
En 1942 el cine cubano se lanzó a un proyecto ambicioso: llevar por primera vez a la pantalla, en una obra de ficción, la figura de José Martí. El argumento elegido fue uno de los episodios más románticos asociados a su vida: la estancia en Guatemala y su relación con María García Granados, la joven que inspiró los versos sencillos popularmente conocidos como “La niña de Guatemala”.
La película se tituló La que se murió de amor. Desde el primer anuncio despertó expectativas en la prensa y entre figuras de la cultura cubana. Lo que parecía destinado a convertirse en un acontecimiento para la cinematografía nacional terminaría, sin embargo, como una de las historias más singulares y polémicas del cine de la República.
En febrero de 1942 el periódico Hoy anunciaba el rodaje. La producción corría a cargo de Aníbal Graupera y la dirección de Jean Angelo (nombre artístico de Ángel Hernández de Velazco). Martha Elba Fombellida, escritora, periodista y actriz, interpretaría a María García Granados. El punto de partida era el poema de Versos Sencillos. La prensa recibió el proyecto con entusiasmo. El 4 de marzo Hoy la catalogaba como una obra que se apartaba de los temas de fácil explotación para abordar un asunto de la historia cubana. El filme pretendía combinar cine, literatura e historia nacional y, sobre todo, llevar a José Martí a la pantalla.
El respaldo de los intelectuales
La producción, sin embargo, tropezó pronto con dificultades económicas que retrasaron su terminación. Aun así, encontró un respaldo extraordinario entre la intelectualidad. En julio de 1942 el ministro de Defensa, Arístides Sosa de Quesada, entregó al presidente Batista una solicitud de apoyo moral y económico firmada por Juan Marinello, Jorge Mañach, José María Chacón y Calvo, Félix Lizaso, Emilio Roig de Leuchsenring, Rafael Suárez Solís, J. M. Valdés Rodríguez, Francisco Ichaso, Nicolás Guillén, Guy Pérez Cisneros, Mariano Brull, Enrique Labrador Ruiz, José Z. Tallet y otras personalidades. El documento defendía la realización de una película dedicada a un episodio de la vida de Martí y consideraba que el proyecto podía demostrar las posibilidades del cine cubano.
Algunos de esos intelectuales no se limitaron a firmar. Francisco Ichaso colaboró en los diálogos; Félix Lizaso, uno de los principales estudiosos de Martí de la época, actuó como supervisor. Hoy llegó a hablar de una obra que podía convertirse en orgullo de la cinematografía nacional. Pese a ese apoyo, el rodaje se interrumpió por falta de material y problemas financieros, y se prolongó hasta 1943. Para entonces el entusiasmo inicial había empezado a erosionarse.
Una reclamación por el título
Uno de los primeros obstáculos fue jurídico. El 3 de julio de 1943 Hoy publicó en sus páginas: “Inician una causa en relación con la película La que se murió de amor”. El día anterior Saúl Pereda Valdés, teniente de la policía secreta, se presentó en el Ministerio de Gobernación para ejecutar una orden del Juzgado de Instrucción de la Sección Segunda. La querella procedía de Benencio Rodríguez, quien alegaba haber registrado en 1937, en el Negociado de la Propiedad Intelectual, una obra titulada La niña que se murió de amor, inspirada también en los versos de Martí. Su representante, el señor Chediak, informó de una causa por falsedad y de una afectación de derechos de propiedad intelectual. El juzgado ordenó la ocupación de la película. Los rollos, ya retenidos por la Comisión Revisora Cinematográfica —que había prohibido su exhibición—, quedaron bajo custodia.
Los masones contra La que se murió de amor
Ese mismo fin de semana la controversia adquirió otra dimensión. El 4 de julio Hoy informaba de un escrito presentado por Francisco de Miranda y Varona, Gran Maestro de la Gran Logia de la Isla de Cuba (entonces con más de 15 000 miembros), ante el fiscal del Tribunal Supremo, Maximiliano Smith. El señor de Miranda no se limitó a expresar desacuerdo: solicitó el embargo del original y de las copias existentes, pidió que no se autorizara la exhibición e instó a iniciar causa penal contra quienes pudieran resultar responsables.
La intervención de la Gran Logia desplazaba el problema del título al contenido. Según el escrito, la película escenificaba un supuesto episodio de la vida de Martí tomando como fundamento una poesía “imaginativamente bella”, pero cuyo hecho no tenía realidad histórica demostrada. Además, el argumento y la caracterización de los personajes no enaltecían la memoria del Apóstol, sino que la perjudicaban. El asunto central quedaba así definido: la representación cinematográfica de un episodio sentimental asociado a José Martí.
