Retrato de Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República de Cuba.

“Duerme, pobre Tomás, ya no te calumniarán más”, fueron las palabras de despedida de un guajiro, veterano de las tres guerras de independencia, ante la tumba de Tomás Estrada Palma, el primer presidente de Cuba libre. Era el 5 de noviembre de 1908. Un día antes había fallecido el patricio cubano y sus restos todavía descansan en el Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.

Pero aquel guajiro mambí —del cual se desconoce el nombre— no viviría lo suficiente para ver cuánto se había equivocado en sus sentidas palabras.

En los días posteriores a la muerte de Estrada Palma, no hubo figura pública de la isla que no enviara un mensaje de condolencia a los familiares del patricio cubano. Lo hicieron desde sus más enconados rivales políticos hasta Charles Magoon, el interventor norteamericano.

Con el devenir de los años y hasta 1959, a su figura le erigirían —al menos— cuatro estatuas a lo largo de la isla. Sin embargo, en un ejercicio de obliteración de la historia, todas serían retiradas luego de la llegada de Fidel Castro al poder.

La primera de las efigies al egregio mambí se erigió en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, en fecha tan temprana como 1911, en un parque del mismo nombre. De esa estatua existe un video de apenas un minuto en Facebook y seguramente existe más de una foto en algún archivo matancero.

Estatua de Estrada Palma en Cárdenas, Matanzas (imagen de archivo, tomada del sitio Cuba en la Memoria).

El derribo y borrado de la estatua ocurrió en una fecha posterior a 1959 que se desconoce con exactitud. El parque donde se hallaba el monumento fue rebautizado con el nombre del mártir estudiantil José Antonio Echeverría. No hay mayor información disponible al respecto.

La segunda ciudad en levantar una magna estatua de Don Tomás sería Santiago de Cuba, el 10 de octubre de 1918. La iniciativa del proyecto, según el articulista Ignacio Fernández Díaz, había sido del jurista Antonio Bravo Correoso, cinco años antes. Para el proyecto se hizo una recaudación popular en la que contribuyeron ciudadanos de todas las clases sociales. El monumento fue ubicado en la intersección de las calles Trocha Sur (24 de febrero) y Estrada Palma (Santo Tomás) y esculpido por el italiano Ugo Luisi.

Estatua de Estrada Palma en Santiago de Cuba (imagen de archivo).

La foto de la inauguración del hermoso monumento, en la que aparece Estrada Palma sentado sobre un gran pedestal de mármol de carrara, no deja lugar a las dudas: los santiagueros acudieron a rendirle tributo a quien unos pocos años antes había aceptado competir junto a Bartolomé Masó por la presidencia de Cuba y había dejado las arcas del Estado cubano en superávit.

Luego de 1959 la estatua correría igual suerte que todas las demás, sería derribada por una orden fulminante del nuevo régimen totalitario. En este caso, sustituida por una de Eduardo Chibás, un político de esa tierra, muy crítico de la corrupción de los gobiernos auténticos, pero también decididamente anticomunista.

Curiosamente, alguien halló la estatua de Estrada Palma abandonada en algún rincón de la ciudad santiaguera que no fue identificado, totalmente vandalizada. Las fotos de la estatua aún están disponibles en internet.

Restos de la estatua de Estrada Palma en Santiago de Cuba (tomada de un artículo de OnCuba)

La tercera estatua —por haberse levantado en la capital cubana— es la más conocida y fotografiada de todas. Fue inaugurada el 26 de junio de 1921 y al acto de su desvelo acudió el entonces presidente Alfredo Zayas. Esculpida por el italiano Giovanni Nicolini, en dicha efigie se podía apreciar la figura de Tomás Estrada Palma de pie. Sobre el gran pedestal, el escultor italiano talló a una mujer sentada, la cual sostiene una pluma y un cuaderno.

Estatua de Estrada Palma en la Avenida de los Presidentes, en La Habana (imagen de archivo).

La estatua fue ubicada en la concurrida calle G o Avenida de los Presidentes, ya que la idea original era levantar monumentos a los primeros presidentes de la República a lo largo de toda la amplia y arbolada avenida. Sin embargo, todo cambió luego de 1959.

