
Para mí es difícil leer como hace unos años. Cuando puedo, lo hago con la zozobra de quien se aplica a esa actividad en el borde de un acantilado. La degustación literaria en la Cuba de 2024, con el convoy de responsabilidades familiares, laborales y de sobrevivencia, implica un desgaste que antes no experimentaba. De modo que tenía un dilema entre manos desde que Miguel me prestó un ejemplar impreso de La isla vertical. También tuve en mi poder Mar Rojo, Mal Azul, pero ya aquello excedía mis capacidades, así que me zambullí con toda la energía de mi escaso tiempo en la más reciente de sus novelas.
La generosidad del cineasta y escritor me permitió extenderme en la lectura por varios meses, a pesar de lo cual terminé las últimas líneas el día antes de la devolución. A la tarde siguiente, un pertinaz aguacero dilató mi rápida visita, convirtiéndola en cinco horas de charla —con almuerzo incluido, lo que en este país constituye un acto sacrílego en nuestros días—. Mucha de mi percepción de la novela, que planificaba verter en un texto de corte ensayístico, allí mismo mutó en entrevista.
No me ha sorprendido encontrar suficientes referencias sobre La isla vertical en diversos espacios digitales. El mismo Miguel me mostró algunas a las que no pude acceder durante mi rastreo inicial, incluso las que le habían llegado a discreción. Parte de mis interrogantes quedaron parcialmente saldadas, encontrando en lo sucesivo más datos en las redes, de modo que quienes tengan interés en el tema no pasarán trabajo para recabar estos criterios online. Pero, más allá de las opiniones de terceros, ¿qué no se podrá hablar en cinco horas con un intelectual como Coyula? En ese tiempo, la periferia de su entramado intelectual se entretejió con los resultados de sus obras, bien sean audiovisuales o literarias. La presencia de Lynn Cruz esa tarde, con una mano tan refinada para la cocina como para el pensamiento y las artes, transfiguró aquella conversación a capela en una polifonía envidiable.

—Además de resultar alucinante en tanto imagen y concepto, ¿por qué es precisamente una estructura artificial la que asoma en La isla vertical como reducto de la humanidad?
—Un edificio es algo alienante, por pequeño que sea, si lo ves objetivamente es un panal donde muchas veces no puedes elegir a tus vecinos. Como arquitecto, mi papá siempre lamentó no haber podido diseñar su propia casa. Nací y viví la mayor parte de mi vida en el mismo edificio donde aún vivo, la vista del océano se volvió objeto de sueños y pesadillas.
Simultáneamente, cuando niño, que consumía tanta ciencia ficción catastrófica, desde Cataclismo en Iris, de los hermanos Strugatski, pero sobre todo en Baldíos (1981), conocida en Cuba como Yaltus, donde se derretía el hielo de los polos y subía el nivel del mar, era siempre una preocupación y de alguna forma estar en un edificio podría salvarte la vida. Aunque tuve varias pesadillas con olas gigantes que de todas formas lo cubrían todo. Pero esta era la primera obra donde estaba confinado a un espacio reducido, presumiblemente, el edificio se había vuelto como un pueblo donde todos se conocen. Pensé que sería un desafío después de la primera novela, Mar Rojo, Mal Azul, que tiene innumerables locaciones, al igual que las películas Memorias del Desarrollo o Corazón Azul. Pero el edificio de La isla… no es un pueblo pequeño donde todos se conocen. La idea era que esta estructura, a menudo laberíntica según la perspectiva del protagonista, es un espacio que ha heredado la incomunicación, desde su gestación, hasta el punto de que muchos personajes escuchan rumores sobre otros, pero permanecen zonas de oscuridad en muchas de sus habitaciones vacías, misterios que nunca son descifrados.
A pesar del nihilismo de la obra, en lo personal, creo en aspectos puntuales de la ciencia. Sería la forma más fácil de decir que creo en el ser humano, y aunque tenga grandes reservaciones de nuestra especie, reconozco que la ciencia y el arte nos salva. Si bien en el mundo actual gran parte de los avances tecnológicos son aplicados por industrias que rigen aspectos superficiales de la existencia. Un edificio de esa envergadura es siempre algo un tanto enajenante como interacción social. Por ello es una estructura artificial.
Desde un punto de vista metafísico, el edificio pudiera verse como que ha sido colocado también en este océano por el narrador omnisciente, evidenciando la propia construcción de la narración, estrategia que también está presente en la propia estructura de la novela.
