
En sus orígenes, la palabra griega estadio se refería a una antigua medida de longitud equivalente a entre 165 y 196 m, dependiendo de la mesura regional de pie. Aun cuando la evolución de estos coliseos ha respondido a las exigencias históricas de las celebraciones deportivas, en la actualidad existen parámetros establecidos por el Comité Olímpico Internacional, que deben ser rigurosamente respetados para validar cualquier resultado competitivo oficial. Si bien Cuba poseía numerosos terrenos de atletismo con anterioridad a la década del noventa, ninguno cumplía con todas las regulaciones olímpicas. Han transcurrido 35 años desde la celebración de los XI Juegos Deportivos Panamericanos, evento que movilizó una las tantas empresas faraónicas consumadas en el transcurso de la revolución. En 1991, tirarse de cabeza en una piscina sin comprobar que tenía agua, parecía una lección superada por los mayúsculos disparates socioeconómicos cometidos durante, justamente, 32 años atrás. Pero no, ese tipo de aprendizaje nunca fue compatible con la tozudez del autoritarismo insular.

Aun cuando las instalaciones erigidas o remozadas para los Panamericanos se encontraban dispersas por toda la ciudad, fue en el entorno marítimo de Cojímar —localidad costera perteneciente al municipio de La Habana del Este— donde se concibió el núcleo duro del evento, estableciendo como centro la Villa en la que se alojarían las delegaciones participantes, la cual fue ejecutada como prolongación urbanística del pintoresco poblado a orillas del mar. De todo aquel proyecto, el más importante escenario de demostraciones competitivas fue el estadio, secundado en las inmediaciones por el Velódromo Reinaldo Paseiro, el Complejo de Piscinas Baraguá y las Canchas de Tenis 19 de noviembre.

A pesar de la acelerada ejecución de muchas de las instalaciones atléticas y de su inacabada apariencia, entre las que se encontraba el estadio, este último contó con modernas pizarras electrónicas de información al público, un sofisticado sistema de audio, iluminación para las transmisiones televisivas a color vía satélite, y locales para el desempeño de la prensa nacional y extranjera. También dispuso de enfermerías, cafeterías y otros establecimientos gastronómicos, así como baños y taquillas para los atletas y personal de apoyo. Uno de los hitos publicitarios que lo ensalzó durante la celebración inaugural, fue el de su envergadura, con capacidad para 50 000 espectadores, parte de las que serían cubiertas por 35 000 asistentes durante la noche de estreno.

Luego de diecisiete años de descuido, la gigantesca estructura fue sometida a una reparación en 2008, siendo la pista su principal objeto de atención, que fue completamente sustituida, tomando en cuenta el avanzado estado de deterioro que presentaba. En su lugar se puso un nuevo pavimento sintético con el apoyo de la Federación Internacional de Atletismo y las gestiones estatales. La esmerada colocación de la nueva superficie requirió de un cuidadoso desmontaje de la anterior, con lo que se garantizaba la efectividad del reemplazo. En aquel entonces también fue dotado de un —según la prensa oficial— moderno gimnasio techado, que, en la práctica, nunca pasó de más de diez implementos de ejercitación. Lo hecho sirvió para que los miembros del Equipo Nacional de Atletismo entrenaran bajo el duro sol y sin las condiciones de servicio que exigían dichas prácticas, como la falta de agua para ducharse en las taquillas. Pero la ausencia de luces en el alumbrado del terreno, es el factor que más ha limitado los entrenamientos y las celebraciones de otros eventos en horarios nocturnos —aunque tampoco diurnos—, independientemente de la suciedad y la falta de mantenimiento de las extensas graderías.

En publicación fechada el 30 de septiembre de 2023 por 14yMedio, Nelson García ofrece un reportaje titulado: “El Estadio Panamericano, otra ruina de cemento y acero oxidado en el paisaje cubano”, recordando que la celebración de los Panamericanos aceleró la llegada de la crisis iniciada en los primeros años de la década del 90. Aunque la debacle era inevitable en el horizonte político-económico de la isla, el desgaste propiciado por esta y otras fanfarronerías, que estaban muy por encima de las posibilidades económicas del país —ya sin la subvención soviética—, precipitaron el gradual hundimiento que nos ha traído hasta hoy. Lo que acabó siendo uno de los mayores derroches inversionistas en la historia del país, sin una reparación capital en más de treinta años, han convertido el escenario de este coliseo en algo parecido a una ruina griega perdida en el Egeo.
Otros detalles de la publicación de 14yMedio, denuncian que un terreno tan grande alcanza para cualquier intención, de ahí que sea sitio de nocturnidad para merodeadores y trashumantes. La gente entra al estadio, como a cualquier otro espacio público abandonado del país, para aliviar sus necesidades de todo tipo. Su acceso principal cuenta con custodia temporal, pero la inmensidad del establecimiento impide, no solo su seguridad, sino su sistemático sostenimiento. Recuerdo al Tocopán, la mascota simbólica de aquellos juegos, y me la represento en bucle, corriendo las repeticiones infinitas de un despilfarro imposible de pagar.
