
La gente no se pierde porque quiere, sino por causa de fuerzas universales que articulan nuestro ser y circunstancias, algo que erróneamente llamamos destino. Uno de esos extravíos épicos que me ha tocado atravesar, lo superé dándome tropezones y conociendo Maestros por el camino. En marzo de 2008, para celebrar el Día Mundial de la Poesía, una institución del Centro Histórico de La Habana nos convocó a un grupo de poetas para hacer una lectura-performance en la cima del Pico Turquino. Allí estaba Omni-zonafranca, encarnado en las figuras de cuatro de sus miembros. Uno de ellos era Amaury Pacheco, con quien me identifiqué automáticamente. Estaba haciendo un voto de silencio, que sólo rompió días después para comunicarse eficazmente con uno de nuestros camaradas de viaje, accidentado durante el descenso de la montaña.
En lo que esperábamos para abordar el tren a Santiago, desistí de sacarle las palabras al poeta, no sólo por elemental respeto a su determinación, sino porque su sola presencia era un acto de transparencia e intercambio. Llevaba un casco de minero con letras escritas a mano en cada costado, que decía: Poesía. Su atuendo de sayones y camisones, muchos pulsos y pectorales, y su copiosa y larga barba, me convencieron al instante que ese tipo no era de este mundo. Luego de quebrar su mutismo por fuerzas mayores, hablamos hasta por los codos de poesía, o sea, del cosmos en carne viva. Después estuve con ellos en Alamar en más de una oportunidad, y participé fugazmente en la última edición, ya a punto de ser cancelada, de Poesía sin Fin, ese evento revolucionario que saltó a este milenio con una voracidad sorprendente.
Como mismo compartí con Amaury y Omni un trillo a la libertad creativa y desprejuiciada, bajo su influencia muchos artistas y escritores se zafaron de sus moldes internos para pisar caminos en verdad muy locos. Más tarde, a lo largo de esta década, me he encontrado muy ocasionalmente con este peregrino de palabra y acción, pero, tal como en nuestro primer encuentro, no es necesario bajar mucha muela para saber que hay un túnel ahí por donde nuestras libertades circulan en alta frecuencia. Me parece ocioso presentarlo a los lectores, aunque estaría faltando a un principio básico de la información: poeta, escultor, performer, productor cultural, realizador audiovisual, padre y activista de derechos civiles y culturales, su accionar deja marcas perfectamente rastreables en la cultura y el civismo cubano, sobre todo en aquella hectárea en la que sus prolíficos frutos quisieron ser mutilados por la censura y el estéril unitarismo. He aquí a un caminante cósmico, un tipo de otro mundo, un mundo que está aquí mismo para el que lo quiera ver.
—En tu currículo colocas un dato que para mí es esencial en cualquier creador, y es el de ser progenitor. No significa que aquel que no lo sea pierde puntos, pues algún otro asidero existencial lo compulsará a desarrollar su obra. El asunto es que, de anteponer lo biológico como preámbulo a cualquier proceso de creación, se infiere que existe una pre-ocupación fundamental que antecede a cualquier investigación o curiosidad artística. Pienso que lo que conozco de tu obra y activismo está marcado de un modo u otro por este patrón. ¿Cómo lo has experimentado tú a lo largo de tu doble carrera como padre y artista?
—Mi visión y mi obrar nacen de la experiencia con/en la poesía. La concibo como ritmo operativo, que crea procesos creativos, que me hacen ver la vida como una plena manifestación poética. A través de la analogía he podido relacionar actos disimiles. El acto de hallar a la amada, el de concebir a un ser humano que nombras, crías, sufres y amas; el acto de escribir; el acto de ser un ciudadano despierto. Para mí, la realidad cotidiana es escenario sensible para activar los arcanos y movilizar el poder creador. Uno es ese ser donde se manifiestan las entidades en forma de cosmos personal, vibran según el enfoque que adoptan. Mi perspectiva es poética y resuena con mi totalidad fragmentada. En la dirección padre-artista he elaborado una fórmula que brota de los resonadores poéticos: “papá es igual a poeta”, por gracia de la aliteración se revela una extraña igualdad, con ella navego entre las dos entidades en armonía.
