El opositor Guillermo «Coco» Fariñas, rostro de las huelgas de hambre en Cuba durante la Primavera Negra.

Jaime Aurell, profesor de la Universidad de Navarra, ha dicho que la tensión entre la Iglesia y los gobiernos es buen síntoma: significa que la política no ha podido devorar la fe. En la Cuba de inicios del siglo XXI, pocas iglesias y menos creyentes aplauden al castrismo. En algunos casos, han usado estrategias pacíficas que unen la fe con declaraciones cívicas, como el ayuno o la vigilia, y han apoyado a cubanos que optaron por la huelga de hambre como forma de protesta.

 

Tamarindo 34, 1999

 

En junio de 1999, en la casa 34 de la calle Tamarindo entre las avenidas habaneras Diez de Octubre y Rabí, comenzó el ayuno político más conocido de finales del siglo XX cubano, con Oscar Elías Biscet al frente.

Junto a él participaron Aida Valdés Santana, William Herrera, Marcos Lázaro Torres, Leonel Morejón, Juan Gregorich y Rolando Muñoz Yyobre, de la Fundación Lawton de Derechos Humanos, el Partido Democrático 30 de Noviembre, la Liga Cívica Martiana, Naturpaz, y la Coordinadora Nacional de Presos y Ex-Presos Políticos, respectivamente.

Desde la casa salían a diario declaraciones para medios de prensa foráneos e independientes, y cartas a figuras políticas internacionales narrando la vida bajo el castrismo. Las paredes de la sala estaban llenas de fotos del reverendo Martin Luther King y otros íconos de la lucha no violenta.

Decenas de cubanos en toda la isla se unieron, tanto a otras réplicas del ayuno, como a apoyar la iniciativa logística o mediáticamente. Ese fue el caso de líderes evangélicos que ofrecieron respaldo espiritual y presencial a los acantonados.

Entre los nombres registrados por la prensa de la época están los del pastor Ibrahim Pina Borges, el Obispo Presidente de la Iglesia Pentecostal Unida de Cuba (IPUC) Santos Osmani Domínguez Borjas, y Lázaro William Urbina Dupont, frente del Ministerio Carcelario Palabra de Vida Eterna. Los dos últimos firmaron una carta divulgada en Internet que llamaba “a todos los cristianos del mundo a solidarizarse y apoyar el ayuno de Tamarindo 34, en Santos Suárez, donde vive un clamor a Dios por los presos políticos y de conciencia en Cuba”. A continuación, retaba al reverendo estadounidense Julius Walker, cercano al régimen y líder de la ONG antiembargo Pastores por la Paz, “a dar un testimonio” visitando a los ayunantes. Asimismo, rogaban acompañamiento de otros hermanos del amplio abanico del cristianismo[1]. Otro líder de la no registrada IPUC, Ernesto Iturriaga Pérez, llegó a ayunar durante 34 horas junto a los disidentes[2].

Poco antes había terminado la Celebración Evangélica Cubana, una serie de cultos al aire libre por primera vez permitidos desde 1959, a tono con el recibimiento y admisión de misas en lugares públicos durante la visita de Juan Pablo II el año anterior. En ambos casos Fidel Castro buscaba limpiar la imagen de un país sin libertad religiosa, pero las iglesias vieron allí una oportunidad para predicar el mensaje de fe tras 40 años en el más duro desierto. Después del evento, el castrismo siguió reprimiendo a la iglesia, pero los líderes más perspicaces tomaron ventaja de la concesión castrista para evangelizar masivamente.

Iturriaga Pérez, por su lado, tenía una visión distinta. Para él los asistentes a la Celebración se habían dejado “utilizar por el gobierno”. Recordó la presencia en los estrados de predicadores que “parecían voceros estatales hablando de una serie de cosas que no encajan dentro de un mensaje cristiano”[3]. Figuras cercanas al régimen, como Raúl Suárez, tomaron la palabra y mezclaron fe con Socialismo, una de las cuestiones más repudiadas entre líderes evangélicos participantes, al punto de que algunos se levantaban del asiento y se retiraban en señal de protesta. Al respecto, Iturriaga Pérez lamentó:

[En la Celebración] muchos quedaron con las ganas de oír quién es Jesucristo, qué hizo Jesucristo por ellos, por qué vino a la tierra y por qué murió por los hombres. Muchos se quedaron con los deseos de ver una celebración de verdad, donde se orara por los enfermos, donde se echaran afuera demonios como acostumbran a hacer iglesias como los Pentecostales y Metodistas, y que se hiciera énfasis en los dones cristianos, en la predicación cristiana[4].

