
El matrimonio de Mario Félix Lleonart y Yoaxis Marcheco invirtió tiempo y fuerzas en narrar e intentar encaminar a Cuba en la libertad de los hombres y la libertad de Dios. Lleonart nació en 1975 en una familia bautista. Entonces muchos creyentes se debatían si huir de Cuba, o quedarse y sufrir persecución, también si debían mostrar más o menos sus sentimientos religiosos en la esfera pública.
Los padres de Lleonart no temían ir a la iglesia. Su coraje influyó en el hombre que sería. La comunidad de fe lo enriqueció, sobre todo en la educación, basada en valores cristianos que lo mantuvo a salvo de la tara escolar oficial[1]: la idolatría a Castro, el Partido, el Socialismo.
El primer choque cultural en la memoria de Lleonart llegó temprano, en 1980, a los cinco. So pena de cárcel, sus padres lo entregaron al centralizado sistema escolar estatal: fiel a enclaustrar doctrinalmente a los más jóvenes en una “educación pública y gratuita” unida a la producción material[2], con niños en labores agrícolas cuyo beneficio final tributaba al Estado. En la primera semana de aulas de Lleonart, el maestro preguntó a los alumnos quién era religioso. No estaba preparado para responder. Sus padres le habían protegido de la cultura hostil fuera del hogar, y no le habían advertido que la educación que recibiría del Estado tenía el fin de erradicar su fe, ese rezago de la sociedad burguesa. A su mente infantil le avergonzaba caer en la categoría de “aleluyos” o “contrarrevolucionarios” que repetían los medios y discursos de líderes políticos. Ningún niño alzó la mano. Y Lleonart se negó a confesar su fe. Aquel momento supuso para él una temprana crisis de conciencia. Martilló por días su mente. Con cinco años sabía que algo mal había hecho, como Pedro tras la crucifixión. “Ese día se rompió mi inocencia y me prometí que nunca más, si volvían a preguntarme, quedaría en silencio”[3].
En su infancia oyó burlas de profesores que le preguntaban lo mismo, ya enterados de que seguía a Cristo. Pero esa discriminación, que pretendía aislarlo, tuvo un efecto contrario. Su carácter sociable atraía a otros y con paciencia explicaba la fe que los adultos cuestionaban.
La historia de fe de Marcheco, nacida en 1973, también inició en la infancia. María Pepa, una miembro de la Iglesia metodista de Mayarí, Holguín, le predicó de Dios. El patio de su casa colindaba con el de la escuela donde Marcheco estudió del primer al tercer grado. María Pepa aprovechaba el horario de receso para hablarle a los niños de Cristo. Luego fue su primera maestra de Escuela Dominical. Cada domingo, cuando ella regresaba del servicio, la niña iba a su casa y allí recibía la lección que le había impartido a otros de su edad en la iglesia.
En aquel momento congregarse podía tener serias repercusiones en la vida de un cubano, ya fuera en sus trabajos o para continuar los estudios en las universidades y eran monitoreados en los CDR. Por eso los padres de Marcheco la dejaban ir a casa de María Pepa, pero no a la iglesia. La primera vez que pisó el templo metodista de su pueblo natal fue de adolescente. Atesora ese día como uno muy feliz.
No olvida a Raúl Parra Delgado, un compañero de aula que predicaba a otros jóvenes sin temor, y la inspiró a ir a la iglesia a tomar las lecciones bíblicas que por años recibió en secreto.
Otra persona clave en la formación de Marcheco fue, en su vida preuniversitaria, un maestro de Marxismo. Lo conoció esporádicamente en un concurso donde él era parte del jurado. Le preguntó cómo ella actuaría sí veía a un grupo de personas protestando en las calles. Sin entender bien la naturaleza de la pregunta, alegó que se suponía que las calles en Cuba eran solo de los revolucionarios. Marcheco usó el verbo “suponer”. No estaba segura de su respuesta. El hombre, sereno le contestó: “las calles en Cuba deberían ser de todos los cubanos, ¿no te parece?” Ese día sembró una inquietud en la conciencia que no la abandonó. Al pasar de los años, reflexionó que, en aquel profesor, si ya no lo era, estaba brotando un opositor. En ella también.
La universidad y un despertar cívico
En 1992, caído el Muro de Berlín y aislada Cuba, Fidel Castro enmendó la Constitución de 1976. Originalmente, el texto constitucional decía en su Artículo 54:
El Estado socialista, que basa su actividad y educa al pueblo en la concepción científica materialista del universo, reconoce y garantiza la libertad de conciencia, el derecho de cada uno a profesar cualquier creencia religiosa y a practicar, dentro del respeto a la ley, el culto de su preferencia. La ley regula las actividades de las instituciones religiosas.
Es ilegal y punible oponer la fe o la creencia religiosa a la Revolución, a la educación o al cumplimiento de los deberes de trabajar, defender la patria con las armas, reverenciar sus símbolos y los demás deberes establecidos por la Constitución[4].
Con la Reforma constitucional de 1992 se eliminó lo anterior y se añadió un nuevo texto que ocupaba el Artículo 8 con lo siguiente: “El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa. En la República de Cuba, las instituciones religiosas están separadas del Estado. Las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración”[5].
En otras palabras, el Estado pasó de ser ateo a laico. Era apenas un amago de “cambios”, como si el Socialismo hubiera ordenado a sus funcionarios no despreciar a los cristianos tan evidentemente.
Así, la frecuente asistencia al templo que tanto Lleonart como Marcheco habían desarrollado, cada uno en su provincia y aun sin conocerse, no impidió que entraran a la universidad. Fue un momento de desconfianza: al mismo grupo social que por décadas se le había prohibido acceder a varias carreras, ahora se le entreabría el portón de hierro de la educación superior.
