
Se suponía que Jorge Olivera (1961) y Nancy Alfaya (1962), serían ejemplo del Hombre Nuevo guevariano. Nacidos en la Revolución socialista, libres de haber saboreado la manzana capitalista, listos para obedecer y matar en nombre de la utopía. Pero las hormas, en ellos, se rompieron.
Ambos pasaron la mayor parte de sus vidas en la Habana Vieja, el casco histórico capitalino, que recuerdan por la proliferación de solares, muchos en pésimas condiciones estructurales, ocupados por numerosas familias. Lares donde un día sí y otro también cae un balcón sobre los viandantes o un edificio entero con la belleza de su arquitectura ecléctica y sus misérrimos habitantes dentro.
Uno de cinco hermanos, Jorge estudió para técnico en telecomunicaciones y, cuando tenía 19 años, lo montaron en un barco, atravesó el Atlántico y cumplió su Servicio Militar Obligatorio en la guerra civil de Angola. Para defender el régimen socialista de Agostinho Neto, Fidel Castro envió tanques, aviones y cuerpos de jóvenes y hombres. Más de dos mil regresaron en ataúdes.
Entre 1981 y 1983 Jorge sirvió en la jungla. Sobre esa experiencia, que lo llevó al borde de la muerte, escribió el libro Antes que amanezca y otros relatos, y el poemario Quemar las naves.
De vuelta a La Habana tomó un curso de edición de videos y trabajó para la televisión oficial por diez años. Allí tuvo sus primeros desencantos por la censura mediática y en el resto de las instituciones culturales. Lo de la libertad era mentira. En ese momento pasó a vivir como un disidente, dice, alguien que opuesto en alguna medida al sistema socialista e intentaba cambiarlo por medios pacíficos. Hasta que en la década de 1990 se convirtió en un “disidente a cara descubierta”[1].
En marzo de 1993, se integró al movimiento prodemocrático, primero como Secretario de divulgación y propaganda de la Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba. Fue una decisión consciente. Tenía claras las consecuencias a las que se exponía.
Jorge también fue parte de la agencia pionera del periodismo independiente Habana Press, fundada en 1995. A inicios de los 2000 él mismo la dirigiría, exiliados sus fundadores en España.
El trabajo, en el paleolítico del Internet en Cuba, era artesanal. Jorge y otros reporteros, iban a casa de algún conocido con línea telefónica. Allí, dictaban los artículos a alguien en el exilio, que facilitaba la difusión internacional reproduciéndolos en varias webs[2].
A la par del periodismo, Jorge publicaba poemas en medios como Revista de Cuba, de la Sociedad de periodistas Manuel Márquez Sterling, miembro de la red de Reporteros Sin Fronteras.
En 1997 Nancy y Jorge se cruzaron fortuitamente en el céntrico Parque de la Fraternidad. Ambos se conocían desde el año 1980, en el populoso barrio de Belén. Nancy era amiga de la hermana de Jorge. Pero algo los imantó aquel día de reencuentro.
Habían pasado mucho tiempo sin verse. Él, involucrado en lo que popularmente se conocía como “los Derechos Humanos”, activistas antisistema que intentaban educar a otros ciudadanos sobre las libertades arrebatadas por el Socialismo. Ella, comenzaba su camino como cristiana.
Mientras Nancy compartía con Jorge las enseñanzas de La Biblia, él le hablaba de conspiraciones antitotalitarias. Teología y política, verbo y acción, lo alto y lo terrenal, enlazados en sus charlas.
Para Jorge, Dios hizo libres a los individuos y por tanto consideraba que la pasividad ante los desmanes de un régimen ateo y abusivo era inaceptable.
El miedo es una fiera que muchos no han logrado someter. En mi caso, pude domesticarlo con la fe y la convicción de que Dios tiene el control de qué ocurre en mi vida. Para el que cree, todo obra para bien.
Jorge no conocía de Dios y Nancy nada sobre derechos humanos. “Fue una combinación perfecta”, dijo ella. “Nuestra unión se fortaleció en el amor a Dios y en el amor por la libertad de Cuba. Fue una etapa con enormes desafíos, pero el amor todo lo puede”.
