Edificio de la Liga Evangélica de Cuba en La Habana (EcuRed).

Cuba ha sido, desde la conquista y colonización española, mayormente cristiana, primero católica y, a finales del período colonial, sumó grupos nacidos de La Reforma[1], evangélicos entre ellos.

¿Qué une, doctrinal y globalmente, a este grupo? La Biblia como fuente de autoridad en materia de fe (Sola scriptura), la Salvación proveniente de Dios y por gracia (Sola fide y Sola gratia), Cristo como único camino al Padre (Sólo Cristo salva) y dar la gloria sólo a Dios (Soli Deo gloria).

Esos elementos definen a las grandes iglesias evangélicas cubanas: Liga Evangélica de Cuba (LEC), Asambleas de Dios, Metodista, y Bautistas Occidental y Oriental; establecidas antes de 1959.

A pesar de sus raíces europeas, el evangélico es reconocido como un movimiento norteamericano por su impacto en las, entonces, Trece Colonias británicas en el siglo XVIII. No fue hasta el siglo XX que se afianzó en la vida nacional cubana[2], especialmente por su influencia cívica y cultural.

El Imperio Español oficializó el catolicismo en Cuba impidiendo por unos 300 años el establecimiento y/o desarrollo de otros cultos. Sin embargo, desde finales del siglo XVIII llegaron a la isla emigrados franceses que huían de la Revolución Haitiana, diplomáticos, y comerciantes estadunidenses y europeos atraídos por la prosperidad. Nacía con ellos una comunidad protestante en Cuba, una que rompía por primera vez el monopolio religioso imperial.

La abolición de la esclavitud en Cuba tuvo en los protestantes uno de sus primeros y más insistentes activismos, sustentado en la idea de todos los hombres creados por Dios e iguales en dignidad ante Él. William Wilberforce, parlamentario británico desde el siglo XVIII y admirador del ala evangélica de la Iglesia Anglicana, puso fin a la trata de esclavos en buena parte del planeta.

La decisión legal desembarcó pronto en las Indias Occidentales, y fue vista por la Capitanía General de La Habana como un peligro para el sistema. Las autoridades vigilaban y castigaban a quien predicara esa idea protestante. Uno de los casos más conocidos es el del inglés James Gay Sawkins, quien vivió desde 1835 como profesor de dibujo en Santiago de Cuba y Puerto Príncipe.

Su obra más famosa, la litografía Vista de la Plaza de San Francisco, integra la colección del Museo Nacional de Bellas Artes cubano. Por su cultura e inteligencia Sawkins ganó simpatías entre sus contemporáneos[3], excepto quizá las del Capitán General Leopoldo O’Donnell. Por su prédica abolicionista, por “hacer propaganda protestante”[4], fue expulsado de la isla en 1847.

Desde 1830 Gran Bretaña cabildeó contra la trata en Brasil y Cuba, no sólo desde la diplomacia, también desde la acción. Misioneros de colonias británicas divulgaron el abolicionismo en la isla.

El Capitán General de La Habana, Francisco Dionisio Vives, informó en 1831 al gobernador de Matanzas sobre sublevaciones negras animadas por metodistas. Andrés Badajoz, de la Capitanía de Guanabacoa, en carta a militares matanceros mentó “anabaptistas que trabajan incesantemente por insurreccionar los esclavos contra sus amos”. Los protestantes repartían Biblias destacando pasajes antiesclavistas, denunciaban la continuidad de la trata amén del convenio de 1835 entre Londres y Madrid para frenarla. Para monitorear su cumplimiento sólo podía confiarse en la vigilancia inglesa, “alentada por la prédica de los evangélicos abolicionistas”[5].

Mientras la censura colonial apenas dejaba aflorar un discurso abolicionista moderado entre criollos como José Antonio Saco o Domingo del Monte, el protestante era directo y bíblico.

En 1837 el metodista mestizo jamaiquino Jorge Davidson, fue encarcelado casi un año en La Habana y Matanzas, y expulsado por pregonar la abolición, según el historiador Karim Ghorbal.

