Desfile de los ómnibus de la Cooperativa de Ómnibus Aliados (C.O.A.) en el polígono de Ciudad Militar. Fuente: Revista Bohemia, 14 de noviembre de 1937.

En noviembre de 1937 los habaneros descubrieron un cambio desconcertante. Varias guaguas que hasta el día anterior circulaban bajo el nombre de Ómnibus Aliados aparecieron con nuevos rótulos. Una desconocida Compañía Nacional de Transportes parecía haber surgido de la noche a la mañana para hacerse cargo de rutas que ya tenían propietarios, trabajadores y pasajeros.

Lo que siguió fue una tormenta política, económica y mediática que la revista Bohemia bautizó como “el escándalo de las guaguas”. Durante varios días, periódicos, funcionarios, transportistas y obreros se enfrentaron en una de las controversias más singulares de la Cuba republicana. Hoy, sin embargo, aquel episodio apenas sobrevive en las hemerotecas. Y, no obstante, su historia merece ser contada.

En el centro de ella se encontraba un personaje tan influyente como controvertido: Miguel R. Merens. En 1934 aparecía en la prensa denunciando regulaciones gubernamentales que consideraba perjudiciales para los transportistas. Tres años después, Bohemia lo señalaría como uno de los principales responsables de una operación que amenazaba precisamente a la cooperativa que dirigía. Defensor para unos, traidor para otros, su trayectoria resume buena parte de las contradicciones que rodearon a Ómnibus Aliados.

Nacida en la tormenta: la cooperativa de los pequeños propietarios

La historia había comenzado unos años antes. El 29 de abril de 1933, mientras el régimen de Gerardo Machado atravesaba sus últimos meses y Cuba vivía una profunda crisis política, surgió la Asociación de Propietarios de Ómnibus. Dos años más tarde, el 4 de mayo de 1935, aquella organización se transformó en la Cooperativa de Ómnibus Aliados S.A., presidida inicialmente por Armando Müller.

La fórmula era novedosa. Decenas de pequeños propietarios agrupaban recursos, rutas y operaciones bajo una estructura común, tratando de competir en mejores condiciones dentro del transporte urbano habanero. Se trataba de una empresa privada organizada en forma cooperativa, una experiencia poco frecuente en un sector donde predominaban otros modelos. Con el tiempo aquella iniciativa crecería hasta convertirse en una de las empresas más importantes del país. Pero en los años treinta todavía era una organización joven, llena de tensiones y disputas internas.

Miguel R. Merens: el hombre en el centro de la tormenta

Uno de los nombres que comenzó a ganar protagonismo fue el de Miguel R. Merens. En junio de 1934 aparece en la prensa como presidente de Ómnibus Aliados enfrentándose públicamente a la Secretaría de Comunicaciones. Junto a Rodolfo G. Gallardo denunció que un nuevo reglamento del transporte había sido aprobado mediante presiones y sin una discusión real con los transportistas.

En una carta dirigida al director de Transporte, Miguel Hernández Trujillo, Merens acusó a las autoridades de convocar reuniones únicamente para escuchar la lectura del reglamento ya redactado, sin aceptar modificaciones ni debatir propuestas. Según él, los criterios de los propietarios estaban siendo ignorados. Aquellas declaraciones lo presentaban como un dirigente dispuesto a desafiar al poder político en defensa de los intereses del gremio. La ironía es que pocos años después sería acusado de exactamente lo contrario.

Miguel R. Merens, señalado por la prensa como uno de los principales responsables de la operación que amenazaba a la propia cooperativa que dirigía. Fuente: Revista Bohemia, 14 de noviembre de 1937.

Sombras en la cooperativa: conflictos y sangre

La imagen idealizada que algunas publicaciones ofrecieron de Ómnibus Aliados no resiste del todo el contraste con las noticias de la época. Los conflictos laborales y las luchas internas aparecen una y otra vez.

En mayo de 1936 una comisión de trabajadoras visitó la Secretaría del Trabajo para denunciar el despido de cincuenta y una obreras. Según explicaron, sus compañeras habían sido expulsadas por sentarse en los asientos traseros de los vehículos cuando disminuía el flujo de pasajeros. La denuncia provocó una investigación oficial.

Dos meses después ocurrió algo todavía más grave. El 28 de julio de 1936, durante una reunión en el local de la cooperativa, en la Calzada del Cerro, una discusión terminó en tragedia. El propietario Esteban La Rosa resultó mortalmente herido. Antes de fallecer señaló como agresor a Rafael Olivero Brito, inspector de las rutas 21 y 22. También resultó herido Esteban Rubio y varias personas sufrieron lesiones menores. La noticia revela hasta qué punto las tensiones internas habían alcanzado niveles preocupantes.