El poeta chino pasa por un doble entrenamiento, dominar la escritura (un sistema de escritura ideográfica) que permite pensar en ideas en lugar de palabras y el otro entrenamiento es espiritual, que le permitía alcanzar una experiencia ontológica que luego se refleja en su obra. Las artes son vías habituales de filosofía, “Los Tres Sistemas”: el Taoísmo, el Confucionismo y el Budismo. Sus prácticas brindan libertad, elevacion espiritual, salud y longevidad. Yo sugeriría un entrenamiento, usar las artes en la resolusión de problemas objetivos de la vida cotidiana.
Habitar la tierra poéticamente. En un mundo donde todo se mide en términos de productividad y eficiencia, donde el tiempo libre está programado y organizado, Hölderlin nos recuerda que la poesía no es un adorno de la existencia, sino que poesía y existencia son uno mismo. Habitar el mundo poéticamente es una forma de resistir y fluir con belleza en medio del caos.
—¿Es el Movimiento San Isidro la consumación de un largo trecho de búsquedas por encontrar un canal de expresión cívico y estético a las necesidades de cambio que urgen en Cuba?
—Larguísimo trecho…
El Movimiento San Isidro (MSI) se basa en una línea genealógica de ideas, acciones y visiones que se fueron configurando en mí, encontraron manifestación en la crisis nacional en la década de los noventas. El régimen, al perder su control, hizo fructificar muchas ideas, que se convirtieron en libertades operacionales, y dentro de ese tiempo quedaron plantadas. Hoy sabemos, por los patrones que hemos divisado, que la lucha por los Derechos Humanos involucra la voluntad de muchas generaciones que se manifestaron en el ámbito cívico estético.
Para comprender esta idea, rastreé el don poético desde sus comienzos. Observé cómo este don nos permitió habitar el mundo, conformar instituciones, crear conciencia histórica y establecer las claves poéticas que animan la vida en comunidad, desde lo universal, a la singularidad cubana. Dentro de esa singularidad exploré cómo se fue tejiendo un corpus de resistencia poética en los diferentes momentos de la historia y la cultura. Tomé en cuenta poemas, poetas y movimientos poéticos en los tres periodos: colonial, republicano y totalitario (actual en curso). Te puedo brindar mi línea de extensiones predilecta: José María Heredia, José de la Concepción Valdés (Plácido), Juan Clemente Zenea, José Martí, Regino Boti, Grupo Minorista (La protesta de los trece), Samuel Feijóo, José Lezama Lima (Orígenes), Heberto Padilla, Reinaldo Arena, Raúl Rivero, María Elena Cruz Valera y los Diásporas.
En esta línea de extensiones convergen muchos intereses que representan una dilatación del sentido poético, que abarcan más que géneros literarios. Lo entiendo como una praxis poética que define mi forma de ver la poesía: desde un canon ético-estético, un compromiso personal sacrificial, una escritura creadora de cosmos liberadores, la creación de metáforas de ciudadanía, hasta la acción cívica de resistencia para intervenir en los males históricos, políticos y la vida misma.
Ahora bien… La expresión cívico-estética fue el objetivo de nuestras prácticas, las cuales se llevaron a cabo en la plataforma de Omni-zonafranca. En ese tiempo, coincidieron movimientos y gestos culturales como el movimiento de Rap, Festival Rotilla y otros. Estas experiencias alcanzaron un alto grado de consumación en el Movimiento San Isidro (MSI).
—¿Cómo confluyen todos los factores actuantes que dieron origen al MSI? ¿Cuándo conociste a Luis Manuel Otero Alcántara?