Llevar aquellos versos a la pantalla exigía convertir el poema en narración, representar a los personajes y colocar al propio Martí dentro de la acción. Esa interpretación fue precisamente lo que algunos sectores consideraron problemático. No podemos afirmar que fuera la única razón de la prohibición —el expediente reunía reclamaciones diversas—, pero sí que la representación del episodio de María García Granados constituyó uno de los ejes de la oposición.
El rostro del Apóstol
Hubo también críticas a la elección del actor. En los primeros anuncios se había mencionado a Enrique Alexander, nieto de Amelia Martí, por el parecido físico que se le atribuía con su tío abuelo. Finalmente el papel recayó en Mario Viera, conocido como locutor del Noticiario RHC. Pedro R. Noa Romero recoge una carta de 1943 dirigida al ministro de Gobernación que cuestionaba su caracterización a partir de fotografías publicadas. Félix Lizaso defendía que el rostro debía corresponder al Martí joven de la fotografía tomada en México en 1876; Jean Angelo, por su parte, alegaba que respondía al “Martí símbolo” que la juventud conocía por fotografías, bustos y dibujos. La discusión sobre la imagen física del Apóstol formaba parte de una controversia más amplia.
Una película condenada antes de consolidarse
En septiembre de 1942 todavía se anunciaba el estreno para la temporada siguiente y se hablaba de una obra de gran importancia artística y patriótica. Un año después la Comisión Revisora había prohibido su exhibición, el juzgado ordenaba la ocupación y el Gran Maestro de la Gran Logia pedía el embargo. El proyecto que había recibido el respaldo de una parte significativa de la intelectualidad se hallaba ahora en medio de un litigio administrativo, judicial y cultural.
La película no desapareció de inmediato. En enero de 1947 el Diario de la Marina anunciaba en el Teatro Payret Martí en Guatemala (La que se murió de amor), con Martha Elba y Mario Viera bajo la dirección de Jean Angelo. El cambio de título es significativo. La controversia, no obstante, persistía: el 4 de febrero ocurrió una protesta de la Juventud Socialista de La Habana contra la exhibición de la cinta.
Actualmente no se ha localizado ninguna copia conocida de la película. Podemos reconstruir la polémica a través de la prensa, las reclamaciones y las decisiones administrativas, pero no podemos ver la obra que la originó.
La que se murió de amor intentó convertir en imágenes una historia de amor asociada al Apóstol y terminó protagonizando, ella misma, una batalla por los límites de su representación. Reapareció años después con otro título. Después desapareció. Sólo quedan los rastros documentales de aquella controversia que nos revela hasta qué punto la figura de Martí era —y sigue siendo— territorio disputado.
Fuentes consultadas
Fuentes digitales y bibliografía especializada
García Borrero, Juan Antonio. “La que se murió de amor (1942)”. Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano (ENDAC). Disponible en: https://endac.org/encyclopedia/la-que-se-murio-de-amor/
García Borrero, Juan Antonio. “La que se murió de amor (1942), de Jean Angelo”. Cine cubano, la pupila insomne, 15 de febrero de 2012. Disponible en: https://cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com/2012/02/15/la-que-se-murio-de-amor-1942-de-jean-angelo/
Noa Romero, Pedro R. “Los rostros de Martí en el cine cubano de ficción”. Revista Honda, no. 62, 30 de mayo de 2022.
Publicaciones periódicas y hemerografía
Diario de la Marina (La Habana, Cuba)
“Martí en Guatemala / La que se murió de amor” [Anuncio publicitario del Teatro Payret]. Diario de la Marina, 28 de enero de 1947, p. 6.
“Los Zapaticos de Rosa”. Diario de la Marina, 12 de junio de 1953, p. 5.
Hoy (La Habana, Cuba)
“Martha Elba Fombellida en La que se murió de amor”. Hoy, 18 de febrero de 1942, p. 12.
“Noticias de Actualidad Nacional: Continúa el rodaje de la interesante película cubana La que se murió de amor”. Hoy, 4 de marzo de 1942, p. 12.
“Los Intelectuales y La que se murió de Amor” y “Cartelera: Teatro Payret”. Hoy, 22 de julio de 1942, p. 6.
“La que se murió de amor” y “Cartelera: Teatro Fausto”. Hoy, 6 de septiembre de 1942, p. 6.
“Síntesis Mundial: La que se murió de amor en pantalla”. Hoy, 16 de septiembre de 1942, p. 8.
“La que se murió de amor”. Hoy, 19 de septiembre de 1942, p. 6.
“La que se murió de amor”. Hoy, 26 de septiembre de 1942, p. 6.
“Inician una causa en relación con la película La que se murió de amor”. Hoy, 3 de julio de 1943, pp. 1, 6.
“Piden el embargo de la película cubana La que se murió de amor”. Hoy, 4 de julio de 1943, p. 6.
“Contra una película”. Hoy, 4 de febrero de 1947, p. 6.
