
Desde 2018, el movimiento por el bienestar animal prendió entre los cubanos más jóvenes. Fue el año de una nueva Constitución, cuando el Estado ordenó mítines barriales.
Cientos de millenials tomaron esos espacios y las redes pidiendo una Ley de protección animal que, por 30 años, esperaban generaciones de activistas y grupos como Aniplant, único legalmente reconocido en la isla. Uno de ellos era Javier Larrea, estudiante de Derecho en la Universidad Central de Las Villas “Marta Abreu” (UCLV), en la ciudad de Santa Clara, y comprometido miembro de una iglesia bautista local.
Allí comenzó a recoger firmas virtuales para pedir que la Ley fuera real. “Aquellas convocatorias se hacían virales en las redes, yo estaba esperanzado de que pudieran tener efecto”, contó[1].
Su voz grave comenzó a ser más conocida en la UCLV tras convertirse en uno de los responsables (por la parte estudiantil) del grupo Bienestar Animal Cuba (BIENAC), adscrito a la casa de altos estudios, y que recibía apoyo de varios catedráticos, entre ellos Dagny Granela Martín. Javier relató:
Antes de fundar BIENAC una amiga del aula me dijo que esa profesora amaba los animales como yo, y que sería bueno que nos conociéramos. Me dio las referencias, nos pusimos en contacto… en ese mismo semestre comenzaría a darme clases.
Un día, ante al aula, la mujer le pidió que explicara al grupo qué pensaba sobre el maltrato animal. Pasó varios minutos hablando y, al final, sus compañeros lo ovacionaron. Dagny Granela tomó la palabra y mostró fotos de una tesis de Derecho sobre maltrato animal. “Imágenes muy fuertes que hicieron llorar a muchos, incluyéndome. Terminó la clase y todos quedamos impactados”, contó.
En una charla posterior, ese día y bajo el lema Juntos por el Bienestar Animal, nació BIENAC. Lo presentaron al rectorado y fue aprobado.
Aquello cambió la vida de la universidad de una manera increíble. No solo querían pertenecer al proyecto los estudiantes de Derecho, sino que mostraron interés alumnos de Periodismo, Comunicación Social, Mecánica, Arquitectura. Amigos hicieron el logo del proyecto y me ayudaron a crear una página en Facebook.
Conectaron a alumnos y profesores de las Facultades de Agronomía y Veterinaria, y surgió la clínica veterinaria de la universidad; hicieron talleres de bienestar animal, esterilizaciones, atendieron casos críticos de perros en la universidad; y pactaron una cuota para ellos con el Departamento de alimentación que buscaban en el comedor equipos de voluntarios.
Otros trabajaban en un refugio que armaron detrás de la clínica veterinaria, o dieron tránsito (hogar temporal) a gatos y perros desamparados. El clímax eran las Ferias de Adopciones, en la Facultad de Derecho. “No existió un proyecto social comunitario de este tipo en la universidad o en el centro del país, y menos con tanta dinámica, entusiasmo y compromiso”, dijo Javier. En breve, medios extranjeros en Cuba contactaron con BIENAC al calor del creciente movimiento bienestarista durante el Referendo constitucional.
Javier no pensó solo quedarse en la Universidad. Y un extraño evento lo ilusionaría: el domingo 19 de abril de 2019 un grupo de activistas por el bienestar animal en La Habana obtuvo permiso para una marcha. Fue la primera de tipo independiente en la etapa revolucionaria que autorizó portar carteles y gritar consignas en la vía pública.
Con tal noticia, Javier inició trámites legales para hacer una peregrinación similar en Santa Clara. Se presentó ante el gobierno municipal, llenó el formulario correspondiente, y posteó en redes sobre el paso que había dado. En torno a Javier y su accionar se tejió una suerte de expectativa.
En una video entrevista que le hice para Diario de Cuba a finales de abril, narró el dilatado proceso en que estaba inmerso. Semanas después de la solicitud, viendo que no le contactaban, llamó y posteó en su Facebook sobre la demora. A partir de entonces recibió “ataques de hasta 45 perfiles falsos” aparentemente vinculados a la policía política y a simpatizantes del Socialismo[2].
Javier continuó llamando. Hasta que lo citaron al Gobierno local. Fue recibido con un protocolo que incluyó retirarle los teléfonos celulares a él y a una joven que lo acompañaba. En la oficina de Osmani García López, vicepresidente del municipio, estuvo durante todo el encuentro un agente de la policía política. La respuesta final a la petición fue: “la marcha no es de interés” de las autoridades. Días después Javier elevó su solicitud al Gobierno provincial, a modo de apelación. En declaraciones a DDC contó que esperaba una llamada, prometida en el término de una semana. Pero al final, nada.
Mientras, desde Facebook informó sucesivas dilaciones y negaciones a la solicitud que hizo a título personal, no a nombre de BIENAC. García López, comentó en una publicación de Javier que su “estrategia” era “manipular la información” a su conveniencia:
Ni el gobierno, ni los vicepresidentes tienen culpa de tus caprichos, este es un país de orden y no de hacer lo que a cada cual le venga en gana, busca una solución a tu problema en las entidades estatales que lo tienen en su encargo social.
¿Recuerdan la marcha animalista de La Habana? Pedro Pablo Hernández Herrera, el funcionario que la autorizó, fue removido de sus funciones semanas después. Esta actitud no indica necesariamente que el Estado odie al movimiento de protectores de animales, sino que teme a la aglomeración de ciudadanos en las calles. En los años 30 del siglo XX, una que tomó las calles de La Habana derrocó al dictador Gerardo Machado.
Otras prohibiciones habían ocurrido a finales de 2018. El régimen vetó una movilización profamilia, solicitada por iglesias evangélicas; e intimidó a los organizadores de una “marcha” por la música electrónica en el Malecón, que no era sino una etiqueta publicitaria de un grupo de DJs.
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En mayo de 2019 circuló un video en YouTube donde Granela Martín defenestraba a Javier[3]. En el material aparece una selfie que él mismo se hiciera con activistas de BIENAC. Pero su rostro, en primer plano, fue eliminado. Javier desapareció, no existía para los que querían recontar la historia de BIENAC. Se vivía una escena orwelliana.
¿De qué se le acusaba a Javier? ¿Por qué Granela Martín le trataba como traidor en otro video que circuló vía la aplicación Zapya, de celular en celular, en la UCLV? ¿Lo hizo para desmarcarse, a ella y a BIENAC, de la persistencia de Javier por conseguir la autorización para marchar?
