
Cuando dos miembros del Colegio Provincial de Periodistas de La Habana mandaron a imprenta la obra Los premios periodísticos, en agosto de 1958, estaban lejos de imaginar el valor histórico de esa obra de compilación. Apenas un año y medio después, la casi totalidad de los 32 premios periodísticos que existían en Cuba desaparecerían para siempre, aunque ellos estaban lejos de imaginarlo.
La obra no sólo recoge las bases y los agasajados de cada premio periodístico que existía hasta esa fecha en Cuba, sino una breve semblanza biográfica de la figura histórica con que se nombraba al premio. De esa manera podemos conocer la trayectoria de figuras tan desconocidas para varias generaciones de periodistas cubanos, como el camagüeyano Eduardo Varela Zequeira, un hombre que inició el reportaje moderno y la crónica roja en la prensa cubana a finales del siglo XIX.
En honor a su trayectoria e innovación, el Club de Leones de La Habana instituyó en 1940 un premio periodístico que premiaba el mejor reportaje aparecido en los periódicos de la capital. El agasajado recibía un diploma y la suma de 250 pesos. Esta misma institución creó el premio “Ruy de Lugo Viña”, para honrar a otro periodista nacido en la antigua provincia de Las Villas en 1888 y que murió en un accidente aéreo en 1937. A lo largo de su vida, De Lugo Viña no sólo destacaría como periodista, sino también como diplomático.
Sin dudas, el premio más importante y prestigioso de aquella época es el “Justo de Lara” (seudónimo del escritor José de Armas y Cárdenas), tanto por haber sido el primero en surgir en 1934, como por ser El Encanto, la tienda de mayor relevancia y lujo del país, quien lo patrocinaba. Era tradición que el artículo premiado saliera publicado en todos los periódicos nacionales.
A partir de la década del 40 surgieron la mayoría de los premios que abarcaban a casi todos los sectores de relevancia de una sociedad moderna. Así, para resaltar la industria tabacalera surgió el “Rodrigo de Xerex”, que tuvo su primer fallo en 1943, o el premio “Juan Gualberto Gómez”, que se insitituyó en 1945 y era el más propiamente periodístico de todos, ya que fue instituido por la Asociación Nacional de Repórters y premiaba en las categorías de reportaje, artículo, información gráfica (fotografía), caricatura, ilustraciones y reportaje cinematográfico. El “Juan Gualberto Gómez” sería de los pocos que llegaría a tener fallos en 1959.
En la fecunda década del 40 también nació el premio “José Ignacio Rivero” (1945), el cual sería de los de mayor dotación económica, ya que aunque empezó dando un premio único anual de mil pesos, duplicó esa cifra a partir de 1952, siendo uno de los más codiciados por los periodistas. Este premio sería otro de los que llegaría a tener fallos en 1959 y era copatrocinado por el Conjunto de Calles y Asociaciones Comerciales de La Habana, junto con la viuda del señor Rivero, Silvia Hernández de Rivero.
Para resaltar la potente industria azucarera cubana del momento se creó por la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA) el premio “Francisco de Arango y Parreño”. Sin embargo, este premio sólo tuvo una modesta edición en 1958. Para resaltar el ejercicio de la abogacía se creó el “Ignacio Agramonte” en 1946; para el comercio minorista se instituyó el premio “Lucio Fuentes Corripio”, del cual no constan premiados; el “Rafael B. Santa Coloma” para los fotógrafos en 1944 y el “Ricardo de la Torriente” para los caricaturistas en 1946.
Casi no hubo sector de la sociedad cubana que no tuviera su premio periodístico, ya que hasta para resaltar la labor de los carteros (una profesión hoy casi extinta) se creó un premio periodístico en 1953 por la Asociación Nacional de Carteros.
Como dato curioso, existían premios que tenían por nombre a una figura viva, como el médico-periodístico que adoptó el nombre de “Guillermo Martínez Márquez”, un periodista que estaba vivo cuando en 1947 el Colegio Médico Nacional instituye ese galardón. Lo habían decidido así por ser este periodista el de la iniciativa de fundar el “Día del Médico” en Cuba. La singularidad de un premio con el nombre de una figura viva la compartía el premio “Martínez Márquez” con otro creado para resaltar la labor odontológica: el de “Ángel Gutiérrez Cordoví”, un periodista nacido en 1903 y que con más de 30 años de labor en el periódico El Mundo habría cubierto ampliamente el sector de los dentistas. El premio con su nombre nació en 1953 y su último fallo conocido fue en 1957.
