Entre los delegados a la Constituyente, Alfredo Zayas es un caso singular. Primero, porque su trayectoria política y profesional anterior a la Convención palidece frente a la que tuvo con posterioridad. Segundo, porque llegar a la Asamblea no fue la cumbre de su vida política, sino el principio de la última etapa del ascenso. La mayoría de los otros delegados, antes de llegar ahí, habían acumulado méritos que no igualarían luego. Otros ascenderían, en efecto, pero no de una manera tan drástica. Es cierto, José Miguel Gómez llegó también a ser presidente, pero antes de 1900 había sido general del Ejército Libertador. Los delegados jóvenes, que podían haber igualado a Zayas en el ascenso, murieron prematuramente o nunca escalaron tan alto. Es difícil encontrar un delegado cuyos logros previos y posteriores a la Convención muestren un contraste tan marcado. Un contraste de ascenso, no de declive.

No se trata, sin embargo, de que Zayas careciera de méritos para estar ahí. Los tenía. Tantos o más que muchos de sus compañeros. Se trata de que consiguió forjarse una carrera siempre ascendente, a pesar de profundas, casi catastróficas, vicisitudes. Como este 21 de febrero, sin embargo, se conmemora su natalicio, nos ocuparemos de esa trayectoria anterior a la convención. En abril, con ocasión de su muerte, tenemos tiempo de hablar acerca de lo demás.

Lo primero que sería necesario esclarecer es, precisamente, la fecha de su nacimiento. Las fuentes coinciden en el año y el día, 1861 y 21, pero algunas discrepan en el mes. En la EcuRed y los sitios cubanos que seguramente se nutren de ella, se indica el 21 de septiembre de 1861 como fecha del natalicio. En Wikipedia se señala el 21 de febrero del mismo año. No he podido averiguar cuál es la fuente original de la EcuRed, a pesar de intentarlo con los enlaces que cita.

Alternativamente, he podido consultar una obra editada en 1919 por la Hispanic Society of America titulada Cubans of Today. Se trata de una especie de directorio o quién es quién con notas biográficas de la mayoría de los cubanos notables del momento. Entre ellos se encuentra, claro está, Alfredo Zayas. La fecha que aparece como la de su natalicio es la del 21 de febrero. Debo advertir que el que Cubans of Today haya sido publicado en vida de Zayas no hace su información infalible. De hecho, contiene un error al cambiar el nombre del padre por el del hermano. De todas formas, por su cercanía cronológica al personaje, es preferible como fuente a otra cuyos fundamentos desconocemos. Este es el motivo por el que he escogido el 21 de febrero. Aunque reconozco que debe conservarse la reserva respecto a que podría ser septiembre a falta de confirmación fidedigna.

Establecidas todas estas aclaraciones, pasemos a los hechos de la vida de nuestro personaje. Alfredo Zayas y Alfonso fue el más joven de los delegados elegidos por la provincia de La Habana a la Convención. Tenía 39 años cuando ocupó su puesto en la Asamblea. Es decir, llegó a una edad en torno a la que se produce el tránsito a la madurez de una vida política. Esto puede haber tenido cierto impacto en su éxito posterior. Estar en el lugar preciso en el momento adecuado es un ingrediente que no puede faltar en la victoria. Aunque no podemos desconocer que el talento personal es tan importante como cualquier otra circunstancia o más.

En el caso de Zayas, puede apreciarse la concurrencia de oportunidad y talento. Al menos en esta etapa. Ya veremos en abril cómo su ascenso posterior fue bien cuesta arriba. Téngase sólo en cuenta que, entre los presidentes anteriores a la revolución antimachadista, fue el único que no había sido líder independentista. Ese civil de carrera modesta antes de 1902 llegó a disputar la presidencia de la República a generales del Ejército Libertador. Sí, acumuló varios fracasos en esa porfía, pero finalmente logró su cometido. No importa cuál sea el balance de su presidencia. Ese sólo hecho ilustra su habilidad como político más allá de cualquier valoración sobra sus virtudes. En un panorama dominado por héroes militares de la contienda independentista, ese civil sin méritos excepcionales logró hacerse de un puesto en la mesa.