Camila Rodríguez, uno de los perfiles falsos que lo acosó en Facebook, señaló que había buscado “apoyo desde el sitio contrarrevolucionario DDC”, en referencia a la entrevista que me ofreció. Claudia María Larrea, prima de Javier, ripostó: “Si publica en Facebook es malo, si publica en DDC es malo. Qué tenía que hacer: ¿tragarse la respuesta? ¿Lo hubieran publicado en Granma, Vanguardia o Juventud Rebelde?” Y añadió:
el corte político, digamos, lo puso el Estado cuando expulsaron a la persona que aprobó la marcha animalista en La Habana (…) y cuando la única respuesta a la solicitud de Javier fue: “no es de interés del gobierno”. Que Javier haya decidido publicar al respecto no tiene nada de injusto. ¿Hay algo de injusto en publicar verdades?
La persona tras el perfil Camila Rodríguez esgrimió entonces que Javier “traicionó” a “sus propios compañeros de aula y a su amiga Dagny [Granela Martín] para hacer acciones a sus espaldas”. Claudia María recordó que la idea de la marcha era una individual, de Javier, que en la solicitud estaba su nombre, no el de BIENAC, “los integrantes del proyecto no tenían por qué sentirse traicionados por una idea particular”, favorable a los objetivos concientizadores de BIENAC.
El uso de Facebook fue clave en el poder de convocatoria y las simpatías que despertó BIENAC como colectivo y Javier, como líder. Fue espacio, también, de batallas comunicacionales.
Esa, en particular, lo llevó a cerrar su Facebook el 21 de marzo de 2019 y, por meses, negarse a hablar con la prensa. Fui, quizá, el único periodista con quien mantuvo contacto.
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Su abuelo era un pescador de la Base pesquera de Caibarién. Y aunque Javier vivía en una ciudad interior como Santa Clara, disfrutaba frecuentemente de horas frente al mar o en un bote, de viajes a Cayo Conuco a avistar Tomeguines del Pinar y otras aves.
Me enseñaba el nombre científico de los peces que capturaban, sus características, íbamos mucho al muelle de la playa, al malecón, a la cayería Norte. Mi vida transcurrió en contacto directo con el mar, por eso hoy tengo una relación tan emotiva con el sonido de las olas y uno de mis pasatiempos preferidos es pasar el rato frente al mar.
Javier recuerda la casa de sus abuelos como “un zoológico”. Dice que la habían transformado en eso para satisfacer sus gustos.
Él, escondido de mi abuela, llegaba con un pollito pequeño y me lo regalaba para criarlo; a veces traía jicoteítas, perritos, peces de agua dulce; y lo que más había en la casa eran gallinas y gallos. Yo me sabía el tiempo de incubación, todo sobre ellos y cuando los pollitos rompían el cascarón del huevo, aquello era una fiesta. Me encantaba verlos salir.
Aquella casa y la de los tíos de Javier, una al lado de la otra, formaban una especie de pequeña finca, con árboles de mango, guayaba, chirimoya, tamarindo, aguacate, plantas ornamentales. Sobre cada una el abuelo le enseñó todo: el tiempo en que llegaban los frutos, cómo cuidarlas.
En Caibarién satisfacía mi pasión por la naturaleza y los animales, allá me daban los gustos que mis padres no podían darme porque vivimos en un Consultorio de Médico de la Familia, en altos. Ahí hubiera sido muy difícil tener tantos animales. Aunque eso fue cambiando con el tiempo.
Esa temprana conexión creció en Javier y fue, tal vez, el pilar gracias al cual no desmayó aun cuando BIENAC “fue muriendo poco a poco (…) Dios sabe todas las cosas”, dijo, sin rencores. A partir de ahí, Javier lanzó una convocatoria nacional. No para crear otro grupo animalista en Santa Clara, sino para levantar una red nacional por el cuidado de los animales. Y surgió, tras un gran esfuerzo de coordinación, Bienestar Animal Cuba (BAC). Con activistas de otras zonas del país que ya conocía por sus iniciativas o por las redes sociales, arrancó la empresa.
Presionado hasta el extremo en su escuela y ciudad, con un celular como único recurso tangible, erigió una trama por toda una isla que restringe la libre asociación. En aquel momento definitorio, sus amigos, en el aula y la iglesia, mantuvieron la cabeza de Javier fuera del cieno. BIENAC, la universidad, el gobierno provincial, la policía política. Era mucho. Temía contar del asedio físico y virtual a sus padres; preguntaba a sus amigos si valía la pena seguir en la universidad, a punto de completar tres años de carrera.
En medio de eso, crear BAC le revitalizó; como el mástil que agota alzar, pero que ya erguido tensa la vela y hace avanzar el barco. En la convocatoria inicial posteó:
Cada día se hace más difícil el trabajo de muchos protectores de animales en Cuba y mantener los refugios (mis respetos para quienes han podido y mantienen un refugio), así como llegar a tantos animales desprotegidos y abandonados en las calles. Por eso he decidido crear BAC, que busca extenderse por todo el país con ayuda no solo de protectores sino de todas las personas que aman a los animales[4].
El objetivo del grupo era fortalecer las redes de “casas de tránsito” y “casas de refugio”; es decir, “que ciudadanos brinden sus hogares para acoger a mascotas abandonadas en las calles”. Aclaró, no se pretendía convertir las viviendas de los voluntarios en refugios, sino instar a familias a cobijar y apadrinar temporalmente al animal que lo necesitara, hasta su adopción definitiva. Javier aseguró que el perro o gato sería visitado bien de cerca por los padrinos que habían cuidado de él y, aunque fuera adoptado, supervisarían su salud y bienestar, y su adaptación al nuevo hogar.
No importaba la experiencia para unirse a BAC: “lo que nos importa es que el voluntario sea afectuoso, aliviar el trabajo de otros, reducir la población de perros callejeros y también de perros en refugios”. Los refugios, todos de iniciativa ciudadana, tenían escasos recursos y trabas estatales para conseguir alimentos o mejorar su infraestructura.
Cada colaborador que se sumara asumiría la responsabilidad que pudiera cargar. “La idea no es que se haga responsable de todo el municipio o la provincia donde vive. Si hubiera colaboradores en todas las zonas, sería más fácil el trabajo para todos”, dijo.
Otro caso común en el que pensó Javier fue en el de los “perritos comunitarios”, esos sin hogar, que merodeaban edificios y casas, barrios. Lo ideal para él era que, si el voluntario no podía acogerlo en la vivienda, se encargara de alimentarlo y pasar algún tiempo con él en el día hasta que encontrara un hogar. También llamó a veterinarios a ayudar a los colaboradores de BAC.
Tanto esos especialistas como cada activista deberían enlistarse en un registro que Javier llevaba. Todo muy serio. El reto parecía no solo convocar a gente, mayormente adolescentes y jóvenes, sino comprometerlos, superar el apasionamiento primero y prepararlos para la quijotada de rescatar animales por meses o años.
“Quienes deseen ser colaboradores deben tener más de 15 años, mantener comunicación regular con BAC, a través de correo o alguna aplicación de mensajería instantánea como WhatsApp, Telegram o Messenger”, indicó Javier, y fantaseó con que en un futuro la organización podría ayudar económicamente a cada colaborador para comprar aquello que facilitara su labor.