Cuando el gobierno interviene

La crisis continuó escalando. En septiembre de 1936 más de quinientos empleados de Ómnibus Aliados recibieron autorización para manifestarse contra una intervención gubernamental de la empresa. Los trabajadores denunciaban que el secretario de Comercio, Rafael Bonet, había colocado la administración de la cooperativa en manos de funcionarios ajenos a ella. Consideraban la medida perjudicial y la calificaban de antidemocrática. Vista desde la distancia, aquella protesta parece anunciar el conflicto mayor que estallaría un año después. La batalla por el control de la cooperativa estaba lejos de haber terminado.

Noviembre de 1937: el gran golpe

Fue entonces cuando llegó noviembre de 1937. Según denunció Bohemia, la Secretaría de Comunicaciones decidió retirar los permisos de circulación a Ómnibus Aliados mientras autorizaba simultáneamente a la recién creada Compañía Nacional de Transporte para operar las mismas rutas.

La revista presentó la operación como una maniobra destinada a despojar a miles de pequeños propietarios y empleados de los frutos de años de esfuerzo. Se hablaba de centenares de afectados; otra afirmaba que el cambio amenazaba los intereses de unos cinco mil propietarios y empleados vinculados a la organización.

En aquel momento Bohemia no se limitó a informar: se convirtió en actor central del conflicto. Con un estilo combativo y un uso estratégico de fotografías e imágenes de manifestaciones, la publicación amplificó la denuncia, movilizó la opinión pública y forzó a las autoridades a reaccionar. Su capacidad para convertir un litigio empresarial en un escándalo de dimensiones nacionales revela el peso que la prensa ilustrada había alcanzado en la Cuba de los años treinta.

Las acusaciones apuntaban directamente a dos nombres. El primero era Miguel R. Merens. La publicación de Bohemia afirmaba que Merens había sabido ganarse la confianza de propietarios y trabajadores hasta alcanzar la presidencia de la empresa para luego participar en una operación que amenazaba precisamente a quienes lo habían elegido. El segundo era Melenio Díaz, secretario de Comunicaciones. La revista llegó a exigir abiertamente su renuncia: un funcionario que hubiera facilitado una maniobra semejante no podía permanecer en el Gobierno, ya fuera por complicidad o por incapacidad.

El lenguaje empleado era explosivo. Se hablaba de despojo, conspiración, corrupción, tráfico de influencias y abuso de poder.

Melenio Díaz, secretario de Comunicaciones, cuya gestión en el conflicto provocó exigencias públicas de renuncia desde las páginas de Bohemia. Fuente: Revista Bohemia, 14 de noviembre de 1937.

¿La General Motors detrás de las guaguas?

Entre las acusaciones más llamativas apareció una que hoy resulta especialmente interesante. Bohemia aseguró que la General Motors tenía interés en controlar el negocio del transporte cubano y llegó a afirmar que los rótulos utilizados por la Compañía Nacional de Transporte habían sido impresos en Estados Unidos para ser colocados sobre los vehículos de Ómnibus Aliados.

No hemos encontrado evidencias concluyentes que permitan confirmar aquella denuncia. Sin embargo, el dato adquiere interés cuando se observa la evolución posterior de la empresa. Dos décadas después, Ómnibus Aliados mantenía obligaciones millonarias con General Motors y adquiría buena parte de su flota a través de esa compañía. Aunque ello no demuestra la acusación de 1937, sí muestra que las relaciones entre la gran empresa automotriz estadounidense y el transporte cubano eran mucho más estrechas de lo que podría suponerse.

Batista impone la tregua

La presión pública fue enorme. Centenares de propietarios y trabajadores acudieron a las redacciones de los periódicos para denunciar lo ocurrido. Las fotografías publicadas por Bohemia muestran manifestaciones numerosas y una movilización poco común alrededor de un conflicto empresarial. La revista aseguró incluso que muchos pasajeros se negaron a utilizar los vehículos identificados con los nuevos rótulos.

Obreros de la Cooperativa de Ómnibus Aliados (C.O.A.) se manifestaron frente a la sede de los periódicos. Fuente: Revista Bohemia, 14 de noviembre de 1937.