Lo mismo ocurrió en 1838, en Santiago de Cuba, al maestro James Thomson de la Sociedad Bíblica de Londres. Sus acciones alarmaron al Capitán General, Miguel Tacón, quien escribió al Secretario de Estado en Madrid: “Con objeto de inspirar una absoluta igualdad en todas las clases, hacen circular una edición de la Santa Biblia en idioma español” y “se hallan apóstoles de esta secta en Jamaica encargados de distribuir La Biblia a la raza africana, y de adiestrarla en su equivocada interpretación”. En 1855 se instauró en Cuba una Ley en contra de la distribución de Biblias[6], quizá para frenar la prédica abolicionista. En 1886 terminó la esclavitud en la isla.

También en la libertad religiosa Cuba tiene mucho que agradecer al protestantismo. Folletos y crónicas del siglo XIX recogen lo difícil de profesar una fe distinta a la católica en la colonia.

Muchos extranjeros protestantes se veían en la disyuntiva de abrazar el catolicismo para ser aceptados por la sociedad de la época. Los protestantes tenían prohibido ser enterrados en cementerios católicos, la adoración estaba restringida al culto hogareño. El reverendo anglicano Milo Mahan, de Baltimore, visitó La Habana en 1868 y debió oficiar en la habitación de un hotel.

1871 fue un año de cambios para la libertad religiosa en Cuba, gracias a dos hombres.

En febrero el obispo episcopal Henry B. Whipple, de Minessota, hizo escala en La Habana en medio de la primera guerra independentista. Comprobó que, ante la ausencia de misioneros y templos, muchos protestantes habían perdido contacto con sus iglesias o vivían alejados del evangelio. En la ciudad ofició en consulados y en el barco Swatara, de bandera estadounidense. Circunstancias y disposiciones legales le impedían hacerlo en tierra.

Whipple había estado en España y sabía de las libertades que la corona había dado a los extranjeros para celebrar ceremonias según su religión. Su activismo para traer ese principio de libertad de culto a Cuba contagió a los cónsules de Austria, Estados Unidos, Prusia e Inglaterra, así como a hombres de negocio de La Habana, generando presión diplomática.

El 27 de noviembre de 1871 arribó a la ciudad el reverendo episcopal americano Edward Kenney.

Llegó el mismo día en que soldados españoles fusilaban a ocho estudiantes de Medicina bajo el falso delito de profanar la tumba de un periodista español. El ambiente social estaba caldeado.

A Kenney le prohibieron oficiar en la capital, así que usó un barco de bandera estadounidense domingo a domingo, todo un año. Su constancia lo premió: tras ese período recibió permiso para celebrar cultos en tierra. Fue el primer líder protestante en oficiar regularmente en La Habana.

Kenney obtuvo permiso para visitar enfermos extranjeros en el hospital donde les atendían, fundó el primer cementerio administrado por protestantes y extendió su ministerio a Matanzas, especialmente con obreros negros procedentes de las Antillas.

Cuando el obispo Whipple visitó otra vez La Habana en 1875, vio cómo la parroquia de Kenney incluía a estadunidenses, ingleses, alemanes, negros y chinos. Para estos, incluso, fundó un colegio.

También en lo cultural hay ejemplos valiosos de protestantes haciendo historia.

Tomás Gener, intelectual nacido en 1787 en Cataluña, se afincó en Matanzas en 1808, y fue diputado a las Cortes españolas entre 1820 y 1823 junto a Leonardo Santos Suárez y Félix Varela.

En 1823, perseguido con el regreso del absolutismo de Fernando VII, Gener huyó a Gibraltar y de ahí a Nueva York, donde se reunió con su esposa y su hijo. Vivió once años de exilio.

El historiador Marcos Antonio Ramos afirma que allí Gener asumió el protestantismo.

Desde Estados Unidos contribuyó al florecimiento de una de las más importantes publicaciones periódicas del siglo XIX cubano, la Revista Bimestre. La amnistía lo alcanzó en 1834, y ayudado por Domingo del Monte fundó la primera biblioteca pública de Matanzas, hasta hoy en pie[7].

