Vista general del sanatorio de Topes de Collantes (imagen de archivo).

El Sanatorio Antituberculoso de Topes de Collantes, ubicado en lo alto de una colina en el macizo montañoso del Escambray, en el centro de Cuba fue inaugurado en su momento con el nombre de “Sanatorio General Batista”, como una de las obras públicas de mayor impacto social en la década del 50 del pasado siglo. A su vez, fue el blanco de más de una polémica en aquellos turbulentos años.

La idea de construir ese sanatorio para tratar la alta incidencia de la tuberculosis en el país partió del propio Batista en el año 1936, cuando era jefe del Ejército cubano. Por su iniciativa, al año siguiente se comenzó su construcción, pero tanto durante su mandato constitucional (1940-1944) como en los gobiernos auténticos (1944-1952) la construcción no avanzó mucho. No fue hasta que el general captura el poder de manera ilegítima, en marzo de 1952, que la obra se acelera de manera definitiva y se termina en una primera fase en 1954.

Sin dudas, Batista quería demostrar con la culminación de ese sanatorio de excelencia que su gestión se encaminaba a ser más eficiente que la de Prío Socarrás, presidente elegido democráticamente, al que había derrocado mediante un golpe de estado. Prío luego declaró en 1955 que si volvía a llegar al poder desmantelaría dicho centro médico.

Aunque la inauguración oficial ocurrió en 1954, muchas de las instalaciones anexas no se terminaron hasta 1957, pues aparte del magnífico edificio principal de diez pisos, debían construirse viviendas para los médicos y el resto del personal que trabajaría en lo que se consideraba uno de los centros médicos más lujosos del país. Este sanatorio contó con la más avanzada tecnología médica de la época y tenía capacidad para atender hasta 1000 pacientes.

Las cifras públicas hasta 1958 revelan el buen trabajo sanitario que allí se hizo hasta esa fecha, pues hasta junio de ese año habían pasado por el sanatorio 1930 pacientes y sólo treinta habían fallecido, mientras 1285 habían sido dados de alta.

Sin embargo, el sanatorio de Topes de Collantes fue fruto de más de una polémica en aquellos años, impulsada principalmente por los sectores políticos y periodistas opuestos al régimen autoritario de Batista.

La primera que he podido documentar la protagonizó el político del Partido Auténtico Manuel Antonio de Varona, más conocido como Tony Varona, quien visitó el hospital en septiembre de 1955. El político opositor fue invitado por el magnate Alfredo Hornedo a pasar unos días en la casa que este había construido en Topes de Collantes. Al estar tan cerca del Sanatorio decide visitarlo y cuando está a punto de concluir su visita, se encuentra con el ministro de Educación, Aurelio Fernández Concheso y el periodista estadounidense Drew Pearson, a quien le enseñan la obra. El periodista estadounidense le pregunta a Tony Varona qué le ha parecido el sanatorio, y él en un arranque de sinceridad elogia la obra con estas palabras: “ha sido una buena cosa para el país”. Una afirmación como esa, realizada por un político de la oposición, no podía pasar inadvertida para la prensa y The Miami Herald la hace pública, de lo que se hacen eco algunos periódicos cubanos[1].

Se desconocen los detalles, pero evidentemente esa declaración no cayó nada bien al interior de su partido y otros sectores de la oposición. Apenas dos días después Varona decide hacer unas declaraciones públicas en las que no desmiente haber elogiado el hospital, pero matiza bastante ese halago repentino. Explica que le parecía un derroche de recursos tanto la construcción como todo el equipamiento del hospital. Así se expresó:

¡Cómo no iba a decir que estaba bueno, si es un hospital superlujoso que ha costado 9 millones de pesos y que tiene un impuesto especial para los gastos de funcionamiento, que produce 5 millones de pesos anuales! En Topes de Collantes abunda de todo hasta para botar; es un lujo y una ostentación que produce pena, cuando hay tanta miseria en los campos y en los otros hospitales del Estado no hay camas, y cuando un desventurado enfermo la consigue, es con alimentación deficiente, sin medicinas; porque tienen una consignación presupuestal miserable.

Tony Varona calificó al sanatorio como “una obra turística” que no reflejaba la realidad de la salud pública en el país, ni la atención a los enfermos de tuberculosis en otros centros dedicados a tratar esa enfermedad.

“¿Por qué a los ocho meses de inaugurado tiene sólo 346 enfermos cuando hay cientos inscriptos en los dispensarios con necesidad de hospitalización y la capacidad de este sanatorio es de 800 camas?”, cuestionó Varona[2].

Aun cuando las críticas de un político opositor pudieran ser válidas y toda obra humana siempre es susceptible de mejorarse, lo cierto es que un sanatorio de alta especialización para los pacientes de esta mortal enfermedad, ubicado en un lugar con un microclima envidiable, era una necesidad que desde 1944 había expuesto el Dr. Luis A. de la Cruz Muñoz, presidente de la Sociedad Cubana de Tisiología: “Precisamente las lomas de Trinidad son desde antiguo famosas por haber recuperado la salud perdida muchos enfermos de tuberculosis pulmonar, de ahí que se escogiera Topes de Collantes con muy buen juicio para construir allí un Sanatorio Nacional de mediana altura, después de pesar una serie de ventajas que así lo aconsejaban. Quizás no exista un lugar en Cuba más adecuado para la construcción de una institución de esta clase”, expresó para el Boletín del Colegio Médico[3].