En la dura década de 1990, con 18 años, Lleonart se debatía entre prepararse para el pastorado en el Seminario Teológico Bautista de La Habana, o cursar estudios seculares a nivel universitario. Los exámenes de ingreso para los segundos coincidían con las entrevistas de entrada al Seminario. “Me fue una excusa para intentar eludir el llamado divino, aunque Dios tenía su plan”, confesó.
En el turbulento 1994, cuando cientos protestaron contra el castrismo en el Maleconazo, Lleonart entró a la carrera de Información Científico Técnica y Bibliotecología. Estudiaría en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, ubicada en la señorial Avenida G.
Allí conoció a Marcheco en 1995, que había viajado desde el Oriente de la isla a estudiar la misma disciplina. El amor brotó en el más agreste escenario: la crisis económica conocida como Período Especial arreciaba, y los hambreados estudiantes pasaban mil necesidades. Muchos comenzaron a conectar los puntos: la pésima situación económica era resultado directo de eventos internacionales, sí, pero también de un sistema socialista negado a liberar la economía.
En el caso particular de Marcheco, sus ojos críticos se abrieron aún más al interactuar con una prima nacida y criada en la capital y un grupo de jóvenes habaneros que “hablaban las cosas como eran”. Allí por primera vez oyó a alguien decir “abajo Fidel”. Fue el momento en el que definió algo que venía sintiendo desde la adolescencia: era anticomunista. Empezó a sentirse feliz si los comunistas no la enrolaban en reuniones escolares, fue apática a cuanta actividad se convocaba en la universidad, sentía orgullo de ser reconocida como gusana.
En una oportunidad Ricardo Alarcón, presidente de la ANPP, buscó piso por piso de la Residencia estudiantil en las calles F y 3ra a los becados para que asistieran a “elecciones” celebradas por el sistema. Marcheco recuerda que era obligatorio participar y votar por todos los candidatos que el castrismo proponía. Frente a Alarcón se negó a participar del espectáculo que, vehemente, criticó.
Antes de conocer a Mario, junto a dos amigas de la carrera, “fundó” el Partido Locomista, de los locos, una parodia del Comunista, una broma en serio. Pero el socialismo no entiende de humor (no en vano la primera publicación que prohibió en Cuba fue la humorística Zig-zag). La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) llamó a contar a las locomistas por aquella sospechosa idea. Leían poemas y cantaban. Tenía un idioma inspirado en el latín con el que hablaban sin que otros entendieran. Eran las ovejas negras del grupo universitario —epíteto con que aún hoy se recuerdan. “Nos dimos el lujo de ejercer la libertad en un mundo lleno de censura y control”, contó Marcheco.
De su lado, al joven Lleonart le impactó políticamente ver, televisada en el verano de 1997, la campaña contra Félix Bonne Carcassés, Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez Manzano y Vladimiro Roca, condenados a entre tres y cinco años de prisión por firmar el texto “La Patria es de todos”. Uno de sus párrafos refería:
El hombre no puede vivir de la historia, que es lo mismo que vivir del cuento; se necesitan bienes materiales, satisfacer su espiritualidad y de hecho poder mirar al futuro con expectativas pero, además, un espacio que todos conocemos como libertad[6].
Lleonart, desde entonces, se volvió admirador y seguidor de aquellos activistas. Lo que buscaba ser un escarmiento público, tuvo un efecto boomerang: fue propaganda gratuita que atrajo curiosidad, atención y simpatías. Lleonart cree que “La Patria es de todos” representó un hecho significativo en el despertar y empoderamiento de la sociedad civil cubana[7].
Egresado de la carrera en 1999, su vida cambió drástica y providencialmente de dirección.
En 2000, misionó y plantó iglesias junto al ministerio estadounidense Layman’s Walk Ministries. De allí nació la congregación del batey Rosalía, de la que, junto a la Iglesia Bautista de Taguayabón, ambas en la provincia Villa Clara, fue ordenado pastor por la ACBCOcc en 2006.
Un año después completó una Maestría por la Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos. Asimismo, tomó cursos de capellanía carcelaria en el liberal Seminario Teológico de Matanzas. Todas esas experiencias lo hicieron comprender las luces y miserias del panorama religioso cubano. Le permitirían calibrar quiénes defendían la labor profética eclesial, quiénes estaban enchufados al poder, quiénes alzaban la cruz y quiénes lustraban con ella las botas de los militares.
Resistencia al totalitarismo
En 2002 el Proyecto Varela llevó a Lleonart a la línea de fuego: fue uno de los recolectores de firmas. La iniciativa de Oswaldo Payá y un grupo de activistas, logró reunir las necesarias para presentar a la ANPP una propuesta de plebiscitar cambios políticos democratizadores. Promover cambios por vías legales aprovechando grietas el propio sistema, fue un parteaguas nacional. Tanto así, que Lleonart lo relaciona como causa de la represión posterior, conocida como Primavera Negra, en 2003, cuando el Estado confinó a 75 opositores, más de la mitad involucrados en el Proyecto Varela. Y, en 2012, precipitaría el asesinato de Payá y Harold Cepero.
Marcheco sumó su firma, sin medir las posibles consecuencias. Tampoco midió las consecuencias cuando en ese mismo año se negó a firmar aquella respuesta oficialista al Proyecto Varela que fue la declaración del carácter irrevocable del Socialismo en Cuba. Le parecía una aberración pretender imponer el Socialismo por la eternidad.
