Cartel de la UPEC a la entrada de su sede en La Habana (imagen tomada de la web Cubaperiodistas).

En los primeros meses de 1959 el principal reclamo de la clase periodística cubana al nuevo régimen fue el de un aumento salarial. Así consta en un informe interno del Colegio Nacional de Periodistas (CNP), que hoy es público, aunque convenientemente olvidado debido al dramático giro de los acontecimientos pocos meses después.

La petición de los periodistas cubanos ocurrió en una reunión con Fidel Castro en marzo de ese año en el Tribunal de Cuentas. La solicitud de este gremio consistía en que el salario mínimo se elevara a 300 pesos. Ese monto, entendía el Colegio Nacional de Periodistas, permitiría vivir de manera más holgada a los periodistas de cualquier medio de prensa.

El reclamo no tuvo mayor resonancia informativa, ya que lo común para la época por parte de cualquier gremio era la exigencia de mejoras salariales. Lo llamativo, visto en perspectiva más de medio siglo después, es que un periodista recién graduado en la Cuba de los años 2000 tenía como salario mínimo una cifra similar, pero en una economía radicalmente distinta.

De haberse cumplido ese reclamo sindical, los periodistas cubanos habrían ganado en 1959 un salario muy decoroso, ya que el peso cubano estaba a la paridad con el dólar estadounidense. En esa reunión, Castro reconoció que un salario inferior a la proposición del CNP era insuficiente para vivir y prometió resolver el asunto, pero de ese tema luego no se habló más de manera pública.

En el informe se señala que esa petición ya estaba pensada y concebida desde antes. Fue la huida de Batista y la lucha contra la censura previa lo que había retrasado la petición formal a las autoridades.

Sin embargo, en los meses posteriores a marzo de 1959, tanto los dueños de los medios de prensa, como muchos de sus periodistas, tuvieron que concentrar sus fuerzas en intentar salvar aquello que creían ya conquistado: la libertad de expresión.

La enconada lucha ideológica con el asalto y control del régimen sobre todos los medios de prensa, conllevó a que los reclamos sindicales no sólo quedaran relegados, sino que tácitamente fueran ilegalizados.

La ruptura del régimen con Estados Unidos y su adhesión al modelo soviético conllevó a la desaparición forzosa del Colegio Nacional de Periodistas y sus dependencias provinciales. En su lugar, se creó en 1963 la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), una organización que, al igual que el resto de las organizaciones gremiales bajo el comunismo, tiene como objetivo principal el control y la subordinación de los trabajadores al poder totalitario.

Con la UPEC, las reclamaciones salariales se volverían prácticamente una herejía. La próspera economía cubana de los 50 se hundiría en las siguientes décadas debido a la adopción de un modelo sumamente improductivo y dependiente de subvenciones externas. Ese modelo económico trajo consigo que el salario de los periodistas (y de cualquier obrero en general) perdería poder adquisitivo de manera constante.

A principios de la segunda década del 2000 y hasta el 2020, el salario básico de un periodista recién graduado no superaba los 325 pesos (algunos ganaban menos). Este monto, al cambio de aquel momento no llegaba a los 15 dólares mensuales. Si asumimos que un obrero de la prensa ganaba como mínimo en la década del 50 entre 80 a 100 pesos (igual cantidad en dólares), podemos afirmar que décadas después el salario mínimo era tres o cuatro veces inferior en la Cuba comunista.

Todo ello con el agravante que en el tiempo transcurrido entre un período y otro las necesidades humanas habían aumentado exponencialmente (habían aparecido la telefonía celular, las computadoras, y variadísimos equipos electrodomésticos, entre muchos otros avances) lo que permite afirmar que el salario de cualquier profesional cubano era (y es en la actualidad) de los más bajos del mundo.

La diferencia entre una época y otra la deja entrever —sin ser esa su intención— el periodista Raúl Quintana en sus memorias. Quintana afirma que con mucho esfuerzo —por tener más de un trabajo— llegó a ganar 900 pesos antes de 1959, un magnífico salario.

Con la llegada del nuevo régimen sus ingresos cayeron estrepitosamente por decreto gubernamental, aunque Quintana no se atrevió a revelar la diferencia. De igual modo a partir de la década del 70 el régimen prohibió el pluriempleo y de ese modo redujo los ingresos de sus trabajadores. No fue hasta casi tres décadas después que volvió a permitirse poseer más de un empleo formal.

Quintana, devenido en propagandista, expresó además que a pesar de la visión negativa que siempre intentó transmitir a los jóvenes sobre la Cuba de su infancia y juventud, muchos no salían totalmente convencidos. Al parecer tampoco pudo convencer a los censores de las editoriales estatales, ya que nunca pudo publicar sus memorias en Cuba.

La llamada Tarea Ordenamiento, implementada a partir de 2021, que ha disparado la inflación a niveles nunca antes vistos en la economía cubana, sólo ha cambiado las cifras con que los cubanos pagan cualquier servicio o mercancía en la actualidad, pero no modificó ni mucho menos aumentó su poder adquisitivo. Ello se debe a que no se transformó lo que realmente debía cambiarse: el modelo económico de planificación centralizada.

 

 

 

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