—La cubierta que concebiste para la novela me remite a la mano de Dios dándole vida a Adán, de Miguel Ángel. Hay pues, de inicio, una lectura visual de la que se infieren los diferentes niveles y concentricidades que estamos abocados a compartir: desde la del autor, como artífice —empleando como recinto narrativo la imagen multiplicada de un edificio en ruinas del litoral habanero— pasando por la alusión a una torre de Babel varada en el océano que ha dejado el Diluvio. El lector-espectador se convierte así en cómplice de la mano divina que prepara el set. ¿Cuánto de bíblico hay en todas estas señales para asistir a una segunda Creación, luego del naufragio de la civilización?
—Realmente cuando llego a pasajes bíblicos es puramente por accidente, mi familia no tuvo una formación religiosa y generalmente no es una referencia que tenga en cuenta de forma racional. Por supuesto, en La isla… está el personaje Fidelio Acosta, que es un fanático, y su discurso si está permeado de estas referencias, aun cuando tiene una interpretación muy particular de las dinámicas de poder y del bien y el mal.
Pasé gran parte del tiempo libre de mi adolescencia en el edificio Riomar, lo he utilizado como locación desde mis primeros cortos, hasta Corazón Azul. El espacio tiene una fuerza poética increíble, subir al pent-house es como estar en la proa de un barco ruinoso, las curvas de sus pasillos y la cantidad de apartamentos a explorar, lo convierten en un lugar donde la noche puede ser terrible. Los arquitectos dicen que permanece en pie por estática milagrosa. Hay zonas por las que no se debe transitar, pero he pisado cada una de sus habitaciones.

Pudiera decirte que el edificio puede leerse como la isla de Cuba después de estos 60 años, pero no es algo que haya tenido en cuenta deliberadamente en el grueso de su concepción inicial. No está claro si la mano de la portada está colocando el edificio en el océano, o si lo sostiene para que no colapse. Me viene a la mente la imagen final de Solaris, donde el psicólogo, Kelvin, recrea su propia isla en el océano del planeta. La portada tiene muchas lecturas. La mano puede ser la mano del narrador, del padre de Marcos, de quien se menciona que es escritor, o del propio Marcos imaginando esa realidad post apocalíptica, desde este caos que llamamos “normalidad”.
—Te comentaba que, a mi juicio, uno de los elementos cardinales que guía la historia de esta novela es la estructura narrativa, en cuya dislocación modular y espaciotemporal estriba buena parte de la atención que le brinda el lector. La sensorialidad y el entretejido de los personajes crecen sobre este esqueleto de modo tan orgánico y elástico, a pesar de los saltos, que resulta virtualmente inadvertido. ¿Premeditaste esa estructura intercambiable desde el inicio, o es consecuencia de su dilatada concepción?
—Desde que la comencé a escribir en 2005 tuve claro que el argumento es bastante sencillo, así que necesitaba motivarme para generar una estructura más compleja. Estaba en un espacio restringido y necesitaba sabotear la subjetividad de Marcos como narrador, por eso entran otras voces narrativas, como el padre y el narrador omnisciente, que pudiera ser el padre, o el propio Marcos desde una realidad alternativa. También fue ideal para crear puntos conectores. Las estructuras que me interesan son atomísticas, se van engranando a partir de plantar semillas estratégicas, donde no necesariamente ves el árbol crecer o ramificarse, pues la narración está constantemente bombardeada por elipsis. Se trata de un mundo en descomposición, hambre, autofagia, y la sugerencia de alguna contaminación ambiental como posible responsable de estragos mentales. Siempre trato de buscar el mejor maridaje entre contenido y forma. Todo esto estaba presente, pero la distancia fue esencial para hilvanar mejor la estructura. Creo que, mi primera novela era mucho más ambiciosa en su trama, y pecaba en ocasiones de efectismos operáticos, pero esta segunda tiene menos grasa. El lenguaje está más depurado hasta despojar la narración de lirismos o excesos melodramáticos. Si ocasionalmente puede ser es bella, es algo que brota de su dureza.