En septiembre de 2009 el matrimonio recibió en su casa a los periodistas independientes Reinaldo Escobar y su esposa Yoani Sánchez, una visita que le costó a Marcheco un empleo estatal donde combinaba su tiempo como pastora de la congregación bautista de Taguayabón.
La policía vigilaba a los disidentes y castigaba a quienes se reunieran con ellos.
En ese punto, donde había perdido tanto de un manotazo, comenzó a escribir en su blog Isla Interior, en Religión en Revolución, en Cubano Confesante, en las revistas Convivencia y La Rosa Blanca, y en el diario CubaNet. Junto a Lleonart participó en un curso que Yoani Sánchez celebraba en su casa para enseñar a líderes de la sociedad civil a usar Twitter (X) a ciegas, desde un celular arcaico de teclas con más de una función.
Con ese teléfono Marcheco emitió sus primeros mensajes al mundo exterior. Se lo obsequió el preso político y Vicario general del Catolicado Ortodoxo Romano Bizantino de Cuba, Ricardo Santiago Medina Salabarría. Con él y su esposa, Marcheco y Lleonart compartieron tormentas[8].
Medina Salabarría llevaba un blog, e integraba la resistencia pacífica desde los 1990. Al salir de la cárcel asumió como Secretario de atención a presos políticos del Partido Cuba Independiente y Democrática —volvía a las prisiones donde tanto sufrió a visitar a quienes estaban en desgracia. Aquella unión de responsabilidad religiosa y social inspiró al matrimonio bautista de Taguayabón.
El viejo celular de teclas no es el único artefacto que trae buenas memorias a Marcheco. También recuerda su primera laptop, ganada en un concurso que los editores cubanoamericanos Idabell Rosales y Armando Añel lanzaron en Twitter. Consistía en resumir en 140 caracteres los deseos para Cuba. Aquella máquina fue muy útil para su activismo, hasta caer en manos de la policía un día de 2014, cuando la detuvieron con Lleonart en una céntrica calle de la ciudad de Camajuaní.
A pesar de la represión, consideran únicos esos primeros años de activismo. Entre otras cosas, por la armonía entre los opositores más conocidos. Recuerda verlos a todos en las tertulias de la organización Estado de Sats, o en la sala de Yoani y Reinaldo Escobar. Las iniciativas llovían.
Marcheco conoció a varias Damas de Blanco y presos políticos de la Primavera Negra como Iván Hernández Carrillo, Ángel Moya, Félix Navarro, Eduardo Díaz Fleitas. A José Daniel Ferrer lo recibieron Lleonart y ella en la casa pastoral; viajaron a la sede del think tank Convivencia, en Pinar del Río. Tantas cosas, tantas personas. Todo lo apostilla con el calificativo de un honor.
El matrimonio creció en la paternidad y la maternidad, en la labor pastoral, en temores y angustias, en la aventura y el deber cívico.
Lleonart acabó convirtiéndose en un rostro reconocible para hermanos de causa y represores. Como mismo la isla vivía un periodo de insurrección cívica, Lleonart en lo personal experimentaba algo similar. El país y el pastor respiraban a la vez.
Desde su fundación en 2013, Lleonart participó en el Proyecto Emilia, algo que le permitió interactuar de cerca con otros líderes históricos de la oposición al totalitarismo, como Oscar Elías Biscet. Ambos se harían grandes amigos. La iniciativa, que proponía un plan de transición a la democracia, declaraba ilegítimo al régimen y sus fuentes administrativas de poder, desde la ANPP, el Gobierno, el Sistema Judicial, hasta su única fuente de derecho, el PCC.
En el Proyecto Varela y en el Emilia Lleonart sumó a fieles de varios cultos. “La fe es uno de los principales combustibles al servicio del pueblo para transformar realidades circundantes”, dijo.
En 2014, en la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá, firmó la ratificación y expansión del influyente pacto entre grupos disidentes conocido como “Acuerdo para la democracia en Cuba en la diáspora”[9], gestado a finales de los años 1990 y que unió a más de 76 organizaciones de la isla y el exterior, en un compromiso de respetar la democracia en una era postcastrista.
Lleonart también se unió en 2015, junto a 23 organizaciones opositoras de dentro de Cuba y 32 del exilio, al lanzamiento de Encuentro Nacional Cubano (ENC)[10] y la Declaración de San Juan, que planteaba la restauración de los derechos ciudadanos, así como la excarcelación incondicional de los presos políticos y la derogación de leyes que atentaran contra las libertades fundamentales. El pastor coordinó ENC en Cuba de 2015 a 2016. Recorrió la isla aunando esfuerzos de entidades de la sociedad civil independiente, tendiendo puentes entre quienes estaban dentro y fuera. Después se unió a la promoción de Cuba Decide, ONG que aboga por un plebiscito en el que los nacionales decidan si quieren o no cambiar el sistema Socialista.
Siguiendo el intenso activismo de Lleonart podría trazarse una genealogía de la disidencia organizada en la Cuba a inicios del siglo XXI. La lista de iniciativas en las que participó no fue estéril; todas, dijo, “incidieron en inclinar la balanza hacia la democratización de la mentalidad de la sociedad civil cubana como requisito previo a la democratización de la nación”. Todas contribuían a un diálogo generacional entre cubanos, necesario para la transición. Un diálogo, primero, entre las mismas organizaciones de la sociedad civil, dos, entre las organizaciones y la ciudadanía y, tres, entre las organizaciones y el régimen[11].