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Un par de semanas después de crear BAC, el 1 de febrero de 2020, Javier envió una carta pública a los editores y administradores del portal de clasificados más grande de Cuba, Revolico. Revolico, fundada en 2007 por Carlos Javier Peña y Hiram Centelles, fue una de las más estables iniciativas privadas cubanas, a pesar del bloqueo oficial que sufrió de 2008 a 2016.
Este fue el inicio de acciones, no ya dirigidas hacia el Estado (por una Ley de Bienestar Animal) o la sociedad (campañas de concientización), sino hacia un actor del emergente sector privado cubano. A nombre de la red de refugios temporales para animales afectivos, Javier llamó a Revolico a colaborar con los protectores cubanos, amplificando campañas por el bienestar, la acogida y adopción de animales. Escribió: “Muchas figuras y personalidades cubanas apoyan esta causa tan noble: artistas, músicos, activistas, periodistas, intelectuales y también buena parte de la ciudadanía. Pero hace falta involucrar a voces que lleguen a un mayor número de hogares”.
La carta de BAC pidió ir más allá de buenas intenciones, no permitir anuncios de compraventa animal:
muchos de esos clasificados atentan contra el bienestar de estos seres vivos, promueven la crueldad, la selección según el pedigrí, la eliminación a través del sacrificio o el abandono de los ejemplares menos rentables, además de fomentar las redes de tráfico, la ilegalidad y las abominables peleas de perros.
En cambio, Javier pidió a Revolico fomentar adopciones “creando una sección en la que las personas que buscan un animal y aquellas que están dando otro en adopción puedan publicar sus anuncios, pero sin que medie operación mercantil alguna”. Asimismo, sugirió establecer una sección no comercial para el “trueque” de utensilios, juguetes y medicamentos, y promover, gratis, campañas de esterilización, llamados a donaciones a refugios y casas de tránsito, jornadas de adopciones y actividades de protectores de animales en Cuba.
Javier terminó la carta diciendo tener “múltiples ideas” para destinar parte de los ingresos por publicidad de estas nuevas secciones de Revolico “a sostener y ayudar a los refugios, las organizaciones de bienestar animal y los protectores que salvan vidas en las calles”. Prometió reportes de los animales salvados y adoptados gracias a Revolico, “pero también banners, logotipos e imágenes para confirmar que en sus páginas se apuesta por el bienestar, la vida y la responsabilidad hacia los animales”. Una marca de compromiso social y empresarial.
Las esperanzas de Javier no solo estaban en esa misiva; había mandado una similar a otra conocida plataforma de clasificados: BacheCubano, que contestó el 3 de febrero. Los administradores le hacían saber a BAC que estaban de acuerdo con cada aspecto de la carta abierta.
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En 1909, la Convención Bautista Oriental protestó contra la readmisión de las peleas de gayos por el presidente José Miguel Gómez. Las vallas, donde uno de los dos animales terminaba muerto o herido, no eran solo un claro ejemplo de maltrato animal, sino también caldo de cultivo para apuestas y reyertas. El historiador Marcos Antonio Ramos recuerda que las peleas fueron prohibidas durante la segunda intervención estadounidense a Cuba. En 1915, los bautistas volvieron a manifestar su desaprobación tras el anuncio del gobernante Mario García Menocal de restablecer las corridas de toros, menos arraigadas entre cubanos, pero con presencia desde el dominio español. En la historia cubana, donde el bienestar animal se ha visto con sorna o en un plano secundarísimo, es curioso que aquella denominación protestante alzara su voz.
Javier es bautista —aunque nació y creció en una familia católica— y, quizá sin saberlo, honraba una tradición que le precede. Hablando se deja ver en él una filosofía que, desde lecturas bíblicas, sostiene su activismo por el bienestar animal:
Como cristianos tenemos el compromiso de velar y cuidar la Creación de Dios, y en esa Creación están los animales. Tras crear los peces, las aves y los animales terrestres, Dios se manifestó muy complacido: “Llegó a ver que [todo] era bueno’”, afirma Génesis. Los animales son un regalo de Dios en la tierra. Proverbios dice: “El justo está cuidando del alma de su animal doméstico, pero las misericordias de los inicuos son crueles”.
Sin caer en el “animalismo”, la tan en boga idolatría a la Creación, Javier defiende una sana administración de ella. Entre las leyes bíblicas para el pueblo de Israel estaba el ocuparse del bienestar animal, sostiene Javier antes de enumerarme una serie de versículos y comentarlos.
Cuando no estaba permitido realizar ningún trabajo el séptimo día, sí había que socorrer a cualquier animal en apuros. Dios también indicó, en Éxodo 23:5 y Deuteronomio 25:4, que no debía impedirse que un buey comiera mientras trillaba el grano, y no debía sobrecargarse a las bestias de trabajo. Igual, estaba prohibido atar al yugo un buey y un asno, para evitar que uno de los dos se lastimara, como refleja Deuteronomio 22:10.
Otro revelador pasaje para Javier es aquel en que Nínive se arrepintió y libró del castigo divino. El profeta Jonás no reaccionó con compasión, pero Jehová le dijo: “¿No debería yo sentir lástima por Nínive la gran ciudad, en la cual existen más de ciento veinte mil hombres que de ningún modo saben la diferencia entre su mano derecha y su izquierda, además de muchos animales domésticos?”. La gente solo vela por sus intereses y es indiferente al daño que pueda causar a los animales, pero Dios se compadece de ellos, concluyó Javier, defensor de la teoría bienestarista.
Otros cristianos también hicieron un fuerte activismo por una Ley de Bienestar animal. Algunos eran críticos abiertos del totalitarismo, como Ibis Armenteros o Michi García, quien junto a su esposo convirtió su hogar en el municipio Boyeros en un refugio para animales domésticos.
A los 7 años una misionera visitó la casa de Javier bautista para invitarlo a una actividad infantil. Con la venia de su familia, se involucró en la iglesia, y un día decidió hacer una oración de fe. Dos años más tarde su hermano, mayor que él, hizo lo mismo por invitación de una profesora —con el tiempo se convirtió en una suerte de guía espiritual de Javier. Sus padres asistían al templo a verlo actuar en obras teatrales por Resurrección o Navidad y terminaron visitando la iglesia.
Las lecturas bíblicas de Javier lo cautivan desde niño, y amoldan su sentido de la justicia.
Empero, algunos intentaron usar la fe para contener su activismo. En la universidad un profesor le reprochó que, siendo creyente, se metiera en “política”. “Y eso que es cristiano”, le recriminó. Esa frase no es un comentario aislado en Cuba, sino una especie de máxima que el Socialismo instauró para silenciar a la más numerosa y organizada comunidad que no pudo derribar: la Iglesia. Se repite por los revolucionarios desde 1959 para silenciar a las voces divergentes.
