Ala este de La Polivalente, donde se aprecia el apedreado restaurante panorámico con vista a la avenida. Foto: Juan Pablo Estrada.

Si algo tipificó al extinto período revolucionario fue la avalancha constructiva de obras para beneficio social. Como quien agita los dados del cubilete a favor exclusivo de un jugador, el zarandeo de aquella utópica planificación física tiró sobre la isla decenas de escuelas, hospitales, fábricas e instalaciones deportivas. Entre estas últimas, los estadios de pelota, gimnasios y salas polivalentes, llevaban una estandarizada ventaja con relación a otras infraestructuras atléticas. Todo ello marcó una etapa de tres décadas, en que la cultura física, con el apuntalamiento del CAME, ubicaron a Cuba entre las primeras naciones medallistas del olimpismo. Pero, durante este primer ciclo de gloria, que colapsó con el bloque soviético, muchas disciplinas competitivas habían quedado sin techo donde practicar sus capacidades. Entonces, con un esfuerzo y derroche que parecían haber quedado atrás en los caprichos gobernativos de la isla, los XI Juegos Deportivos Panamericanos se convirtieron en la pírrica oportunidad para hacerse de tales establecimientos.

Una de las ocho torres con acceso escalonado a las graderías superiores. Foto: Juan Pablo Estrada.

Esta bitácora, continuación temática de la anterior entrega, y que tendrá seguimiento en la próxima, también aborda el infausto destino de sedes deportivas concebidas a propósito del evento panamericano celebrado hace 35 años. Para una ofensiva constructiva de tal envergadura, que garantizara los requisitos técnicos de la justa continental, se trató de una empresa asumida en tiempo récord, cubriendo los más básicos estándares de calidad y perdurabilidad establecidos, de cuyos resultados inmediatos deben haberse esperado, como mínimo, un posterior completamiento y/o mantenimiento sistemático de sus edificaciones. La Sala Polivalente Ramón Fonst, llanamente conocida como La Polivalente —aunque el sarcasmo popular también la llama La Policaliente, por las elevadas temperaturas que concentran los metales de sus cubiertas durante el verano—, fue construida en los terrenos destinados al inconcluso proyecto urbanístico de la Plaza Cívica, temporalmente aprovechados para ubicar allí un área de recreo multipropósito identificada como Feria de la Juventud. Los que rondamos los 55 años, guardamos memoria del elefante asiático perennemente encadenado en su opresivo foso, a la derecha de la entrada principal, por donde se accedía a un parque de diversiones, varios establecimientos gastronómicos y pequeños comercios de souvenirs, plantas y mascotas.

Los árboles plantados en el perímetro exterior de las instalaciones, han corrido su misma suerte. Foto: Juan Pablo Estrada.

Aquel escenario de estirpe medieval —ubicado entre los dos ramales de la Avenida Independencia (Boyeros)—, donde también era frecuente que se instalara una carpa de circo, cambió de la noche a la mañana, cuando se comenzó a erigir allí un raro esqueleto con estructuras metálicas, que fue inaugurado en agosto de 1991 como tabloncillo de voleibol para la celebración oficial de los Panamericanos. Nadie imaginó que aquel privilegiado espacio de la ciudad, a escasos metros de icónicas instituciones públicas, fuera destinado a semejante propósito, que más parecía fruto de la desesperación que de una planificada estrategia. Para colmo, a pesar de su desafortunado diseño y peor ejecución, a La Polivalente le fue conferido ese mismo año el premio anual que otorga la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción, estímulo que muchos, en su más recóndito criterio estético, no se han podido explicar todavía. Es de suponer que la bolera, anexa a la gran mole de hojalata, también haya sido acreedora del inmerecido galardón. Apenas separadas por un acceso vehicular, esta costosa dependencia cuenta con veinticuatro pistas para las competiciones de bolos, disciplina incluida por primera vez en el certamen continental.

Desahuciada dependencia de servicio aledaña a La Bolera —en primer plano—. Al fondo, La Polivalente. Foto: Juan Pablo Estrada.

Desde entonces, con más o menos recursos para conservarla al límite de su funcionamiento, en La Polivalente se han desarrollado eventos de baloncesto, voleibol, fútbol sala, balonmano, artes marciales, gimnasia, tenis de mesa, bádminton y esgrima. Aun cuando el desgaste de la instalación ha pesado más en la balanza, el tiempo de las reparaciones ha sido demasiadas veces postergado. Finalmente, hace nueve años, nuevos aires soplarían sobre el corroído local. Con regocijo profesional, descubro un artículo de mi colega Luz Escobar para 14 y medio, fechado el 22 de febrero de 2017, bajo el título: “Sala Polivalente, un coloso que vuelve a la vida”, en el que referencia las obras que en aquel entonces se acometían para devolverle su esplendor a este Cuasimodo constructivo; entre ellas, la restitución de elementos en la armazón metálica, así como 450 tejas de la cubierta. En aquel entonces, el replanteo del tabloncillo, para el que se utilizaron 128 000 metros de listones de madera, marchaba a la par de la recuperación del alumbrado público en las áreas exteriores, espacio que se había convertido en refugio nocturno para depravados y asaltantes. Con el beneficio de la iluminación —acota el artículo— se ayudaban a proteger los materiales destinados a la restauración del inmueble.

Vandalizado estado de una ventana ubicada en la torre de acceso sureste. Foto: Juan Pablo Estrada.

Como solía ocurrir con los ciclos de la “propiedad estatal socialista”, las mejoras conferidas hace casi diez años a La Polivalente, cayeron en tierra de nadie. Onomancia y metáfora mediante, los avatares de esta céntrica instalación, que ha sido “tocada” por el abandono y la improvisación, quizás aguarde tiempos mejores para esgrimir su florete. Sabrá la posteridad de las glorias deportivas qué grado de resignación tendrá en su parnaso el multi laureado esgrimista Ramón Fonst Segundo —La Habana, 31 de agosto de 1883-La Habana, 10 de septiembre de 1959—, al contemplar tanto mugre y descuido a su nombre.

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