Lleonart cree que entre los principales obstáculos para un mayor alcance de las iniciativas estaban la falta de planificación estratégica, exiguos recursos y la aceitada maquinaria represiva oficial. En ese contexto, Lleonart creía que la iglesia cubana debía ser sal y luz, elementos agresivos, no pasivos, que transforman las realidades donde están presentes. Jesús utilizaba esos símbolos para describir el rol de la Iglesia en cualquier contexto: de ser causa y transformar. Cambiar esos roles, según el líder bautista, era entregar el lugar a las tinieblas, y convertirse en mero efecto.
Creía que, en las circunstancias del castrismo, que oprime al mismo pueblo al que la Iglesia está llamada a ministrar, esa institución no tiene como opción poner el candelero bajo el almud. Para Lleonart, la raíz de los males de Cuba era espiritual y, así, requería respuestas espirituales; que la élite Socialista no representaba, el caso de un buen gobierno que merecía se orara por él, a no ser que se orara y actuara al tiempo para su caída; que en la cerrazón por el COVID-19, la Iglesia callara o peor, se recluyera atomizada, en casa, acatando prohibiciones. Recordó que, ni siquiera bajo Nerón y Domiciano los cristianos dejaron de reunirse y, así, surgieron las catacumbas, que ni las mentiras del emperador culpándolos por el incendio de Roma, ni la violencia en el circo lograron silenciarlos o someterlos. Por encima de obedecer al César, estaba obedecer a Dios.
Como ya otros líderes religiosos lo habían manifestado en su discurso público, Lleonart calificó al sistema como satánico, que dañaba toda la nación cubana, la que estaba dentro y al exilio.
Contar, cronicar
Lleonart lo tuvo claro siempre. La policía política enfilaría los cañones contra su esposa y familia. Temió, cuando empezaron las amenazas más claras en 2009, que induciéndole un miedo mayor, ella fuera un instrumento para desestimularlo a ser fiel a sus principios, que su temor se multiplicara por cuatro (por ella, su esposo y las dos hijas), que se quebrara el matrimonio.
Los negros propósitos de la Oficina [de Asuntos Religiosos del PCC] no han tenido lugar: ni mi Eva me amordazó, ni se rompió mi matrimonio. Aquí estamos juntos como un desafío más contra este mal gobierno. Porque como dije a esos hermanos que me visitaron: si ustedes hubieran venido a convencerme a mí con argumentos sólidos de que yo estaba mal juzgando a un buen gobierno, tal vez hubiesen conseguido algo en modificar mi firme posición profética; pero si han venido para pasarme el mensaje de que al resto de las atrocidades ya notorias al mundo entero estos pistoleros que han tomado el dominio de un país a su antojo, amenazan también la integridad física o psicológica de un par de hermosas niñas y de una inofensiva mujer, todo a cambio de unas simples y mesuradas palabras, entonces, lamentablemente, yo estaba en lo cierto, pero que como ahora la guerra es en contra de mi propia familia, esa que Dios me ha asignado primordialmente para defender y sostener, ahora ya no habrá retroceso[12].
Marcheco encontró en cronicar una vía para desahogarse. En su blog Isla Interior describió una Cuba desde las arterias, una desconocida por los turistas, una que pretendían obviar algunos gobiernos e instituciones internacionales, país silenciado por algunos hombres, pero conocido y apreciado por Dios, escribió. En la primera década del siglo XXI creía que ese pedazo de tierra empezaba a susurrar, y del susurro pasaría al grito, a la protesta.
Sus crónicas nacían isla adentro, no solo por la referencia espacial del pueblo “del interior” donde vivía, Taguayabón, sino también desde Marcheco misma, desde la isla que es cada individuo y que el colectivismo socialista había tratado de amalgamar.
En la primera publicación de su blog escribió:
En medio de tanto mar y tanta asfixia interior y siguiendo el ejemplo de buenos cubanos que en la misma boca de la fiera decidieron aplastar sus ataduras y abrir sus labios y corazones para expresarse, es que decido sobreponerme a todo miedo.
Era el boom de esos espacios, donde autores independientes exponían, sin arreos de censura estatal, con lecturas autodidactas, personales, un país complejo. Marcheco lo hizo desde la fe.
Igualmente, Lleonart desarrolló en Cuba un activismo articulista; una senda natural que ya había desarrollado en la oratoria, con el estudio de la hermenéutica y el discurso oral.
Aquel camino tuvo su antecedente en el blog Religión en Revolución, pionero de un periodismo de opinión sistemático y crítico desde la comunidad de fe, contra la dictadura. Para 2010 Lleonart había dado un salto de autonomía editorial, al fundar su propio blog, Cubano Confesante.
El escritor y editor exiliado Armando Añel, contó a Lleonart entre los más dinámicos y lúcidos opositores al sistema en la sociedad civil cubana. Aplaudía, especialmente, sus crónicas en WordPress, “un clamor de esperanza” que acercaba, “por añadidura, a la trayectoria vital de quien también es un pastor ejemplar: uno que tuvo la generosidad no solo de guiar a sus ovejas, sino de enfrentar directamente a la rabiosa jauría que las desangra”[13].
Cuando fundó Cubano Confesante había en Cuba un boom de blogs, preconizando la ola de medios no estatales. El título del de Lleonart auguró frontalidad al castrismo, como aquella Iglesia Confesante que se alzó contra el Nacional Socialismo y costó la vida a Dietrich Bonhoeffer. Lleonart lo testimonió así en su presentación del blog: “Yo también me paro sobre la brecha que es el roto puente de mi pueblo con nombre indígena, Taguayabón, para denunciar las causas que contaminan sus cada vez más escasas aguas, y para anunciar ríos de agua viva”. Escribió sobre Cuba, siempre desde el lente cristiano, mezclando historias políticas en la isla con las de creyentes valientes y martirizados. Atendió a los sucesos más importantes del momento. Al huelguista de hambre Orlando Zapata Tamayo, que el régimen dejó morir, lo comparó con el religioso Miguel Servet, injustamente llevado a la hoguera en Suiza. Ambos muertos con 42 años.