Ella supo del evangelio por su tía y su abuela, Adventistas del Séptimo Día. Las recuerda desmenuzando versos bíblicos; aunque en verdad solo entregó su vida a Jesús después de un terrible accidente, cuando cayó del primer piso de un edificio en construcción en Centro Habana. “Clamé a Dios desde el suelo, prometiendo serle fiel. Fue un milagro sobrevivir sin secuelas”. El accidente ocurrió en febrero de 1994 y Nancy se bautizó en octubre.
Comenzó a congregarse junto a su tía y su abuela en la Iglesia que visitaban del municipio Cerro. Algo que recuerda vívidamente de ambas eran sus críticas al Socialismo y contra Castro. Aunque entonces Nancy desconocía la existencia de una oposición contra la dictadura, en ella “habitaban sentimientos contestatarios a la espera de materializarse”.
Cuando su esposo se bautizó en 1998 vivió una colisión en su iglesia. Jorge era ya un conocido disidente. Un líder adventista le dijo que para seguir en la congregación debía dejar su activismo.
Según Nancy las iglesias Adventistas pueden aplicar la desfraternización a miembros que viven en pecado o violan normas morales de la denominación. Nada de eso aplicaba a Jorge. Nancy no descartó la influencia o presión de la policía política; “incluso las iglesias están infiltradas”.
Aunque no los expulsaron, la indignó tanto el condicionamiento que, tras rechazarlo apoyada en las Escrituras, comunicó al liderazgo local que no asistiría más a esa iglesia. Les dijo que le interesaba estar inscrita en el Libro de la Vida, y que compartía las ideas de su esposo. Fue la primera prueba de muchas por venir.
Su activismo público comenzó en 2003, con el movimiento Damas de Blanco, donde esposas, madres y hermanas, mujeres sencillas, se unieron para exigir la liberación de sus hombres, presos en la ola represiva que ocurrió del 18 al 20 de marzo de 2003, conocida como Primavera Negra[3].
Ante el creciente auge del movimiento opositor, y aprovechando la atención internacional sobre la guerra contra Saddam Hussein en Irak, Castro lanzó sincronizadamente a lo largo del país a cientos de oficiales de la policía política y la PNR, contra disidentes, bibliotecarios y reporteros. Allanaron una decena de hogares, confiscaron ordenadores, fotos, máquinas de fax y de escribir, interrogaron a sus moradores. Según el castrismo, los opositores participaban en provocaciones y actividades subversivas del jefe de la Sección de Intereses estadounidense, James Cason. Empero, la mayoría de los arrestados nunca había visitado esa delegación o conocido al diplomático.
Varios juicios sumarios dejaron condenas de entre 6 y 30 años de prisión. Jorge fue uno de ellos. Lo más duro para él no fue el solo poder ver a su abogado ocho minutos antes de la vista oral, sino que nueve meses los pasó en una celda de aislamiento. Fue sentenciado a 18 años de cárcel, y enviado a la prisión de Guantánamo, lejos de Nancy, en La Habana, al otro extremo de la isla.
Dice haberse convencido de que Dios permite las pruebas para el crecimiento espiritual. “Aunque en algún momento aparezcan el desánimo y la duda eso tiene que ser algo pasajero, efímero, si en realidad confiamos en Sus promesas”. Entender el sufrimiento por seguir la justicia y la verdad como camino para acercarnos a Dios tiene un fuerte sentido en el cristianismo. Confiar en un Dios protector aquí y en la eternidad fortaleció a Jorge.
“La esclavitud no es compatible con el mensaje redentor de las Sagradas Escrituras”, afirmó.
Hemos vivido en Cuba, demasiado tiempo, bajo leyes que van contra la integridad física, mental, moral y espiritual de los seres humanos. Eso es inadmisible desde la óptica cristiana. Hay que continuar abogando por la emancipación con acciones concretas y confiando en el tiempo de Dios. En el calendario de la divinidad, la libertad de Cuba está marcada. Nunca lo dudaré.
Décadas después, el recuerdo del presidio que gravitaba en su cabeza era el de comida pútrida, nubes de mosquitos, agua de beber llena de fango, visitas familiares de dos horas cada tres meses. Privado de la luz solar y el contacto humano, sus únicas compañías eran avispas, lagartijas, ranas en la comida. Todo eso reavivó problemas de salud que arrastraba desde la guerra.