En junio de 2019, luego de la prohibición de la marcha en Santa Clara, Javier continuó concientizando en redes sociales sobre la necesidad de una Ley de Bienestar Animal, señalando a las autoridades y exponiendo casos de maltrato animal en el país. Y más represalias llegaron.
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El 4 de junio de 2019, uno de los perfiles falsos en Facebook, que se había dedicado por meses a acosar a Javier, le envió un mensaje por interno. No era un ataque, sino una propuesta para pactar. Le pedía hacer un video diciendo que los medios “hostiles” lo habían usado, sacado de contexto sus palabras, y especificó que debía mencionarme a mí y a DDC. La elipsis de Messenger seguía intermitiendo ante los ojos de Javier. A cambio de ello, dijo la persona detrás del perfil, le ayudarían a llevar a cabo la marcha por la protección animal que gestionaba desde hacía meses.
¿Quién podía ofrecer tal cosa? ¿Qué institución, en Cuba, era más poderosa que el propio Gobierno de Santa Clara? ¿La policía política estaba detrás de aquellos mensajes? Javier se negó a negociar, hizo una serie de capturas de pantallas a la conversación, y aguardó lo peor.
El sábado 15 de junio de 2019 llegó el golpe. “El lunes seré sometido a un Consejo disciplinario. No temo, no debo nada”, publicó en Facebook[5]. No había pasado un mes desde que comenzara a circular el video de Granela Martín —que a los días era imposible encontrar en Internet—, y la UCLV sometía a Javier a un consejo disciplinario por “interrumpir el proceso docente”.
“Por mostrar a mis amigos del aula el video que hablaba sobre mi persona en un momento que yo consideré ‘informal’”, explicó en su post. “Lo hice en horario en que tocaba una consulta de la misma profesora que habla en el video sobre mí, aunque ella no había llegado aún a la consulta”. El Decanato de la Facultad de Derecho mantenía que, por causa de Javier debió aplazarse la consulta. El post levantó polvo, y varias compañeras de clase tomaron los cajones de comentarios. “Sabemos que eso no es verdad, lo demás no importa”, dijo Arelis Casas. Roxana Fleites expresó: “paciencia, todo acaba (…) la verdad se sabrá, cuídate”. Liz Amanda Hernández posteó:
cuando esas mentiras y calumnias que han levantado sobre tu persona dejen de importarte, te dejarán en paz. Recuerda que el que no la debe no la teme, y que si tu intención es dar lo mejor, no tienes de qué preocuparte.
Una docente de la UCLV, Leidy Quirós, afirmó: “aquí la espalda y la traición vino de muy arriba, de esos que dicen amar a los animales y pierden un valor fundamental como es el humanismo. Mucho amor a los animales y, a la primera de cambio, traicionó a un ser humano”.
Javier me llamó al celular, como otras veces cuando había estado en recientes encrucijadas. Quería abandonar la universidad, o trasladarse a la de La Habana, había hecho averiguaciones. Le aconsejé aplomo, no podía perder su carrera, egresar sería su victoria.
El lunes, 17 de junio, se reunió un Consejo de profesores con, siguiendo el proceder vigente, al menos un representante de la Federación Estudiantil Universitaria, para juzgar a Javier. Las sanciones podían ir desde la amonestación pública hasta la separación definitiva de la carrera. Al cerrar las puertas del salón Javier quedó solo ante sus acusadores.
Mi WhatsApp se activó con un mensaje suyo: explicó que las autoridades universitarias le amenazaron con expulsarlo de seguir con su activismo; lo acusaban de hacer “contrarrevolución”. Dejó el salón sabiendo que no abandonaría el actuar contra el maltrato animal, aunque prefirió no dar declaraciones a medios. Trabajar, trabajar y trabajar. Eso nada más.
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En febrero de 2020 hizo un anuncio sorpresivo: se reuniría con el popular reguetonero Yomil para coordinar colaboraciones con la causa bienestarista. “En todas partes del mundo los artistas, músicos, influencers, participan de estas campañas de bien como, en este caso, las que luchan contra el maltrato animal. Es una forma de llamar la atención y sensibilizar”, posteó.
Varios activistas gestionaron sus propias vías de contacto con personajes públicos. La capacidad de Javier para involucrar a los actores Alejando Cuervo y Blanca Rosa Blanco, la coreógrafa Lizt Alfonso, los realizadores Ernesto Fiallo y Noemí Cartaya, entre otros, fue útil a los fines del movimiento[6].
Apoyan en la publicidad de los proyectos, en dinero y donaciones en muchas ocasiones, en sensibilizar a través de las redes sociales, la mayoría ha participado en actividades junto a nosotros y eso es un apoyo increíble, da mayor visibilidad a nuestra lucha.
Otra parte vital en ese camino fue la edificación de plataformas propias para la comunicación. En mayo de 2020 Javier, la activista Beatriz Batista —otro pilar del movimiento— y otros, crearon un canal de YouTube y la revista en línea mensual El Refugio, asociados a la misión de BAC[7]. “No contamos las historias con pinceladas, sino que vamos al fondo del asunto y exponemos el acontecer del movimiento animalista nacional con todos sus colores”, expresó.
Las secciones Jurídica, Entrevistas, Crónicas, Historias de Vida, Antes y después, y Opinión, eran el plato fuerte para una publicación que abordaba la protección animal de modo transdisciplinar. Las constantes presiones a Javier por dar declaraciones a medios independientes catalizaron una mejor comunicación interna de la organización. Todo pasa, creía, con un propósito.
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A un año del consejo disciplinario universitario BAC crecía. El 27 de junio 2020, anunció en Facebook la inauguración de un refugio para animales en la provincia Pinar del Río, un centro de rehabilitación propio comprado a partir de un crowdfounding. Allí ingresaría el animal afectivo durante un tiempo de cuarentena, donde se atendería médicamente y se alimentaría, hasta estar listo para entrar en el sistema de adopciones de BAC.
Habían pasado solo cinco meses desde que Javier lanzó la convocatoria para reforzar el trabajo de los protectores de animales. La adquisición y transformación de un espacio semiabandonado en refugio daba cuentas de un hito para la red, que ya estaba extendida por cada provincia.
Colaboradores, amigos y familiares reunieron, en apenas tres semanas, trece mil pesos cubanos, suma que pedían para la compra, detalló BAC en un comunicado. Javier expresó:
En meses BAC logró lo que otros, en años, no han podido hacer (y lo digo con todo el compromiso que lleva). Hemos involucrado a personas que jamás habían hecho algo por un animal y hemos inspirado el surgimiento de otros grupos de protectores en el país.
Según el registro de miembros, actualizado en octubre de 2020, BAC contaba con más de 600 afiliados que se reunían periódicamente. A ellos se sumaban voluntarios que cooperaban con actividades puntuales. Las provincias con mayor presencia de la red eran La Habana, Matanzas, Villa Clara y Guantánamo. Reunirse en un país sin libertad de reunión, asociarse en un país sin libertad de asociación y hacer activismo en un país sin libertad de expresión era una proeza.
