
Aún está por contarse, en su totalidad, la historia de cómo muchos medios de prensa escrita locales sucumbieron al huracán revolucionario de 1959. En las últimas décadas algunos estudios, tesis de grado y artículos publicados en Cuba han recogido fragmentos muy parciales de lo vivido en 1959 por los dueños y periodistas de las variadísimas publicaciones locales, de ciudades tan importantes como Camagüey, Santa Clara, Cienfuegos y en menor medida Santiago de Cuba y Matanzas.
La mayoría de las versiones provienen del oficialismo, que monopolizó el relato de los sucesos que llevaron a la rapidísima ocupación de esos medios, a diferencia de lo sucedido con los medios nacionales radicados en La Habana, sobre los cuales los castristas demoraron un poco más de un año en ponerlos bajo su control.
El relato más completo que he podido hallar en relación a periódicos locales versa sobre lo sucedido en el diario El Camagüeyano, sin duda uno de los medios impresos más destacados fuera de La Habana. La notoriedad de ese medio se hizo sentir cuando su Jefe de Información, Luis Pichardo Loret de Mola, sería el único periodista del interior del país que ganaría en dos ocasiones premios nacionales de periodismo (el “Justo de Lara” en 1951 y el “Enrique J. Varona” en 1956), copados casi en su totalidad por periodistas radicados en la capital.
Algunos antecedentes necesarios
El Camagüeyano surgió con ese nombre en 1906, cuando la República tenía pocos años de fundada. Con anterioridad llevaba por título El Liberal, diario que había nacido en 1899, pero el cambio de propietarios y su perfil editorial más cercano al conservadurismo forzaron el cambio de nombre. Desde 1906 y hasta 1940 el diario fue dirigido por Walfredo Rodríguez Blanca, y luego, con motivo de su fallecimiento, su hijo de igual nombre asumiría la dirección del medio hasta su desaparición. El Camagüeyano, según el periodista Amaury González Valdivia, “acaparó la preeminencia informativa de la provincia, y llegó incluso a abrirse mercados entre las comunidades de lugareños que residían en La Habana y La Florida (Estados Unidos), adonde eran enviadas sus nuevas ediciones por vía aérea”[1].
González Valdivia reconoce que El Camagüeyano tenía una orientación política de “difícil conceptualización”.
Por una parte se enorgullecía de su militancia conservadora y de defender a ultranza el derecho de propiedad. Además profesaba una firme adhesión a los poderes constituidos. Sin embargo, en una peculiar conjugación de enfoques, también asumía como propias la casi totalidad de las causas civilizadoras que se emprendían en la provincia. Las concepciones ideológicas del rotativo en esa etapa se podrían catalogar como conservadoras en lo social, innovadoras en lo económico, y militantes en la defensa de los derechos provinciales.[2]
Era —omo el propio investigador afirma— un “diario formalmente independiente”.
El Camagüeyano —como toda la prensa cubana— tuvo que padecer la censura previa impuesta por el régimen autoritario de Batista, la cual se fue acrecentando en los últimos años, hasta su huida. El medio no adoptó una posición frontal contra el batistato para poder seguir saliendo. Ante la censura imitó la práctica de la mayoría de los diarios, tanto nacionales como locales: abstenerse de publicar noticias y comentarios de la realidad nacional que pudieran incomodar a los censores. Así pudo llegar a 1959.
La versión oficialista de lo ocurrido en los primeros días de 1959 en los talleres de El Camagüeyano, no llegaría hasta 63 años después de la mano de Eduardo Labrada y publicada en el medio local Adelante, el periódico del Partido Comunista en el territorio, que rememora la versión dada a su persona por Luis Pichardo Loret de Mola:
Sobre las 2:00 de la mañana, me llamó Walfredo desde La Habana y me dijo: “Batista se va de Cuba con toda la familia, aguanta las máquinas para otra tirada que ahora te mando noticias, como veo la cosa, mañana no vamos a salir”. Yo estaba abajo, en el taller, revisando la edición que ya comenzaba a entrar en prensa. El Dr. Walfredo Rodríguez, aparte de ser director de El Camagüeyano, era Representante a la Cámara por el Partido Liberal y miembro del Consejo Consultivo de Batista. Por eso estaba en la fiesta de fin de año en Palacio, y me estaba dando una noticia de primera mano.
