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Para muchos cubanos los primeros meses de 1959 no constituyeron un hálito de esperanza ni de optimismo en un futuro mejor, sino angustia, decepción paulatina y un cúmulo de injusticias que nunca vieron reparadas. No me refiero a aquellas figuras altamente comprometidas con el régimen de Fulgencio Batista, que enfrentaron una auténtica cacería de brujas, sino de aquellos intelectuales que simplemente —con sus luces y sombras— en los años previos sostuvieron algún medio de prensa local.

Este el caso del periodista e intelectual Eduardo Abril Amores y del periódico Diario de Cuba, medio que había fundado 42 años antes en Santiago de Cuba y que fue tomado por las fuerzas del Movimiento 26 de Julio, el mismo primero de enero de 1959. El nuevo régimen nunca le devolvió su diario, a pesar de la protesta pública de Abril Amores contra lo que consideraba un atraco.

 

Un poco de historia

 

Abril Amores fundó Diario de Cuba el 1ro de diciembre de 1917, junto con Félix del Prado, pero dos años más tarde era ya el único propietario del medio. El periódico se fue consolidando como el principal medio impreso de esa ciudad del oriente cubano y su política editorial siempre fue de corte nacionalista. En sus páginas se defendieron —entre otros— los intereses de los campesinos orientales. Tenía como lema: “Por amor a la patria y sin odios para nadie”.

Tuvo también una sección fija a partir de 1925, titulada “De los mambises de ayer a los cubanos de hoy”, a cargo del escritor Alberto Plochet.

El intelectual Regino Pedroso diría de ese diario:

su voz es la que alcanza más amplio radio y la que logra más profunda penetración en las diversas capas. Qué dice el Diario, qué dice Abril es la pregunta que se hace el santiaguero cada mañana ante la aparición de su vibrante Minuto.

En su Historia de la prensa plana en Cuba, el investigador holguinero Pedro Bruzón Sosa señala que Diario de Cuba “se convirtió en uno de los más leídos de la época, entre otros aspectos, por la representatividad que tenían en sus tiradas todas las capas sociales”. Max Henríquez Ureña y Félix B. Caignet, entre otros importantes investigadores, colaboraron en él.

En un editorial del año 1931, Diario de Cuba expone:

No somos partidaristas de ningún credo político. En eso sí queremos insistir: en que no somos partidaristas de ningún credo político. Somos absolutamente independientes, se incurre en el error de que solo es independiente el periódico que ataca sistemáticamente al Gobierno y que la firmeza de criterio consiste en atacarlo siempre, en atacarlo en todo, en negarle la sal y el agua.

No pocas veces, y últimamente por un estimado colega de la capital de la República, se nos ha juzgado mudables de criterio por el hecho de darle un aplauso a quien antes habíamos censurado, o descensurar a quien antes habíamos aplaudido. En lo que se nos censura está la prueba más efectiva de nuestra independencia.

Aplaudimos lo que estimamos que merece aplauso y censuramos lo que a nuestro juicio debe censurarse; sin que nos sintamos obligados a ofrecer nuestro aplauso a todo al que una vez aplaudimos, ni a censurarle todo al que una vez censuramos. Juzgamos los hechos dándole su merecido en cada caso[1].

Bruzón Sosa refiere que, luego de la caída de la dictadura de Gerardo Machado, el periódico santiaguero estuvo un tiempo sin salir.

En la década del 50, Diario de Cuba “fue uno de los voceros del partido batistiano fuera de la capital y tenía amplia aceptación por no difundir falsas noticias. Comentaba los eventos principales de la lucha revolucionaria, aunque como línea editorial mostrara una posición conservadora. De igual manera informaba los nombres de los ejecutados extrajudicialmente y no dejó de criticar los malos procederes”[2].

Esta última idea proviene de una obra publicada en Cuba que señala brevemente cómo ese medio cubrió los sucesos del Moncada: “Diario de Cuba, una de las publicaciones más influyentes y antiguas de Santiago, publicó el 28 de julio de 1953 un gran titular sobre la censura impuesta y la suspensión de las garantías constitucionales. Eduardo Abril Amores solo publicó algunas fotografías sobre los hechos y el 29 de julio hizo mención a la permanencia en prisión de las asaltantes Melba Hernández y Haydée Santamaría, y algunos enfrentamientos acaecidos en la Sierra Maestra entre luchadores y soldados del gobierno”[3].

A la par de la gestión e impulso de ese medio, Abril Amores desarrolló una destacada carrera periodística e intelectual. Publicó varios libros que recogen sus artículos periodísticos como Surcos de redención, El águila acecha y Adentro, bien adentro del alma cubana, entre otros. El periodista sostuvo polémicas de variados temas con periodistas como Pepín Rivero, Wilfredo Fernández y Manuel Aznar.

Abril Amores también se destacó en la dramaturgia y publicó comedias, las más conocidas fueron Si Cristo perdonó a Magdalena y Mientras reía el carnaval. Su estilo periodístico sería calificado en 1947 por el diario El Mundo como “sobrio y de galanura”.