El lema de BAC era el mismo que el de BIENAC: “Juntos por el bienestar animal”. Javier no quiso cambiarlo porque, dijo, cuando nadie hablaba en términos de “bienestar animal”, ambos grupos lo hacían.
De cierta forma fuimos dando molde a lo que más tarde ha sido una realidad: ya las personas hablan de bienestar animal y no usan términos arcaicos. Y esa influencia viene por estos proyectos, porque ni siquiera el Estado, cuando los inicios de BIENAC, se había pronunciado sobre aprobar una Ley de Protección Animal y, mucho menos, sobre qué teoría proteccionista lo haría.
Javier quería alejarse de los que le parecen extremos. Prefería que no le llamaran animalista. Imaginó que una futura Ley se debatiría con la teoría bienestarista como base.
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Un día común de Javier consistía en despertar, jugar con sus perros, ir a la UCLV, atender animales allí, asistir a clase, volver a casa, hacer gestiones de BAC (muchas de modo virtual), atender casos urgentes, visitar las casas de tránsito cercanas. A veces se topaba con algún perro que recogía, llevaba a su casa, lo alimentaba y mantenía temporalmente hasta darlo en adopción.
Su madre está acostumbrada a verlo llegar tarde. Ya en el hogar, casi todas las noches, a las 10 pm, se reunía por WhatsApp, con Coordinadores de BAC en las provincias. Bien tarde tomaba una ducha, estudiaba un poco y escribía para El Refugio. Ya en la cama, a veces no podía dormir, decía que era culpa del estrés.
“En el tiempo del COVID-19 me dediqué a BAC y a El Refugio, pero una vez que comencé la universidad, eso volvió a cambiar y el estrés aumentó, porque debo dividirme en muchas partes”, dijo.
La familia es la más afectada en la repartición del tiempo, mis amigos extrañan al Javier de hace unos años, que podía salir y compartir más. Seguro con el paso del tiempo organizo más mi vida, con la ayuda de un equipo que cada vez se vuelve más fuerte, y delego responsabilidades.
Los días de Javier se cruzan con sucesos como el del 30 de junio de 2020, cuando se viralizó en la comunidad animalista un anuncio de Internet: “Vendo palomas blancas para religión a 100 pesos cubanos”. Estaba publicado en Revolico, la web a la que, semanas antes, había dirigido la carta abierta para retirar los anuncios de venta de animales. El de las palomas, específicamente, era más alarmante: se ofertaban para sacrificarlas en cultos afrocubanos.
La etnóloga Natalia Bolívar refiere que en rituales de santería el sacrificio animal debe ser certero. Pero, filmes como Bretón es un bebé, de Arturo Sotto, muestran ceremonias martirizantes. En 2015, El Universal publicó un reportaje titulado “‘Pura maldad’: matar animales, un rito impune” sobre los ritos de santería en México[8]. El Mundo, de España, reportó un operativo de la policía de Madrid, en octubre de 2019, que concluyó con la denuncia por maltrato animal de seis personas que decapitaron gallos y un cordero en un ritual de iniciación yoruba[9].
El mismo 30 de junio, Javier volvió sobre Revolico desde su perfil de Facebook refiriendo el silencio de la plataforma sobre retirar los anuncios de venta de animales. A propósito del llamado del activista, el diario CiberCuba contactó a los administradores de Revolico[10]. Explicaron, entonces, que en sus condiciones de uso no había norma alguna de publicación relacionada con los animales, aunque reconocieron que muchos anuncios para comercialización de distintas especies incumplían otras normas establecidas en la página. Y que, “atendiendo a la importancia que el tema tiene para la comunidad cubana”, trabajaban “para añadir nuevas normas que se refieran a este asunto en su plataforma”.
La petición de Javier rindió frutos. El anuncio de las palomas fue retirado y, en los meses siguientes, no apareció otro similar. Las interpelaciones de Javier, lo mismo hacia el Estado que hacia empresarios privados, hizo que algunas personas lo tildaran de “impositor”. Por el contrario, lo que sí es, es un líder Gen Z, de una generación global que tiene en las redes el primer campo de sus cruzadas.
Uno de sus críticos fue el cineasta y escritor Eduardo del Llano que, a través de Facebook, comentó:
A ver, yo soy un convencido de que hay que cuidar y proteger a los animales. Digo más: incluso a aquellos que no te vas a comer. Ahora bien, cada vez que veo que alguien reporta un perrito abandonado y pide que un alma caritativa lo adopte, no puedo evitar preguntarme: ¿alguien tendrá una lista de cuáles especies cualifican para reclamos similares?
Sobre esas fechas, un canal de YouTube afín al régimen llamado Martillando Cubano acusó a los bienestaristas de estar financiados desde el exterior, y “copiar la mercadotecnia de las movilizaciones” de otros lares[11].
Sí. Los referentes del activismo están en países industrializados, donde la causa ha logrado calar socialmente. ¿Nutrirse con dinero desde el exterior? Varios refugios recibían donaciones de adeptos a la causa en el extranjero, no de organizaciones. La presentadora del canal dijo que los movilizados en Cuba “instauran una moda de tintes moralistas y se vuelven vanidosos por poder decir que sí, que defienden a los perros callejeros”.
Javier reconoce que al activismo lo afecta la banalización y la sobreexposición en redes del trabajo, casi siempre “selfies de autobombo”, propios de un movimiento incipiente, sin madurez en muchos aspectos.
En ocasiones la saturación de fotos promocionales lleva a algunos activistas al punto de endiosarse, vanagloriarse, competir unos con otros por la sencilla razón de trabajar a favor del bienestar de los animales. Es un peligro que existe y está latente en nuestras filas.
Para él, quienes exponen demasiado su propia persona y no a los animales buscan llamar la atención de donantes u organizaciones, en un afán desmedido por financiamientos. De ese grupo aparta a un número importante de refugios y activistas honestos que merecen ayuda, pero subrayó que algunos prostituyen el trabajo por los animales para convertirlo en un negocio. “La agenda bienestarista debe ser una tarea del día a día, sin tanta publicidad personal, que privilegie el dar a conocer el cambio de los animalitos una vez recuperados”, dijo. Javier lo creía más cerca de noviembre de 2020, cuando parecía que Cuba tendría por fin la Ley. En entrevista a la Agencia Cubana de Noticias, el director general del Centro Nacional de Sanidad Animal, Yobani Gutiérrez Ravelo, aseguró que la nueva política, centrada en el bienestar, “por ser un concepto más abarcador que el de protección”, contemplaba el estado físico y mental en relación con las condiciones en las cuales los animales viven y mueren”[12].
