Rafael Portuondo Tamayo. Imagen restaurada con Grok.

Rafael Portuondo Tamayo fue otro de los jóvenes delegados a la Convención Constituyente de 1900-1901 que murió joven. Tenía 33 años al ser elegido a la asamblea y murió asesinado unos meses después de cumplir los 41. Había nacido en Santiago de Cuba el 21 de marzo de 1867. Falleció en Mayarí el 15 de julio de 1908, enfrascado en la campaña con vistas a las elecciones que se celebrarían ese año. La República se encontraba bajo el Gobierno Provisional de Charles Magoon. Se preparaba para restablecer el gobierno nacional propio. Portuondo había creado el Partido Provincial Gestor de Oriente en enero de 1907 con el ánimo de impulsar una renovación profunda de la política nacional. La situación no invitaba a menos, teniendo en cuenta que se trataba de un país nuevamente intervenido a menos de una década de proclamarse independiente.

Será necesario hablar un poco acerca de este tema más adelante. Por el momento es mejor recuperar el hilo biográfico de Portuondo donde lo dejamos el 21 de marzo al recordar su natalicio. Llegamos entonces a su elección como delegado por la provincia de Santiago de Cuba a la Convención Constituyente que se celebraría en La Habana. Su paso por esa asamblea no fue discreto, como el de otros que casi no pronunciaron palabra en público. Portuondo estuvo entre los que debatieron y defendieron ante la opinión pública, y el pleno de la Convención, sus criterios. Se perfiló ideológicamente como un demócrata liberal y radical nacionalista.

 

El debate de la elección senatorial

Una de sus intervenciones más conocidas estuvo relacionada con el método de elección para el cargo de senador de la República. Sostenía que debía realizarse a través de la elección popular directa, como se había previsto que ocurriera la de representantes. De ese modo se acentuaría el carácter democrático de las instituciones gubernamentales. Estuvo encargado de contestarle otro veterano de las guerras de independencia, el general José Braulio Alemán. El santaclareño no era sospechoso de conservadurismo. Más bien compartía en gran medida las ideas políticas de Portuondo y a lo largo de su vida militaría en las filas liberales. Entendía, sin embargo, con la mayoría de la asamblea, que el Senado tenía determinadas funciones que lo hacían incompatible con el método de elección propuesto.

Se trataba de una república que nacería a la vida independiente sin haber experimentado el autogobierno a cabalidad. La consistencia del espíritu cívico de sus habitantes estaba por ser probada. La Cámara de Representantes debía garantizar la participación popular directa en el gobierno del país. El Senado tenía otra función. Debía representar a determinadas minorías, pero de las que tenían gran impacto en el aspecto económico. Es decir, el Senado debía ser un cuerpo políticamente conservador que moderara la previsible impulsividad popular. Se buscaba evitar los desafueros demagógicos de los que podía ser víctima un electorado inexperto e impresionable. Por otro lado, se trataba de un pacto necesario entre las diversas fuerzas que podían contribuir a reconstruir un país arruinado por la guerra.

En conclusión, muchos delegados, como el propio Alemán, compartían las convicciones democráticas de Portuondo. Consideraban, sin embargo, que el país no estaba preparado para realizar el ideal. Seguían, además, el ejemplo de la que muchos consideraban la democracia republicana más avanzada del momento. En efecto, en los Estados Unidos el Senado federal no era elegido por el voto popular. Se empleaba un sistema de segundo grado que dejaba a las legislaturas estatales la elección de los senadores al Congreso nacional.

Por supuesto que el sistema de elección de los senadores estadounidense respondía al carácter federal de ese país. Esta circunstancia no se dio en Cuba a pesar de las fuertes tendencias federalistas que llegaron a la Convención. En lo que sí coincidían ambos sistemas era en otorgar al Senado un rol moderador respecto a las tendencias populares de las respectivas cámaras bajas.