Y más adelante tomó el pulso de la lucha interna de muchos presidentes de obra.

Otros fueron a la Celebración y cuando se dieron cuenta que era un acto de titiriteros en manos de personeros que responden al gobierno se retiraron de allí. Otros permanecieron allí, según me dijeron, porque tenían la esperanza de que el pueblo cubano pudiera oír una vez más a Cristo, y una vez más oír la voz de la Iglesia. La voz de Cristo, que tanto necesita este pueblo[5].

Recordó que el régimen, con la pasividad cómplice del CIC, en algunos casos limitaba y en otros muchos prohibían la posibilidad de que capellanes trabajaran dentro de hospitales y el ejército, y que tres meses antes de la entrevista a la Convención Bautista Occidental se le había decomisado un contenedor de Biblias, que fueron quemadas en el área capitalina de Managua[6].

Tamarindo 34 inspiraba en cubanos como Iturriaga Pérez el peligroso hábito de expresar sus críticas al totalitarismo públicamente. Solo en los primeros 15 días más de 900 personas se habían personado en la sede del ayuno para solidarizarse con los disidentes, según la prensa. El ayuno se había extendido a más de 30 localidades en 12 de las 14 provincias del país, y había generado declaraciones fraternales de la mayoría de las organizaciones opositoras en el interior y el exterior de la isla. A los ojos del Estado, la lluvia podía convertirse en huracán.

Solo hubo tres reacciones negativas durante los 40 días de la iniciativa: la de Fidel Castro, la del periodista miamense Francisco Aruca, cercano al régimen, y un documento firmado por Manuel Cuesta Morúa, del grupo Corriente Socialista Democrática Cubana (CSDC), según CubaNet[7].

Los ayunantes solamente habían ingerido líquidos, aunque todos gozaban de salud en el primer mes, según un reporte de El País. Mauricio Vicent, corresponsal del diario español subrayó que permanecían “sin ser molestados hasta ahora por las autoridades”, obviando la represión contra otros simpatizantes dentro y fuera de La Habana[8], algo vivido por varios evangélicos solidarios. Por ejemplo, cuando el 30 de junio de 1999 el Obispo Presidente de la IPUC, Domínguez Borjas, anunció la creación de un Comité Pastoral en apoyo de los ayunantes de Tamarindo 34, la represión no tardó. Asimismo, el Tribunal Municipal de Cabaiguán enjuició al pastor Ibrahim Pina Borges; el fiscal pedía dos años de prisión. Mientras, los pastores Ernesto Iturriaga Pérez y Antonio Díaz Silvo fueron detenidos varios días. De igual forma, militantes comunistas visitaban a miembros de la IPUC a sus casas, exigiéndoles que dejaran de congregarse en la iglesia y amenazándolos con arrestos[9]. Sobre la represión sufrida, Domínguez Borjas expresó:

Queremos decirles a nuestros hermanos cristianos en el exterior, al pueblo cubano en el exterior, que es el mismo pueblo que está acá en el interior de la república, que a pesar de todas las amenazas, a pesar de esta campaña de calumnias y de difamaciones, aunque estemos presos seguiremos apoyando a nuestros hermanos de Tamarindo 34, aunque tengamos que pasar a ser miembros de la larga lista de presos de conciencia, de presos que hay acá en Cuba por su pensamiento, por ser objetores de conciencia. Estamos dispuestos a enfrentar esta parte de la historia de Cuba que nos ha tocado vivir[10].

Como los pastores de la IPUC, Biscet veía un sentido trascendente en sus acciones. Acabado el ayuno, el líder opositor lo expresó de este modo: aprendió a amar a sus adversarios, cambiando la violencia, la ira y el odio, por la justicia y el perdón. Una para sanar, la otra para no estancarse en el lodo de la venganza. (A la vez, exigió la renuncia de Fidel y la formación de un gobierno transicional sin el dictador, su hermano Raúl y colaboradores cercanos)[11].

