
La afamada revista Time es quien da a conocer la noticia a comienzos de 1952. Su colega Life pensaba dar a la luz una versión de su revista en idioma español y para ello buscaba colaboradores en toda Latinoamérica. En Cuba la noticia se expandió como pólvora y de paso desató una feroz campaña para detener el proyecto. En más de medio siglo la única mención a este suceso lo encontré en la desaparecida publicación católica Espacios, con el título de “¿Por qué no pudo imprimirse en Cuba Life en Español?. Pero, ¿qué fue lo que sucedió realmente con Life en Español y su idea de llegar al público hispanohablante?
La pregunta que encabeza el trabajo de Espacios presenta un equívoco y a partir de ahí el autor desarrolla su artículo. Pero quien revise la prensa de la época y las declaraciones emitidas tanto por el Colegio Nacional de Periodistas como por el Bloque Cubano de Prensa, podrá corroborar exactamente lo contrario a la idea del autor de que: Lo que preocupaba no era su circulación en Cuba, sino el que se imprimiera aquí, porque una nueva planta tipográfica con ese fin permitiría contar con facilidades que podrían ser arrendadas por editores de publicaciones nacionales que competirían con las revistas de mayor circulación, como Bohemia y Carteles”[1]. Life en ningún momento se propuso imprimir la revista en Cuba sino buscar periodistas y fotógrafos que colaborasen con la publicación, que mientras duró, siempre se confeccionó en Estados Unidos.
En sus declaraciones tanto el señor Jorge Quintana, decano del Colegio Provincial de Periodistas de La Habana, como el Bloque Cubano de Prensa, agrupación que reunía a los principales dueños de periódicos, siempre dejaron claro que se oponían a su circulación en la isla aduciendo competencia desleal y penetración ilegítima[2]. Incluso al igual que ocurría con Selecciones del Readers Digest, el respetable Diario de la Marina sugirió a Life lo siguiente: ¿Por qué Life no edita en Cuba, en talleres cubanos, con obreros cubanos, su versión en español de la revista? ¿Por qué esa empresa no hace como se dice en términos clasistas una revista en Cuba? ¿Por qué ha de exportarla made in U.S.A acaparando anuncios que no le pertenecen o que sustrae engañosamente a las restantes revistas yanquis y a las publicaciones de aquí?”[3].
Las razones de mayor peso, claro está, eran de índole económica, pues Life le robaría a las publicaciones nacionales jugosos dividendos en anuncios y valiosísimas colaboraciones de reconocidos periodistas y fotógrafos.
Para ese fin la nueva revista en español intentó crear agencias en cada país hispanohablante, pero al menos en Cuba el Colegio Nacional de Periodistas de la isla prohibió a todos sus colegiados colaborar con el nuevo proyecto, a expensas de recibir fuertes sanciones. Además, las publicaciones agrupadas en el Bloque Cubano de Prensa acordaron no insertar en sus páginas publicidad alguna de la nueva revista[4]. Entendían las principales instituciones periodísticas que las publicaciones estadounidenses traducidas al español eran un atentado a la cultura nacional, pues sus redactores con lamentable frecuencia adolecen de una radical ignorancia respecto a nuestras grandes cuestiones nacionales y que se verían en trance de disolución los elementos fundamentales de nuestra alma nacional.
Más allá de que podían ser ciertos o no esos puntos de vista (la historia se encargaría de demostrar que las prohibiciones y censuras hacen más daño que la libre circulación de las ideas), el temor de las publicaciones cubanas a perder parte de su mercado, en especial la revista Bohemia, no eran infundados. Surgida en 1936, Life había alcanzado notable éxito en Estados Unidos por su perfil eminentemente gráfico y variedad temática. Llegó a ser, de la mano de su creador Henry Luce, la revista gráfica más importante del mundo, hecha en papel cromo, de superior calidad al que podían exhibir las más conocidas revistas de Cuba.