En la segunda mitad del siglo XIX algunos migrantes cubanos e independentistas en Estados Unidos abrazaron la fe evangélica, que significaba para muchos una propuesta enfrentada a la conducta del clero cubano; monárquico en su mayoría.

Entre los patriotas ilustres de la Guerra de los Diez Años que asistían a los servicios de iglesias evangélicas se encontraban Carlos Manuel de Céspedes (uno de los hijos del Padre de la Patria), el general del Ejército Libertador Alejandro Rodríguez, quien sería el primer alcalde de La Habana tras la guerra, y el coronel Fernando Figueredo. Pedro Duarte, uno de los preparadores de la Guerra de 1895 y amigo de José Martí, llegó a ser predicador.

Otro caso notable es el de Alberto de Jesús Díaz, médico y pastor que inició la obra bautista en Cuba, y que mantuvo estrechas relaciones de amistad con los líderes independentistas Juan Gualberto Gómez y Antonio Maceo. Al cese de la guerra retornó a su tierra natal como misionero.

Muchos pastores criollos formados en territorio estadunidense integraron la célula matriz del movimiento protestante en la isla. Estos hombres, a quienes se les conoce como los “misioneros patriotas”, trajeron las ideas evangélicas antes que los misioneros norteamericanos.

Una vez iniciada la Guerra de 1895, la oficial Iglesia Católica y la Capitanía General hicieron todo a su alcance para restringir las actividades del nuevo movimiento protestante. Por ello, varios pastores fueron empujados al exilio. Muchas congregaciones quedaron sin liderazgo. Y aunque no todos los líderes religiosos apoyaron la gesta independentista, el panorama bélico provocó que el campo misionero en Cuba se redujera considerablemente.

A partir de la capitulación española en Santiago de Cuba y durante la primera ocupación norteamericana (1898-1902) el número de misioneros aumentó. Llegaban, mayormente, de Estados Unidos. Al cierre del siglo XIX, en la isla había congregaciones como la Sociedad de Amigos (cuáqueros), Iglesia Bautista del Norte y la del Sur, Discípulos de Cristo, Metodista del Sur y Congregacional. Estas y otras son conocidas como el “protestantismo histórico cubano”.

En la bisagra de los siglos XIX y XX, protestantes como el cronista Samuel Hazard se preocuparon por causas aplazadas en Cuba, como la protección animal, especialmente las peleas de gallos[8], que imantaban apuestas y trifulcas. Desintegración social.

Entre 1920 y 1960 se establecieron casi todas las denominaciones pentecostales reconocidas hoy.

Fidel Castro (formado como católico) advirtió en su juventud cómo esas estaban arraigadas en sectores humildes por su disciplina, consecuente con sus sentimientos y acciones[9]. Acaso el anhelo del tirano: ¿la entrega activa del corazón de los hombres a un nombre, el de Jesús?

Amén de la inestabilidad política tras el Golpe de Estado del general Fulgencio Batista en 1952, los evangélicos siguieron misionando en zonas de difícil acceso y dura situación socioeconómica.

Aunque la católica no era ya Iglesia oficial en la República, la intolerancia dejaba penosos hechos.

Una familiar de mi esposa recuerda cómo de niña varias personas escupían a su paso en las calles de la muy católica Camagüey, porque asistía a la Escuela Episcopal de San Pablo, en La Vigía.

En la capital pasaba algo similar. A inicios de 1959 la iglesia Asambleas de Dios realizó campañas evangelísticas en sitios públicos de Regla, El Cotorro, La Víbora, alcanzando cinco mil personas. En el barrio Santos Suárez, miembros de dos colegios católicos se reunieron y compraron cajas de huevos que lanzaron a los predicadores y, dos veces, rompieron la plataforma[10].

En los 1950, varios creyentes colaboraron contra el batistato, deseosos de restaurar la democracia.

Paul Alexander Tate, vicecónsul estadounidense en Camagüey, egresado en Filosofía y Letras de la Universidad Episcopal del Sur, Tennessee, fue uno de ellos. “Mistertei”, como le conocían los lugareños, facilitó el uso del papel, la imprenta y algunos ómnibus de la escuela Episcopal local para la distribución de publicaciones clandestinas[11].