—En la anterior entrevista que me concediste, básicamente referida a tu filmografía, di por entendido que los aspectos contextuales que figuran en tu obra de ficción, constituyen apropiaciones que no sólo cuestionan y atizan polémicas vigentes en nuestro ámbito insular, sino que pretenden trascender a una lectura universal. En el entramado de La isla vertical se ha producido un agujero controversial, de apenas cuatro cuartillas, que ha bastado para absorber la curiosidad de la crítica y buena parte de los lectores. Cuando asistimos en Cuba a la polarización y crispación político-social, básicamente articulada por intelectuales de diversos posicionamientos, ¿cómo percibes las interpretaciones que han hecho de este pasaje y de la novela en su totalidad?
—Francamente me resultó curioso, pues los propios protagonistas, seres también fallidos bajo el prisma de la corrección política, se encuentran envueltos en situaciones desde esa propia perspectiva mucho más grotescas o denigrantes que las descritas en esas cuatro cuartillas. Pero cuando te inspiras en figuras mediáticas del campo político, por supuesto vas a obtener reacciones adversas. La presentación en Madrid fue un suceso único y fascinante. No creo que exista otra presentación similar de una novela. La controversia es algo a lo que no ha escapado ninguna de mis creaciones. Es una ironía, mis películas no se proyectan en el Festival de La Habana, pero tampoco se han proyectado en el festival de Miami, a pesar de que han estado en festivales como Sundance, Moscú, o BAFICI, por mencionar algunos. Aunque también han sido censuradas en Bielorrusia, Buenos Aires, el Líbano y Marruecos, por diversas razones. Creo en un arte incómodo en todos los sentidos, por ello las alianzas políticas son un cáncer contra este tipo de creación. Siento un poco de vergüenza ajena por aquellos sin la capacidad de pensamiento crítico hacia la causa en que militan, sean de la oficialidad, o la oposición, pero igualmente operando bajo una narrativa maniquea donde solo existen héroes y villanos. Eso podrá ser útil para la política y el activismo, pero desde mi perspectiva, es una postura enemiga de la creación.
Recuerdo ahora cuando la gente me comentaba cuánto se había divertido con la desacralización de las figuras políticas en Nadie, pero todo era en privado. Con La isla vertical sucedía igual, gente que me confesaba cuánto había disfrutado los pasajes que mencionabas, pero nunca en una esfera pública.
Lo curioso es que en este caso el contenido político de esas cuartillas llegó primero simplemente por el hecho de que una huelga de hambre falsa, en un edificio donde el resto de sus habitantes están pasando hambre, me pareció una dinámica interesante dentro de ese contexto y fue el motor impulsor de esa sección. Por supuesto, las referencias son deliberadamente intencionales para quien conozca el contexto cubano. Obviamente yo no estaba en San Isidro cuando tuvo lugar la huelga de hambre de diez días de Luis Manuel Otero Alcántara, remitida en la prensa. Cuando varias personas comenzaron a comentar que fue falsa, me pareció material enjundioso para la trama y para seguir en la traducción de hibridar géneros, y reescribí esa sección como una sátira política. Aunque, por supuesto, el personaje de la novela no es un artista, sino el jefe de una mafia de pescadores.
Por ello, cuando comenzó a circular marcada en rojo la oración relacionada a la huelga falsa en la página 80 de la novela, me hizo pensar que había tocado un punto sensible para los involucrados. De otro modo, ¿por qué una reacción tan visceral? Sentí la euforia de haber descubierto otro tema incómodo por accidente, pero me sentí mal por vivir en un país donde se han llevado huelgas como la de Mella, Ariel Ruiz Urquiola u Orlando Zapata, quien la llevó hasta sus últimas consecuencias. Luego escuché comentarios tales como: “Eso no es importante” o “si el gobierno miente, ¿qué más da?”. No se puede combatir a una dictadura que ha mentido por décadas, con más mentiras. Si se piensa construir una sociedad mejor debe ser desde la transparencia.
Por ello, tomar como inspiración figuras políticas de cualquier bando, incluso en la ficción, sigue siendo un tema delicado para los comisarios culturales que insisten como razón de vida en instrumentalizar una narrativa determinada dentro y fuera de la isla, para un grupo mayoritario que, al igual que una religión, siempre tendrá necesidad genuina de héroes mesiánicos impolutos.