Otro sostén fue su Matrimonio. Cartas y llamadas vivificaban su espíritu. Las Damas de Blanco que Nancy y otras fundaron “fue la primera organización contestataria que logró manifestarse pacíficamente en las calles, llamando la atención dentro y fuera de Cuba”. En 2005 ganaron el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, del Parlamento Europeo.
Las Damas de Blanco protestaban pacíficamente todos los domingos: asistían a servicios en distintas iglesias en el país, donde pedían libertad para sus seres queridos, y luego andaban con una flor de gladiolo en sus manos por céntricas vías, como la Quinta Avenida, del oeste habanero.
Aquellos días Nancy caminaba junto a otras evangélicas, todas fundadoras del movimiento, como Elsa Morejón, Margarita Borges y Bárbara Rojo, esposas de Oscar Elías Biscet, Edel José García y Omar Ruíz Hernández, respectivamente. También de Magalis, Martica y Nenita, la esposa, la hermana y la anciana madre, por ese orden, del opositor Librado Linares[4].
Si bien en las protestas coincidían mujeres católicas, Nancy recuerda la imperante armonía. “Un objetivo común, que superaba cualquier discrepancia doctrinal o religiosa: nuestros familiares estaban tras rejas, en condiciones infrahumanas. Debíamos llamar la atención sobre eso”.
Nancy recordó que Eclesiastés menciona que todo tiene su tiempo. “Conocer tu lugar cuando llegan tiempos difíciles es clave para no desenfocarte. Cuando sabes que haces lo correcto y, más definitorio, lo que Dios espera de ti, es suficiente para que nada ni nadie te detenga”. Su tiempo, creía, llegó para alzar la voz por los presos políticos. “El dolor de una, era el dolor de todas”.
En los años que fue Dama de Blanco visitó la Iglesia “Novedades Divinas”, de la LEC, por el Puerto de La Habana. Aun así, asistía los domingos a la iglesia católica de Santa Rita de Casia, del barrio capitalino de Miramar, y de ahí se unía a las marchas del grupo. “Mi conciencia estaba en paz. Mi convencimiento de que hacía la voluntad de Dios era total”, aseguró Nancy. Su asistencia a aquel templo no era una rendición de su fe, sino como un chance para comulgar con otras mujeres que luchaban contra el totalitarismo. “Ecumenismo” ejemplar.
Semana tras semanas eran violentamente detenidas por efectivos de la PNR y la policía política, que las transportaban a sitios alejados de los centros urbanos, como la Escuela de Policía de Tarará, donde otras mujeres, militares, las sometían a vejaciones y tortuosas golpizas. Las Damas de Blanco, confesó Nancy, fueron una familia unida por el dolor y las injusticias.
Nancy reconoce su fe cristiana y el anhelo por la libertad de Cuba como parte de un mismo lenguaje. “Luchar por la justicia y la paz es deber de todo cristiano”. Las ideas de la Revolución norteamericana del siglo XVIII resuenan en sus palabras:
Nacimos libres y tenemos el derecho, concedido por el Creador, de vivir en libertad y luchar por ella. Cuando lees las Escrituras te encuentras con un Dios que ama la justicia, la libertad, la paz, el amor y la vida. El mensaje de salvación nos exhorta a renovar la mente para poder cambiar nuestra vida y nuestro entorno.
Ese cambio, cree, libera de moldes y patrones impuestos por sistemas políticos y religiosos. Nancy ama las palabras de Jesús sobre cómo conocer la verdad libertad, y que hay libertad donde mora el Espíritu Santo. La fe, dijo, fortalece a los individuos, los interconecta. “Los totalitarismos temen a mujeres y hombres que proyectan una fe genuina; saben que no podrán doblegarlos”.
Jesús, dice, fue su “refugio, fortaleza, sanador, esperanza y ayudador”. Cuenta que “con la sentencia de Jorge mi corazón sintió la voz de Dios diciendo: ‘Ten fe, será liberado antes de los dos años. La última palabra no la tienen los jueces terrenales, sino Yo, ten fe’”. El régimen hizo todo por silenciarla.