—Cada generación se ve impulsada por factores desencadenantes específicos y, a menudo, los epicentros emergen en lugares inesperados con personas sorprendentes. Nunca anticipé tener una segunda oportunidad, después de Omnizonafranca, para fundar el MSI. Después que el régimen atacara nuestro proyecto y muchas otras iniciativas de aquellos años, conocí a Alcántara.
Conocí a Alcántara en mayo de 2017, y ese momento marcó el inicio de una experiencia resonante. No fue simplemente un encuentro entre dos individuos, sino entre dos generaciones con simetrías que se reunieron para crear algo especial. Este encuentro fue posible gracias a una serie de sincronías que, al mirar hacia atrás, sorprenden, cómo el azar concurrente manifiesta proyecciones futuras.
Sin embargo, la primera vez que vi a Alcántara fue en 2008, durante el evento Arte No Es Fácil, cuando un grupo de artistas nos reunimos en su casa del Cerro. Recuerdo haber ido junto a Luis Eligio, poeta miembro de Omnizonafranca. Esa primera vez no hubo conexión. Un águila pasó sobre las aguas plateadas del mar y en 2017 comencé a colaborar con el periodista Waldo Fernández Cuenca, donde yo filmaba y editaba, mientras Waldo dirigía una serie de entrevistas para su canal Antena.
Invitó a Yanelys Nuñez Leyva a mi casa para entrevistarla, ya que en esos días era noticia porque la habían expulsado de la revista oficialista Revolución y Cultura. Ahí conocí a Yanelys y quedamos en contacto. Ella conocía las aventuras de Omnizonafranca y las había presenciado durante el tiempo que estuvo residiendo en la ciudad de Alamar, sede del Festival Poesía Sin Fin (PSF). Estos pequeños detalles son los vínculos, el encadenamiento a la historia.
Más tarde, Iris Ruiz fue a casa de Yanelys para que escribiera unas palabras sobre Omnizonafranca, con motivo de sus 20 años, para el evento que se realizaría en el espacio Aglutinador y ¡bum! Iris conoció a Alcántara y le explicó con lujo y detalle, como sólo ella sabe hacerlo.
A partir de entonces lo visité, comenzamos a salir a diferentes eventos y empecé a ver una Habana a la cual le había perdido el rastro.
Entonces se desencadenaron una serie de eventos notables: “Otro poeta suicida”, el 20 de octubre de 2017. El evento de la Bienal 00, la promulgación del decreto 349; también el performance-protesta en el Capitolio el 21 de julio de 2018, seguido por una campaña de foto-petición en Instagram, el 24 de julio de 2018, para derogar el decreto. Además, se llevó a cabo un concierto “Sin permiso del 349”, el 11 de agosto de 2018, en protesta contra el decreto, que desató represalias por parte de la Seguridad del Estado contra los participantes. Ese día coincidió con el cumpleaños de Iris.
El 8 de septiembre de 2018 se firmó el “Manifiesto de San Isidro” en el contexto de una campaña para recoger 10 000 firmas y presentarlas ante fiscalía en contra del 349. Recuerdo que se recogieron firmas en el barrio de San Isidro. La firma del manifiesto no marcó la fundación del Movimiento San Isidro, sino que fue el momento en que artistas, activistas y periodistas, acordamos hacer un frente común contra el decreto bajo una declaración en forma de manifiesto. Otro momento fue el concierto de Maikel Castillo (Osorbo) en La Madriguera, que tuvo lugar el 21 de septiembre de 2018, y tres días después fue detenido. El 20 de octubre de 2018 fue fundado el Movimiento San Isidro en el apartamento de Michel Matos, en 27, entre 8 y 10, en El Vedado. Ese día estuvieron presentes Iris Ruiz, Michel Matos, Verónica Vega, Sandor Pérez, Soandry del Rio, Yasser Castellanos y yo.