Alguien se opuso a la visión de Biscet. El colaborador de CubaNet, Manuel David Orrio, escribió en un artículo que una transición que uniera justicia y perdón era “una contradicción flagrante”[12]. En otra conferencia de prensa sobre Tamarindo 34, escudado en preguntas y aprovechando desacuerdos entre los participantes, Orrio intentó descalificar a Biscet y acusar al ayuno de manipulación externa, esencialmente desde la frontal Fundación Nacional Cubano-Americana[13]. Cuatro años después, en los juicios asociados a la Primavera Negra, la policía política reveló que Orrio era un agente infiltrado.

A pesar de las presiones e intentos de zancadilla, la acción en Tamarindo 34 acumuló dentro de la isla más de 2 mil 400 firmas solidarias, el apoyo de unas 130 organizaciones cívicas en 40 localidades de todo el país. Además de las nacionales, hubo réplicas en Europa, Israel, Japón, Brasil, Costa Rica, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos. El ayuno mostró un consenso en torno a demandas como la libertad de los presos políticos y el respeto de los derechos humanos[14].

Biscet afianzó su prestigio como una de las grandes figuras disidentes del momento. Meses después, el 3 de noviembre de 1999, tras protestar colocando banderas cubanas al revés días antes de la IX Cumbre Iberoamericana en La Habana, fue condenado a tres años en prisión. A fines de 2002 fue puesto en libertad. Pero apenas un mes después, preparándose para una reunión con un grupo de activistas de derechos humanos de la provincia de Matanzas, la policía política lo detuvo junto a varios delegados. Después de algunos meses en prisión, Biscet fue nuevamente sentenciado a 25 años de presidio. Era la Primavera Negra.

El ayuno en Tamarindo 34 no solo tuvo consecuencias para el líder opositor. Tampoco fue el último episodio de disidencia pública entre los pastores de la IPUC. Tres meses después, en octubre, tramitaron infructuosamente un permiso para celebrar un culto público en la capital. El régimen respondió arrestando a Domínguez Borja a las cinco de la madrugada en su casa de San Miguel del Padrón, y deportándolo a Holguín, provincia a 734 kilómetros al este de la capital[15].

El reverendo Lázaro William Urbina Dupont fue citado a las siete de la mañana a la Unidad Policial de la calle Salud entre Hospital y Castillejo, en Centro Habana. Allí fue interrogado por seis horas y retenido ocho. Los militares acusaron de “falso pastor” al joven de 31 años, y le exigieron redactar y firmar un documento donde se comprometía a no participar en lo que denominaron “actos subversivos políticos”. Al final, se le requirió permanecer en su vivienda durante todo el domingo 10 de octubre, fecha de significación histórica, en tanto marca el inicio de las guerras de independencia contra el Imperio Español[16].

Las detenciones coincidieron con la visita a Cuba del presidente del Consejo Mundial de Iglesias, de tendencia izquierdista, pero el motivo de fondo estaba en que la iglesia liderada por ambos pastores había nacido al margen de la venia estatal. El mero hecho de existir era un desafío.

Cada vez que Urbina Dupont y su esposa, Yoennis Fernández, embarazada, acudían a una institución sanitaria, les negaban la atención médica. Los doctores decían que, al no tener un cambio de dirección asentado en la capital, no podían brindarle atención materna[17]. A los ojos del pastor, no se trataba de médicos insensibles, sino de un “miedo aterrador a caer en la desgracia económica y ocupacional” por atender a un opositor o a su familia. Lo atribuía también al Decreto 217, que desde 1997 y con el fin de contener la migración desde las deshechas provincias del interior, ilegalizaba la estadía permanente de no-capitalinos en La Habana.

Cuando Urbina Dupont luchó ante la burocracia para regularizar la situación de su esposa le respondieron que el Estado no lo aprobada, porque su iglesia era “ilegal” y la instrucción que tenían era la de “no aceptar a ningún guajiro”[18] en la ciudad, “menos a una guajira esposa de un contrarrevolucionario vestido de pastor”[19]. Su esposa, aterrorizada, prácticamente no hablaba.

Un día el matrimonio pidió aprobación para la iglesia a la OAR. Explicaron que les habían catalogado como “ilegales”. Los funcionarios respondieron que no había cubano ilegal en Cuba, pero al día siguiente le aplicaron una medida punitiva. Cuando volvieron a llamar a la OAR les dijeron que eran ilegales porque la calle era del pueblo revolucionario.