En julio de 2004 el Comité para la Protección de Periodistas denunció que Jorge padecía intensos dolores abdominales causados por una colitis crónica, y presión arterial descompensada[5]. Nancy entendió esa enfermedad como una vía para glorificar el nombre de Dios: “mi trabajo era creer, orar, denunciar y luchar junto a mis hermanas para que se hiciera justicia”. Ella había hecho un pacto con Dios por la liberación de su esposo el 6 de diciembre del 2003. El 6 de diciembre del 2004, por su condición de salud, Jorge recibió una licencia extrapenal. Volvía a ella después de 20 meses y 18 días de reclusión. Desde entonces, repite que mientras el creyente trabaje en lo posible, Dios se encargará de lo humanamente imposible.
En 2005, como su esposa, Jorge empezó a visitar la Iglesia “Novedades Divinas”, de la LEC, bajo el pastorado de Eulis Leiva, primero, y Gilberto Rodríguez, después. Participó en el ministerio de alabanza cantando y al piano —algo que desplegaría profesionalmente en el futuro.
Nancy impartía temas bíblicos a pequeños grupos que reunidos en casas particulares (lo que se conocía como maestra de célula), a grupos de jóvenes y en el Ministerio de Damas de la iglesia local y en otras donde era invitada. En todo ese recorrido adquirió habilidades comunicacionales y de liderazgo útiles en su labor frente a proyectos por los derechos humanos.
En septiembre de 2012 fundó el ministerio independiente de restauración y sanidad “Mujer, no dejes tu lugar”. Uno que define como “verdaderamente inclusivo”, pues sus mensajes no excluían a los hombres. Reunió más de 50 mujeres en una red de casas, donde compartían “herramientas para enfrentar sus desafíos diarios y trabajar con su autoestima”. Para Nancy, que lo sentía como la visión que Dios le había encomendado, “la Palabra de Dios era el arma para empoderarlas y renovarlas espiritualmente, prepararlas para que se convirtieran en arquitectas de la sociedad”.
La casa donde solían reunirse fue “visitada” varias veces por funcionarios locales y de la policía política. Amenazaron a la propietaria con multas e incluso arresto si continuaban los encuentros. Alegaban que Nancy era una contrarrevolucionaria, y que el ministerio no tenía “permiso” para operar —a la vez que se negaban a inscribir casi cualquier entidad religiosa posterior a 1959.
En 2019 Nancy transfirió sus actividades “en físico” a reuniones virtuales mediante WhatsApp. Aún hoy comparte temas bíblicos con unas 80 mujeres en distintos países, mayormente cubanas.
Desde que Jorge dejó la prisión, junto a la labor ministerial el matrimonio siguió en el activismo. Nancy se sumó a la Red de Mujeres por la Igualdad, del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR), donde trabajó junto a otra hermana en la fe y en la causa antitotalitaria, la metodista Marta Adela Tamayo, líder de la Plataforma de Observadores de Derechos Electorales.
En el CIR, desde septiembre de 2019, mujeres de distintas organizaciones de la sociedad civil iniciaron la campaña #UnidasPorNuestrosDerechos que, sin la hiperfocalización de moda en un feminismo radical, abogaba contra la menos popular violencia contra la mujer en la política. Irónica y previsiblemente, la respuesta del régimen fueron detenciones arbitrarias, amenazas, multas, confiscaciones de teléfonos y breves desapariciones forzadas contra las implicadas. En el caso de Nancy, la represión escaló a niveles alarmantes. “Salir a la calle significaba un arresto seguro. Parte, sin dudas, del manual de torturas psicológicas implementado por los militares para quebrar a la persona y desestabilizar a la familia”[6]. Estuvo bajo reclusión domiciliar por días, a finales de 2019. Mara Tekach, encargada de negocios de Estados Unidos en La Habana, rompió el cerco policial frente a la casa de la activista en solidaridad. Durante la visita las autoridades cortaron el fluido eléctrico en el apartamento[7].
Nancy había sido detenida seis veces en apenas cuatro meses. En la última vez, militares la trasladaron a la Unidad en las calles Cuba y Chacón, en la capital, donde un hombre que se identificó como el mayor Alejandro la amenazó con un golpe bajo: de seguir con su activismo no saldría nunca más de la isla, ni sus hijos, residentes en el extranjero, podrían visitarla de vuelta. Una vez liberada, notó que la red de monitoreo barrial y una patrulla de la PNR les vigilaban a diario.
