Fotografía de Juan Pablo Estrada.

En nuestro país el Día de las Madres es una fecha muy especial. El día escogido, el segundo domingo del mes de mayo, adquiere especial relevancia para muchas familias, que no escatiman una felicitación y regalos para uno de sus seres más queridos. Ese día, los medios de comunicación siempre dedican un espacio para resaltar a la mujer y su insustituible amor maternal, pero rara vez se mencionan los orígenes de esta tradición en Cuba ni a sus iniciadores. Al menos no ha ocurrido así desde 1959 y existe mucho desconocimiento de cómo nace una tradición de hondo calado popular.

La motivación inicial de este trabajo la encontré en el Cementerio de Colón, allí se recomienda a los turistas como uno de los panteones a visitar por su belleza y decoración arquitectónica el del periodista Víctor Muñoz, al que se le atribuye ser el “creador” del día de las Madres en Cuba. Dicha afirmación, según han demostrado varias investigaciones posteriores, contiene algunas imprecisiones históricas muy poco divulgadas en los grandes medios.

La idea inicial de celebrar el Día de las Madres en el mundo nace en los Estados Unidos. Fue la compositora del Himno de Batalla de la República, Julia Ward Howe, quien en 1872 lo celebró como Día de la Paz y después como el Día de la Madre en la ciudad de Boston, pero la conmemoración tuvo un carácter local y no trascendió. El verdadero impulso vendría de la también estadounidense Anna Jarvis, quien el segundo domingo de mayo de 1907, en la ciudad de Filadelfia, conmemoró el tercer aniversario de la muerte de su madre, una destacada activista comunitaria, dedicándoselo a todas las madres de su país y del mundo.

A partir de ese momento Anna Jarvis comenzaría una campaña por toda la Unión Americana para establecer esa fecha como el Día de las Madres, y ya para el año siguiente logró celebrarlo en una iglesia de su ciudad. En 1910 se convirtió en celebración oficial del estado de Pennsylvania y para 1914 la fecha fue incluida en el calendario federal de Estados Unidos.

En sus inicios la fecha tenía la peculiaridad de que se le regalaba un clavel rojo a quienes tuvieran la madre viva y un clavel blanco a quienes su madre había fallecido, pues eran las flores preferidas de la madre de Anna Jarvis.

¿Cómo surge la tradición en Cuba?

Existe la creencia bastante generalizada de que fue el gran cronista deportivo Víctor Muñoz el que inicia la tradición de esta celebración en Cuba, pues en abril de 1921, luego de haber ganado el puesto de concejal por el Ayuntamiento de La Habana, presenta una moción para la celebración en del “Día de las Madres” en la capital, la cual fue aprobada de manera entusiasta por la Alcaldía de la ciudad.

Cabe anotar que Víctor Muñoz no sentía especial atracción por el mundo de la política, pero dada su enorme popularidad y el empuje de su amigo Eduardo Cepero, lo llevaron a aceptar el puesto de concejal. Muñoz fue un repórter sumamente ingenioso e innovador y muchos de los que lo conocieron exaltaron la manera tan original en que escribía sus crónicas de béisbol, pelota vasca y equitación. Como redactor deportivo creó variadísimos neologismos y frases que perduraron por muchas décadas en el mundo de los deportes.

Fue también un gran cronista de la vida norteamericana y su sección “Junto al Capitolio”, de El Mundo, era de las más leídas de ese prestigioso diario. Aquellas semblanzas causaron la admiración y el elogio de grandes intelectuales como Manuel Sanguily y Enrique José Varona. Su sorpresiva muerte en 1922, con apenas 45 años, pero ya con un bien ganado prestigio como periodista, mucho contribuyó a que sus influyentes amistades y admiradores le atribuyeran la creación en la isla de esta bonita tradición.

Ejemplos de lo anterior puede hallarse en uno de los libros de Historia de Cuba, de uso oficial y obligatorio para la Enseñanza Primaria en la etapa republicana y escrito por Vidal y Morales, donde aparece una foto de este periodista y se dice que era el patriota cubano a quien se debía la creación del Día de las Madres en Cuba1.