Hay por otro lado otros cubanos de generaciones anteriores, otros alejados del activismo más inmediato, o un amigo ruso que habla español perfecto, quienes no repararon en esas referencias, y eso me parece lógico, pues en definitiva son cuatro cuartillas en una novela de 158 páginas. Pero resumiendo, esas reacciones negativas son válidas, lo importante es que no te deje indiferente. Igual me parecen erradas desde sus perspectivas, pues lo que hicieron es llamar la atención sobre el propio tema que querían ocultar, ampliando de esta forma el interés sobre una novela que estaba destinada solamente a un nicho aún más pequeño. Pero debo reconocer que ha sido fascinante. Recibí incluso un polémico texto de 108 páginas, por un usuario de Facebook que no tiene rostro. El ensayo parece estar escrito al menos a cuatro manos (en paralelo con las múltiples voces narrativa de la novela).
Por supuesto, las lecturas que más me interesan van a lo que realmente está contando la novela, el fracaso de las relaciones humanas en el nihilismo existencialista de sus protagonistas, forzados por una situación límite, y las múltiples interpretaciones que sugiere la estructura. Destacan el polisémico análisis de Ángel Pérez, cuando leyó su ensayo “Crónica de un fracaso”, durante la presentación de la novela en La Habana, y el certero texto de Luis Álvarez, ambos centrados en la novela como una obra universal.
—Ya me convenciste de que este libro no es la antesala de una película. Entonces, ¿qué factor embrionario determina en tus procesos creativos que una obra tenga un desenlace cinematográfico o literario?
—Se dice que uno nunca debería decir “nunca”. Pero realmente siento que ya conté esa historia en formato literario, y me quedan otras historias por contar. A lo mejor al cabo de los años le doy la vuelta y la transformo en un audiovisual, pero realmente siento que utilicé el formato que quería. Es cierto que la novela tiene pasajes descriptivos muy cinematográficos, pero otros son monólogos interiores que resultaría difícil incorporar en un lenguaje cinematográfico con sus múltiples voces narrativas; también ver las imágenes, escuchar una voz, simplificaría la interpretación de quien es el narrador omnisciente, mientras en formato literario siempre queda la duda. Igual podría ser un desafío. Y desde el punto de vista de producción no sería tan compleja como Corazón Azul.

—Cuando la ciencia le viene pisando los talones a la literatura y el arte en materia de mutaciones, guerras y desastres ecológicos, ¿cómo clasificarías el género al que pertenece La isla vertical? ¿Es ciencia ficción? ¿Anticipación? Diferencio claramente estos términos, empleados por ahí arbitrariamente, porque el segundo de ellos carga consigo una lúgubre premonición.
—Eso le tocaría a un crítico. La única alusión a un mundo anterior es en la que Marcos se refiere al pasado, cuando el edificio fue construido “después del cambio que muchos llamaron democrático”. Esto es algo también deliberadamente ambiguo. ¿A cuál cambio histórico se refiere Marcos? ¿Se refiere al triunfo de la revolución cubana de 1959, o a una ucronía en algún momento posterior a la caída de la dictadura actual? Realmente no importa. En todas las épocas habrá siempre un grupo que llamará democracia al nuevo gobierno, hasta el punto que la palabra pierde significado, sobre todo en América Latina, tierra fértil para corrupciones endémicas en el poder.
Hay fenómenos que me rehúso a explicar, por ello la ciencia pierde importancia frente la ficción, como fenómeno para explorar los sueños. La isla vertical nace de un sueño, donde yo estaba en ese mundo, la sensación fue tan vívida y tuve que ponerme a escribir. Fue en el 2005, cuando estaba viviendo en Nueva York. Me senté a escribir la novela durante un mes, en inglés, de ahí el estilo pragmático en las descripciones, oraciones cortas, pensadas como un montaje cinematográfico. Pero pronto comenzaría a filmar Memorias del Desarrollo y La isla… se quedó varada, aunque ya tenía aproximadamente los primeros 3/4 de la novela. No fue hasta estar terminando Corazón Azul, a finales del 2020, mientas la computadora se tardaba horas en renderizar los efectos visuales, que vuelvo a retomar el texto mientras lo traducía al español. Ahí aparece el gran salto de la novela hacia la realidad alternativa, que mirado de otro modo bien podría ser la verdadera ucronía dentro del universo distópico de la novela. Cuando analizas el argumento es bastante escueto, pero el texto está construido para que nunca exista una explicación sencilla. Tampoco quise que el protagonista fuese un intelectual, para poder centrarme en su experiencia sensorial. Marcos es más bien un personaje neurótico, que a veces cree tener estándares muy altos, pero simultáneamente se siente mental y físicamente enfermo, y no comprende del todo su entorno; en un momento llama su existencia parasítica. Pienso en Memorias del Subsuelo, de Dostoievski, aunque realmente Marcos está inspirado, y en muchos detalles calcado, sobre una persona real. Afortunadamente mis amigos nunca se han tomado esto a la tremenda. Y es que, aunque incluso si utilizara el mismo nombre, se trata de poner a esa persona al servicio de una trama de ficción, o ciencia ficción. Por lo cual mi interpretación de esa persona en ese contexto ya no forma parte de la realidad.