Todo lo anterior debe ser tomado con muchos matices. Zayas no fue un héroe de la guerra, pero era el hermano de uno. No fue uno de los grandes líderes del independentismo, pero estaba vinculado a la conspiración. Incluso, sufrió privación de libertad por participar en ella. En otras palabras, era parte del movimiento, estaba integrado a la lucha, aunque no fuera desde una posición de liderazgo notorio. Tampoco era un advenedizo. Nació en el seno de una familia muy prestigiosa. Tenía plantaciones y recursos económicos importantes.

Su padre, José María de Zayas y Jiménez, era un notable abogado y educador. Llegó a dirigir el célebre Colegio El Salvador, de José de la Luz y Caballero. Fue aquel con quien se encontró en la calle el joven Sanguily cuando escapó de casa. En la nota biográfica sobre este delegado mencionamos la anécdota. El padre de Zayas le ofreció al desorientado adolescente un sitio como maestro del plantel y lo ayudó a encaminar su carrera.

Alfredo también sería discípulo de El Salvador, que dirigía su padre. Aunque, según Cubans of Today, sus primeras letras las aprendió en el colegio de Madame Boblag. Tenía otros hermanos. Entre ellos, Juan Bruno llegaría a ser el general más joven del Ejército Libertador y una figura queridísima del independentismo. El joven Juan Bruno, seis años menor que Alfredo, caería en combate, con 29 años recién cumplidos, el 30 de julio de 1896. Desde el punto de vista académico, los hermanos encarnaban el cliché universitario cubano. Las dos carreras más populares eran derecho y medicina. Alfredo seguiría los pasos de su padre y estudiaría derecho. Juan Bruno se haría médico.

Con 21 años, en 1882, Alfredo obtendría su licenciatura en derecho por la Universidad de La Habana y comenzaría a practicar la profesión. Sus inclinaciones intelectuales, sin embargo, eran mucho más amplias. Paralelamente a su desempeño como jurista dedicaría tiempo al periodismo y la literatura. Sus colaboraciones sobre temas políticos, científicos e históricos aparecerían en algunas de las publicaciones habaneras más importantes de la época. Se cuentan entre ellas El País, La Opinión, Revista Cubana y La Discusión. Fue Bibliotecario de la Sociedad Económica de Amigos del País y luego su presidente. En esta institución, y otras de La Habana y ciudades cercanas, pronunció numerosas conferencias. En 1889 lo encontramos como fiscal en su provincia de nacimiento. En 1891 sería nombrado juez municipal. En ese mismo año publicó el estudio histórico biográfico: El Presbítero José Agustín Caballero y su vida y sus obras.

No es de extrañar que esta trayectoria intelectual fuera acompañada por una ascendente trayectoria política. Se afilió desde muy temprano al Partido Liberal Autonomista y desempeñó funciones relevantes en su seno. El autonomismo agrupaba lo más granado de la intelectualidad criolla residente en la isla y, como es lógico, fue la cuna de la futura conspiración. En efecto, los grupos conspiradores del Partido Revolucionario Cubano dentro del país, estaban compuestos por numerosos ex autonomistas. Aunque muchos de ellos mantuvieron la militancia como coartada para poder conspirar con mayor libertad. A este grupo pertenecía Alfredo Zayas. Tanto él como Juan Bruno estuvieron implicados en la preparación del alzamiento contra el gobierno español. La estrategia de Martí en la isla se había enfocado en ofrecer desde el independentismo una alternativa viable a los militantes autonomista y tuvo relativo éxito. Zayas es uno de los muchos ejemplos que podemos encontrar.