Otros sectores profesionales que contaban con un premio instituido fueron el sector del seguro, del contador público, del arquitecto y del procurador, casi todos nacieron en la década del 50.
Mención aparte merecen los premios periodísticos de mayor dotación económica, el mayor de todos correspondía al de la Asociación Nacional de Bancos con carácter anual, surgido en 1955 y con una dotación de 2500 pesos. Sólo el “José I. Rivero”, que recogía las aportaciones de decenas de pequeños y medianos negocios de la capital, se acercó a esa suma al llegar a 2000 pesos.
Otro premio que los periodistas buscaron siempre ganar fue el “Esso de Relaciones Humanas”, surgido en 1951 y patrocinado por la compañía petrolera estadounidense Esso (actual Exxon Mobil). Este premio agasajaba a los mejores artículos que reflejaran las buenas relaciones entre el trabajo y el capital. Aunque su dotación económica era de mil pesos, incluía un viaje al extranjero con todos los gastos pagados. Casi siempre el viaje era a Estados Unidos, por lo que era sumamente codiciado en el gremio.
¿Quién fue el periodista que ganó más premios entre todos? Contrario a lo que se pudiera pensar, no fue ninguno de los que más renombrados de aquella etapa como Jorge Mañach, Gastón Baquero, Sergio Carbó o Francisco Ichaso. Sería el reportero a Oscar F. Rego, del diario Alerta, quien ganó un total de siete premios distintos, aunque de relevancia sólo alcanzó el “Juan Gualberto Gómez” en 1954 en la categoría de Reportaje.
Por orden cronológico, este reportero incansable se adjudicó el premio periodístico “Enrique José Varona”, patrocinado por el Ministerio de Defensa, en 1946; le siguió el “Eduardo Varela Zequeira” en 1950; luego el “Álvaro Reynoso” dos años después y en 1953 es el segundo periodista en ganar el “Esso de Relaciones Humanas”; ese mismo año alcanza el del “Día del Cartero”; al año siguiente lo premian con el “Juan Gualberto Gómez” y en 1957 se adjudica el premio periodístico “Lino Dou”, instituido por el Club Atenas de La Habana, el cual realzaba aquellos trabajos que abordaran la temática racial en la isla.
Pero a pesar de los numerosos premios obtenidos, Oscar F. Rego nunca pudo llegar a la cifra ganada por el periodista de origen español Manuel Millares Vázquez, quien se alzó con los cuatro premios periodísticos de mayor dotación económica y dos de los más prestigiosos.
Millares Vázquez ganó el “Justo de Lara” en 1949, y pocos años después cae en una racha envidiable, al ser galardonado con los tres premios más codiciados: primero alcanza el “José I. Rivero” en 1955 y al año siguiente se alza con el “Esso de Relaciones Humanas” y también con el de la “Asociación de Bancos de Cuba”. Si sumamos la cifra de los cuatro premios, Millares Vázquez llegó a ganar 6500 pesos, algo considerable para la época.
A mi juicio, los tres premios periodísticos más relevantes de la primera mitad del siglo XX en Cuba fueron y los menciono por orden de importancia: el “Justo de Lara”, el “José I. Rivero” y el “Juan Gualberto Gómez”. Sólo cinco periodistas lograron alcanzar los tres en algún momento de su fecunda labor intelectual: Gastón Baquero, Arturo Alfonso Roselló (quien ganó un total de seis premios), Francisco Ichaso, Ramón Vasconcelos y Humberto Medrano.
Después de 1959 el único periodista que ha mencionado la diversidad de premios periodísticos que existían antes del castrismo ha sido Ciro Bianchi, en fecha tan tardía como 2022, aunque sin mencionar la valiosa obra de compilación Los premios periodísticos, a pesar que este cronista toma de ella todos los datos del presente artículo.
En una próxima entrega abordaré la única polémica en torno a los premios periodísticos en general, que salió en la prensa de aquellos años. El debate giró en torno al alcance de los premios y los jurados. Lo protagonizarían dos periodistas que alcanzaron más de un premio y que pocos meses después abandonarían su país en desacuerdo con el rumbo totalitario del nuevo régimen.