No está documentado con precisión la fecha en que fue retirada la estatua de Estrada Palma en la avenida habanera, pero las pocas fuentes disponibles aseguran que ocurrió a principios de la década de 1970.

Los ejecutores cometieron el error o el mal trabajo de dejar los zapatos. La pifia de los vándalos autorizados desató el espíritu burlón de los cubanos, quienes han hecho mofa de aquellos zapatos al descubierto. No fue hasta el 2020 que, por orden del historiador habanero Eusebio Leal, finalmente el calzado en bronce de Estrada Palma Tomás fue retirado.

El pedestal vacío, con sólo los zapatos de la vandalizada estatua del prócer.

La cuarta estatua es la menos conocida de todas, y posiblemente la más imponente de la figura de Don Tomás. Cuando se terminó en 1956 medía más de seis metros y su pedestal tenía una altura de tres metros y 85 centímetros. Como casi todas, se había financiado con recaudación popular y su costo ascendió a 14 mil pesos. La gigantesca efigie sería expuesta en un lugar público de la ciudad de Bayamo, la urbe natal de Estrada Palma. Los bayameses, como habían llegado tarde a la iniciativa de grandes monumentos, levantaron el de mayor tamaño.

No hay mayor información pública sobre el tiempo que estuvo en exhibición este monumento a Estrada Palma en Bayamo, ni la fecha exacta en que fue retirada. En algún archivo histórico de esa ciudad oriental debe existir más información, pero de ser así, no ha trascendido a internet.

La razzia contra las estatuas de Tomás Estrada Palma obedeció a una nueva interpretación histórica de su figura, que la historiografía oficialista, por mandato del nuevo poder comunista, calificó al gran amigo de José Martí de “entreguista y anexionista”.

El veterano mambí, quien tenía la ciudadanía estadounidense, por confiar poco en la capacidad de los cubanos para autogobernarse, había pedido en 1906 la intervención de Estados Unidos para apaciguar la rebelión de sus opositores, quienes terminaron alzándose al no aceptar el intento de reelección de Estrada Palma. El llamado del presidente cubano a Estados Unidos y la posterior intervención americana ese año, era reinterpretada bajo el castrismo como una actitud inaceptable y “anticubana”.

Una de las primeras manifestaciones públicas de cómo se iría imponiendo ese nuevo relato lo realizó el entonces canciller Raúl Roa a finales de marzo de 1960. Roa expresó en un programa radial que la redacción de la Enmienda Platt había sido obra del norteamericano Elihu Root y también de Tomás Estrada Palma. Una afirmación que ningún historiador ni intelectual había hecho hasta esa fecha.

Ante lo que consideraba una falsedad, uno de los hijos del primer presidente, José Manuel Estrada Palma, le escribió una carta pública a Roa, en la que expresó:

“Mucho se ha escrito acerca de la Enmienda Platt y también de mi padre, pero nadie hasta ahora había incurrido en el despropósito de afirmar que mi citado padre hubiera tenido que ver con la famosa Enmienda.

(…)

Después que la Enmienda fue promulgada por el Congreso de Estados Unidos y ante el dilema de que si se aceptaba tendríamos República y que si no la aceptábamos, no la tendríamos, fueron de parecer mi padre y otros patriotas de que fuera aceptada, criterio que en definitiva compartió la mayoría de la Convención Constituyente”.

Roa nunca contestó públicamente esa carta. Sería el Diario de la Marina, donde en un editorial a raíz de la carta del hijo de Estrada Palma, afirmaría:

“Los hechos históricos deben analizarse serenamente, sin tergiversaciones sectarias. Conviene de vez en cuando revisar la historia; pero ha de hacerse a la luz de nuevos datos y no de interpretaciones apasionadas. Y nunca, desde luego, para apoyar sobre esas alteraciones actitudes presentes o futuras. Con nada debe hacerse demagogia; pero menos con la historia patria”.

Aunque la más reciente historiografía que se realiza en la isla ha abandonado el relato puramente estigmatizante de la República nacida en 1902, aún le queda pendiente realizar una biografía de Tomás Estrada Palma, que sitúe a esta figura en su justo lugar. Tal vez, con la simbólica acción de recuperar alguna de las estatuas perdidas sería suficiente para que el patricio cubano logre —finalmente— descansar en paz.

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