Por el hecho de yo no pertenecer a lo que ellos consideran “el pueblo revolucionario” mi esposa no tiene derecho a la atención médica (…); mi esposa no puede pertenecer a mi libreta de racionamiento donde solamente cuentan en este momento dos personas, porque había tres incluyendo a mi abuelita, y mi abuelita falleció el mes pasado. Sólo hay dos personas, tengo espacio suficiente y sin embargo mi esposa no puede participar ni de esa libreta de racionamiento, ni puede participar de esa dirección, ni puede participar de la atención médica en la ciudad de La Habana, ni puede participar de ningún derecho. No creo que haya una protección, creo que hay un intento de destrucción a mi familia, de destrucción a mi vida, de despersonalización tanto a la persona de mi amada esposa como de la mía, es lo que yo creo[20].

Preguntado por un reportero independiente sobre su ideología personal, Urbina Dupont contestó:

Mi única ideología —y creo que no es negativa para ninguna parte— es decirle al mundo que Jesucristo es el Señor, que la gente necesita a Dios, que la gente necesita creer, que Él tiene un plan especial con ellos. Un plan de paz, de tranquilidad, de amor para su familia. No creo que con esto yo ofenda a ningún gobierno. Pero yo no puedo (…) decir “¡Viva!, ¡viva!”, “Todo está bien, el gobierno es bueno, todo es maravilloso”, cuando he visto las condiciones infrahumanas en que viven los presos en las cárceles cubanas[21].

En algún punto, años antes, la IPUC había tratado de inscribirse, como denominación, en el Registro de Asociaciones, pero recibieron una negativa total por respuesta, como la mayoría de las organizaciones religiosas nacidas post 1959. La ilegalización de facto los sumió en condiciones deplorables, semejantes a las de otros evangélicos, por aquella dura década del Período Especial. Muchas veces dependían de almas caritativas, miembros fieles o simpatizantes de la iglesia.

Urbina Dupont sintetizó:

A veces comemos en un lugar, dormimos en otro, nos bañamos en otro. A veces tenemos que usar ropa prestada porque mucha de nuestra ropa fue confiscada y perdida cuando hicieron una gran confiscación en el templo. Nosotros no tenemos dinero, no tenemos ningún patrocinador que aunque sea nos pueda ayudar desde algún lugar del mundo, y enviarnos una cuota mínima para sustentar nuestras familias (…); y el gobierno cubano nos tiene declarados como muertos con un certificado de defunción en vida en medio de la sociedad cubana[22].

 

“Coco” Fariñas, 2010

 

El pastor Yordi Toranzo se armó de valor y llegó hasta las puertas del Hospital Arnaldo Milián Castro de Santa Clara. Había estado pastoreando la iglesia metodista local en esa ciudad del centro del país dos de los cuatro años que debía por reglamento de la denominación.

Ahora iba, a probablemente una de sus misiones ministeriales más peligrosas: visitar al conocido disidente Guillermo “Coco” Fariñas, para ofrecerle asistencia religiosa y su solidaridad ciudadana. El recinto donde se encontraba el líder del Foro Antitotalitario Unido (FANTU) estaba bajo vigilancia policial permanente. Sabían que la prensa internacional y los decisores de muchos países estaban atentos. En marzo de 2010 el huelguista se desmayó tras dos colapsos, y vivió una trombosis yugular.

El 24 de febrero Fariñas inició una huelga de sed y hambre en recordación del preso político Orlando Zapata Tamayo y por la libertad de varios reclusos de la ola represiva conocida como Primavera Negra. Pasó así 134 días, hasta el 8 de julio, cuando la Iglesia Católica trasmitió el compromiso castrista de liberar a 52 de los 75 disidentes condenados en 2003[23].

Medios extranjeros reportaron que Fariñas pasó la mayor parte de ayuno en la unidad de terapia intensiva del hospital santaclareño, al que llegó Yordi con su desgastada Biblia. Además del llamado a predicar el evangelio y levantar al caído, simpatizaba con la causa de los Derechos Humanos, término radioactivo en Cuba socialista. Bajo las miradas curiosas del personal de salud y hostiles de los militares, Yordi llegó hasta la cama de Fariñas.