Y de ese modo llegó la alborada del primero de enero de 1959, en la que las fuerzas rebeldes de Castro descendieron de las montañas de la Sierra Maestra para —entre muchos otros lugares— tomar los talleres de Diario de Cuba ese mismo día. No me ha sido posible encontrar testimonios de primera mano de lo sucedido ese día y los siguientes.

 

La “justicia revolucionaria”

 

No sería hasta principios de febrero que Abril Amores envía una carta a su amigo Sergio Carbó y que, publicada en Prensa Libre, censura el despojo del que ha sido víctima:

Quiero consignar, más que mi protesta, la sorpresa y el disgusto que ha constituído para mí la ocupación revolucionaria de Diario de Cuba, que se nos dijo que era una medida provisional, pero habiendo ocurrido el día primero de enero, no acierto a comprender por qué no se ha levantado la misma, ni qué razón puede justificarla en esta etapa republicana que tiene por signo la justicia, con cuya invocación guía sus pasos el gobierno nacido para librar a Cuba de todo lo que fuera anteponer la fuerza de derecho[4].

No he hallado ninguna respuesta o réplica de las autoridades al reclamo del periodista en las páginas de los medios más cercanos al nuevo régimen. Todo indica que optaron por el silencio, ya que el tiempo jugaba a su favor.

En otra parte de su carta pública Abril Amores expresa: “Si el civismo no se vuelve escurridizo ahora, asustado o temeroso ante la marcha de la Revolución, en vez de acompañar a ésta para ayudarla eficazmente, accediendo así a la demanda reiterada de su Jefe Máximo, el doctor Fidel Castro, quien con modestia que le enaltece no se ha cansado de reclamar el concurso de todos, yo creo que la prensa cubana, a través de sus voceros más cívicos, ha de sentir el deseo de calorizar como propio el esclarecimiento del caso de Diario de Cuba, diciendo su palabra de orientación y de verdad”.

Pero ante la vorágine de los múltiples asuntos noticiosos y los constantes cambios que sobrevinieron ese año, la incautación de un periódico local en una ciudad lejana a la capital, quedó relegada a un segundo plano en la prensa independiente.

En agosto de 1959 nuevamente se haría pública una carta en el Diario de la Marina, escrita por el periodista Anselmo de los Ángeles Rodríguez y que, dirigida directamente a Fidel Castro, pedía la devolución tanto de Diario de Cuba como del periódico Prensa Universal.

En la misiva, el reportero señalaba que el llamado Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados ni siquiera se había comunicado con sus dueños, para decirles en qué estado se encontraban las investigaciones y qué decisión se tomaría.

Demandaba que estos dos medios locales tuvieran el mismo tratamiento recibido por los periódicos habaneros, pues, aunque la mayoría de ellos había recibido subvenciones gubernamentales del régimen anterior, ninguno había sido intervenido.

Según lo denunciado por medios oficiales, Diario de Cuba era el medio local con la más alta subvención, al recibir 6000 pesos mensuales de Palacio Presidencial.

De los Ángeles Rodríguez exponía: “que se depuren responsabilidades en las que se pudieran haber incurrido y en consecuencia se les sancione de acuerdo con su delito y basados en una estricta justicia”[5].

Pero la suerte estaba echada. No había intención alguna ni de hacer justicia ni de devolver los talleres a sus legítimos dueños. Es de suponer que tanto Abril Amores como Anselmo de los Ángeles se percatarían meses más tarde de que ese era el objetivo oculto y último.

Abril Amores fallecería en 1962 y de sus últimos años de vida no sabemos mucho. La mayoría de las publicaciones oficialistas asegura que murió en Santiago de Cuba, pero el periodista Virgilio Ferrer Gutiérrez expone, en un folleto publicado en España, que Abril Amores salió de Cuba y falleció en el exilio, aunque no especifica en qué país[6].

Este gran periodista cubano nunca pudo conocer la justicia en 1959, aunque ríos de tinta prometieron lo contrario. Lamentablemente no sería el único.

 

  1. Periodistas cubanos de la República 1902-1958, Ediciones Temas, 2015, p. 36-37.

  2. Historia de la prensa plana en Cuba, Pedro A. Bruzón Sosa, Neo Club Ediciones, Miami, 2023, copia digital.

  3. Periodistas cubanos de la República 1902-1958, Ediciones Temas, 2015, p. 33.

  4. “Debe devolverse el Diario de Cuba dice Eduardo Abril”, Prensa Libre, 11 de febrero de 1959, p. 9.

  5. “Piden entreguen dos diarios que ocuparon en Oriente”, Diario de la Marina, 9 de agosto de 1959, p.1-2.

  6. Cómo Castro destruyó el régimen educativo, la seguridad social y la prensa en Cuba, Virgilio Ferrer Gutiérrez, Publicaciones del Instituto de Cooperación Interamericana, Madrid, 1966, p. 50-51.

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