Cuando el 1ro de enero de 1959 llegó, pocos avizoraron el desastre que vendría.

¿Cuán fuertes eran las iglesias protestantes previo a 1961, cuando el régimen se declaró socialista?

Ese año la Asociación Evangélica de Misiones Extranjeras aseguró que en la isla funcionaban con regularidad 1,055 congregaciones, a las que había que añadir 961 grupos en formación. Reportes de unas 26 denominaciones revelaban unos 278 mil 244 practicantes, sin contar un número relativamente alto de afiliados a movimientos que no compartieron estadísticas con la Asociación.

Había 1,845 escuelas dominicales; 212 pastores nacionales plenamente entrenados y ordenados; otros 681 religiosos nacionales trabajaban a tiempo completo o avanzaban en el proceso de ordenación; 383 misioneros extranjeros (mayormente estadunidenses) trabajaban en el territorio nacional a principios de 1960. Cuatro seminarios teológicos y nueve escuelas bíblicas entrenaban pastores, misioneros y maestros; funcionaban dos instituciones de enseñanza universitaria, un asilo de ancianos y otro de huérfanos, siete clínicas y dos escuelas agrícolas[12].

Además de desarrollar su ministerio en pocas décadas, los protestantes parecían mucho más militantes en la fe que otros grupos en Cuba. Dos sondeos de opinión de la Agrupación Católica Universitaria, en 1954 y 1957, revelaban que, si bien el 72.5% de la población se decía católica, un cuarto consultó espiritistas y un porciento elevado asistía a ceremonias rituales afrocubanas[13][14].

El primer gabinete revolucionario, del 3 de enero de 1959, incluyó personas de distintas creencias y colores políticos, entre ellos algunos protestantes, como los ministros Faustino Pérez y Manuel Ray, y los funcionarios José A. Naranjo, José Aguilera Maceira, Daniel Álvarez, Manuel Salabarría y Raúl Fernández Ceballos. A pesar de esa aparente tolerancia religiosa, la avalancha llegaría en breve, conducida por el timonazo público hacia el marxismo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la confrontación castrista con Estados Unidos.

  1. Movimiento religioso iniciado por Martín Lutero en Alemania en el siglo xvi, que escindió de la Iglesia católica a iglesias agrupadas bajo la denominación de Protestantismo.

  2. Suárez, Y. (2012), “Existimos, el movimiento evangélico en Cuba”, CBN News.

  3. Roig de Leuchsenring, E., “Un pintor inglés expulsado por O’Donell”. Carteles, mayo, 1922.

  4. Ramos, Marco Antonio, “Panorama del Protestantismo en Cuba”. Editorial Caribe, 1986.

  5. Ídem.

  6. Ídem.

  7. Conangla, Josep, “Tomás Gener: del hispanismo ingenuo a la cubanía práctica”. Academia de Historia de Cuba, 1950.

  8. Hazard, Samuel, Cuba with pen and pencil, Hartford, USA, 1871.

  9. Betto, Frei, Fidel y la Religión. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985.

  10. Diccionario Sensagent.

  11. Labrada, E., “Mistertei, el último cónsul norteamericano en Camagüey”. Panorama 2015.

  12. Clyde W. Taylor & Wade T. Coggins, editores, Protestant Missions in Latin America: A Statistical Survey, (Evangelical Foreign Mission Association, Washington, 1961), pp. 107-113.

  13. Quienes profesaban cultos afrocubanos o espiritismo preferían limitarse a la práctica privada, aunque se identificaban como católicos. Afirmaban “creer en Dios y en los santos” o “creer en Dios. Ramos, Marcos Antonio, “Las creencias religiosas antes de 1959”, Cuban Center for Cultural Social & Strategic Studies.

  14. Vivir la fe en tal sincretismo es impensable para el evangélico promedio, y esa militancia doctrinal tuvo un reflejo en la resistencia cívica a inicios del siglo XXI cuando iglesias y comunidad actuaron masiva y frontalmente contra políticas estatales contrarias a la moral cristiana.

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