Dentro del grupo de ex autonomistas y autonomistas conspiradores se relacionaría con varias figuras que serían importantísimas en su carrera política posterior. Quizá el más notable de todos sea Juan Gualberto Gómez. Ambos militarían en el Partido Liberal y luego crearían el Partido Popular Cubano. Esta alianza entre ambos conseguiría la elección presidencial para Alfredo en 1920. En otro momento tendremos tiempo de ampliar este tema.

La labor conspirativa de Zayas acabó siendo conocida por las autoridades españolas. Detenido y procesado en 1896, al año siguiente fue enviado a España para continuar con su cautiverio. Durante su estancia en la Cárcel Modelo de Madrid se dedicó a cultivar sus inquietudes intelectuales. Escribió, sobre todo, mucha poesía. Entre sus poemas más recordados se encuentra “Al caer la nieve”, donde hace referencia al dolor del exilio. En él decía:

…Hijo de tierra que, en verdor eterno,

Con torrentes de luz el sol inunda,

El pálido fantasma del invierno

Vierte en mi seno postración profunda.

 

Yo no puedo vivir en donde el hielo

Aprisiona el arroyo en sus cristales,

Y el plúmbeo tinte del nublado cielo

No traspasan los rayos siderales.

Yo no puedo vivir, ni encuentra el alma

Encanto alguno a la natura hermosa,

Sin oír el murmullo de la palma,

Y el doliente plañir de la tojosa…

Puede decirse que, hasta ahora, Alfredo Zayas ha sido el único presidente de Cuba que ha cultivado la poesía con cierto grado de reconocimiento público. Independientemente de que sea una figura bastante menor en el ámbito de la literatura cubana, es el único que puede ser llamado “presidente poeta”.

A finales de 1897 fue liberado del presidio. Muy posiblemente con motivo de la proclamación del régimen autonómico en la isla. No pudo retornar a Cuba, sin embargo. Marchó a los Estados Unidos y se estableció inicialmente en Cayo Hueso. Ahí se incorporó al accionar del exilio independentista. En la Revista de Cayo Hueso publicó “Al caer la nieve” y también “Páginas del destierro”, donde relataba su vida en la cárcel. Se afilió, oficialmente, al Partido Revolucionario Cubano. Como tenía un buen dominio del idioma inglés, trabajó vinculado a los círculos de la política estadounidense. Estableció comunicaciones con los revolucionarios de Pinar del Río, La Habana y Matanzas, y organizó envíos de municiones y alimentos. Jugó su rol también en la actividad propagandística y estableció su nombre como figura del independentismo, aunque sin ser su papel demasiado protagónico.

Con el cese de las hostilidades regresó a Cuba. Entonces comenzaron a tener efecto las redes de contactos creadas a lo largo de su vida. Uno de los primeros cargos que desempeñó fue el de juez municipal en la localidad de Puentes Grandes, en La Habana. También se vio involucrado en la fundación de una de las primeras organizaciones políticas creadas en la isla tras el fin de la guerra. La Junta Patriótica de La Habana sería el germen del Partido Nacional Cubano y surgió en los últimos meses de 1898. Se encontraba bajo el liderazgo de Perfecto Lacoste y contaba con Zayas como uno de sus miembros más conspicuos. Tenía entre sus fines la asistencia humanitaria a los afectados por la guerra y a los soldados cubanos que no podían entrar a las ciudades. Sólo podrían hacerlo tras la entrega de poderes en enero del año siguiente.

La Junta Patriótica de La Habana perseguía también ser la simiente de un grupo político que unificara las diversas tendencias dentro del independentismo. Buscaba, además, integrar a sectores de otras regiones. En esto último su éxito fue muy limitado. Cada región de Cuba desarrolló un perfil político propio y ni siquiera en La Habana pudieron constituirse de manera unificada. Fue la Junta, sin embargo, la rampa de lanzamiento de Alfredo Zayas y del Partido Nacional Cubano que contribuiría a forjar. Uno de los partidos dominantes durante los próximos tres o cuatro años.