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Si el gobierno cubano, en lugar de excluir a los animalistas independientes, es capaz de integrarlos en acciones estratégicas por la causa animalista, probará su fortaleza para asumir las nuevas sensibilidades y esto significa que tiene capacidad de generar nuevos y más amplios consensos dentro de la sociedad. Si opta por negarles el merecido protagonismo, sólo va a mostrar debilidad y dependencia de un guion cuidadosamente orquestado, en un mundo que es cada vez más rápido, caótico y cambiante.
Esto publicó en el verano de 2020 la web no estatal ADN.
Sin embargo, el Estado aún se negaba, sobre esas fechas, a reconocer y dialogar con protectores de animales independientes.
A finales de septiembre de 2020, el diario Granma publicó en medio de rebrotes de COVID-19 en el país que los animales domésticos trasmitían el virus. La pandemia ponía los pelos de punta, y los medios, contagiados con el alarmismo, publicaban materiales a veces sin verificación apropiada, como lo de las mascotas.
La presión en redes de protectores y amantes de los animales llevó a que el periódico más importante de la dictadura editara el texto. Cuando ocurrió, Javier posteó: “Rectificar es de sabios”, junto a una etiqueta-bandera: #JuntosSomosMásFuertes.
La presión impactó, además, más allá del ámbito digital o virtual, como el final del año 2020 demostraría. En octubre Díaz-Canel visitó Santa Clara. Previamente las autoridades locales habían hecho una recogida masiva de perros callejeros. El grupo BAC de la ciudad temía que los sacrificaran, “como ha ocurrido siempre”, según Javier, y acordaron rescatar a unos cachorros en la Universidad de Ciencias Médicas.
El joven se alistó temprano, cuando escuchó un toque en la puerta de su casa. Creía que era el chofer que lo buscaría, pero oyó la voz de su padre hablando con un desconocido. Alguien de la policía política le advertía que no abandonara su vivienda.
—Y, ¿por qué no puedo salir?
—Porque eso es lo que han orientado —contestó el militar y se retiró.
Cada vez que Javier miraba desde una ventana lo veía apostado afuera con otro hombre. No sólo se perdía el rescate, sino también un encuentro de estudio en la UCLV con otros compañeros de aula.
El arresto domiciliario incluyó una llamada de alguien que se presentó como Jefe en la policía política. Dijo que en la universidad no podía estar nadie, porque Díaz-Canel la visitaría. Recordó:
Yo constantemente les preguntaba, les daba razones del trabajo que nosotros estábamos haciendo, que no había ningún tipo de argumento para que ellos actuaran de esa forma, y repetían que me estaban cuidando, que me estaba protegiendo, porque otras personas querían involucrarme en sucesos que no tenían que ver con la protección animal, sino con “causas políticas”.
Fue la primera vez que algo así le sucedía a Javier.
Imagínate, con mi familia en casa, mi papá, mi mamá, que se molestaron mucho con la Seguridad del Estado. Y llamaron al que ‘me atiende’ —así es como ellos siempre dicen—, y del otro lado de la línea contestaron que la situación no era nada personal, sino que como yo era un líder natural tenían miedo de que usara mi liderazgo para otras cosas.
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Tras el arresto domiciliario, Javier se enfocó en hacer un documental sobre el significado del empuje de la causa animalista. “Ha sido toda una revolución, pero quienes dinamizan este movimiento no han sido reconocidos en los medios oficiales”, dijo. Con el audiovisual quería “poner rostro a protectores anónimos, activistas, actores, músicos, todo el mundo que ha apoyado con su voz, sus influencias, su talento, sus dones, a la causa”. Sería un homenaje a los treinta y tres años de lucha en pos de una Ley de Protección Animal. Con un presupuesto mínimo, llamó a un amigo de su iglesia que había hecho carrera como fotógrafo y videógrafo en La Habana, y viajó a esa ciudad para filmar, entrevistar a personas involucradas y visitar refugios.
Por aquellos días había llamado a una manifestación si el Estado no aprobaba la Ley —que Granma y Cubadebate anunciaban se aprobaría el 30 de noviembre. En paralelo, la capital bullía por el acuartelamiento de varios activistas en la sede del Movimiento San Isidro (MSI) entre el 18 y el 26 de noviembre. Ese último día, la policía y presunto personal médico desalojó por la fuerza a jóvenes que protagonizaban una huelga de hambre y un plantón para exigir la liberación del rapero contestatario y cristiano Denis Solís.
El 30 de noviembre, estando en La Habana en trajines del documental, Javier recibió una llamada. Representantes del Ministerio de la Agricultura (MINAG) y Aniplant, única organización bienestarista con reconocimiento estatal, estaban muy interesados en conversar con él, le preguntaron si estaba en la capital.
Al decirle que sí percibí asombro y temor en sus voces. A raíz de lo que estaba pasando aquellos días con la huelga del MSI y de la manifestación que convoqué, programada para el 1ro de diciembre, imaginé que estaban tensos.
Efectivamente. En el encuentro dijeron que sabían de la movilización. Explicaron el por qué no se había aprobado aún la Ley. Javier contestó que “si ellos no querían una actitud nuestra que les afectara de alguna manera, tenían que cumplir con su palabra, y que tenían que incluirnos a los activistas independientes en la redacción de la legislación”. Además, pidió “que estuvieran presentes otros activistas y protectores, algo que no habían hecho hasta el momento”.
Ese 30 de noviembre se reunió con la presidenta de Aniplant. Y la organización posteó una foto de ambos con un mensaje apelando a la unidad y la paz: “para apaciguar un poco las asperezas”.
Javier anunció que no participaría de la manifestación que él mismo había anunciado. Él creyó que le pidieron charlar, lo tuvieron en cuenta, por el tenso contexto político y porque las autoridades sabían del hartazgo de los activistas con la prórroga constante de la Ley. Además, plantar células de BAC por toda Cuba con un trabajo continuo, organizar a cientos de jóvenes amén de la represión y su labor comunicacional, eran una buena data para presionar.
Sinceramente pensó que, al dejar las instancias ministeriales, había salido ganando. Los reclamos en las reuniones subsecuentes con representantes estatales se atuvieron a una lista consensuada en BAC. Redactar la lista tomó tres días, en julio de 2020, cuando por primera vez las autoridades pidieron propuestas para modificar o sumar ideas a la Ley que confeccionaban. Se trataba de más de 72 consideraciones dirigidas a la Presidencia de Cuba, al Consejo de Estado y a los ministerios relacionados con la preparación del marco regulatorio del bienestar animal.
Algunas propuestas de BAC incluyen eliminar peleas de perros, de gallos y otras especies; la penalización de la zoofilia más allá de la Ley, sino que también pasara al Código Penal; altas multas para quienes abandonasen o maltratasen animales; etc. “Para mi sorpresa, en la reunión, me enseñaron todas firmadas por ellos, es decir que se habían contemplado o tenido en cuenta, las tenían ahí bien circuladas, que la Presidencia se la había hecho llegar”, confesó Javier.