El sistema adoptado en la Constitución cubana era de elección en segundo grado, como el estadounidense, pero con una ligera diferencia. No sólo participaban en la elección los consejeros provinciales, como habría de ser en caso de que ambos sistemas fueran idénticos. También se elegían compromisarios fuera de los consejeros para completar el número de los que participaban en la elección.

En los Estados Unidos se realizó la reforma del sistema en 1913 a través de la decimoséptima enmienda a la Constitución de ese país. La elección directa de los senadores se estableció desde ese entonces, pero este cambio no tuvo influencia inmediata en Cuba. El método de elección en segundo grado fue mantenido en la reforma de 1928 realizada a instancias del presidente Gerardo Machado. También fue incluido en la Ley Constitucional de 1935 al restablecer el Congreso de la República que no se elegía desde la caída de Machado. Sería la Constitución de 1940 la que establecería por primera vez un Senado de elección popular directa como había deseado Portuondo.

 

La Enmienda

El segundo aspecto a destacar, sin duda el más importante, de la participación de Portuondo en la Constituyente fue su postura ante la Enmienda Platt. Pude ser definida brevemente como de oposición irreductible. Estuvo entre el grupo de delegados que con más tesón se opuso a que fuera aprobada. Lo acompañaron en este empeño todos los constituyentes de su provincia y de la vecina Puesto Príncipe. También los delegados del Partido Nacional mantuvieron su rechazo a la Enmienda. Portuondo pertenecía a un grupo político oriental que tenía estrechos vínculos con el Partido Nacional Cubano y que acabaría fundiéndose en él.

Para los nacionalistas la oposición a la Enmienda quedó establecida como política de partido. La coalición republicana, por el contrario, dejó en libertad a sus representantes de votar de acuerdo a su mejor criterio. Los republicanos de Puerto Príncipe y Santiago de Cuba votaron en pleno contra la Enmienda, como ya dije. Algunos villareños como Alemán y Robau los acompañaron. La mayoría, sin embargo, entendió que no votar a favor era como meterse en un callejón sin salida. Se corría el riesgo de prolongar la ocupación estadounidense. Acusaban a sus contrarios de irresponsables por este motivo y de demagogos que se aprovechaban de la situación para ganarse el apoyo popular. Cuando en una votación clave el delegado oriental Antonio Bravo y Correoso no asistió, provocando la derrota de los antiplattistas, muchos lo vieron con suspicacia.

Lo cierto es que tanto Portuondo, como su tío Eudaldo Tamayo, encabezaron junto a Zayas y Juan Gualberto Gómez la oposición a la Enmienda. Sus esfuerzos fueron más allá, como es de suponer, de hablar en los debates de la asamblea. Se hicieron mítines, conferencias y debates en teatros, plazas y otros espacios públicos. El público tuvo oportunidad de manifestar su aprobación y desaprobación respecto al actuar de los delegados, aunque con ello no pudiera afectar la votación.

Una de estas reuniones públicas representa en cierto sentido las veleidades de la época y lo compleja que era la situación. En ella, uno de los oradores arrancó a la asistencia estruendosa ovación al presentar a Portuondo y su tío Eudaldo, paladines del antiplattismo. Se encontraba presente Enrique Villuendas, republicano de Las Villas de los que votaron a favor. Luego de algunas alusiones hirientes por parte del mismo orador, Villuendas fue invitado a hablar por el público. El joven defendió su postura con tanta habilidad que acabó arrancando también una ovación a un auditorio inicialmente hostil. El problema al que se enfrentaba el país era de calado muy profundo. Las soluciones simples y fáciles eran muy difíciles. Las defensas matizadas e inteligentes podían ser muy efectivas.

 

Partido Nacional de Oriente

Al terminar sus tareas como constituyentes la mayoría de los delegados regresaron a sus provincias. Portuondo volvió a su Santiago de Cuba natal a ser un factor en la política no sólo de la provincia, sino también del país. Se avecinaba un duro período de campaña hasta las elecciones del 31 de diciembre de 1901. En ellas debían ser designados los representantes a la Cámara y los compromisarios para la elección de los senadores y del presidente y vicepresidente. El proceso culminaría el 24 de febrero de 1902 con la ejecución del voto por parte de estos compromisarios.

Rafael Portuondo y Eudaldo Tamayo se habían mantenido dentro del grupo oriental que dirigía Antonio Bravo y Correoso, aliado del Partido Nacional Cubano (PNC). La agrupación pasó a llamarse Partido Nacional de Oriente y funcionaba dentro de la estructura del PNC a escala de país. Este arreglo no estaba destinado a sobrevivir mucho más allá de las primeras elecciones generales. Portuondo se distanciaría cada vez más de Bravo y Correoso quien, a su vez, se distanciarían de la corriente zayista dentro del PNC.

En cualquier caso, en las elecciones salió triunfadora la coalición que respaldaba la elección de Tomás Estrada Palma. Para el Congreso, la repartición de escaños fue mucho más diversa de lo que a priori podría esperarse. Los partidos nacionales eran amalgamas de intereses que dificultaban la unidad efectiva de los cuerpos políticos. Los nacionalistas de una provincia entraban fácilmente en contubernio con los republicanos de otra haciendo imposible la coherencia partidista. Una parte de los nacionalistas orientales tenía tendencias radicales que los acercaban a los republicanos independientes. Entre los republicanos conservadores, el grupo villareño tenía más afinidad con los nacionalistas habaneros que con muchos republicanos de la capital. La Cámara de Representantes fue el escenario donde más visiblemente se decantaron esas nuevas afinidades. Portuondo estaría en el ojo de ese huracán.

 

Representante a la Cámara

El 31 de diciembre de1901 Rafael Portuondo Tamayo fue elegido por su provincia para ocupar un escaño en la Cámara de Representantes en La Habana. Continuaría de ese modo el joven abogado santiaguero su ascenso político en un escenario nacional. En la Cámara tendría oportunidad de manifestar a plenitud sus talentos. Se dice que tenía notables dotes oratorias y una capacidad admirable para el debate. Se le acusaba, sin embargo, de ser algo impulsivo en ocasiones y de dejarse llevar fácilmente a cuestiones secundarias y distracciones.

Según Rafael Martínez Ortiz, compañero de la Cámara que militaba en el ala miguelista de los republicanos conservadores, despertaba afectos con facilidad. Afirmaba que “se hizo querer de sus compañeros y era imposible el no sentirse atraído por la delicadeza simpática de su trato”. Esto lo llevó a ser un contendiente serio para la presidencia de la Cámara. Quedó a sólo dos votos del presidente electo, Pelayo García, que también presidía el Partido Republicano de Las Villas liderado por José Miguel Gómez.

En la Cámara muy pronto se distinguieron dos grupos que no respetaban las fronteras partidistas. Unos, los considerados como radicales, se fueron decantando por una abierta oposición al gobierno. Otros, que eran tenidos por moderados, manifestaban una cercanía indudable respecto a Estrada Palma. De estos últimos acabaría por surgir más adelante la organización que llevaría por nombre Partido Moderado. En los inicios de aquella legislatura todo estaba mezclado. Había tanto radicales como moderados dentro de cada uno de los partidos existentes. Portuondo, un nacionalista de oriente, era radical. Bravo y Correoso, que militaba en la misma organización, era decididamente moderado. Así ocurría también en el seno del republicanismo.

En la Cámara fue organizándose un grupo radical que tenía como figura más combativa contra el gobierno al camagüeyano Juan Ramón Xiques. En determinado momento consiguieron que el presidente de la Cámara, Pelayo García, renunciara. Fue la oportunidad de Portuondo en tanto los radicales consiguieron elevarlo a la presidencia. Fue el segundo presidente que tuvo ese cuerpo colegislador, aunque no duró demasiado tiempo en su gestión. A través de una maniobra similar a la que lo había exaltado al cargo, fue movido a la renuncia. Lo cierto es que sus caminos se iban separando de buena parte de los que habían sido sus correligionarios en Santiago. Los que seguían la estela de Bravo y Correoso fueron a dar al Partido Moderado cuando este finalmente se fundó.