Cuando el líder disidente regresó a su casa, semanas después, tuvo que valerse de una silla de ruedas y fisioterapia para volver a caminar. Cuando Yordi volvió a la Iglesia Metodista de Santa Clara, su vida estaba marcada a los ojos de la policía política y funcionarios locales.

Un año después de aquel suceso, a inicios de mayo de 2011, la ciudad volvió a conmoverse. Había muerto, tras una golpiza policial, el opositor Juan Wilfredo Soto García. Para el régimen, murió a causa de una pancreatitis aguda, para disidentes locales, que conocían de la débil salud y las persecuciones que constantemente sufría Soto García, la historia era distinta. Unas 80 personas, lideradas por una bandera cubana, asistieron al funeral del opositor. Yordi, fue de los primeros en aquella marcha silenciosa. El sepelio se convirtió en una acusación pública.

En la funeraria de Santa Clara una treintena de opositores veló el cuerpo, junto a los familiares, que sólo pudieron verlo después de realizada la autopsia oficial. En una osada despedida de duelo, el pastor bautista Mario Félix Lleonart se elevó ante los presentes sobre una silla, con el féretro a la espalda cubierto por una bandera cubana. Condenó a Raúl Castro por el llamado a la violencia contra cubanos que buscaban cambiar el modelo socialista en el Informe al Comité Central del PCC. Convocó también al perdón: “no vamos a responder con violencia”[24].

Por aquellas fechas otros evangélicos acompañaban a opositores. En la Sexta Iglesia Bautista de Bayamo, Soraya Milanés Guerra fue cesada como líder de Damas Bautistas de Oriente por apoyar al huelguista de hambre de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), Jorge Cervantes, en el Hospital Provincial de Santiago de Cuba, en grave estado en 2011[25]. Milanés Guerra se sumaría de lleno luego al Movimiento Damas de Blanco en Bayamo. Al menos hasta 2017 —cuando su nombre aparece en informes sobre la represión contra esa agrupación— sería detenida, maltratada y abandonada junto a otras patriotas a kilómetros de la ciudad para que no pudiera asistir a misas por los presos políticos. Un oscuro y usual ciclo de violencia y vejación.

En el verano de 2011 Yordi viviría sucesos determinantes para su permanencia en Cuba: su denominación lo expulsó por las diferencias con el castrismo, no con la iglesia, dijo a la prensa; y lamentó que las presiones al Obispo metodista, Ricardo Pereira, hubieran surtido efecto[26]. Primero, se habló de la posibilidad de destituirlo como pastor en la ciudad de Santa Clara, en el centro de la isla, para enviarlo a oficiar a la remota Santa Cruz del Norte, en el occidente. Yordi dijo que se sentiría bien en cualquier lugar donde pudiera predicar la palabra de Dios. Pero, al comparecer ante el Comité Judicial de Pastores, se decidió apartarlo por completo de la denominación, argumentando que había revelado secretos de la iglesia. Días antes, aprovechando un viaje suyo a la capital, las cerraduras de las puertas de su templo fueron cambiadas. El opositor Guillermo del Sol contó que Caridad Diego, jefa de la OAR, había pedido que sacaran al pastor de la ciudad, pues lo considera un “elemento hostil” para el gobierno de Santa Clara.

De cara a la congregación, no obstante, las calificaciones eran excelentes. En los tres años de labor pastoral de Yordi hubo altas cifras en el tesoro, el evangelismo, el crecimiento en miembros, la reparación y ampliación del templo, la atención a presos, seropositivos y ancianos[27].

Para Del Sol, tan potente testimonio prestigiaba al pastor, y eso preocupó a las autoridades, quienes usaron una supuesta queja de una anciana de la congregación llamada Rita, sobre el uso político que el pastor hacía del púlpito[28]. Afirmación posteriormente desmentida por la propia señora.

Para la misionera y periodista Yoaxis Marcheco, Yordi era un guía espiritual en Santa Clara, que solo formulaba a sus compatriotas una pregunta: “¿aceptas a Jesús como tu Salvador personal?”, sin inquirir: “¿es usted revolucionario? ¿es usted disidente o contrarrevolucionario?”[29]. La autora llamó al Obispo Pereira a

escuchar la voz de su Señor y no otra, que vea con sus ojos espirituales los frutos del trabajo de este siervo, que comprenda además que no siempre nuestra voz es coincidente con la de los gobernantes y poderosos de este mundo y en el caso específico de nuestra patria.