La primera razón para nombrar al movimiento como MSI fue la respuesta del barrio San Isidro al ver cómo la Seguridad del Estado y la policía golpeaban y detenían a los miembros del movimiento por sólo hacer un concierto. La segunda razón fue que los intereses del movimiento iban más allá del decreto 349: buscábamos crear una institución para establecernos en la lucha por los derechos artísticos y culturales, una oportunidad que se abrió con ese decreto.
Después siguieron una serie de eventos, incluyendo giras internacionales, alianzas con artistas, curadoras, activistas y líderes de la oposición; vinieron detenciones arbitrarias y maltratos por parte de la policía política. El momento culminante de la lucha fue el acuartelamiento del 16 de noviembre de 2020 en San Isidro.
—¿Cuál es el eje común en tu desempeño como poeta, escultor, performer, realizador audiovisual, productor cultural y activista? ¿Hay alguna prioridad en esas ocupaciones?
—En mi caso, la poesía es el centro desde donde se despliegan las fuerzas que nutren todas las modalidades que asumo. Particularmente me inclino a la idea de Giambattista Vico sobre el retorno al saber poético. Según Vico, “donde la sensibilidad, la imaginación, la fantasía (capacidades que son cercanas al cuerpo) junto con los procesos de la razón, brinda un marco de racionalidad inclusiva”. Esta perspectiva me resulta especialmente atractiva. Para mí la poesía va más allá de ser un artilugio verbal que produce placer. Es ejercicio muscular, lugar primigenio de formación de comunidad y un instrumento imprescindible para entender la psiquis. Su actividad sirve para la resolución de conflictos objetivos… “operación capaz de cambiar el mundo”, como plantea Octavio Paz en su libro El arco y la lira.
En cuanto a si hay alguna prioridad en estas ocupaciones, creo que he respondido parcialmente a esa pregunta, pero permíteme ser más preciso. Si el poeta tiene en sí mismo la acción de poetizar y la posibilidad de asumir los riesgos de cualquier acto o expresión, entonces sí, hay una prioridad.
—No creo que sea casual el hecho de que hayas estado en el centro genésico de casi todos los proyectos independientes surgidos en Cuba en lo que va de siglo, y de haberlos conducido durante un buen trecho hasta donde se ha podido. Hablar de Omni-Zonafranca casi tiene carácter de leyenda, mítico. ¿Dónde y cuándo se produce la fusión de las dos partes de este grupo?
—En la primavera 1997 un grupo de escultores nos congregamos en la Casa de Cultura de Alamar, una ciudad al este de La Habana. Allí tuvimos nuestro primer taller donde tallábamos en madera.
En aquel tiempo, comencé a tener encuentros con el poeta Juan Carlos Flores, quien trabajaba como custodio en la Galería Fayad Jamís, un centro atípico que abarcaba tanto las artes plásticas como la literatura. Lo llevé al espacio y lo presenté al grupo. Inmediatamente hubo una conexión. Las disertaciones de Juan Carlos sobre poesía y otros temas tuvieron un gran impacto en el grupo. Nosotros encontramos una visión poética de la realidad y Juan Carlos encontró un espacio de diálogo creativo.
Comenzamos a sentir la necesidad de proyectar toda esa energía creativa. Me di cuenta de que había un factor común entre nosotros: el deseo de hacer algo que nos sacara del estancamiento nacional. Entonces, el poeta habló con Pablo, el director del centro, para solicitar uno de los talleres adjuntos a la galería. El director accedió y nos trasladamos inmediatamente.
En 1998, fundamos Omni, compuesto sólo por escultores, pintores y un poeta, en este caso yo. El nombre Omni llevaba en su significado el sentido de totalidad que buscábamos y, al mismo tiempo, nos traía la reminiscencia del mantra hindú Om, una vibración de alto poder espiritual y creativo.