El 9 de octubre Lleonart se embarcó en un viaje hacia la ciudad oriental de Banes, logrando evadir dos cercos policiales, para orar y consolar en lo posible a Reina Luisa Tamayo, madre del opositor. Calificó llegar a la casa como “un verdadero milagro”. Allí habló a dos de los hermanos y sobrinos del mártir, “a todos los abracé como si siempre los hubiese conocido, y luego de presentarme tuve la bendición de orar con ellos y por ellos sintiendo su afecto entrañable”[14]. Al día siguiente, como cada domingo, los familiares intentarían caminar a una iglesia y al cementerio donde Zapata Tamayo fue sepultado.
Cubano Confesante también apuntó a instituciones que le hacían el juego al totalitarismo.
El 24 de septiembre de 2010 el oficialista CIC lanzó, bajo el título “Herederos de la paz de Cristo”, un llamado a “toda persona amante de la paz”, a crear redes alternativas a grandes medios usando correos electrónicos, blogs, perfiles de Facebook o Twitter, para difundir “los daños que las guerras pueden infligir a la humanidad, al clima y a la vida del planeta en general”.
Irónico, Lleonart contestó: “acepto el reto”. Recalcó que su blog dedicaría a ello sus esfuerzos. Era
contraproducente que el CIC se declare responsable de la paz mundial y reconozca que esta se basa en la fraternidad que debe existir entre todos los seres humanos, porque somos hijas e hijos de un solo Dios; y sin embargo pase por alto la tensa situación en su propio patio. Es como si todo estuviese en desorden en la casa y pretendiera procurársele en el vecindario.
Cubano Confesante recordó que la isla de inicios del siglo XXI vivía “cada día una lamentable guerra interna”, reflejada en altas estadísticas de suicidios, padecimientos psiquiátricos, abortos, divorcios, desconfianzas, delaciones, robos, y “el popular ‘quítate tú para ponerme yo’”. Y en esa tensión de la que culpaba al “desgobierno” castrista, “lo único que falta es plomo y pólvora”.
Lleonart recordó que mucho antes que el CIC lanzara su “desafío” varios cubanos intentaban acceder a Internet para burlar el monopolio informativo estatal, y por ello eran censurados.
¿No tiene en cuenta tampoco la falta de acceso a Internet de la mayoría de la población que, además, no puede ni pensar en ello por la primaria preocupación del que voy a llevarme hoy a la boca? ¿Por qué no cuestiona al desgobierno por bloquear la mayor parte de estos esfuerzos ciudadanos?
De Fidel Castro dijo que fue un peligro para la paz mundial. No erraba si se cuentan los intentos de exportar la revolución al Tercer Mundo y el entrenar y acoger terroristas en la isla.
El talento del pastor para comunicar lo llevó, en 2017, a inaugurar un programa radial de 15 minutos también llamado Cubano Confesante, que fielmente produce desde una perspectiva profética y bíblica. La emisora Radio República lo transmite por onda corta.
Cuando el acceso a Internet en Cuba aún no estaba extendido, el pastor fue de los primeros usuarios en la isla que concibió un uso periódico y político de su cuenta de Twitter.
El 5 de mayo de 2011 el opositor Juan Alfredo Soto García fue golpeado por la policía cerca del Parque “Leoncio Vidal”, de la ciudad de Santa Clara. Lleonart lo supo, y twitteó la denuncia. Horas después, Soto García murió. La publicación apuntaba al régimen como culpable.
El diario del PCC, Granma, publicó varios editoriales diciendo que personas inescrupulosas habían mentido. Lleonart se defendió respondiendo desde su blog: pidió una investigación imparcial de lo sucedido, porque el Tribunal Provisional de Santa Clara había pasado el caso a Fiscalía Militar[15]. El régimen no se juzgaría a sus propios uniformados. Aquel tuit, dice Marcheco catalizó una escalada contra la familia. Ya no tendrían más paz.
Las autoridades de Taguayabón presionaban a los bautistas para que dejaran de asistir a la iglesia del pastor contrarrevolucionario. Para Lleonart y su esposa, hubo citaciones y detenciones. “Ser consecuente con la fe deriva en no acatar silenciosamente el estado de cosas en Cuba, sino que exige levantar la voz y ser parte activa del cambio”, dijo Lleonart[16].
Mario fue un activo denunciante de violaciones a los derechos humanos desde el interior de la isla, especialmente aquellos contra la libertad religiosa, tanto en el escenario digital como físico. Su tesón inspiró a varios amigos a hacer lo mismo. Entendiendo el poder de la comunicación para el cambio social, Lleonart participó en la fundación de medios independientes, más allá de los blogs, como Cuadernos de Pensamiento Plural y la revista juvenil Nota de Cielo. El primero proveía un espacio de interacción entre intelectuales. El segundo buscaba crear un puente entre jóvenes y adolescentes cubanos con sus similares en República Checa, e incentivar la práctica del periodismo independiente entre creyentes[17].
El propio Lleonart entrevistó a varias personalidades nacionales e internacionales para esa publicación. La escritora de ciencia ficción Daína Chaviano, el periodista cristiano Oscander Rodríguez Frómeta, el artista y cantante David de Omni, la rapera Danay Suárez, y Madeleine Albright, la primera mujer que llegara a ser Secretario de Estado estadounidense. Varias de esas conversaciones acabaron formando parte del libro Doce entrevistas para Nota del Cielo[18].