Sin embargo, se ha demostrado que la iniciativa primera en acoger esta celebración proviene de un grupo de intelectuales del poblado habanero de Santiago de las Vegas, inspirados en la iniciativa de Anna Jarvis y el artículo “Mi Clavel Blanco”, publicado por Víctor Muñoz en El Mundo a principios de 1919. En ese artículo, Muñoz desconfiaba de la capacidad de los pueblos de habla castellana en acoger con entusiasmo esta joven tradición. Consideraba que en nuestras sociedades el afecto a la madre era egoísta “consagrado a la muestra, insensible a lo que representa el nombre de la madre, al que nunca concedemos en nuestra conversación el respeto que merece”.

1 La verdadera historia del Día de las Madres en Cuba, Marat Simón Pérez-Rolo, Santiago de las Vegas, Cuba, 1998, p. 20.

Cuenta Marat Simón en su libro La verdadera historia del Día de las Madres en Cuba que, dispuesto a cambiar esa apreciación, el lector de tabaquería Francisco Montoto propone a un grupo de intelectuales integrantes del Centro de Instrucción y Recreo (CIR) de Santiago de las Vegas (institución fundada en 1882 por Fermín Valdés Domínguez y Enrique Roig San Martín) un homenaje a las madres, “molesto y disgustado por los criterios de desconfianza del cronista habanero con respecto a la falta de conceptos morales que se atribuía a los cubanos en relación a su trato hacia las madres”2.

El homenaje se efectúa el 9 de mayo de 1920 en el teatro del CIR y a la entrada del recinto una pareja de jóvenes obsequiaba claveles a los invitados, que exhibían en sus vestidos o camisas. En la velada hicieron uso de la palabra el director del centro, Teodoro Cabrera, Francisco Montoto y Francisco Simón. Algunos niños recitaron versos de Martí a su madre y otro joven declamó el poema “A mi madre”, de Diego Vicente Tejera3.

Consta que semanas antes de la celebración, Francisco Simón le envía una carta a Muñoz informándole de la iniciativa. El cronista habanero lo expresa en su artículo “El Día de las Madres” publicado ese mismo día y donde se aprecia un evidente cambio de criterio: “El día de hoy es el segundo domingo de mayo, que los americanos consagran como el Día de las Madres y que muchos cubanos quieren destinar al mismo objeto. No sé si conseguirán su propósito los hombres generosos que reunidos en el pueblo de Santiago de las Vegas, hace tres semanas, acordaron trabajar para que Cuba instituya este domingo como Día de las Madres”.

Nótese que el periodista aún se muestra escéptico, pero apoya el empeño y considera que ganará adeptos con el decursar de los años al expresar: “Estoy seguro que tan sólo una minoría aceptará la costumbre este año: que comenzará vagamente, débilmente, ese reconocimiento del Día de las Madres. Pero esto, no debe desalentar a los que han trabajado a favor de su institución, pues en los mismos Estados Unidos, cuyo pueblo sencillo y joven es de un vigor sentimental extraordinario, fue preciso una labor persistente de varios años para que, no la nación, sino la ciudad donde tuvo su origen la idea, acogiese esta con entusiasmo”.

En ningún momento Muñoz se atribuye ser el iniciador de esta tradición, más bien desconfiaba de que pudiera arraigarse y dársele continuidad. Al parecer cambiaría de opinión tiempo después.

En su libro, Marat Simón, hijo de uno de los iniciadores de la tradición, narra las escasísimas ocasiones en que se hizo mención tanto en la República como en el período revolucionario a ese poblado capitalino como cuna del “Día de las Madres”. Una de ellas

2 Ibídem, p. 14.

3 Ibídem, p. 16-17.

ocurrió en el diario Prensa Libre el 11 de mayo de 1958, cuando uno de los participantes en esa celebración, el periodista Guillermo Gener, le salía al paso a un colega suyo, Armando Canalejos, quien promovía una colecta pública para erigir una estatua a Víctor Muñoz “por ser el creador del Día de las Madres”.

Gener recordaba la pionera iniciativa de Francisco Montoto en 1920 y así por vez primera un diario nacional reflejaba la “verdad histórica” que tan pocos conocían. A diferencia de lo difundido hasta ese momento los habitantes de Santiago de las Vegas si tenían bien presente aquella celebración y quisieron dejar constancia de ello con la inauguración en mayo de 1945 de un Rincón de las Madres en una de las esquinas del Parque Martí, en donde es posible apreciar la efigie de una mujer con un niño en brazos, obra del artista Plácido Crespo.