Mis interacciones con el poeta aumentaron en duración y profundidad. La conversación más extensa llegó a durar 17 horas, durante las cuales Juank, sin pausa, penetraba el tuétano de la poesía como taladro susurrador. Propuse la creación de un movimiento poético similar a los de la vanguardia y le solicité ayuda. Su respuesta fue que debíamos salir a cazar poetas. Así comenzó nuestra épica, mientras caminábamos por la cuidad, y él me explicaba los signos poéticos presentes en el paisaje urbano, encontrábamos a los poetas.
En un corto período de tiempo, comenzamos a reunirnos en la galería. Pasamos noches de lecturas, improvisaciones, fiestas y frenesí creativo. Así conformamos una matriz creativa, nuestro egregor poético. En una de esas noches, en el año 1999, juntos, el poeta Leonardo Guevara, Juan Carlos Flores y yo, fundamos Zonafranca. Hacia finales de ese mismo año, después de varias reuniones, unimos las dos extensiones y nació Omnizonafranca.
Los miembros de Omnizonafranca poseen, de manera individual, una amplia variedad de obras objetuales de arte, incluyendo poemas, pinturas, esculturas e instalaciones. Estas obras no siempre están destinadas a convertirse en mercancías artísticas para el mercado del arte. En cambio, a menudo están enfocadas en la construcción de relaciones entre individuos dentro de una comunidad.
Con Omnizonafranca, una unión que me gusta llamarla juntura clásica, logramos insertarnos creativamente en el interior de la cultura y la realidad social cubana. Nuestra proyección sociológica y transdiciplinar nos permitió incorporar el activismo político y múltiples procesos estéticos a nuestra acción artística, constituyendo una poética operativa, a pesar de vivir en un contexto totalitario. He querido brindarte una breve descripción no sólo de dónde y cuándo, sino también de cómo se fue formando esta trama que contribuyó directamente a nuestra expansión espiritual y a la transformación artística y sociopolítica del país.
—Y en eso aparece Poesía sin fin, uno de los eventos que más han zarandeado y democratizado la literatura y la cultura cubana en los últimos sesenta años. Su nacimiento no fue precisamente una iniciativa institucional, sino del grupo que tu liderabas. ¿Cómo ocurrió aquel Big Bang inicial, aquella chispa que lo hizo surgir?
—Antes de comenzar esta respuesta quisiera rendir homenaje y expresar mi agradecimiento a las siguientes personas: Olver Reyes, Adolfo Cabrera, Jorge Pérez (Yoyi), René Cervantes, Iris Ruiz, Ivia Pérez, Luis Eligio, Alina Guzmán, Nilo Julián, Mirian Real, David D Omni, Natividad Soto, Jorge Carlos Pérez, Kizzy Masías, Juan Carlos Flores, Johana Depestre, Alberto Basabe, Leonardo Guevara, Jonatan Curry, Ewing Reyes, Grisel Echevarría y Jorge Besteiro.

Cuando hablo de Omni-zonafranca y Poesía Sin Fin, estos nombres y muchos más vienen a mi mente de manera automática. Es un reflejo condicionado.
El nacimiento de Poesía Sin Fin, aunque ocurrió dentro de las instituciones gubernamentales, fue una iniciativa independiente, como una especie de virus en su interior. En aquel momento, el país estaba inmerso en una larga y aguda crisis económica que había comenzado en 1991. Bajo estas circunstancias, en 1999 nació Poesía Sin Fin, un festival poético que llegó a tener quince ediciones y se realizaba del 4 al 30 de diciembre.
Poesía Sin Fin acogió en su seno muchas formas de expresión a través de nueve eventos: lecturas poéticas, cabaret poético, fiestas, peregrinación al Rincón de San Lázaro (performance-peregrinación del Garabato por la Salud de la Poesía), ring poético (encuentros espectaculares entre poetas del rap y poetas de la escritura, creadores y activistas del movimiento), electrospoken (espectáculo de música electrónica y poesía) y feria espiritual (meditación, exhibiciones de grupos espirituales e infantiles, performances).