Si bien a la larga ambos proyectos acabaron en pausa por la falta de fondos o el retiro de alguno, sus núcleos gestores se mantenían activos y dispuestos aún con Lleonart en el exilio.
El Instituto Patmos y la esperanza
El 2 de febrero de 2013, durante la celebración por el 74 aniversario de la Iglesia Bautista de Taguayabón, varios líderes religiosos junto a Marcheco y Lleonart fundaron el Instituto Patmos. Para él, las iglesias eran escuelas de democracia, y en momentos cruciales de la historia nacional, la cubana no tenía por qué ser la excepción[19].
Marcheco describe vívidamente ese momento genesíaco como una noche interesante y desafiante. No había un solo banco vacío en el templo. Estaban presentes varios pastores de iglesias vecinas e, incluso, algunos opositores locales.
Patmos priorizó, desde su nacimiento, cuatro objetivos: la defensa y el monitoreo de la libertad religiosa, la educación en derechos humanos, el diálogo interreligioso y la incidencia política. Su nacimiento fue resultado de consideraciones de pastores de distintas comunidades de fe[20].
El Instituto nunca tuvo una lista de miembros, sino una estructura informal que ha logrado escapar de la fatiga inducida por la persecución, y acaba gran parte de los proyectos independientes en la isla. El suyo es un trabajo de catacumbas, clandestino y en red, para documentar y enviar a entidades internacionales casos contra la fe del cubano, no solo la de los cristianos.
Patmos creció a tal punto, que tenía varias representaciones en toda Cuba, y realizó foros de discusión o debates entre personas de diferentes credos e ideas. En dos participó Oscar Elías Biscet, opositor y activista provida que defendió el Creacionismo; en otros fue panelista el intelectual ateo José Gabriel Barrenechea, colaborador asiduo del Instituto y amigo de Lleonart.
Uno de esos foros se llevó a cabo en el Seminario Bautista “Luis Manuel González Peña”, en la ciudad de Santa Clara, donde Lleonart y Marcheco fueron profesores. Poco después celebraron otro, cuyo tema fue el derecho a la Vida, en la Iglesia católica de los Capuchinos, en Santa Clara —Marcheco recuerda que ese día la policía rodeó el templo y acosó a un cura que facilitó el evento.
Esa influencia, capaz de organizar y unificar a gente separada doctrinalmente, alteró al régimen. Lleonart sufrió reclusiones domiciliarias. El régimen no quería que saliera de su vivienda. En la reja de la casa pastoral el bautista puso un día un cartel: “La casa no es calabozo”.
Interrogado después de una detención en La Habana, un oficial le acusó de ser agente del Mossad, la agencia israelí de Inteligencia. El pastor dio un manotazo en la mesa que los separaba y respondió, indignado: “Más le vale que sea espía del Mossad, y no un hijo del Dios viviente”.
En marzo de 2016, cuando el presidente estadounidense Barack Obama aterrizaba en Cuba, el país estaba henchido de expectación. Para el Estado, la primera visita de un mandatario estadounidense en funciones a la isla Socialista no podía empañarse con reclamos públicos de derechos humanos. Lleonart notó que su casa e iglesia estaban bajo una fuerte vigilancia. Según Marcheco, llevaban días rodeados por efectivos policiales, sin poder salir. Patrullas, jeeps, hombres de civil.
Aquel Domingo de Resurrección, después de la escuela dominical, Lleonart decidió ejercer su derecho al libre movimiento. Salió de la casa, y Marcheco lo siguió, celular en mano, para documentar lo que intuían que pasaría. Su hija Rachel, de ocho años, iba al lado suyo. Cuando los militares se lanzaron sobre el pastor para inmovilizarlo y montarlo en la patrulla, la niña comenzó a llorar. Marcheco trató de calmarla y, a la vez, filmar la detención. Ni ella ni sus hijas sabían dónde lo llevaban. Las retuvieron en su casa, bajo vigilancia, sin acceso a Internet o llamadas, por los tres días de Obama en la isla. Lleonart pasó ese tiempo en una celda.
Los días siguientes, a Marcheco le pegó como un puñetazo en el rostro que ninguno de sus vecinos interviniera en favor de su esposo, a pesar de conocerlo por años y saber que eran personas de bien. La memoria de aquellos rostros vacíos le duele aún. El inmovilismo del pueblo ante la injusticia. Trata de pensar poco en eso, aunque no deja de entender que es importante no olvidar. Con la ayuda de un hermano en la fe sacó el video de la detención de su esposo. Alguien más lo envió a la emisora estadounidense Radio Martí y, de ese modo, se dio a conocer al mundo.
Marcheco solo ha visto ese video una vez. No puede soportar su carga emocional. Aquel Domingo fue el detonante para pensar en el exilio. En las semanas finales en la isla, volvían una y otra vez a su cabeza aquellos ojos a su alrededor; “espectadores de una película cuya trama les era ajena; nadie se inmutó ante lo que estaban haciendo”. Luego, lo usual: muchos en el pueblo dejaban de mirarlos, saludarlos. “El miedo siempre ha sido un arma en manos del castrismo”.
Lleonart sometió la decisión de salir del país a votación familiar. Su hija menor, Rachel, determinada, soltó que debían irse. “Era imposible no escuchar aquella voz y obedecerla”, dijo.
El nombre del Instituto, idea del sacerdote Félix Ben Castilla, miembro de una denominación desconocida por el régimen, es un espejo de sentidos. Refería a la isla de Patmos, donde el apóstol Juan acabó preso por su fe. Allí recibió visiones que plasmó en el Apocalipsis. Aunque, mayormente asociadas con eventos catastróficos, también dan esperanza a la Iglesia atribulada.