Horas después, en comparecencia televisiva del Ministro de justicia anunció una nueva fecha límite para la legislación bienestarista, a emitirse en forma de Decreto Ley: febrero de 2021. En ese momento se reuniría el Consejo de Estado. Los activistas esperaban con una dosis de recelo.
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1779 adopciones y 1487 rescates de animales por toda la isla. Ese era el saldo de BAC al cumplir su primer año, en enero de 2021. A pesar de que la red inició con una marcada intención de apoyar a refugios ya existentes, en apenas 12 meses de trabajo organizó 438 esterilizaciones y cirugías, y 219 ferias de adopciones, talleres, exposiciones, campañas de desparasitación y actividades culturales relacionadas con el bienestar animal.
La cifra de miembros oficiales de BAC ascendía a 676. Era la organización con más presencia en Cuba. ¿Qué sentidos habrá dado a gente con ansias de pelear, o a la que luchaba sola? ¿Qué disgustos a quienes lucraban con el maltrato de un animal?
El 25 de enero de 2021 Javier escribió en su cuenta de Facebook esta publicación:
Hace días vengo recibiendo reiteradas amenazas en mi perfil personal de Facebook. Algunos son mensajes viejos y otros bien recientes. Otras figuras públicas han pasado por la misma situación. Quienes me conocen saben que no reviso casi Messenger, no tengo tiempo para ello, a pesar de ser también un agujero negro para la seguridad comunicacional. El hecho es que uno de estos días revisando los mensajes de dicha aplicación encontré de todo, “como en botica” … desde mensajes que incitan al odio, mensajes con invitaciones groseras que afectan mi integridad, y con peligro para mi vida.
(…) No es la primera vez que enfrento acosos y amenazas, en momentos anteriores han venido desde otras latitudes, pero en esta ocasión parece ser que es por mi continúa posición en exponer y denunciar públicamente las vulneraciones que viven a diario los derechos de los animales en este país. Entiendo que a muchos desde el anonimato y también desde mi defensa pública les he “jodido” el negocio… y seguiré… no voy a desistir por mensajitos de cobardes[13].
El 6 de febrero de 2021, Javier actualizó su Facebook con un vídeo. Lloraba con la cámara en modo selfie. Gritaba que habían matado a su perro Pan. “¡Lo van a pagar!”. Palabrotas, alaridos, chillidos cortando sus propias oraciones. Los minutos del vídeo son caóticos. Perdió la elocuencia y la ecuanimidad que usualmente le acompañaban. Su hermano entraba al cuadro y lo abrazaba. Pero el de Javier no fue el único caso esos días en Santa Clara. Parecía una acción coordinada. Activistas acusaban directamente al régimen de estar tras el envenenamiento de varios perros. De otro lado, reporteras oficialistas como Leticia Martínez y Arleen Rodríguez Derivet, y el periódico Vanguardia refutaron las acusaciones. Objetaban culpar al Estado, sin pruebas o biopsia.
Poco después el académico José Raúl Gallego publicó un largo texto, también en Facebook, sobre el “encadenamiento” de “medios oficiales, voceros del gobierno y perfiles falsos de las redes” en el caso de perros de activistas en Santa Clara envenenados[14]. La inexistencia de pruebas fácticas se debía a la imposibilidad de hacer autopsia a los animales y determinar con precisión el tipo de veneno empleado. “Esos recursos solo los tienen en Cuba instituciones subordinadas al propio MININT (Medicina Legal, Policía) que no actuarán como contrapartes independientes”, posteó. Tampoco existen agencias de investigación independientes que pudieran rastrear a quienes cometieron el envenenamiento, analizar las escenas, interrogar sospechosos, conectar móviles.
No obstante, argumentó, la imposibilidad de obtener evidencia “no anula una serie de elementos que dan lugar a la duda razonable de que pudiera estar la Seguridad detrás de los envenenamientos”. El primero, opinó, es que los dueños de los perros “han sido hostigados y dañados de diferentes maneras por la Seguridad del Estado a raíz de su activismo en defensa de los animales (…) incluso estando en procesos de conversación con instituciones”.
Gallego recordó que no era primera vez que envenenaban animales de activistas y opositores. Si la policía amenazaba a madres con separarlas de sus hijos o chantajeaba a disidentes para que facilitaran “accidentes” mortales contra otros, ¿sería loco pensar que envenenaran a un animal? Agregó:
En momentos en que estamos a semanas de publicarse un Decreto de protección animal, que todos sabemos será incompleto y que no incluirá algunas de las demandas que golpeen el bolsillo de los generales, como la prohibición de las peleas de gallos, es muy conveniente tener separada a la comunidad animalista o asustada con aquello de que otros intereses quieren subvertir sus reclamos. Las personas separadas o asustadas no pueden ponerse de acuerdo para salir a protestar con contundencia.
En su opinión, la negativa constante a reconocerles su derecho de asociación, de practicar un activismo autónomo y de reconocer los derechos que reivindican, iba a seguir llevando a muchos hasta ese punto. La cúpula que dirigía Cuba lo sabía bien, dijo Gallego. “También nosotros: el problema no son los animales, es el miedo a una rebelión en la granja”.
Hasta hoy las autoridades no han esclarecido los envenenamientos.
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El 8 de febrero de 2021 el activista y pintor Yasser Castellanos posteó en Facebook estas cinco palabras: “No creo en Javier Larrea”. Sucesivos comentarios fueron aclarándolas. Algunos le llamaban traidor por aceptar reunirse con Aniplant, el 30 de noviembre y, luego, con el MINAG.
Con el tiempo Javier entendió que aquella fue una trampa, quizá pensando en aislar la nueva posible protesta bienestarista de la chispa del MSI. Creyó que su demanda de sumar al activismo independiente a la redacción de la Ley de bienestar animal se respetaría. Otros animalistas lo acusaron de “pactar” con el régimen. La novatada lo hizo perder confianza en parte del activismo, sobre todo el más frontal con la dictadura.
En su texto sobre los envenenamientos de perros, Gallego parecía también hablar a la disputa en línea. La mayoría de los problemas de Cuba, dijo, calaba en la existencia del totalitarismo, que negaba derechos básicos. Fue aprendiéndolo con el tiempo, y la
represión tuvo gran responsabilidad en ese aprendizaje. Por tanto, no hace falta “hacer algo” para que cada persona recorra ese camino. Cada quien tiene su propio tiempo de maduración y si eres un convencido de la necesidad del reconocimiento y respeto a los derechos humanos, al final llegarás a ese punto y la propia Seguridad del Estado te dará sus empujoncitos. La comunidad animalista no es la excepción.
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El Noticiero Estelar de Televisión, en la noche, informó que el Consejo de Estado se había reunido. Pero nada de la ley bienestarista. Aquel 18 de febrero Javier posteó en Facebook: “NADA de decreto ley…UN PERRITO HA MUERTO A CAUSA DE LAS PELEAS DE PERROS!! ¿DÓNDE ESTÁ EL DECRETO?”. En otro comentario dejó la etiqueta #FebreroNoSeráNoviembre, en referencia a la marcha suspendida a finales del 2020.