Finalmente intervino el coronel Fulgencio Batista, entonces hombre fuerte del país, junto a varios miembros del Gobierno. Las partes fueron escuchadas y la operación terminó siendo revertida. Los afectados celebraron la decisión arrancando de los vehículos los rótulos que identificaban a la nueva compañía. Para los partidarios de Ómnibus Aliados, aquello representó una victoria de la opinión pública sobre las maniobras de grupos privilegiados.

Cuando la Falange llegó a las rutas 21 y 22

Pero la historia no terminó en 1937. Un año después, las rutas 21 y 22 de Ómnibus Aliados volvieron a ocupar titulares. En noviembre de 1938 el periódico Noticias de Hoy denunció atropellos contra trabajadores que reclamaban aumentos salariales. Las acusaciones señalaban al administrador Julián Saud y a varios inspectores de utilizar amenazas, agresiones físicas e incluso influencias policiales para intimidar a los obreros.

La noticia contenía además un detalle sorprendente. Entre los denunciados aparecía Miguel Romero González, presentado como allegado de Miguel R. Merens y secretario general de la Falange en aquellas instalaciones. La referencia puede parecer extraña hoy, pero hay que recordar el contexto: la Guerra Civil Española se encontraba entonces en pleno desarrollo y las pasiones políticas cruzaban el Atlántico. Comunistas, republicanos, conservadores y falangistas protagonizaban intensos debates dentro de la sociedad cubana. Las disputas de Ómnibus Aliados no eran solamente económicas o laborales; también reflejaban las tensiones ideológicas de una época convulsa.

De asociación a imperio: el auge de Ómnibus Aliados

Con el paso de los años, Ómnibus Aliados sobrevivió a todas aquellas crisis. Lejos de desaparecer, continuó expandiéndose hasta convertirse en una de las mayores empresas de transporte de la República. A finales de los años cincuenta empleaba a más de doce mil trabajadores, operaba alrededor de mil quinientos vehículos, mantenía empresas subsidiarias y controlaba buena parte del transporte de pasajeros del país. Lo que había comenzado como una asociación de pequeños propietarios terminó transformándose en un auténtico gigante empresarial.

Visto desde esa perspectiva, resulta más fácil comprender por qué tantas personas lucharon por controlar la organización durante sus primeros años. La llamada conspiración de las guaguas no fue una simple disputa administrativa. Fue una batalla por el control de una institución que acabaría desempeñando un papel central en la vida económica de la nación.

Epílogo

Vista desde la Cuba actual, la conspiración de las guaguas parece provenir de otro mundo. Los protagonistas de 1937 discutían quién controlaría un sistema de transporte rentable, en expansión y capaz de movilizar miles de trabajadores, millones de pasajeros y enormes recursos económicos.

Los cubanos de hoy afrontan un problema muy diferente. Durante años las propias autoridades han reconocido el deterioro del sector, la insuficiencia de medios y las dificultades para satisfacer las necesidades de movilidad de la población. Quizás ahí resida la mayor ironía de esta historia.

En 1937 los periódicos denunciaban un caso de corrupción en torno al rentable negocio del transporte.

En la Cuba del siglo XXI, después de décadas de transformaciones, crisis y promesas incumplidas, el dilema ya no es quién se las queda. Es otro, más simple y desagradable a la vez: apenas hay guaguas.

 

Fuentes consultadas

Bohemia. “Editorial Bohemia”. Bohemia (La Habana), 14 de noviembre de 1937.

Díaz Versón, Salvador. “El escándalo de las guaguas”. Bohemia (La Habana), 14 de noviembre de 1937.

El Crisol. “Hubo coacción en la aprobación del reglamento del transporte de ómnibus, dice la Empresa Aliada”. El Crisol (La Habana), 24 de junio de 1934.

La Gaceta. “Quejas de las obreras de los Ómnibus Aliados”. La Gaceta (La Habana), 15 de mayo de 1936.

La Gaceta. “Riñeron los miembros de la Cooperativa de Ómnibus Aliados”. La Gaceta (La Habana), 28 de julio de 1936.

La Gaceta. “Manifestación de los empleados de los Ómnibus Aliados”. La Gaceta (La Habana), 16 de septiembre de 1936.

Noticias de Hoy. “Miembros de la Falange en las rutas 21 y 22 cometen atropellos con los obreros”. Noticias de Hoy (La Habana), 7 de noviembre de 1938.

Fuentes secundarias

Jiménez Soler, Guillermo. Las empresas de Cuba 1958. 5.ª ed. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2014.

El Gato. “Esto es la Cooperativa de Ómnibus Aliados.” Publicación promocional, La Habana, octubre de 1958.

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