Para Lleonart, el objetivo de Patmos era llevar esperanza al pueblo. El Instituto corrió igual suerte que los cubanos: desperdigados por el mundo, sus miembros forzados al exilio. Lleonart, con su esposa y dos hijas, se acogieron al programa de refugiados en la Embajada de Estados Unidos, La Habana. Salieron de Cuba el 18 de agosto de 2016, hacia Maryland.
Exilio y fe
Como líder cristiana, Marcheco ve conexiones entre la lucha por la libertad y la fe: “Luchar contra la opresión dictatorial nunca va a contraponerse a Dios. Él nos hizo libres. No hay nada ni nadie que tenga el derecho a usurpar esa libertad que el Dios Soberano nos otorgó a todos”.
Interpreta luchar por la libertad como procurar la justicia, y la Palabra de Dios manda a procurar la justicia, dar voz a los acallados, ayudar a esos pequeños a los que Jesús alude en los evangelios. No hay contradicción entre su fe y su lucha cívica:
Dios es el primero que quiere a Cuba libre de un sistema decadente y opresivo. Eso sí, Dios quiere que contemos con Él para esa lucha, que lo pongamos al frente de todas las batallas. Ojalá todos los cubanos logren entender eso.
En el exilio Marcheco publicó libros, cerró su Máster en Teología en la Facultad de Estudios Teológicos de Miami, e inició el Doctorado en Ministerio en el Midwestern Baptist Teological Seminary.
Por su cercanía a Washington DC, centro para la incidencia política internacional, Lleonart se volvió un consultado experto por organismos como la United States Comission on International Religious Freedom (USCIRF). Incluso, conversó directamente con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, como parte de un grupo de religiosos perseguidos en sus países de origen. Además, el matrimonio fue un rostro común en las manifestaciones frente a la embajada castrista.
Se volvieron tan incómodos, que el canciller castrista Bruno Rodríguez Parrilla los acusó en 2020, falsamente, de promover un ataque armado contra esa sede diplomática en DC[21].
En el exilio también Patmos pasó a elevar las voces de una pródiga red de aliados y colaboradores en Cuba a escenarios como la Mesa Redonda Internacional para las Libertades Religiosas.
Marcheco acepta que ha sido difícil mantener la red del Instituto viva en el país estando fuera de él. El constante éxodo y la persecución de aliados obliga a conectar con nuevos actores en el terreno, y edificar relaciones de confianza social que el castrismo se ha dedicado a horadar.
Marcheco dice que mantener contacto con los de adentro les ha permitido compensar su salida, “no hemos dejado de ser útiles, ni hemos dejado de luchar por la libertad de los cubanos”. Ella cree que, aunque salió de la isla, espiritualmente sigue allí. Es la historia de millones de exiliados, dualidad que ancla los deseos del retorno a un país por construir.
En el exilio, Lleonart se perfila como alguien que logra ver más allá de los odios inmediatos que producen, naturalmente, malos tratos y humillaciones. Incluso, puede ver en aquellos que trabajan para el castrismo, a alguien a quien pasar el mensaje de libertad y de salvación: “un ser humano vulnerable que puede ser transformado, que puede ser cambiado y que también ha sufrido igual que yo y también de cierta forma es una víctima”[22].
A la vez, la ilusión de que acabe de caer el totalitarismo no abandona su mente. No lo hizo a finales de 2016, con la elección republicana y su postura firme contra regímenes socialistas y cuando, sobre esas mismas fechas, murió Fidel Castro. Tampoco en 2021, animado con que el lema castrista “Patria o Muerte” fuera desplazado por el “Patria y Vida” de la canción homónima.
En la isla, el trabajo de Patmos, que había sido en 2013 mucho más público, debió bajar su visibilidad. Desde la salida de Lleonart los foros continúan entre miembros de varias confesiones, pero sin mentar las relaciones con Patmos, para que puedan realizarse con éxito. Mientras, el Instituto ayuda a que sus miembros reciban, fuera del país, educación en derechos humanos
El retraimiento ha tributado en favor de la funcionalidad. Fruto de esa estrategia son los informes anuales sobre Libertad Religiosa. Esa información ha llegado al Examen Periódico Universal de Naciones Unidas, donde los estados miembros hacen recomendaciones al régimen, que termina avergonzado ante la comunidad internacional.
Patmos, incluso, extendió sus reportes hacia otras violaciones, y se convirtió en el principal monitor de la libertad de movimiento, con la lista negra de los Regulados —individuos a los que, generalmente por razones políticas, el Estado impide salir del país. Esa labor salía del poco tiempo libre de Lleonart y Marcheco; constancia para generar la base de datos desde cero y recoger evidencias.
Igualmente, apoya en la visibilización de los presos políticos con denuncias internacionales mediante jornadas de oración. Cuentan con personas dentro de Cuba, de distintas religiones, que realizan una labor de capellanía carcelaria, y sirven de enlace para informar denuncias.
Esa línea de trabajo de Lleonart no llegó en el 2021, cuando la represión del 11J llenó las cárceles con manifestantes pacíficos, sino desde antes, cuando una parte significativa de los recluidos por razones políticas eran hombres que habían optado por la lucha armada contra el totalitarismo. Ese grupo, en el marco de una mayoritaria oposición cubana que desde los años 1980 eligió la vía no-violenta, se había convertido en anatema para algunos, políticamente incorrecto mencionar.