La oposición a la circulación en Hispanoamérica de Life en Español no provino solamente de Cuba, también organizaciones periodísticas de México, Venezuela y Chile alzaron voces de protesta contra la revista, arguyendo similares razones a las de la isla caribeña. Pero todo fue en vano, para enero de 1953 salía su primera edición y en ese primer número colaboró un prestigioso intelectual cubano. ¿Su nombre?: Jorge Mañach, quien envió un trabajo sobre la vida de José Martí en Estados Unidos.
Rápidamente el Colegio de Periodistas tramitó sancionar a Mañach, pero el ensayista argumentó no conocer la medida por encontrarse fuera de Cuba al ser divulgada, todo parece indicar que el incidente no pasó de ahí y Mañach no sufrió amonestación alguna. A pesar del llamado a cerrar filas para impedir su circulación Life en Español, pudo adquirirse libremente en la isla y llegar a cualquier región del país desde Pinar del Río hasta Oriente al precio de 20 centavos. Su salida fue saludada por Andrés Domingo Morales y del Castillo, el secretario de la Presidencia de Cuba, a nombre de Fulgencio Batista, y en su Consejo de Redacción en Nueva York trabajaron dos cubanos: Roberto Esquenazi-Mayo, un veterano combatiente de la Segunda Guerra Mundial y Maruxa Núñez de Villavicencio.
Las cartas de cubanos encantados con la impactante publicación enseguida se dieron a conocer. Uno de ellos expresó: “¡Qué magnética y gloriosa sensación sentí al contemplar las fotos de su primer número, que por primera vez me hablan, me dicen lo que quiero saber!. Ya para el tercer número otro lector de la isla les dice: “¡Felicidades Han triunfado en esos sectores difíciles de edades que incluyen desde los cinco años hasta los 100[5]. Un profesor de una escuela pública en Las Tunas les escribe agradeciéndole pues utiliza la revista con fines didácticos, al mostrarle a sus alumnos en las clases de Geografía muchas de las buenas fotos allí publicadas de las diferentes regiones del mundo.
En 1956 la vilipendiada revista sería la única publicación en español que pudo evadir la censura que impuso el régimen de Batista, al mostrar con un amplio despliegue de fotos los sangrientos sucesos del Cuartel Goicuría en Matanzas, mientras el resto de la prensa nacional era vilmente amordazada. El Gobierno intentó secuestrar los ejemplares que llegaron a Cuba, pero aun así la revista circuló de manera clandestina.
Sólo con la llegada de la Revolución al poder y su posterior enfrentamiento con Estados Unidos, es que Life en Español y de paso todos los periódicos y revistas de ese país, dejan de entrar a Cuba. Vale destacar que otro gran periodista cubano, Carlos Castañeda, llegó a ser su subdirector hasta que, por motivos económicos, la versión castellana de Life dejó de existir a finales de la década del 60.
Aunque en mi modesta opinión la circulación de esta revista en Cuba no atentaba contra nuestros patrones culturales (lo cual se corroboró con creces luego), la oposición en bloque de la prensa cubana al proyecto demuestra los arraigados valores nacionalistas de esta a lo largo de la primera mitad del siglo XX, los cuales estaban muy lejos de responder a intereses foráneos. El desarrollo alcanzado por la prensa cubana en aquellos años hoy mirado con gran nostalgia así lo demuestra.
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Rafael Pérez Pereira, “¿Por qué no pudo imprimirse en Cuba Life en Español?, Espacios, Año 6, No. 3, 2002, p. 56. ↑
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A la Opinión Pública, Bohemia, 6 de julio de 1952, p. 73. ↑
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El Problema del momento, revistas extranjeras en español”, Diario de la Marina, 21 de agosto de 1952, p. 4. ↑
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Rechaza Bloque Cubano de Prensa anuncios de Life, Diario de la Marina, 28 de agosto de 1952, p. 1. ↑
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Cartas a la Redacción, Life en Español, 16 de febrero de 1953, p. 2-3. ↑