Marcheco creía que, para ser honestos hijos del Padre celestial, se debía reconocer la ignominia de los Castro y su injerencia en asuntos internos de las iglesias, a las que históricamente habían intentado dictarles qué hacer y qué no, siempre condicionado por sus intereses. “Debemos comenzar a decir No a esa mirada intrusa, cueste lo que cueste”.

Un artículo describió que en sus últimos servicios dominicales el templo “repleto” ovacionaba los sermones de Yordi, y que el del día 26, la despedida, “prometía ser todavía más masivo”. Decían que el régimen, en su manipulación del Obispo, actuó subestimando el liderazgo de Yordi y sin sacar lecciones del pasado de Europa del Este había generado una situación local similar a la de Rumanía en el caso del pastor Laszlo Tökes, que dio al traste con Nicolae Ceausescu[30].

El culto final de Yordi se dio con unos 400 asistentes, entre ellos disidentes y pastores evangélicos solidarios de la localidad, como Homero Carbonell. Otras personas fueron detenidas con el fin de que no llegaran, entre ellos el bautista Mario Félix Lleonart. La iglesia que pastoreaba Yordi se encontraba al lado del Partido Comunista Municipal de Santa Clara, un edificio que el Estado arrebató a los metodistas en los años 1960. Esa noche, el apoyo a un líder cívico y de fe contra el régimen podía oírse en las oficinas de los burócratas castristas.

En torno al templo hubo un cordón de patrullas policiales, agentes de la Seguridad del Estado, militantes del Partido y de la UJC “en un área circundante con un radio de acción, que calculamos de más de diez kilómetros”, comentó un testigo para el blog Religión en Revolución. Fotógrafos del periódico local tomaban imágenes, con el objetivo de fichar a los líderes presentes[31]. Ese 26 de junio el metodista se despidió así: “La persecución es la antesala de las bendiciones”[32].

En junio de 2013 salió a la luz un reporte similar al del caso de Yordi. El Obispo movió del templo K y 25 (el de más membresía en el metodismo cubano) al popular pastor Lázaro Raúl Álvarez, que poco antes había aludido en su prédica al valor de las Damas de Blanco. “Celos y presiones del régimen” catalizaron la decisión, dijo una fuente anónima[33]. La institución contestó a los rumores con una carta pública. En ella afirmaba que, primero, la Iglesia Metodista tiene un Gobierno Episcopal, que permite al Obispo y a los Superintendentes nombrar pastores, a diferencia de otras que lo hacen a través de las elecciones de sus miembros; y, segundo, que el hecho de que un Pastor sea nombrado para trabajar en otra Iglesia no significaba que fuera un mal pastor o que no cumpla su trabajo. “En el caso del Rev. Lázaro Álvarez, tengo la bendición de haberle guiado en sus primeros pasos en la fe y haber estado con él en muchos momentos especiales de su vida, doy testimonio de que es un hombre que ha sabido caminar por un mismo Camino: JESUCRISTO y que ha dedicado desde muy jovencito todo su tiempo y esfuerzo a predicar su Palabra y enaltecer Su Nombre[34]. Años después de la polémica, el Obispo Pereira sería una voz crítica de la Constitución castrista.

 

Urquiola, 2018

 

Desde el 16 de junio de 2018 el Doctor en Ciencias Biológicas Ariel Ruiz Urquiola se negó a ingerir cualquier alimento mientras permaneciera bajo custodia policial.

Semanas antes de su arresto, dos miembros del Cuerpo de guardabosques de Cuba (CGC), adjunto al Ministerio de Interior, habían llegado a la finca de Urquiola en el Valle de Viñales, Pinar del Río. Desde 2015, cuando se mudó allí, había denunciado una red de corrupción en el manejo del ambiente en esta área protegida, y que tanto vecinos como autoridades comenzaron a acosarlo. Los efectivos del CGC testificaron que el biólogo los ofendió llamándolos “guardia rural”, el nombre de la policía del campo antes de 1959, de mala reputación por sus abusos. Urquiola refutó que sus palabras se malinterpretaron, que siendo guardias de un área rural, como tal los llamó.

El 8 de mayo fue condenado a un año de privación de libertad. La sentencia llegó tras un juicio sumario, bajo la acusación de desacato a la autoridad. Por aquellos días circuló una carta abierta por la libertad de Urquiola firmada por más de cien artistas, activistas y reporteros. Se entregó al Consejo de Estado, el Comité Central del PCC, y otras entidades castristas, además de a la Representación de la FAO. Ninguna entidad respondió.