Nuestra tirada de esa noche se había adelantado para cerrar temprano el taller, por lo que todo estaba listo para imprimir. Esperé una hora, pero Walfredo no llamó y la gente del taller estaba desesperada por terminar. Observé que la pareja de policías que de costumbre custodiaban el periódico no se había movido de allí. Llamé a Piña Varona a su casa, pero me dijeron que estaba en la cena del cuartel Agramonte; Piña era un periodista con muchas relaciones en el gobierno, incluso tenía un pase especial para entrar y salir cualquier día y a cualquier hora de las unidades militares.
Entonces me arriesgué y decidí la tirada introduciendo la pequeña nota en primera diciendo que debido a acontecimientos de última hora recesaríamos al día siguiente. En realidad estuvimos sin circular hasta el 6 de enero, fecha en que aparecimos con todas las informaciones y fotos de aquellos primeros días de 1959.[3]
No se aclara porqué el medio estuvo sin salir varios días, pero lo que le interesa resaltar a Labrada Rodríguez es cómo sin perder tiempo, tanto los periodistas como todas aquellas personas cercanas al Movimiento 26 de Julio comenzaron a presionar al dueño de El Camagüeyano para que se les permitiera publicar un periódico en sus talleres ubicados en la calle Finlay.
Al no tener la versión de Walfredo Rodríguez, desconocemos cómo ocurrieron las presiones, pero el dueño de El Camagüeyano terminó accediendo a que en sus talleres saliera por la mañana su periódico y en la tarde el progubernamental Adelante, el cual tuvo su primera edición el 12 de enero de 1959.
Se suscitó en esa provincia un fenómeno curioso y era que en los mismos talleres salían dos periódicos de tendencias opuestas. Lógicamente, esa anomalía no podía durar mucho ni era sostenible para Walfredo Rodríguez.
El 31 de enero de 1959 el diario Revolución, en La Habana, publica una lista de los periódicos tanto nacionales como locales que recibían una subvención del gobierno de Batista. Entre ellos se encontraba El Camagüeyano, el cual recibía 1000 pesos mensuales. “Casualmente”, Adelante ese mismo día da a conocer una lista de 19 periodistas en la provincia que recibían salarios de diferentes ministerios sin ejercer función alguna, lo que popularmente se conocían como botellas.
El artículo no aclara qué ocurrió con esos periodistas, pero es de suponer que la mayoría terminó siendo expulsada del Colegio Provincial de Periodistas e imposibilitada de trabajar.
Por otro lado, la subvención gubernamental a los medios se ha presentado por la propaganda del régimen castrista como una subordinación total de la prensa al gobierno de Batista. Fue una de las excusas usadas tanto para la toma como la clausura de esos medios independientes. Los directivos de El Camagüeyano se defendieron públicamente de esa acusación:
Ninguna vinculación editorial con la dictadura tuvo El Camagüeyano. No tuvimos ninguna ayuda económica ni otros ingresos provenientes de fuentes oficiales fuera de publicidades pagadas en relación con actividades o avisos estatales lícitos acorde con el mismo sistema de publicidad que actualmente utiliza el Gobierno por medio del Ministerio de Hacienda para propender a la mayor honestidad del contribuyente. Nuestras compras de materiales o maquinarias fueron pagadas por nosotros y no por el Gobierno o alguno de sus personeros.[4]
Pero la verdad para el totalitarismo es un estorbo. Durante los dos meses siguientes la tensión y las zancadillas contra Walfredo Rodríguez y Carlos Pérez de Armas, los dos principales dueños del medio más antiguo de Camagüey, irían en aumento, hasta que el 31 de marzo el periódico dejó de salir definitivamente. Sobre ese período no existe ningún recuento por parte de las víctimas.