Al tomar posesión de la isla el primer gobernador militar estadounidense, John R. Brooke, la Junta, Lacoste y Zayas se encontraban en una situación envidiable. Organizados en la capital del país, sirvieron de consejeros para los nombramientos de los funcionarios de origen cubano en la administración de la isla. Con Leonard Wood continuaría esta tendencia al año siguiente. De hecho, el Partido Nacional Cubano sería considerado “partido de gobierno” por las restantes facciones políticas de la isla. Para consolidar su preeminencia obtendría incluso el respaldo de Máximo Gómez.

Zayas supo sacar provecho de esta posición privilegiada y poco a poco ascendió a roles de mayor liderazgo. Formó parte del Consejo Municipal de La Habana, designado por el Gobierno Interventor. Obtuvo de parte de Wood el nombramiento como subsecretario de Justicia, el 8 de enero de 1900. Tendría como jefe y secretario de Justicia al futuro primer vicepresidente de la República, Luis Estévez y Romero. Junto a él, Juan Bautista Hernández Barreiro y dos norteamericanos integraría una comisión para estudiar y proponer reformas legislativas a partir del 22 de enero. Hernández Barreiro sustituiría a Estévez y Romero como secretario de Justicia unos meses más tarde. Años después sería designado magistrado del Tribunal Supremo, que llegó a presidir hasta su muerte. Entre los estadounidenses miembros de la comisión se encontraba Horacio Rubens, abogado que fungió como asesor del Partido Revolucionario Cubano.

Al convocarse las elecciones municipales de junio de 1900, Zayas presentó su precandidatura dentro del Partido Nacional para la Alcaldía de La Habana. Conflictos internos lo llevaron a abandonar este propósito y apoyar a Miguel Gener, futuro delegado a la Convención. Finalmente, el Partido escogería a otro futuro constituyente, Alejandro Rodríguez, como su candidato. Este fue el alcalde finalmente electo que tomó posesión el 1 de julio de 1900.

Como fue la tónica en adelante, Zayas no se amilanó con la derrota. En muchas ocasiones se vio ante una situación similar. Perdía batallas dentro y fuera de su partido. Retrocedía, reagrupaba a sus fuerzas y lo volvía a intentar. Así iría fabricando con mucho esfuerzo sus notables éxitos. En este caso, no tendría que esperar mucho. Al año siguiente tendría su venganza y conseguiría la elección de Gener para la alcaldía de la ciudad, derrotando a Rodríguez dentro del Partido.

De todas formas, en julio de 1900, Alfredo también tomaría posesión de un cargo electivo. Sería concejal municipal dentro del Ayuntamiento encabezado por el alcalde Rodríguez. Desempeñando este cargo llegaría a ocupar la Alcaldía de forma interina en varias ocasiones. Por supuesto que para asumir como concejal tuvo que renunciar a la Subsecretaría de Justicia. En agosto, su aliado Miguel Gener sería nombrado secretario. En el tablero del ajedrez político, Zayas sabía mover sus piezas. Nunca demasiado agresivo, siempre posicional hasta superar a sus rivales. Fue de los líderes políticos principales que supo conquistar aliados a golpe de gestión y no desde el aura de su leyenda.

Mantuvo un perfil bastante alto dentro del Partido Nacional, del cual llegaría a ser presidente. Por fin, en septiembre de 1900, fue electo para la Convención que debía redactar la Constitución. Como delegado, tendría un rol muy destacado. Baste señalar que fue elegido junto a Enrique Villuendas como secretario de la Mesa que presidía la Asamblea. Esto lo llevó a tener una participación constante en la organización de los debates. Fue de los más activos polemistas e intervino en la mayoría de las discusiones.

Además de la Constitución, es necesario recordar que los delegados tenían la misión de redactar una ley electoral. También debían, y esto es lo más relevante, formular las relaciones que debía tener la isla con los Estados Unidos. A través de esta rendija, el gobierno de William McKinley introdujo aquello que sería conocido como Enmienda Platt. Se trataba de una adición a la ley del presupuesto estadounidense. Condicionaba la liberación de fondos para la retirada de las tropas norteamericanas a que se añadieran como apéndices a la Constitución cubana ciertas condiciones.

