 1895 and 1896 and the several messages sent to Congress contain all that the Department has deemed it expedient or necessary to make public upon the subject so far as relates to the interests and rights of American citizens in that quarter. For convenience of reference these documents may be enumerated as follows:

1. House Document No. 224, Fifty-fourth Congress, first session, “Affairs in Cuba.”

2. Senate Document No. 39, Fifty-fourth Congress, second session, “Correspondence concerning the death of Charles Govin.”

3. Senate Document No. 79, Fifty-fourth Congress, second session, “Claims of citizens of the United States against Spain.”

4. Senate Document No. 84, Fifty-fourth Congress, second session, “List of citizens of the United States arrested in Cuba.”

5. Senate Document No. 104, Fifty-fourth Congress, second session, “Arrest, imprisonment, etc., of Julio Sanguily.”

6. Senate Document No. 146, Fifty-fourth Congress, second session, “Persons claiming American citizenship captured on Competitor.”

7. Senate Document No. 168, Fifty-fourth Congress, second session, “Touching the arrest in Habana of Marcos E. Rodriguez, Luis Someillan y Azpeita, and Luis Someillan y Vidal, citizens of the United States.”

8. Senate Document No. 172, Fifty-fourth Congress, second session, “American citizens in prison in Cuba.”

9. Senate Document No. 179, Fifty-fourth Congress, second session, “Case of Dr. Ricardo Ruiz.”

Debieran revisarse, si es posible, tales documentos. Pero no hay señal de escándalo en esa enumeración. Buena parte de esos ciudadanos estadounidenses, como en el caso del lamentable general mambí Julio Sanguily, eran cubanos naturalizados en Estados Unidos. El recién estrenado presidente McKinley informa de lo que tiene en archivo, que es en realidad lo que tiene el Senado. No indica una gestión inmediata acerca del asunto.

McKinley informa también de una interesante pregunta.

Y, además, se solicita al Presidente que informe al Senado si las autoridades españolas en Cuba se han negado a permitir que el cónsul de los Estados Unidos en Sagua la Grande se comunique con nuestro cónsul general en La Habana mediante despachos cifrados a través de las líneas telegráficas, y si se ha presentado alguna protesta contra tales interrupciones.

(And, also, the President, in like manner, is requested to inform the Senate whether the Spanish authorities in Cuba have refused to permit the consul of the United States at Sagua la Grande to communicate with our consul-general at Habana, by the use of cipher dispatches over the telegraph lines, and whether any protest has been made against such interruptions.)

El Senado simpatizaba mayoritariamente, a través de los demócratas, con los independentistas cubanos. Así que esta preocupación no debe asombrarnos.

Veamos qué responde McKinley a través de su secretario de Estado:

En relación con la investigación sobre la negativa de las autoridades españolas en Cuba a permitir que el cónsul de los Estados Unidos en Sagua la Grande se comunicara por telégrafo con nuestro cónsul general en La Habana, y la protesta de este Gobierno en el lugar, debo declarar que el alcalde del lugar prohibió al cónsul en Sagua enviar un telegrama cifrado al cónsul general Lee en La Habana en febrero pasado. Tras informarse al Sr. Lee sobre esta acción del alcalde, este protestó de inmediato, exigió una explicación y así lo informó al Departamento el 9 de febrero pasado. Su despacho, n.º 362, del 20 de febrero de 1897, incluye la traducción de una comunicación que le dirigió el Gobernador General en funciones de esa fecha sobre el tema. El texto es el siguiente:

GOBIERNO GENERAL DE LA ISLA DE CUBA.

Como tuve el honor de manifestar en mi comunicación del 10 del corriente, solicité al gobernador civil de Santa Clara que informara sobre la orden del alcalde de Sagua de no permitir el paso de un telegrama cifrado dirigido a usted por el agente comercial de los Estados Unidos en esa ciudad. El gobernador informa que, al interpretar erróneamente la orden de este gobierno general de no permitir el paso de telegramas cifrados personales sin exhibir previamente el código, se negó a permitir el paso de dicho telegrama cifrado del agente mencionado.

En vista de lo anterior y para evitar la repetición de tales actos, he ordenado que el alcalde sea severamente amonestado y que se instruya a los gobernadores y alcaldes de aquí en adelante a no obstruir los telegramas oficiales dirigidos por los agentes comerciales o cónsules de los Estados Unidos en esta isla a sus superiores o inferiores. Soy, etc.

La Habana, 18 de septiembre de 1897.

Al CÓNSUL GENERAL DE LOS ESTADOS UNIDOS.

EL MARQUÉS DE AHUMADA.

Esto puso fin al incidente, y desde entonces ni el Departamento ni ninguno de nuestros funcionarios consulares en Cuba ha experimentado dificultad alguna en materia de correspondencia telegráfica.

Atentamente.

JOHN SHERMAN, DEPARTAMENTO DE ESTADO,

Washington, 10 de mayo de 1897.

(In the matter of the inquiry as to the refusal of the Spanish authorities in Cuba to permit the consul of the United States at Sagua le Grande to communicate with our consul-general at Habana by telegraph, and the protest of this Government in the premises, I have to state that the consul at Sagua was prohibited by the mayor of the place from sending a cipher telegram to Consul-General Lee at Habana in February last. This action on the part of the mayor having been reported to Mr. Lee, he promptly protested, demanded an explanation, and so advised the Department on February 9 last. His dispatch, No. 362, of February 20, 1897, covers a translation of a communication addressed to him by the acting Governor-General of that date upon the subject. The text is as follows:

GENERAL GOVERNMENT OF THE ISLAND OF CUBA.