La premonición tampoco me gusta demasiado, hay varias personas que me han dicho que Corazón Azul tiene varias. La explosión del hotel, antes del Saratoga; el asalto al ICRT, que en realidad fue inspirado por el asalto a Radio Reloj, pero el 11J se repitió, por mencionar sólo dos. Pero no me gusta pensar en esos términos, prefiero creer que es culpa del azar y que uno respira las energías de un momento. Y es que tanto Mar Rojo, Mal Azul como Cucarachas Rojas, Corazón Azul, y La isla vertical, conforman una suerte de tetralogía transmediática dentro del mismo universo, donde se sigue una cronología, aunque las historias de sus protagonistas casi nunca están entrelazadas. Quizás la excepción es el personaje de Nicholas Fredersen, quien en Cucarachas Rojas es un joven y ambicioso científico que sueña trabajar para DNA21, y en Corazón Azul es el responsable principal de los experimentos genéticos que giran los motores de buena parte de la trama. Pero La isla… no es realista. Un edificio por alto que fuera, no sería el único remanente sólido sobre el océano, tras una catástrofe similar. Habría otros, montañas, etc. Claro, si fuese a tomar lugar en La Habana, el hotel K sería un buen candidato. Por eso esa estructura ruinosa representa con todos sus recovecos, para mí, un espacio mental, un cerebro en descomposición.
—Tanto en Corazón Azul como en La isla vertical, el lapso de construcción que te has tomado ha sido bien extenso, en un mundo que tiende a acortar y mutilar resultados. Lejos de parecer un obstáculo, este particular en tu trabajo se advierte como un aliado. ¿Es el tiempo un ingrediente subrepticio de estas concepciones que pueden durar una década o más?
—Por supuesto la obra mejoró, las voces narrativas de Marcos y el narrador omnisciente entran en mayor conflicto. Creo que la concentración es algo difícil de mantener hoy en día, por ello es preciso minimizar tu existencia material para evitar distracciones. Esto es esencial para poder habitar por largo tiempo los universos de tu creación. Pero realmente el tiempo de trabajo en La isla… fue mucho menor. La retomé justo después de terminar Corazón Azul. A mediados 2021 ya estaba terminada. Por lo cual pase en ella aproximadamente cinco meses. Sólo que los últimos cuatro sí fueron de concentración absoluta.
—Marcos, Malva y Malu, más allá de sus perfiles psicológicos en el libro, tienen puntos de contacto con otros personajes de tu filmografía. Me hubiese gustado leer Mar Rojo, Mal Azul para tener una dimensión más abarcadora de lo que digo. Es distinguible en tu obra la construcción de individuos ateridos por circunstancias, bien sean naturales o artificiales, de las que les resulta difícil escapar. ¿Qué margen de libertad dejas para el futuro a un animal que responde a condicionantes biológicas, sociales y tecnológicas?
—En La isla vertical, por encima de cualquier otra obra mía, salvando quizás Memorias del Desarrollo, siento que es donde los protagonistas están más desarrollados como personajes, esto fue necesario precisamente por tener un espacio tan reducido. Pero el triángulo de Marcos, Malva y Malu, está de alguna forma en Mar Rojo, Mal Azul, en Cucarachas Rojas, y hasta brevemente en Corazón Azul. Es la eterna elección entre la estabilidad de una vida normal, y abrazar el caos de la existencia en toda su luz y oscuridad. Es el mismo conflicto entre la espontaneidad y la artificialidad, el maquillaje, la transformación, natural o artificial: amamos la ciencia, pero algunos tenemos conflictos para regresar a un estado analógico. Detesto las redes sociales, sólo entro a Facebook para compartir alguna noticia de trabajo, siento que es una pérdida de tiempo. Los influencers, youtubers, o creadores de contenido, están trabajando para ser amados en un presente efímero, rara vez se atisba profundidad porque la inmediatez del propio medio no lo permite. Se requiere un esfuerzo extra para evitar distracciones. Estamos en el mundo por un tiempo muy reducido. Trabajar de la forma que lo hago demanda una concentración muy grande, pues estás manejando los personajes y las estructuras hasta cuando duermes, y salir al mundo real tiene un costo; es preferible permanecer en tu mundo interior el mayor tiempo posible (algo complicado en Cuba), pero si hay que salir, no debería ser para un mundo virtual. Debemos atesorar el misterio de nuestro mundo interior, pues ese es el verdadero motor de la creación. El gran problema de muchas personas es que pasan tanto tiempo en las redes sociales, que a veces sustituyen el tiempo de su mundo interior con el mundo virtual.