Desde que Lleonart vivía en la isla, cada año otorgaba el Premio Patmos, en reconocimiento al trabajo de hombres y mujeres de fe por la reinstauración de la República en la isla. La mayoría de quienes proponen las candidaturas y deciden el ganador son protestantes. Pero en la entrega de los premios se encuentra implícito una intención de diálogo interreligioso. El Premio se entrega cada 31 de octubre, Día de la Reforma Protestante, y los requisitos para ser candidatos son ser un creyente cubano (de cualquier credo), residir en la isla, ser consecuente con esa fe y, en lo posible, alinearse con los cuatro objetivos del Instituto, ya mencionados.
De todos los premiados solo dos no han sido presos políticos: los católicos Dagoberto Valdés y José Conrado. En 2023 se premiaron a cuatro evangélicos activistas y presos políticos del 11J: las hermanas Garrido y los hermanos Martín. En varias de las ceremonias de premiación, más o menos públicas, han participado periodistas, activistas proderechos humanos, líderes de iglesias registradas —como Moisés de Prada— y otros de no registradas, propiciando un escenario fraternal entre quienes el Estado intenta distanciar mediante la legalidad o etiquetas políticas.
Lleonart ha reconocido que a las instituciones religiosas legalmente registradas el totalitarismo las obliga a escoger entre sus preceptos religiosos o los intereses institucionales de sobrevivencia administrativa. Si se solidarizan públicamente con un disidente, pueden perder su acceso a, por ejemplo, visas religiosas necesarias para el funcionamiento de la institución.
En 2021 dijo:
Tratamos de enviar mensajes de exhortación, de la manera más diplomática posible, porque a veces atacando obtenemos reacciones indeseadas. Como dijo el apóstol Pedro: “Demos razones de la fe que hay en nosotros a aquellos que no piensan igual”. Y hemos tenido buenos resultados. Hemos visto en estos años un empoderamiento dentro de grupos legalmente registrados[23].
De esa llama Lleonart y Marcheco, sin dudas, fueron un elemento genesíaco, profético.
(Este artículo conforma el capítulo 10 del libro Hoz y cruz. Evangélicos, resistencia no violenta y el último régimen totalitario de Occidente (2000-2025), I Premio “Manuel Márquez Sterling de Literatura de No Ficción, publicado por Ediciones Memoria en 2026)
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“Entrevista con Mario Félix Lleonart Barroso”, Memory of Nations, mayo de 2017, https://n9.cl/s9aun. ↑
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Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista (Londres: Liga de los Comunistas, 21 de febrero de 1848), https://n9.cl/x16wa. ↑
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Citas o referencias, si no están marcadas con nota al pie, son parte de entrevistas para este libro. ↑
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República de Cuba, Constitución de la República de Cuba, proclamada el 24 de febrero de 1976, 39‑40, disponible en Digital Library of the Caribbean, https://n9.cl/920fbf. ↑
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República de Cuba, Constitución de la República de Cuba, proclamada el 24 de febrero de 1976, con reforma del 26 de junio de 2002, disponible en Constitute Project, https://n9.cl/4wprop. ↑
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Pedro Corzo, “La Patria es de Todos”, Martí Noticias, 20 de julio de 2018, https://n9.cl/7kiudd. ↑
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Micaela Hierro Dori, “Mario Félix Lleonart: ‘Ser consecuente con la fe exige levantar la voz y ser parte activa del cambio’”, Cultura Democrática, 12 de septiembre de 2022, https://n9.cl/auevi. ↑
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Shelyn Rojas, “Entrevista al sacerdote opositor Ricardo Santiago Medina”, CubaNet, 6 de noviembre de 2006, https://n9.cl/jc6zd. ↑
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Organizaciones disidentes cubanas, “Acuerdo por la Democracia en Cuba en la diáspora”, 1998, https://n9.cl/2z010. ↑
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Encuentro Nacional Cubano, “¿Quiénes somos?”, https://n9.cl/fnhah. ↑
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Dori, “Mario Félix Lleonart: ‘Ser consecuente con la fe…”. ↑
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Mario Félix Lleonart Barroso, “Aquí la tienen”, Religión en Revolución, 13 de octubre de 2010, https://n9.cl/tjisf. ↑
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Mario Félix Lleonart Barroso, Cubano Confesante (Miami: Neo Club Ediciones, 2017), 7. ↑
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Ibíd., 16-20. ↑
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“Entrevista con Mario Félix Lleonart Barroso”, Memory of Nations. ↑
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Dori, “Mario Félix Lleonart: ‘Ser consecuente con la fe…”. ↑
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Dejó de producirse cuando el grupo europeo que la financiaba exigió incluir elementos de IG en su contenido, bajo el argumento de mayor “inclusividad”. Nota del Cielo se negó y fue desfinanciada. ↑
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Mario Félix Lleonart Barroso, Doce entrevistas para Nota del Cielo (Editado independientemente, 2018). ↑
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Mario Félix Lleonart Barroso, “TheEconomist: Mi lectura cubana al ensayo The Stand dedicado al 500 Aniversario de la Reforma Protestante (V)”, Cubano Confesante, 22 de noviembre de 2017, https://n9.cl/81dobr. ↑
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Katherine Mojena Hernández, “Instituto Patmos: ‘Anhelamos llevar esperanza y vida al pueblo cubano’”, CubaNet, 25 de marzo de 2021, https://n9.cl/yu5w3. ↑
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DDC, “Pastores acusados por Bruno Rodríguez de vínculos con el ataque a su Embajada en EEUU: ‘Es una falacia total’”, Diario de Cuba, 12 de mayo de 2020, https://n9.cl/g5t31. ↑
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“Entrevista con Mario Félix Lleonart Barroso”, Memory of Nations. ↑
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Ibíd. ↑