As I had the honor to state in my communication of the 10th instant, I asked the civil governor of Santa Clara to report regarding the order of the mayor of Sagua not to allow a cipher telegram addressed to you by the commercial agent of the United States there to pass, the said governor reports that the said mayor, erroneously interpreting the order of this general government not to allow personal cipher telegrams to pass without previously exhibiting the code, refused to allow the said cipher telegram to pass from the agent referred to.

In view thereof and in order to avoid the repetition of such acts, I have ordered that the mayor be severely reprimanded and that the governors and mayors be hereafter instructed not to obstruct official telegrams addressed by the United States commercial agents or consuls in this island to their superiors or inferiors.

I am, etc,

Habana, 18 Sept., 1897.

To the CONSUL-GENERAL OF THE UNITED STATES.

EL. MARQUES DE AHUMADA.)

El incidente, en realidad, resulta interesante. En Cuba existía un Consulado General en La Habana, y otros en Matanzas, Sagua La Grande y Santiago de Cuba, que se comunicaban con el de La Habana mediante cifrado telegráfico. Y el de La Habana con el Departamento de Estado. Ahora bien, de repente aparece, en Sagua la Grande, una anormalidad en este proceso. ¿De veras se trata de un error del funcionario colonial? Porque Gómez escribe desde Sancti Spíritus, un área aledaña a Sagua. ¿Fueron transmitidas las cartas de Gómez a través de ese consulado? ¿Es casualidad que el Senado investigue este asunto?

Hay que tener en cuenta que el cónsul general en La Habana no era precisamente un agente comercial cualquiera, sino Fitzhugh Lee, un personaje de primera clase en la vida estadounidense. De la misma edad que Gómez, había sido general de caballería en la Guerra de Secesión, en el bando confederado. Sobrino de Lee, el general derrotado por el Norte, ascendió por sobrados méritos de guerra. Después de la derrota, que aceptó razonablemente, llegó a ser gobernador de Virginia entre 1886 y 1890. En abril de 1896, Cleveland lo designó cónsul general en La Habana, y McKinley lo mantuvo. En la guerra contra España fue de nuevo general en activo, pero no se le designó en Cuba. Era un personaje con carisma, y la prensa norteamericana lo celebraba. Se le consideraba enemigo de España y simpatizante de los mambises.

Como todo diplomático, Lee era un espía, y gracias a que su red de consulados cubría la isla y disponía de correo cifrado telegráfico con ellos, mantuvo informado a sus superiores de cuanto acontecía en Cuba. De hecho, era una especie de embajador, con funciones políticas frente al Capitán General, y con una influencia decisiva ante el Departamento de Estado: se dice que calentó la atmósfera a favor de la intervención. Este hombre llega y se enfrenta ya no con una guerra devastadora, como aquella en la que había participado en su país, sino con la infame y desesperada Reconcentración de Weyler. Y recibe las quejas de sus conciudadanos residentes y con negocios en la isla. Pero incluso antes, ya la red de consulados informaba: en enero-marzo de 1896, La Habana reporta sobre incendios de cañaverales, sabotajes y caída del comercio, y que hay ciudadanos estadounidenses afectados por la guerra; en marzo, Santiago habla de movimientos militares y aumento de enfermedades tropicales, y advierte sobre un impacto en el comercio marítimo. En octubre Lee aporta las primeras referencias a la política de reconcentración de Weyler y sostiene que afectará a ciudadanos estadounidenses propietarios de fincas. En enero-marzo de 1897 el cónsul informa que la reconcentración está creando indigencia masiva y solicita fondos para ayudar a ciudadanos estadounidenses sin recursos. En abril de 1897 el consulado de Cienfuegos reporta el colapso de ingenios azucareros y notifica que varios estadounidenses han perdido sus propiedades. Al mes siguiente Lee informa que más de 600 estadounidenses están en situación crítica. En los meses de junio y julio los consulados de Matanzas, Santiago, Sagua la Grande y La Habana denuncian las muertes por fiebre amarilla y viruela, riesgo para barcos estadounidenses. Los hospitales están saturados. En agosto Lee informa que la reconcentración ha provocado hambruna generalizada y señala que la situación es insostenible. En septiembre Santiago refiere el aumento de muertes por enfermedades y una crisis en el puerto por falta de personal sano. En octubre Lee reporta que la situación política es explosiva, pero el día 31 de ese mes España destituye a Weyler. En noviembre y diciembre todos los consulados informan sobre el retorno parcial de los reconcentrados a sus domicilios bajo el nuevo capitán general Ramón Blanco, aunque persisten la hambruna y las enfermedades.

España ha decretado la autonomía, rechazada por los independentistas, y que había sido uno de los reclamos de los dos presidentes yanquis. Pero en enero de 1898 Lee informa sobre disturbios y tensión creciente, puesto que muchos españoles rechazaban la autonomía, y Estados Unidos envía el USS Maine para proteger vidas y propiedades. Más bien podía considerarse como una amenaza de cañoneo de la capital. Tras la explosión del Maine el 15 de febrero, Lee envía informes urgentes: caos en la ciudad, riesgo para ciudadanos estadounidenses, incapacidad de España para controlar la situación. Entre marzo y abril de 1898 todos los consulados coinciden en que la reconcentración ha dejado una crisis humanitaria irreversible.

Por otro lado, algunos propietarios norteamericanos residentes en la isla, que se oponen a España y simpatizan con los autonomistas o independentistas, también envían denuncias directas o indirectas a la prensa y los políticos de su país.

La carta de Gómez, pues, no fue importante para que McKinley se involucrara en la situación cubana. Ya poseía datos suficientes y la red de cónsules para seguir informado. La invocación de Gómez a la doctrina Monroe era inútil. El presidente tenía que ocuparse de sus americanos, no de otros americanos, que además dañaban las propiedades de los americans.

Veremos enseguida cuáles fueron sus declaraciones sobre estos asuntos.

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