Sobre los personajes principales de La isla…, Malu, a pesar de estar dañada por el entorno, es quizás el único personaje un tanto más positivo de la novela, si nos vamos a llevar por arquetipos de moralidad tradicional. Su naturaleza es esencialmente luminosa, pero su carácter es débil y permisivo, características que no tienen en un mundo brutal.
Marcos, por otro lado, es un tipo gris con inquietudes existenciales, pero sin una formación que le haya permitido cierta seguridad personal, y vive atormentado por contradicciones que casi lo paralizan. A diferencia de la frialdad metálica del narrador, el torrente de sus pensamientos es muchas veces dominado por un espíritu caótico y pasional. Recuerdo ahora el monólogo interior del protagonista de Seul Contre Touts (1998), de Gaspar Noe. Sin embargo, finalmente decide tomar acción. En 2008, durante la filmación de Memorias del Desarrollo (2010), el interior de la cabaña de Sergio en Utah se filmó en Connecticut en la granja del pintor Barnaby Rue. El espacio era una suerte de comuna hippie y abundaban los artistas. Barnaby tenía un sobrino con una gran angustia existencial y nos dijo con una sonrisa triste: “Gran parte de nuestra vida se limita a pasar el tiempo junto a personas cuya compañía no deseamos, y deseando estar junto otras que ya nunca estarán con nosotros”. No recuerdo su nombre. Unos años después pregunté por él a mi productor, y supe había muerto.
El comentario me impresionó hasta el punto que lo modifiqué para utilizarlo en una escena de Corazón Azul. Pero el drama de Marcos es similar, una inconformidad generalizada donde se borran las fronteras si el problema es el mundo, que incluye la disfuncionalidad de su familia, o su propia inadaptabilidad.
Malva es un ser cuyo funcionamiento es de una supervivencia biológica sin nociones de moralidad, donde las convenciones sociales son inexistentes. Por otro lado, está más allá del bien y del… mar. Es completamente fluida. Quizás por ello se ha adaptado a ese mundo. El mar fue el origen de la vida, pero desde esta perspectiva post apocalíptica, también puede ser un final para la especia humana, donde ella sería la única superviviente.
De igual forma, el personaje del narrador tampoco podía juzgar desde una superioridad humana, y su identidad queda a la interpretación de cada lector, pero detrás de su cinismo, se advierte su fracaso. En todo caso la inconformidad es algo que también se advierte en las cartas del padre de Marcos. Un aspecto narrativo más interesante en mi opinión, es cómo el narrador puede descalificar en ocasiones las acciones de Marcos, y en otras ocasiones Marcos descubre una realidad distinta a la que ha esbozado el narrador.
Me fascina lo desconocido. Creo que como especie es posible que la respuesta a nuestros problemas esté en otros mundos. A veces me identifico tremendamente con el astronauta al final de Memorias del Desarrollo. Sé que no es una posibilidad realista y que probablemente nuestra generación no pueda verlo, pero sé que ese futuro está ahí. Si ahora mismo abrieran una convocatoria para un viaje a otro planeta, aun sabiendo que no podría regresar, probablemente sería de los primeros en anotarme junto con mi cámara.
Pero sé que eso no va a ocurrir, lo importante es seguir buscando lo desconocido aquí, nuevas maneras de interpretar este mundo. No puedo opinar por los demás. Pero si no hay voluntad de riesgo en contenido y forma, el arte no tiene sentido para mí.
(Entrevista publicada originalmente el 22 de mayo de 2024 en Árbol Invertido, con el título: “No se puede combatir con mentiras a una dictadura que ha mentido por décadas”)