Manuel Márquez Sterling hace una relación detallada de estos hechos en su libro póstumo Proceso histórico de la Enmienda Platt. En él afirma que ningún delegado a la Convención era verdaderamente partidario de la Enmienda. Que la asamblea en realidad se dividía en dos grupos. Por un lado estaban los pesimistas que no creían posible resistir la imposición norteamericana. Del otro estaban los optimistas que sí lo creían posible. Aprobar la Enmienda significaría el establecimiento de una República supervisada. Los Estados Unidos tendrían derecho a intervenir en la isla y establecer otros límites a su soberanía plena.

Se decidió enviar una comisión que intentara negociar en Washington un cambio de parecer de la administración republicana. Los esfuerzos fueron infructuosos. La comisión regresó a La Habana y rindió su informe, finalmente favorable a la aceptación de la Enmienda. Se produjo entonces una votación para aprobar o rechazar el informe. Este era el paso previo necesario para la incorporación de la Enmienda a la Constitución que acababan de redactar. El resultado fue de 15 votos pesimistas frente a 14 votos optimistas. La ausencia, posiblemente deliberada, de Bravo y Correoso, un delegado anteriormente optimista, decidió el asunto. Votaron en contra los demás delegados de Santiago de Cuba y los de Puerto Príncipe. De las demás provincias el voto fue dividido. Zayas y Gener, junto a Lacret, fueron los tres delegados por La Habana que votaron en contra del informe.

Se abría otro debate, porque la Enmienda aún no estaba oficialmente aprobada. Al final, tuvo lugar la votación decisiva. En este caso, el resultado fue de 16 contra 11. Gener aplicó la estrategia de Bravo y Correoso. Faltó a la asamblea para no tener que votar. Zayas y Lacret mantuvieron su voto desfavorable como antes. Creyeron en la posibilidad de la victoria hasta el final.

En el mes de abril, específicamente el día 11, cuando conmemoremos la muerte de Zayas, tendremos oportunidad de desarrollar muchas facetas de su vida política. Aquí apenas hemos esbozado algunas. La Enmienda Platt, el apéndice constitucional, jugará su papel en ese desarrollo. No sólo porque, como político, Zayas tuvo que lidiar con sus efectos a lo largo de su carrera. También como presidente de la República tuvo que sortear los escollos que le imponía. Como siempre, tuvo que enfrentarse a dificultades considerables, pero también se anotó algunos éxitos. Al menos, logró deshacerse de Enoch Crowder. Este enviado especial estadounidense llegó a convertirse en un gobierno en las sombras durante la terrible crisis del 21. La primera parte del gobierno de Zayas estuvo marcada por las maniobras para superar esta situación.

Al final de su mandato pudo anotarse también otra victoria cuando el Senado de los Estados Unidos ratificó el Tratado Hay-Quesada. La Enmienda había dejado en suspenso la soberanía de la Isla de Pinos. Dependía de un futuro tratado entre La Habana y Washington. Gonzalo de Quesada, antiguo compañero de la Constituyente, logró obtener de inmediato un acuerdo favorable para los cubanos, pero el Senado estadounidense no lo ratificó. Por fin, en 1925, tras arduas negociaciones de Cosme de la Torriente, el presidente Zayas pudo anunciar que la Isla de Pinos era oficialmente cubana.

Todos estos temas, sin embargo, son apenas un adelanto de las muchas peripecias que nos esperan en abril. Hasta su presidencia, Zayas estuvo siempre en el centro del torbellino político de la isla. Fue el líder indiscutible de una facción importantísima dentro del panorama político cubano. Para comprender las primeras décadas de la República Cubana, es imprescindible conocer a Alfredo Zayas a profundidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *