
Casa de las Américas es una de las instituciones culturales con cierto alcance internacional que existen en Cuba en la actualidad. En su sede de la calle G, en El Vedado capitalino, se efectúan disimiles talleres, conferencias, exposiciones y ventas de libros sobre el subcontinente latinoamericano. Sin embargo, muy poco se conoce de los antecedentes y orígenes de esta institución, quien originalmente no tenía ese nombre y que desarrolló una intensa labor cultural a lo largo de más de dos décadas. Este trabajo es un intento de rescatar parte de esa labor tan soslayada.
Con la finalidad de alcanzar la unidad intelectual de todos los escritores y artistas americanos y el afianzamiento de una cultura y arte autóctonos, surgió en 1934 la Asociación de Escritores y Artistas Americanos (AEAA), con sede en La Habana. Dicha asociación recibió pleno respaldo del Gobierno cubano de la época, al declararla de Utilidad Pública como Organismo Autónomo Internacional.
La AEAA se proponía el fomento de las artes y las letras en todo el continente americano y para ello se propuso la creación de bibliotecas, pinacotecas, museos y cualquier centro de enseñanza a su alcance. También proyectó crear una editorial para difundir el pensamiento de los intelectuales, nombrada “Casa Editorial del Libro Americano”, así como la institución del Día del Libro, del Arte, del Escritor y Artista Americano, entre otras actividades. El más decidido impulsor de este empeño fue el poeta y publicista cubano Pastor del Río y Carrillo, quien dirigió el organismo hasta su extinción.
En sus inicios, la sede de la asociación radicó en la calle Obispo no. 75, más tarde se trasladó a la calle O’Reilly no. 9 y luego a la calle Prado no. 116, hasta que se erigió el magnífico edificio actual en 1947, el cual fue nombrado de dos maneras: Casa Continental de la Cultura o Palacio de las Letras, las Artes y las Ciencias Continentales.
La institución recibió un espaldarazo de todo el continente, cuando la Conferencia Panamericana de Buenos Aires, en 1939, la reconoció como Organismo Continental e invitó a todos los gobiernos de la región a que le prestaran apoyo oficial. Ese mismo año, la Reunión de Comisiones Nacionales de Cooperación Intelectual, cónclave efectuado en Chile, ratificó la Resolución de Buenos Aires y convocó a otras instituciones culturales de la región a crear filiales de esta asociación por todo el continente.
Paulatinamente, la AEAA creó tantos Institutos Cubanoamericanos de Cultura como países de la región se sumaron a ellos. Fue así que nacieron organizaciones tan olvidadas hoy como el Instituto Cubano-Costarricense de Cultura, Boliviano, Panameño o Haitiano- Cubano de Cultura, entre varios otros que hermanaron a Cuba con una buena parte de los países de Latinoamérica.
La AEAA tenía diferentes secciones dentro de su seno, como la de Escritores, Ciencias, Arquitectura y Teatro, más un cuerpo asesor. Lamentablemente algunas de sus iniciativas promovidas en la época no tuvieron arraigo, a pesar de las loables intenciones. Entre ellas la instauración del Día de la Cultura Americana, a celebrarse el 13 de octubre, o la del concurso literario en honor al gran intelectual argentino Domingo Faustino Sarmiento, del cual este autor no pudo hallar edición alguna, si es que existió tal convocatoria.
También crearon la Universidad Popular “Juan Clemente Zamora”, reconocida en su momento como una de los mejores empeños de esa institución en pro del conocimiento. Sin embargo, es difícil hallar algún registro o documento que ofrezca más detalles del desenvolvimiento de esta escuela.
Sin dudas la huella cultural más imperecedera que dejó esta asociación fue la revista América, que surgió en enero de 1939 y tenía un amplio abanico de temas, como historia, política, antropología, medicina, economía y literatura. En ella colaboraron renombrados intelectuales cubanos como Rafael Esténger, Emeterio Santovenia, Luis Felipe Rodríguez, Antonio Iraizoz, Gonzalo Arostegui, Félix Lizaso, José Manuel Pérez Cabrera, Juan J. Remos, Nicolás Guillen, Mario Llerena y Rafael Soto Paz, entre otros.
En las páginas de América también pueden leerse tantísimos trabajos de intelectuales y pensadores latinoamericanos y estadounidenses. Dicha publicación llegó a circular en muchísimos países del continente y era leída y reconocida en numerosos círculos intelectuales y académicos de un extremo a otro de toda América. Algunos presidentes y expresidentes latinoamericanos llegaron a colaborar en la revista y aplaudir su impronta en la región.
Con la irrupción de la Revolución Cubana en 1959, la que sepultó toda institución cultural anterior y conquistó la mente y el corazón de buena parte de los mejores intelectuales latinoamericanos, en especial, los escritores del boom, esta asociación quedó totalmente olvidada y todo el protagonismo se lo ha llevado Casa de las Américas. Pero esta última institución tuvo como antecedente a la AEAA, convenientemente olvidada hasta hoy.