Pero según pasaba el tiempo y el deseo de algunos sectores de la sociedad cubana de que Batista abandonara el poder era más urgente, los señalamientos hacia el sanatorio aparecieron en medios críticos hacia el régimen.

En enero de 1957 el periodista Antonio Llano Montes, quien tenía una sección muy leída en la revista Carteles llamada “Tras la Noticia”, menciona el Sanatorio Topes de Collantes para señalar lo que a su juicio es un gasto excesivo y los privilegios que posee su personal médico: “El Sanatorio Topes de Collantes es uno de los más caros que cuestan al Tesoro y a su vez el que menos contribuye a la lucha contra la tuberculosis. Topes de Collantes a pesar de contar en su staff médico con brillantes cirujanos, no realizan operaciones de urgencia y las de otro tipo se cuentan con los dedos de la mano”. Llano Montes también se refiere a los elevados sueldos tanto de los médicos como enfermeras, en comparación con el de sus colegas del resto de los hospitales públicos, al decir que los jefes de sala cobran 700 pesos, los cirujanos 500 y las enfermeras 250, montos que triplican y duplican el de otros centros sanitarios[4].

La respuesta de Rolando Fisher Lorenzo, presidente de la Junta Administrativa de Topes de Collantes, no se hace esperar y desmiente punto por punto a Antonio Llano Montes en todas las afirmaciones hechas por el periodista de Carteles. Vale la pena reproducir íntegra algunas de ellas:

Es inexacta su afirmación de que en el sanatorio no se realizan operaciones de urgencia y que las de otro tipo “se cuentan con los dedos de la mano”. En el año 1956 se realizaron 87 intervenciones quirúrgicas de tórax, resecciones pulmonares parciales o totales todas ellas, y en algunos casos hubo enfermos que fueron intervenidos en ambos pulmones, y se realizaron por primera vez en Cuba transplantes bronquiales. En el mismo año se efectuaron 128 operaciones de otro tipo, algunas de urgencia. En total fueron 215 intervenciones quirúrgicas.

Es falso que los jefes de sala ganen 700 pesos mensuales cada uno. Hay tres jefes de piso, cada uno a cargo de 200 enfermos, cuyo sueldo es de 550 pesos mensuales ¿Le parece a usted extraño que tres tisiológos de reconocida capacidad ganen esa cantidad teniendo que permanecer constantemente en el sanatorio, con ese solo ingreso, sin tener consultas privadas y sin percibir honorarios de sus clientes, como sus colegas de La Habana y otros lugares?

No se ajusta a la verdad su afirmación de que los cirujanos ganan 500 pesos. El Sanatorio Topes de Collantes tiene un cirujano residente cuyo sueldo es de 400 pesos, y un cirujano consultante, con igual sueldo. También es falso que los enfermeros ganen 250. Sólo ganan 150 y trabajan turnos de ocho horas.

Fisher Lorenzo apunta además que los ingresos obtenidos por este sanatorio no solamente cubren totalmente los gastos de ese hospital, sino que con sus ingresos donan dinero a otros hospitales antituberculosos del país como el “Ambrosio Grillo” de Santiago de Cuba y “La Esperanza” de La Habana[5].

Llano Montes no respondió de inmediato a esta réplica del máximo responsable del sanatorio. En el siguiente número de Carteles no pudo salir su sección “Tras la Noticia”, ya que Batista decidió suspender las garantías constitucionales y aplicar la censura previa.

Como es conocido todo cambió a partir de 1959. El sanatorio fue desmantelado totalmente y sus instalaciones se utilizaron en la década del 60 para formar maestros con métodos pedagógicos que tenían como fin adoctrinar a las nuevas generaciones en la ideología marxista-leninista.

El nuevo régimen, que bien temprano demostró su incapacidad para desarrollar la economía, no podía sostener el servicio de excelencia médica que allí se daba. Pasadas las décadas, a finales de los ochenta y principios de los 90 el castrismo entendió las potencialidades de tener una edificación como esa en medio del Escambray y aplicó una política totalmente discriminatoria que se mantiene en la actualidad, pues reconvirtió el sanatorio en una clínica médica de uso exclusivo para los militares. También usa parte de sus instalaciones para el llamado “turismo de salud”, o sea para aquellos extranjeros que deseen atenderse en ese centro y puedan pagar una tarifa, la cual no es pública. Muchas de sus edificaciones anexas hoy están en ruinas, como en ruinas ha quedado la nación entera.

Nada de eso demerita la belleza natural del lugar y es la aspiración de muchos que un día Tope de Collantes recupere el esplendor económico que quedó abortado a partir de 1959.

 

  1. “Elogia Varona al Sanatorio de Topes, dice el Miami Herald”, Prensa Libre 15 de septiembre de 1955, p. 1.

  2. “Topes de Collantes es una obra turística, dice Varona”, Prensa Libre, 18 de septiembre de 1955, p. 1-2.

  3. Recortes del Boletín del Colegio Médico de La Habana, agosto de 1944, copia digital tomada del Repositorio Digital de la Oficina del Historiador de La Habana, disponible en: repositoriodigital.ohc.cu.

  4. Sección “Tras la Noticia”, de Antonio Llano Montes, Carteles, 13 de enero de 1957, p. 32.

  5. “La verdad sobre Tope de Collantes”, Prensa Libre, 22 de enero de 1957, p. 6.

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