Fueron meses de desgaste mental y emocional para el matrimonio. Otra vez los sostenían la convicción de hacer lo correcto y la fe en Dios. Una suerte de privilegio histórico, según Nancy.
Para ella, el ideal de libertad tiene una estrecha relación con el cristianismo porque está en la conciencia humana: “el libre albedrío, decidir desde la conciencia, es un derecho, y nadie tiene autoridad para coartar nuestras libertades de expresión, de movimiento, de pensamiento. La libertad tiene que ser amada y defendida porque Dios la dio”.
Jorge mantuvo también su escritura y activismo críticos al salir de la cárcel. En 2007 fundó el Club de Escritores Independientes de Cuba, que nucleó autores políticamente marginados. Celebraban lecturas y conversatorios en casas privadas, clandestinamente. Aun así, la represión hizo mermar su membresía a causa de un constante flujo hacia el exilio.
La refundación ocurrió en 2018. Rebautizado como Club de Escritores y Artistas de Cuba (CEAC), con el autor Ángel Santiesteban como vicepresidente y la periodista Camila Acosta como Especialista en comunicación. El CEAC, se articuló con otros proyectos independientes, como Matraka Producciones, Poesía Sin Fin, Demóngeles, Omni Zona Franca y Estado de Sats[8].
Para ese momento Jorge experimentaba también con la composición musical, aunque era mayormente conocido por su obra literaria. Contaba ya con seis libros de poesía y dos de cuentos, traducidos a varios idiomas, incluidos el checo, el inglés, el italiano y el polaco.
En la segunda década del siglo XXI dirigió el magacín literario Puente de Letras.
En el ecosistema mediático independiente vio la luz parte de su obra, como el poema “Advertencia”, sobre sus vivencias en el presidio con el sentido de deber en el esquema de lo trascendente[9]: “La historia es una cárcel de mayor rigor / sale al patio cada vez que puedas / no pienses en la fuga / es inútil y peligroso”.
El poema “Alucinaciones”, por su parte, avanzaba premonitorio sobre el fin del totalitarismo[10]:
Un ilustre representante del proletariado / me pregunta / si lo que se mece en sus pupilas / es un puente de plata. / Le advierto que en sus ojos / hay uno de madera / ahora humeante y en ruinas. / Son los pasajes de una guerra / de medio siglo / que nubla el entendimiento / que impide cruzar al otro lado del río / que nos hace ver montones de espejismos / entre los persistentes aullidos / de la dinamita.
Si en estos versos la experiencia vivida en la Tierra, y el batallar veterano en las filas de la disidencia, permitían al autor hacer esa clase de vaticinios, la distancia de los años le permitía también trazar una línea conductora similar en el poema “Cielo y tierra”.
Nos permitieron escoger el tamaño de las alas / nos indicaron las mejores rutas / para llegar a las terminales de la modernidad / y el sosiego. / Ni hablar del libre acceso a las provisiones / y el soberbio programa de entrenamientos. / El despegue fue sin percances / y la estabilidad en el aire una breve / y oscura experiencia. / Entre el sostenido murmullo de las cicatrices / y las amputaciones / se escuchan las nuevas ofertas de vuelos. / Una vez más la tentación se impone / y mis advertencias terminan / difuminándose en el bullicio / que asciende vertiginosamente / hacia una cordillera de nubes. / Yo…como siempre / esperando los descensos en espiral / para ofrecer los primeros auxilios / o estar de cuerpo presente / en las inhumaciones. / Para eso estamos aquí / nosotros / los sobrevivientes.
En marzo de 2020 cambió brutalmente la isla. La cerrazón a partir del COVID-19 forzó a Jorge y Nancy a estudiar La Biblia y orar en casa. Vinieron meses de escasez y un repunte en el acoso a disidentes. El 16 de diciembre de 2020 ambos llegaron al Aeropuerto Internacional de La Habana con su equipaje y el último adiós a Cuba. Él había sido invitado por la Universidad de Harvard y el Departamento de Literatura Comparada de la Universidad de Nevada a permanecer un total de diez meses en ambas instituciones. El PEN inglés había abierto ese camino.