La versión oficialista de Labrada Rodríguez afirma: “Con una campaña bien orquestada por sociedades figurativas y el apoyo solapado de algunos periodistas, Walfredo Rodríguez y Carlos Pérez de Armas, iniciaron un movimiento de resistencia a las leyes revolucionarias, desplegando sus influencias en el sector de la prensa donde tenían numerosos adeptos, reclamando la devolución del intervenido periódico El Camagüeyano y cuestionando la existencia de Adelante, pues en su criterio había ocupado su edificio y talleres sin mediar acuerdo alguno. No se atrevió sin embargo a exigir que en el taller gráfico dejaran de imprimir Adelante dada la postura revolucionaria tomada desde un principio por los trabajadores”[5].
Lo inusual en el caso de este periódico provincial era que los miembros del Movimiento 26 de Julio y los periodistas cercanos al nuevo régimen al no tener recursos propios para fundar un medio decidieron primero ocupar páginas de los ya existentes, y luego apropiarse de los talleres del más próspero e influyente de todos, como era el caso de El Camagüeyano.
Una vez que la intervención y el cierre de este medio impreso se consumó, sus directivos protestaron en carta publicada en el Diario de la Marina:
Deseamos expresar públicamente nuestra inconformidad por medida que consideramos injusta e innecesaria y nuestra preocupación porque este centro de trabajo que viene afrontando una economía precaria, sucumba. De la historia limpia del periódico hablan muchos de sus editoriales.
Los dueños de El Camagüeyano reivindican además su posición ante el nuevo régimen y su independencia frente al poder en un editorial salido precisamente el 12 de febrero de ese año:
Los intereses que a este periódico interesaron siempre, los intereses que por más de medio siglo ha defendido y seguirá defendiendo mientras pueda, son los intereses permanentes de la República, como patria de todos, y los de Camagüey, como sede y hogar de nuestra gran familia colectiva. Larga, áspera y difícil ha sido su ruta, sembrada a trechos por abrojos y espinas. (…) Para El Camagüeyano han sido siempre supremos y augustos los principios morales que se basan en Dios, en la patria, en la familia, en el hogar. Defendiendo esos principios se ha mantenido durante su larga vida, no importándole si a veces contra esa postura moral, se lanzaron en su contra venablos cargados de pasión o resentimiento.
Pero la protesta de los dueños de El Camagüeyano cayó en saco roto. Este autor desconoce si intentaron reclamar ante la justicia la intervención del medio. Lo cierto es que, temiendo por sus vidas, en una fecha posterior a abril de 1959 se ven obligados a salir de Cuba. En su etapa en el exilio no he podido hallar si dejaron algún testimonio sobre sus últimos meses en la tierra de El Mayor.
La variedad de medios impresos y radiales en Camagüey, era notoria al llegar las fuerzas rebeldes de Castro. Existían 12 periódicos, ocho revistas y ocho emisoras de radio y en ellas laboraban casi 100 periodistas. Después de El Camagüeyano destacaban los periódicos El Noticiero, El Sol de Cuba, Órbita, Ecos de Esmeralda y el Gallo de Morón, entre otros. Las revistas de mayor relevancia eran Acción Cívica Camagüeyana, Arroz, La Fe, Garajistas y Conexos, entre otras. De los noticieros radiales entre los más escuchados estaban la CMJC, CMJF, CMJK y CMJR, en Camagüey y CMJH y CMJU que transmitían desde Ciego de Ávila.
Toda esa variedad de medios y voces se iría reduciendo y uniformando con el tiempo. La unanimidad informativa llegó mucho más temprano al interior de Cuba que a la capital del país. La historia de la rápida muerte de El Camagüeyano y otros medios locales que aquí expondremos, así lo demuestra.
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De El Camagüeyano a Adelante, la prensa impresa camagüeyana entre 1955 y 1965, Amaury González Valdivia, Tesis en opción al Título de Máster en Comunicación, Universidad de Camagüey, 2016, p. 59. ↑
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Ibídem p. 66. ↑
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Adelante – ¡Adelante!: el inicio de la historia, consultado el 10 de marzo de 2026. ↑
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“Solicítase la devolución de El Camagüeyano”, Diario de la Marina, 3 de abril de 1959, p. 1-11ª. ↑