Aunque se abrieron canales para, supuestamente, recibir propuestas de la ciudadanía, los protectores independientes de animales no tenían representación oficial en la Comisión encargada de redactar el anteproyecto. Uno de ellos, Beatriz Batista, aseguraba que esa había sido una de las solicitudes hechas a los funcionarios del MINAG y al Ministerio de Salud Pública (MINSAP) en las reuniones de noviembre, pero aún no habían recibido ninguna respuesta[15]. De otro lado, y a pesar de ser la única organización admitida en el tema de la protección animal, Aniplant tampoco estaba representada. La Comisión redactora, por tanto, sólo tenía representación gubernamental. El secretismo con que se manejó el contenido del proyecto de Ley limitaba la discusión pública. El OLC lamentó que “no había posibilidades de acceder a él para la ciudadanía u organizaciones que quisieran conocer de qué trata su articulado”.
Entre las propuestas enviadas al MINAG, expuestas por Javier meses antes a la plataforma cívica DemoAmlat, se encontraban la opción del sacrificio animal en última instancia y en condiciones humanitarias, la prohibición del uso de la estricnina (fármaco usado por Zoonosis), un código de ética veterinaria, y fomentar la adopción responsable.
El OLC apuntó:
Existe cierto vacío en cuanto a los sacrificios religiosos, ya que, para las autoridades del MINAG resulta complicado regular sobre el sacrificio animal por motivos religiosos, el cual, según dijeron, será prohibido en espacios públicos y deberá hacerse de manera que los animales no sufran. El otro aspecto legal sobre el que aún no se llegan a consensos se refiere a las peleas de gallos, defendidas por el Gobierno como “tradición cultural” del país.
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El frente del MINAG, un imponente edificio construido antes de 1959 amaneció el 19 de febrero de 2021 con varios activistas, de negro, pidiendo una fecha concreta de aprobación de la Ley. Beatriz Batista lideraba la protesta. Del MINAG los invitaron a pasar —no sin que antes cuadros y empleados ensayaran un pequeño acto de repudio. Sheyla Chirino, entre los presentes, contó en sus redes que al rato de estar allí el director jurídico del MINAG, Orlando Díaz, “nos preguntó si queríamos dialogar, a lo que rápidamente respondimos que ¡claro que sí! Que para eso estábamos ahí”. En la institución les esperaban altos funcionarios. Chirino contó: “Fuimos tratados y tratamos con respeto siempre. Pero siendo claros en nuestras peticiones y reafirmando todo el tiempo que urge la ley, no puede seguirse postergando. Nos aseguraron que en febrero estará aprobada”.
Las reacciones públicas al encuentro fueron disímiles. El influencer cubanoamericano Alexander Otaola creyó que la policía política había preparado la reunión, pues el régimen no dialogaba con opositores a sus políticas. El Noticiero Estelar de la Televisión la mencionó, evitando decir que había ocurrido por presión de activistas en la calle. Una semana después, el Noticiero estatal publicó que el Consejo de Ministros firmó la Ley bienestarista. Esa noche del 26 de febrero de 2021 hubo júbilo en las casas de los protectores.
Henry Constantín, vicepresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, calificó lo ocurrido como una victoria para los protectores de animales.
Victoria para los que protestaron más de una vez en La Habana y en las redes. Victoria para Beatriz Batista, Javier Larrea, y tantos que se lanzaron en alma, y lo más peligroso, también en cuerpo, a la causa de defender a los animales en un país donde tantos se han acostumbrado a tratar como animales, incluso, a su gente.
Y añadió que lo del Decreto “será, como todas las victorias en Cuba, incompleta. Pero hay una pequeña victoria que se debe celebrar, para tomar bríos en pos de la próxima”.
En Santa Clara, Javier cambió su foto de perfil. Llevaba un pulóver especialmente impreso para la ocasión. En él podía leerse: “Se aprobó la Ley, pero la lucha sigue”.
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Todas las citas directas no referenciadas en el texto son parte de una entrevista con el autor. ↑
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Diario de Cuba, “Una marcha contra el maltrato animal ‘no es de interés del gobierno’”, YouTube, 29 de abril de 2019, https://n9.cl/0bwmk. ↑
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Adrián Rodríguez B., “Así se mata la iniciativa civil y se criminaliza a un cubano”, Diario de Cuba, 27 de mayo de 2019, https://n9.cl/45jtn. ↑
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Adrián Rodríguez B., “Un joven cubano quiere crear una red nacional de casas de tránsito y refugios para animales”, Diario de Cuba, 9 de enero de 2020, https://n9.cl/s9z59. ↑
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Yoe Suárez, “A consejo disciplinario el joven que quiso hacer una marcha por los animales en Santa Clara”, Diario de Cuba, 15 de junio de 2019, https://n9.cl/kuw7lr. ↑
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Ver, por ejemplo, Bienestar Animal Cuba, “Sin guiones: Blanca Rosa Blanco”, BAC Blog, 2 de abril de 2023, https://n9.cl/m6w21. ↑
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El Refugio (sitio web), https://n9.cl/imqh30. ↑
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Redacción El Universal, “‘Pura maldad’: Matar animales, un rito impune”, El Universal, 14 de agosto de 2015, https://n9.cl/xedd6. ↑
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Europa Press, “Gallos decapitados y corderos degollados en un ritual religioso en una vivienda de Chamartín”, El Mundo, 12 de octubre de 2019, https://n9.cl/dbnyk. ↑
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Redacción de CiberCuba, “Activista denuncia la venta de animales salvajes en Cuba: Un murciélago por 4000 pesos”, CiberCuba, 20 de enero de 2021, https://n9.cl/ulqle. ↑
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Martillando Cubano, “Defensa de los animales u otro intento de poner al pueblo de #Cuba contra el gobierno?”, YouTube, 20 de agosto de 2020, https://n9.cl/w0or8. ↑
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Alianet Beltrán Álvarez, “Aprobará Cuba política de bienestar animal en el presente año”, Agencia Cubana de Noticias, 1 de julio de 2020, https://n9.cl/o5v81z. ↑
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Redacción Cubacomenta, “Cuba: defensor de los animales amenazado por sus denuncias”, Cuballama Noticias, 26 de enero de 2021, https://n9.cl/i13ny. ↑
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Redacción de CiberCuba, “Periodista sobre envenenamiento de perros en Cuba: El problema no son los animales, es el miedo a una rebelión en la granja”, CiberCuba, 8 de febrero de 2021, https://n9.cl/mrf5i. ↑
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Redacción Cuba Noticias 360, “Animalistas cubanos se plantan pacíficamente en el Ministerio de Agricultura para exigir una fecha en la aprobación del decreto‑ley de Bienestar Animal”, Cuba Noticias 360, 19 de febrero de 2021, https://n9.cl/isjmf. ↑