Encarcelado, Urquiola comenzó una huelga de hambre contra lo que consideraba una injusta condena. En la medida que el caso ganaba resonancia internacional, las autoridades lo trasladaron a la cama 26 de la sala K del Abel Santamaría, hospital donde años atrás había cuidado a su tío, el también biólogo Armando Urquiola, cuyo nombre lleva el jardín botánico de Pinar del Río. Los militares ordenaron tratarlo con solución salina, dextrosa y suero de Ringer[35].

En torno al caso se generalizó un deseo de hacer algo. Varios cristianos compartieron en redes de la injusticia. Otros oraron en grupos de intercesión por el caso, algo de lo que fui testigo. En el verano de 2018, con mi esposa y nuestro hijo recién nacido en Camagüey, leí del tema en la prensa no estatal. Como cristiano, me aturdía el abuso contra quien parecía ser alguien decente.

El 29 de junio, con una vieja lata de pintura blanca de casa de mi suegra, bajé las escaleras del gris edificio soviético donde pernoctábamos. Frente a los doce pisos de hormigón prefabricado, entre la Avenida Montecarlo y la Calle 2da, pinté en plena calle dos palabras: Free Ariel. Decenas de vecinos se asomaron a los balcones, curiosos viandantes fijaban la vista mientras las letras aparecían en el hirviente asfalto. Es posible que haya sido la única acción en el espacio público por la liberación del preso político[36]. En un video que publiqué sobre los sucesos llamé a otros cubanos a unirse a una suerte de movimiento de pintadas por la liberación del científico.

Otro cristiano que expuso su solidaridad con Urquiola fue el pastor metodista Carlos Macías López, quien condujo los más de 335 kilómetros de pésimas carreteras desde Jovellanos, Matanzas, hasta la ciudad de Pinar del Río. En el hospital, custodiado por oficiales de la policía política, conoció personalmente a Omara, hermana del huelguista.

En un testimonio que publicó en sus redes sociales, cuando el régimen despidió a la mujer de su trabajo como profesora universitaria, Macías López describió el ambiente donde estaba recluido el biólogo como el de una mazmorra que hacía las veces de pabellón en un hospital[37].

“Desde la obscura y maloliente sala de estar donde nos encontrábamos, podíamos escuchar los gritos de Ariel contra sus censores, que le impedían la asistencia religiosa, que como pastor quería brindarle”, contó. De Omara, al cuidado del huelguista, dijo que era alguien a quien su calvario del “cáncer y la dictadura, por más que han pretendido abatirla, lo único que han dejado como saldo es fortaleza a prueba de balas”. De su expulsión laboral, conectada a su actitud vocal sobre el caso de Ariel, escribió: “La dictadura honra a los opositores cuando pisotea sus libertades”[38].

Pocos días después, el diario español El País reportaba que el activista medioambiental había “ganado un pulso al Estado cubano”, que lo había liberado el 3 de julio tras dos semanas en huelga de hambre[39]. En ese pulso político por la justicia también habían estado los cristianos.

  1. Óscar Elías Biscet, “Llamamiento a todos los cristianos”, CubaNet, 18 de junio de 1999, https://n9.cl/dfbc8.

  2. Mario J. Viera González, “Ni la voz de Cristo, ni la voz de las Iglesias”, CubaNet, 24 de junio de 1999, https://n9.cl/7h19j.

  3. Ibíd.

  4. Ibíd.

  5. Ibíd.

  6. Ibíd.

  7. Ángel Pablo Polanco, “Discordante declaración de la Corriente Socialista Democrática Cubana”, CubaNet, 25 de junio de 1999, https://n9.cl/humtt.

  8. Mauricio Vicent, “Seis disidentes cumplen un mes de ayuno”, El País, 7 de julio de 1999, https://n9.cl/067u4.

  9. CubaNet, “Represión contra pastores pentecostales en Cuba”, CubaNet, 3 de julio de 1999, https://n9.cl/ojc1z.

  10. Ibíd.

  11. Manuel David Orrio, “Tamarindo 34: ¿Cuba manda, exilio obedece?”, CubaNet, 20 de julio de 1999, https://n9.cl/5mdbq.

  12. Ibíd.

  13. Oswaldo de Céspedes, “Conferencia de prensa de Aida Valdés Santana”, CubaNet, 16 de julio de 1999, https://n9.cl/so9ew.