 

El Partido Provincial Gestor de Oriente

La Revolución de 1906 sorprendió a Portuondo entre dos aguas. Estaba en desacuerdo con el gobierno, pero tampoco las tenía todas con el liberalismo zayista y miguelista. Oriente no tuvo una participación protagónica en el alzamiento liberal como sí la tuvieron Las Villas, la Habana y Pinar del Río. Muchos de los políticos neutrales que intentaron mediar entre las partes en conflicto estaban en una situación similar a Portuondo. No habían querido involucrarse con Estrada Palma, pero tampoco simpatizaban con la coalición liberal de zayistas y miguelistas.

Ocurre que muchos de estos neutrales acabaron aliándose con los remanentes del Partido Moderado para crear el nuevo Partido Conservador Nacional. Tal fue el camino de su líder, Mario García Menocal, y de otras figuras importantes como Cosme de la Torriente y Carlos Manuel de Céspedes. Ese no fue el camino escogido por Portuondo. Cuando Bravo y Correoso se lanzó en los brazos del conservadurismo Portuondo ya estaba demasiado lejos de sus antiguos compañeros.

En enero de 1907, sumido el país en un nuevo período de intervención desde hacía pocos meses, Portuondo definió su propio camino. Junto a un grupo de seguidores fundó el Partido Provincial Gestor de Oriente. Tenía la intención de marcar una tercera vía frente al binomio liberal conservador que se iba perfilando. Para ello emprendía la creación desde la base de una agrupación, en principio, de ámbito regional. Desde esos cimientos pretendía trascender a la política nacional. El crecimiento inicial fue bastante rápido. No manifestaba hostilidad irreconciliable hacia otras formaciones, pero se distinguía por enarbolar un programa de defensa de la nacionalidad frente a la intervención.

El partido solemnemente declara que dirigirá todos sus esfuerzos a lograr que cese la intervención Americana, reintegrándose a nuestro pueblo en el pleno ejercicio de sus facultades soberanas y que una vez obtenida esta finalidad, se consagrará a perfeccionar y mantener la personalidad cubana de manera que no llegue jamás a perderse, menoscabarse ni confundirse con otra alguna, obligándose a desarrollar, en consonancia con dicho propósito, una política de ORDEN Y DE JUSTICIA.

El proceso de su organización inicial abarcó los primeros meses de 1907. Se crearon comisiones gestoras en diferentes municipios de la provincia encargadas de estructurar las juntas y asambleas municipales. En febrero estuvo concluido el proceso en el municipio de Santiago de Cuba y fue electo presidente de la asamblea el propio Rafael Portuondo. Poco a poco fueron siendo establecidas asambleas similares en los demás municipios.

El partido mantenía vínculos con figuras de diferentes tendencias políticas. Juan Ríus Rivera, que había sido secretario de despacho durante el gobierno de Estrada Palma, era muy cercano al proyecto. Ríus Rivera se había distanciado del estradismo en el momento de mayor desafuero moderado. En un primer momento, al decretarse la intervención, intentó crear un partido que agrupara las tendencias conservadoras para contrarrestar a los liberales. Algo que sólo conseguiría luego Menocal un tiempo después. Otras figuras que se asociaron al conservadurismo también eran cercanas al Partito Provincial Gestor de Oriente. Uno de los más conocidos era Carlos Manuel de Céspedes y Quesada. El hijo del Padre de la Patria era amigo personal de Portuondo y sería testigo del atentado que provocó su muerte.