En el aeropuerto, el matrimonio contó cinco oficiales de la policía política vigilando cerca. Tras pasar los chequeos, aparecieron dos militares diciéndoles que no podían viajar. Jorge suponía que se trataba de un juego macabro para desestabilizarlo psicológicamente, a metros de la escalerilla del avión. Los uniformados hicieron un par de llamadas y les permitieron abordar el vuelo[11]. “Gracias a Dios, porque tenemos un Dios de justicia que nos ha dado la fortaleza necesaria para mantenernos en esta lucha”, reconoció Nancy a la web cultural Puente a la Vista, en cuanto llegaron a Estados Unidos. “Conocer la verdad nos hace verdaderamente libres”. Su salida de Cuba era un milagro: llegaban a Harvard en plena cuarentena por la pandemia del COVID-19.
En la ciudad de Pittsburgh Jorge participó con poemas en la serie creativa “Everyday Pandemic”. En aquel momento, reflexionando sobre su estilo, reconoció que su trabajo tenía una tendencia hacia la tristeza y la melancolía; quizá, un reflejo de lo que le había tocado vivir. Pero también tenía, aseguró, la habilidad de abstraerse, meterse en otra piel y acaparar múltiples perspectivas.
Cualquier cosa puede inspirar mi poesía. Un fragmento de una película, una conversación, una historia que alguien me contó. ¿Has notado que mis poemas tienen muy pocos versos? Me gusta concentrar el mensaje. Y lo mismo pasa con mi narrativa, con mis cuentos[12].
Desde Estados Unidos Jorge continuó escribiendo sobre la realidad cubana y colaborando con instituciones históricas del exilio como la Fundación Nacional Cubano Americana. En las redes de esa entidad publicó el texto “Las victorias y el aire frito”[13], sobre el férreo y ridículo control mediático en la isla. Eran tiempos en que se avizoraba un deshielo 2.0, al estilo del protagonizado por Barack Obama y Raúl Castro una década atrás, esta vez entre Joe Biden y Díaz-Canel.
Los códigos informativos que los mandamases crearon como soporte para legitimar sus tropelías e insensateces se mantienen inalterables. No hay matices, ni variaciones mínimas en el entramado de noticias sesgadas, crónicas insulsas, reportajes hechos a la medida del comisario de turno, atento a la estricta exposición de las directrices ideológicas por parte de las hordas de amanuenses, sin dejar de mencionar los editoriales, reservados para subrayar, la firmeza de las ideas socialistoides, que literalmente mantienen al país en el perímetro de una tormenta perfecta.
El buque insignia en ese mar de medias verdades, bulos, cantinfleos, mezquindades y distorsiones de la realidad a un nivel de escándalo, sigue siendo Granma, el órgano oficial del partido comunista, escaso de páginas, pero muy fecundo en la proliferación de toda esa bazofia que embrutece y que a estas alturas de la historia engaña a pocos.
El país que aparece en cualquiera de esos papeluchos que denigran flagrantemente el rol de la prensa, nada tiene en común con una cotidianidad marcada por la desesperanza, el hambre y el rechazo de la mayoría de la población hacia una cuadrilla de burócratas y aprendices de brujos que han naturalizado las penumbras a lo largo y ancho de la Isla.
En esos espacios para el despliegue de un supuesto periodismo al servicio del pueblo, lo que abunda es la sumisión a unos planes que siempre apuntaron a perfeccionar el dominio de una exigua minoría.
Lo que se pregona, a diestra y siniestra, en los noticiarios radiales y televisivos, así como en todo el espectro, local y nacional, de la prensa plana, en cuanto a éxitos y expectativas, choca con el paisaje de una podredumbre visual y olfativa, a ver y sentir en los más insospechados rincones de la geografía nacional.
Basta leer en una de las ediciones recientes del Granma, un titular que podría despertar cierto interés en círculos ajenos a la problemática de Cuba como este: “Creatividad y ciencia en el cultivo del arroz”, o esta perla del mismísimo presidente designado, Miguel Díaz-Canel, “El camino está lleno de desafíos y adversidades que estamos obligados a enfrentar y superar con espíritu de victoria”.
El primero es una inmejorable representación del aire frito que venden a granel y a diario para lectores, cuya satisfacción estriba en contar con suficiente papel para higienizar sus partes privadas, tras cumplir con sus necesidades fisiológicas. Hace ya bastante tiempo que la finalidad de los periódicos cambió. De un medio para informarse, hace poco más de medio siglo, hoy es un medio imprescindible para envolver cualquier cosa y a observar en los baños de las casas, previamente recortados y suspendidos por un clavo en la pared.