  14. Orrio, “Tamarindo 34: ¿Cuba manda, exilio obedece?”.

  15. Ángel Pablo Polanco, “Gobierno cubano responde a una solicitud eclesiástica con detenciones”, CubaNet, 14 de octubre de 1999, https://n9.cl/n0wi3.

  16. Ibíd.

  17. Ohalis Víctore, “‘Nos asociamos solamente con el tiempo de los romanos…’”, CubaNet, 31 de agosto de 1999, https://n9.cl/d314d.

  18. Campesino.

  19. Ohalis Víctore, “‘Nos asociamos solamente con el tiempo de los romanos…’”.

  20. Ibíd.

  21. Ibíd.

  22. Ibíd.

  23. RTVE.es/EFE, “El disidente cubano Fariñas regresa a su casa tras cuatro meses en huelga de hambre”, RTVE, 29 de julio de 2010, https://n9.cl/yx2ad.

  24. Diario de Cuba, “Palabras del pastor Mario Lleonart en el funeral de Soto García”, vídeo de YouTube, 12 de mayo de 2011, 5:30, https://n9.cl/l7x5a.

  25. Religión en Revolución, “El amor al prójimo y la acción pastoral de la Iglesia en Cuba se definen en el Partido Comunista o en el MININT”, Religión en Revolución, 23 de agosto de 2011, https://n9.cl/yme4u.

  26. Redacción de CE, “Iglesia Metodista expulsa al pastor Toranzo Collado por razones políticas”, Cubaencuentro, 1 de julio de 2011, https://n9.cl/gii68.

  27. Guillermo Del Sol Pérez, “Obispos o dictadores”, Religión en Revolución, 27 de junio de 2011, https://n9.cl/frevx.

  28. Congregación Metodista de Santa Clara, Cuba, “Carta de la Congregación Metodista de Santa Clara, Cuba, en relación a la separación y traslado del Superintendente itinerante y Presbítero Yordi Toranzo”, Religión en Revolución, 25 de junio de 2011, https://n9.cl/affh6h.

  29. Yoaxis Marcheco Suárez, “Apología al Ministerio del Reverendo Yordi Toranzo”, Religión en Revolución, 24 de junio de 2011, https://n9.cl/19jaf.

  30. Mario Felix Lleonart Barroso y Yoaxis Marcheco Suárez, “Concordato clásico”, Religión en Revolución, 28 de junio de 2011, https://n9.cl/pc5zq.

  31. Misionero Lucas IMM, “Bajo fuertes presiones y una gran movilización policial se realiza Culto Unido de las Iglesias Evangélicas de Santa Clara”, blog Religión en Revolución, 27 de junio de 2011, https://n9.cl/gz4bg.

  32. Martha Beatriz Roque Cabello, “Mensaje de @marthabroque sobre éxito de culto de pastor Yordi pese a persecución”, blog Háblalo sin miedo, 27 de junio de 2011, https://n9.cl/92yq6.

  33. Religión en Revolución, “¿Qué ocurre en la Iglesia Metodista en Cuba?”, Religión en Revolución, 29 de junio de 2013, https://n9.cl/6khtu5.

  34. Religión en Revolución, “Carta del Obispo Ricardo Pereira Díaz a los miembros y amigos de la Iglesia Metodista del Vedado”, blog Religión en Revolución, 13 de julio de 2013, https://n9.cl/jb1it4.

  35. Mónica Rivero, “Las culpas de Ariel Ruiz Urquiola”, OnCuba, 29 de junio de 2018, https://n9.cl/hfh1c.

  36. Yoe Suárez, “Desconocía a #ArielRuizUrquiola y su atormentado camino…”, vídeo de Facebook, 29 de junio de 2018, https://www.facebook.com/share/v/1DBoNR6BxS/.

  37. Carlos Macías López, “Nos despidieron”, Facebook, 30 de julio de 2019, https://n9.cl/i5urc.

  38. Ibíd.

  39. Pablo de Llano Neira, “Liberado en Cuba un biólogo en huelga de hambre”, El País, 4 de julio de 2018, https://n9.cl/b20iq.

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