La idea de organizar un festival comenzó a germinar en mi mente durante los festivales de rap que se llevaban a cabo en el anfiteatro de Alamar. En particular, fue durante la cuarta edición del festival, cuando me encontraba sentado en el medio del anfiteatro, después que el evento había terminado. Era de noche y estaba emocionado por lo que había vivido, resonaba. Miré al cielo, que estaba repleto de estrellas. Te cuento esto y me emociono al recordarlo. Sin embargo, mi atención se centró en una estrella diminuta que vibraba de manera muy particular. En ese momento, sentí la revelación de organizar un festival. No sabía cómo, cuándo… ni dónde, pero se convirtió en una obsesión.
Con el paso del tiempo, surgió Omnizonafranca con su taller… El taller Omni fue un emporio creativo, donde la gente llegaba y se manifestaba con sus propios estilos. La libertad era un valor cardinal en todo lo que ocurría allí: los ruidos, ideas extrañas, gestos inusitados, los gritos, los sonidos de las máquinas de escribir y el ritmo de las impresoras. Toda esta mezcla conformó una voluntad de representación, un querer salirse y encontrar vida propia en escenarios.
Existía una secuencia poesía-Taller-comunidad que permitía una retroalimentación constante. Comencé a valorar unas fiestas poéticas con múltiples plataformas que capturaran la singularidad del hacer artístico sin un patrón estético preestablecido. Sin embargo, debo decir que sin la comunidad de Alamar y la amistad de los miembros, que pusieron hasta la última gota de su esfuerzo y entusiasmo, quizás se hubiera hecho algo, pero nada parecido.
—Creo que tu formación ha sido envidiable, y eso enlaza con otra pregunta que te hacía hace un rato. Al tener esa pluralidad de expresiones artísticas, ¿qué papel han jugado los talleres, residencias e instituciones que han avalado tu sendero de creación?
—Mi creatividad fue estimulada por la participación en talleres, residencias e instituciones, lo que me permitió expandir mi visión. Sin embargo, las experiencias más enriquecedoras provinieron de mi participación en la comunidad (gran residencia e institución básica), donde el intercambio activo de experiencias y la colaboración fueron fundamentales para nuestro trabajo artístico. El festival anual Poesía Sin Fin (súper taller dinámico) fue el momento cumbre en términos de interacción e intercambio, tanto durante la preparación, ejecución, así como después del evento.
—Cuando bajamos del Turquino en 2008, me dijiste en aquel hotelito donde nos quedamos en Santiago de Cuba que yo era un “caminante”. Creo que, para mi beneficio, todavía no me queda claro lo que significa, y aun así me arriesgo a decir que tú eres 25 000 veces más caminante que yo y que una pila de gente aquí. ¿Eres un “caminante”?
—Tengo memoria de aquel momento, Amilkar, fue muy especial subir la montaña con personas afines. Te recuerdo dando aliento y consejos prácticos para administrar la energía, con tu ingeniosa manera de ver y decir las cosas, mientras avanzamos por el camino. De ahí se me ocurrió decirte que tú eras un caminante. Pero me preguntas si yo me considero un caminante… Tengo varias frases que, al combinarse, crean una descripción de lo que considero un caminante, viajero o peregrino: escribir poesía es análogo caminar. El poeta es un Cristóbal Colon de la mente (en el sentido de descubrir). Caminar para que otros no se pierdan, y el mejor caminante es el que borra las huellas. El caminante experimenta el esfuerzo muscular, percepción táctil de la tierra bajos sus pies, la observación del paisaje, el cielo sobre su cabeza y la naturaleza en interacción con sus cincos sentidos. Se compromete con las personas que acompaña y con los posibles caminantes futuros. Descubre parajes extraños en su mente. Al volver a la fuente, experimenta una sensación oceánica y alcanza su máximo potencial. Sus huellas son estelas en el mar…
El caminar es una reorientación personal y permite una renovación de la percepción. En este sentido, me considero un peregrino en ritmo y rima con el cosmos.