 

Muerte

En julio de 1908, Rafael Portuondo se encontraba en plena campaña de preparación para las futuras elecciones en la que se pretendía restablecer la República. La Comisión Consultiva terminaba sus labores redactando la legislación necesaria con este fin. Por cierto, la postura oficial del Partido Provincial Gestor de Oriente indicaba que la labor de esta Comisión era anticonstitucional. El 13 de julio, Portuondo se encontraba en Mayarí y en camino a Banes para continuar con su obra organizativa. Lo acompañaba, junto a otros amigos y familiares, el propio Carlos Manuel de Céspedes.

En determinado momento un hombre se aproximó al grupo y atacó a Portuondo con arma blanca. Consiguió apuñalarlo en el pecho. El agresor fue aprehendido en el acto. Portuondo sobrevivió inicialmente, pero la herida había sido infligida en una zona muy delicada. Durante casi dos días se debatió entre la vida y la muerte.

La noticia causó gran estupor en todo el país. Portuondo, más allá de sus posturas políticas, era persona querida y respetada. Se trataba de uno de los generales más jóvenes de las guerras de independencia. Un hombre que lo había arriesgado todo más de una vez por una causa que en ese momento respondía al ideal de la virtud ciudadana. Ahora bien, ese no era el único motivo de consternación. La historia electoral del país no había sido para nada esperanzadora hasta ese momento. Cada proceso había estado marcado por irregularidades, disturbios, violencias y, por último, una guerra civil en toda regla. Por más que hubiera sido fugaz y con poco derramamiento de sangre, el acontecimiento tuvo inmensa gravedad. Las primeras teorías respecto a los motivos del ataque a Portuondo hicieron pensar en un crimen político.

Las autoridades y la prensa se movilizaron de inmediato para tratar de precisar los hechos con la mayor exactitud. Antes de que se produjera ningún esclarecimiento ya aparecían en la prensa acusaciones veladas de unos grupos contra otros. Los diarios de tendencia conservadora fustigaban duramente a los liberales tanto zayistas como miguelistas. Los liberales recordaban la muerte de su propio mártir, Enrique Villuendas, muerto en circunstancias aparentemente similares. Aquella muerte sentenció al país a la guerra de partidos. ¿Tendría la muerte de Portuondo las mismas consecuencias?

Al día siguiente comenzaron a esclarecerse los hechos. Las noticias aparecieron rápidamente en los periódicos para calmar los ánimos. El gobierno provisional de Magoon, interesado en el buen desenvolvimiento del proceso electoral, tenía gran interés en ello. Al parecer, el atacante no era parte de ninguna conjura política. Al menos, no se descubrieron indicios de conspiración alguna, ni estaba clara la finalidad que podía perseguido de haber existido. La muerte de Portuondo no era útil bajo ningún concepto más allá de la venganza o la animosidad que pudiera abrigar alguien a título individual. No favorecía a la estrategia de ningún partido. Lo mismo podría decirse de la de Villuendas, que tuvo carácter fortuito. Aunque intimidar a los liberales en 1905 tenía más sentido que al Partido Provincial en 1908.

Lo cierto es que el atacante se llamaba Agustín Aguilera, era natural de Holguín y tenía antecedentes penales. Según los testimonios de quienes lo conocían, padecía de serios trastornos de comportamiento. Lo calificaban de “enajenado mental”. Se dice que había atacado a su esposa y su suegra con un machete. Estuvo en prisión por delitos violentos, pero fue indultado durante la primera intervención. El gobierno de Leonard Wood era muy proclive a los indultos, incluso de criminales violentos, práctica seguida por los siguientes gobiernos de la isla. En todo caso, el ataque a Portuondo no parece haber obedecido a ninguna determinación medianamente racional. Incluso su acompañante Céspedes estuvo a punto de ser herido.

El 15 de julio, finalmente, se extinguió la vida de Rafael Portuondo Tamayo. Había cumplido 41 años menos de cuatro meses antes. Su muerte provocó el declive acelerado del movimiento que acababa de fundar. Muchos de sus seguidores acabaron refugiándose en las filas liberales y conservadoras. De Portuondo, quedó la leyenda del hombre que intentó crear una organización política inspirada directamente en los ideales de José Martí.

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