En la distancia geográfica del exilio, Jorge añoraba ver un país floreciente, “iluminado por nuevos paradigmas que legitimen los derechos conculcados durante tantos años”. Creía, retomando metáforas bíblicas, que Cuba “emergerá del pantano en que la han sumido el grupo de falsos salvadores, para convertirse en un real ejemplo de progreso y esperanzas”. Para él, la densa oscuridad anunciaba un glorioso amanecer. “He visto esa transición a través de los ojos de la fe. La pesadilla está en su fase final. Lo intuyo desde lo más profundo de mi alma”, me dijo a finales de 2023. Nancy, de su lado, deseaba una Cuba donde fuera lícito y factible soñar, tener esperanzas; una con deseos de rehacer el país en base al amor a Dios y a la familia. Creía esencial sanar heridas, finalizar injusticias, ejercitar el perdón para avanzar, librarse del odio y la sed de venganza.
Como la expectación en la venida de Cristo, los cristianos que luchan por la libertad hacen y esperan en la providencia trascendente. Las ideas de la nueva Cuba, como la Nueva Jerusalén, están sostenidas por una robusta columna de una virtud cristiana: la esperanza.
Para Nancy avizoraba que “la justicia de Dios llegará y que Cuba volverá a ser un país sin dictadores, opresión, censuras, abusos, hambre, miserias y miedos. La isla volverá a ser la perla de las Antillas”. Y que, si “vivir sin amor es solamente existir”, el futuro del país debía permanecer “conectado al dador del amor, nuestro Padre celestial”. En frente, las “fuerzas del mal luchan cada día por apagar y enfriar ese amor verdadero, que es tan necesario para la humanidad”, operando por medio de “la maldad, la violencia, la injusticia, la pérdida de valores, el engaño, la envidia, el ego, el entretenimiento, la traición, el egoísmo, los vicios, las inmoralidades sexuales, el miedo a decir la verdad, el silencio, la doble moral”. Cada uno es garante de su crecimiento espiritual y cívico: “la mejor manera de que otros cambien, es siendo el mayor ejemplo del cambio”[14].
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Alexa Katherine Will y Thomas Barnes, “Entrevista a Jorge Olivera Castillo”, Pittsburgh Latino Magazine, 4 de octubre de 2022, https://n9.cl/1meh0q. ↑
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Hierro Dori, Memoria y cultura, 44. ↑
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Damas de Blanco, “La Primavera Negra de 2003”, sitio web de las Damas de Blanco, s. f., https://n9.cl/8mjci. ↑
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Mario Félix Lleonart Barroso, “Sara Marta Fonseca”, Blog Cubano Confesante, 8 de diciembre de 2010, https://n9.cl/33rlc. ↑
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Committee to Protect Journalists (CPJ), “Preocupa al CPJ deterioro en la salud de periodistas presos”, 28 de julio de 2004, https://lc.cx/Y4TVMt. ↑
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Entrevista con el autor. ↑
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DDC, “‘La casa no es un calabozo’: Nancy Alfaya bajo ‘arresto domiciliar’”, Diario de Cuba, 29 de noviembre de 2019, https://n9.cl/aqupi. ↑
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Hierro Dori, Memoria y cultura por la democracia en Cuba, 84-85. ↑
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Jorge Olivera Castillo, “La historia es una cárcel…”, Árbol Invertido, 2015, https://n9.cl/b58pl. ↑
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Jorge Olivera Castillo, “Cielo y tierra”, Árbol Invertido, 2016, https://n9.cl/bdg0l. ↑
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Puente a la Vista, “De Harvard a Nevada: Nancy Alfaya y Jorge Olivera con beca en Estados Unidos”, Puente a la vista, 21 de diciembre de 2020, https://n9.cl/u1tcn5. ↑
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Will y Barnes, “Entrevista a Jorge Olivera”. ↑
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Jorge Olivera Castillo, “Las victorias y el aire frito”, Facebook (Atlántica Cuba), 8 de junio de 2023, https://n9.cl/ir26c. ↑
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Nancy Alfaya, “Nadie puede dar lo que no tiene”, Facebook, 8 de julio de 2023, https://n9.cl/6xk7m. ↑