Sin embargo, este artículo tuvo un efecto inesperado, la redacción de Prensa Libre recibió la visita del doctor Eduardo Queral Mayo, quien ofreció datos y certificaciones de que la Logia Masónica “Los Perseverantes” de Puerto Padre, en la actual provincia de Las Tunas, a iniciativa de este periodista acordó en sesión del 2 de mayo de 1920 celebrar en esa localidad oriental una fiesta por el Día de las Madres, acto efectuado el mismo día que los contertulios de Santiago de las Vegas hacían su actividad a cientos de kilómetros. La redacción del diario expresaba que “de ser cierto, como parece serlo, Puerto Padre y Santiago de las Vegas deberán compartir la gloria de haber instituido ambos pueblos en igual fecha el Día de las Madres”4.

Un dato verdaderamente inédito y que hasta el momento nadie se ha encargado de corroborar.

Más allá de la celebración

Si bien no corresponde a Víctor Muñoz ser el que inicia esta tradición en nuestro país, se caería en una gran injusticia histórica demeritar el indudable aporte de este cronista en el festejo de los cubanos a un ser tan querido. Por ser un poblado alejado de la capital y carecer de acceso a la prensa más leída de la época, la loable iniciativa de los intelectuales santiagueros tuvo escasa repercusión. Fue este original reportero el primero que da a conocer en Cuba esta celebración en los Estados Unidos y quien tal vez, inspirado en la iniciativa de aquellos pobladores de la periferia habanera, introduce una moción con carácter municipal para que se escoja un día del año como el “Día de las Madres”.

4 “Más sobre el Día de las Madres”, Prensa Libre, 11 de mayo de 1958, p. 3.

Sin su decisivo impulso tal vez hoy en Cuba no festejáramos este día. Años más tarde, por iniciativa del representante a la Cámara Pastor del Río, la celebración del Día de las Madres se convirtió en ley de la República, publicándose en la Gaceta Oficial el 7 de julio de 1927.

Mención aparte merece el total olvido que después de 1959 han hecho los medios de comunicación de mayor alcance, como la televisión o la prensa nacional, de los orígenes de esta fecha de tanto arraigo popular. La última y única vez data del 10 mayo de 1987, cuando dos periodistas de Juventud Rebelde entrevistaron a Francisco Simón, quien con 96 años era el único sobreviviente de aquella primigenia celebración en Santiago de las Vegas. Al siguiente año fallecía Simón y sería su hijo Marat quien se dedicaría a recabar datos para dar a conocer los orígenes de esta celebración en un libro.

No sin razón Marat califica el artículo de Juventud Rebelde como un intento fallido de rescate de la verdad histórica, pues al igual que el trabajo de Gener ha sido muy soslayado. Señala este autor en 1998 que “sólo en los últimos años y por iniciativa de la Dirección Municipal de Cultura y del Poder Popular de Boyeros se ha venido dando continuidad a la celebración del Día de las Madres en Santiago de las Vegas concurriendo al monumento del Parque Martí escuelas e instituciones, con el propósito de mantener viva la raíz de la primicia intelectual de aquel grupo de santiagueros”5.

Señala también que no fue hasta 1997 en que fue colocada una tarja al pie del monumento a las madres con los nombres de los iniciadores en homenaje a su memoria. Sin embargo, este reportero visitó el lugar y en el pequeño pedestal al pie del monumento no hallé tarja alguna, hecho insólito pues otras tarjas más antiguas erigidas en ese parque permanecen allí en un buen estado.

Tal vez la explicación al olvido, tanto de la figura de Víctor Muñoz como los orígenes del Día de las Madres en Cuba, pudiera hallarse en el largo conflicto entre nuestra nación y los Estados Unidos. Una de sus negativas consecuencias ha sido el escaso tratamiento en muchos de nuestros medios masivos de comunicación de los inseparables lazos que unen a nuestras naciones y la historia del homenaje a nuestras queridas mamás es uno de ellos.

(Versión del original, publicado en Palabra Nueva)

5

Ibídem p.24-25

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